Guácaras, el festival de cine más regional del mundo: películas de bajo presupuesto y el público como jurado

Festival Guácaras
El «Festival Internacional de Cine Guácaras» nació en diciembre de 2011 y surgió ante la necesidad de un gran conjunto de realizadores por mostrar sus producciones (* Gabriel Gabe */)

Son las nueve de la noche del sábado 11 de diciembre de 2021 y el director del “Festival Internacional de Cine Guácaras”, Marcel Czombos, le pregunta desde el escenario al hombre de tránsito que acomoda los autos dentro del predio del Polideportivo Municipal del pueblo correntino de Santa Ana de los Guácaras si queda algún lugarcito en el estacionamiento. “Tenemos más de cien autos, estamos al tope”, responde el hombre, a la distancia. “Tremendo, el Guácaras explota como nunca”, suelta Czombos, extasiado, micrófono en mano, mientras los espectadores aplauden sentados en el pasto de la cancha de fútbol, donde esparcen mantas, comida y sillas al mejor estilo de un picnic a cielo abierto con entrada libre y gratuita bajo el control de personal sanitario en el acceso principal.

Hay olor a chori y bondiola, se escucha algún chamamé que llega desde una casa cercana y por el predio corren mates, cervezas y viandas familiares. Marcel Czombos agradece a una señora que donó más de cincuenta sillas de su salón de eventos. Se reparten tickets como si fuera una sala de cine. Es la anteúltima jornada de lo que se conoce en la zona como el festival más regional del mundo, ya que en su escala local incluye a cuatro países: Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil. “Nadie tiene tanta producción tan vecina como nosotros. Aunque no lo hemos investigado, creemos que debe ser así”, dice un poco en chiste, un poco en serio, el Chirola Fernández, actor legendario de la zona e integrante del grupo Guácaras. “Antes estábamos acostumbrados a mirar lo que hacían otros sobre nosotros, y hace rato lo hacemos nosotros mismos, con nuestro propio lenguaje, que es muy distante al de las grandes urbes. Estamos más cerca de Asunción, en Paraguay, que Buenos Aires, y en el cine late esa identidad. La llamamos la región de los dos besos”, amplía Carlos Kbal, productor general del festival, que cumplió su undécimo año de existencia de forma ininterrumpida.

Festival Guácaras
En total, se proyectaron 546 títulos de los diversos géneros de ficción, documental, animación, videodanza y videoclip. Y 273 directores mostraron sus trabajos

El Chirola forma, junto a Marcel Czombos, la dupla de animadores del festival, que este año presentó 62 obras inéditas entre cortometrajes, animaciones, documentales y ficciones que de jueves al domingo compitieron por premios de hasta 50 mil pesos y vieron cómo en una pantalla gigante de Led de nueve por cuatro metros se proyectaron sus trabajos. Al haber finalizado los cuatros días, además, el Guácaras batió su propio récord de público, llegando a los seis mil espectadores, y el director del festival deberá cumplir una promesa ante sus compañeros: su cabeza lucirá rasurada, como parte de un juramento.

“A mí ya con participar me alcanza y sobra. Es algo emocionante ver que el corto que hicimos con tanto esfuerzo se pasa en una pantalla tan colosal”, dice Victoria Quirós, una joven que llegó desde Resistencia, Chaco, junto a su familia, para presentar su cortometraje So´o Opa. Tal como ocurrió con otros grupos que se instalaron dentro del Polideportivo Municipal con sus silletas, heladeritas en mano y bajo un cielo de estrellas, alrededor suyo aconteció una verdadera puesta en escena: su familia se instaló en el centro del público en una mesa improvisada con manteles rojos y bandejas de sopa paraguaya preparada por ellos mismas, la cual convidaron a la gente en una degustación.

El Guácaras no es el único festival del litoral, pero junto al de Oberá, en Misiones, es uno de los que han marcado el camino para que los jóvenes cineastas, en una gran mayoría en su primera experiencia, agarren la cámara, armen un guión y se larguen a filmar alguna trama local. Sin la estructura de otros como el Festival Internacional de Cine de Entre Ríos -que por estos días transcurre en su tercera edición, con coproducciones y un marco más profesional-, con diversos apoyos entre los que aparecen el INCAA, el Instituto Nacional de Teatro, la Universidad Nacional del Nordeste, el municipio local y Cine Ar, el de Guácaras se nutre solamente por películas que no pasan la frontera de 500 kilómetros a la redonda, dejando expresamente por fuera del mismo a lugares como Buenos Aires, Rosario, Mendoza y Córdoba, que son los polos creativos donde se concentran las producciones y festivales audiovisuales del país. Y, a la vez, el Guácaras tiene un sello internacional: por su zona fronteriza, incluye el sur del Brasil y el norte de Uruguay y Paraguay.

Festival Guácaras
Este año se presentó 62 obras inéditas entre cortometrajes, animaciones, documentales y ficciones que de jueves al domingo, y compitieron por premios de hasta 50 mil pesos

Lo sentimos como un fogón del arte cinematográfico regional -define Esme Vivian Roa, productora del festival-. En once años de existencia hemos consolidado una subjetividad territorial litoraleña, que es la huella de pertenencia que hermana a las películas”. Y los temas -y las formas en las que se los cuentan- evocan esa presencia: historias como la producción de la miel de caña, el mito del Pombero, el chamamé y sus tradiciones, el arte callejero de los pueblos litoraleños, los esteros del Iberá y el legado de Malvinas en la zona. Otro rasgo distintivo es que el público funciona como el único jurado de las cuatro competencias: la de secundarios, la universitaria, la muestra paralela -donde destacó el documental “Blasco Ibáñez, el gaucho”, sobre la increíble historia del escritor y político valenciano Vicente Blasco Ibáñez que, a comienzos del siglo XX, recibió una oferta inesperada para “colonizar” tierras en Corrientes- y la oficial.

En el cierre de cada jornada, y desde sus celulares, los espectadores seleccionaron a su gusto la mejor película. Además, también votaron a la mejor actriz, el mejor actor y el mejor director de la región. Al espectador se le llama “guacarador”, y a diferencia de otros festivales, el público no sólo se sienta a mirar las películas, sino que puede emitir su elección en secreto. “Felicidades a ustedes, los guacaradores, los verdaderos protagonistas de este festival”, arenga Chirola Fernández, desde el escenario. “Recuerdo que una vez un hombre llegó al festival con su caballo, lo dejó atado y se sentó a mirar cine. Y ese hombre también se quedó para votar hasta el fin de la jornada, con un respeto increíble”, rememora Gicela Méndez Ribeiro, cantante chamamecera y también productora del festival. Y como un apéndice por fuera del predio también existe lo que llaman como “El otro Guácaras”, con proyecciones en la Unidad Penal Nº 1 de Corrientes donde los internos eligieron el corto ganador de la competencia oficial en una actividad articulada con el Yaha Pora (Colectivo Solidario en Contextos de Encierro del Penal Nº 1 de Corrientes).

Rodeada de palmeras, Santa Ana de los Guácaras es una pequeña localidad de arenas blancas, casas coloniales y lagunas a 15 kilómetros de la capital correntina, caracterizada por el sosiego de su rutina y los cantos de numerosas aves en un hábitat natural. Su nombre proviene de los guácaras, un pueblo indígena que pobló la región que con el tiempo se convirtió en una reducción gobernada por los frailes franciscanos. Otros atractivos de la zona son las ruinas de su “trencito económico”, de troncha angosta, traído en el año 1890 y que demostraba la pujante actividad productiva relacionada a la caña de azúcar y el algodón, narrado en su momento por una magistral crónica de Rodolfo Walsh. Cerca de allí, a cuatro kilómetros, se encuentran las ruinas del primer ingenio correntino, que en el festival Guácaras aparece como recurrente locación cinematográfica como en el caso de Industrias perdidas. El fin del ingenio primer correntino, un documental de 15 minutos dirigido por Carlos Barreto Biloni y Lisandro Lorenzón que describe el “apogeo y caída de una fábrica que tuvo su propio tren, conectó pueblos, fue pionera en la región; pero se frenó en el tiempo”.

Festival Guácaras
“Nadie tiene tanta producción tan vecina como nosotros. Aunque no lo hemos investigado, creemos que debe ser así”, dice un poco en chiste, un poco en serio, el Chirola Fernández (* Gabriel Gabe */)

A unas cuadras del Polideportivo Municipal, el grupo Guácaras -que abarca a realizadores, guionistas, directores, sonidistas, productores, cantantes, actores, estudiantes de artes y cine- suele alquilar una casa para montar su “cuartel general”. Bajo chorros de vino, pileta, asado y pescado a la parrilla, desde allí están atentos a los detalles del festival: cómo conseguir la carne para la parrilla de la cantina, de qué modo asegurar el micro que traslada gratuitamente a los jóvenes desde Corrientes capital hasta Santa Ana, y cómo organizar -por si fuera poco- el “post” Guácaras en un centro cultural llamado La Embajada Cultural, punto de reunión de los equipos creativos de las películas. Todos se mueven al compás de días de adrenalina, con roles que van desde conducir una camioneta y promocionar por un parlante el festival en las cuadras del pueblo a pegar afiches en cuanto local comercial se encuentre, casi como se tratara de una película de Leonardo Favio.

A Marcel Czombos, que vive hace diez años en Santa Ana, ser el director del festival que, entre otras tareas se encarga de bajar las sillas y acomodarlas en el predio, no le parece algo meramente romántico. “Hacer un poco de todo nos enaltece, nadie está en un pedestal dando órdenes o apareciendo solamente en la entrega de premios. Esto es disfrute por ser apasionados del cine pero son años de trabajo, de gestión, de convocatorias, de poner plata hasta de nuestro bolsillo”. Y agrega: “Todos estos años hicimos el festival en la plaza principal del pueblo y el año pasado sólo en modo de autocine, en una experiencia increíble, dada las restricciones de la pandemia. El Guácaras ya es parte de la vida cultural de la región, es nuestro orgullo, sabemos que es una responsabilidad histórica y una entrega completa, pero el parámetro es otro, la medida es la gente. El Guácaras se enamoró de ‘la gente’, esa gente que se identifica con el material cinematográfico de acá, porque ve sus colores, sus rostros, encuentra sus circunstancias y escucha sus chistes, su tonada, su música. En nuestro festival, se piensa a partir de la gente y nada más”.

En lo que va del siglo XXI, según especialistas, los festivales de cine se han convertido en una de las iniciativas más populares entre los distintos gestores de políticas culturales de todo el país. “Este festival, el Guácaras, es revolucionario”, afirmó alguna vez el actor Jorge Román, protagonista de la serie “Monzón” y amigo del festival, que lo premió con la “Personalidad destacada 2019″, una distinción que recayó en otros artistas invitados como Rodrigo de la Serna, Carlos Portaluppi y Víctor Laplace. Nadie que haya pisado el Guácaras puede desmentir el arraigo popular que sigue teniendo el séptimo arte, aún en tiempos de Netflix y de la hegemonía de las pantallas pequeñas en la vida cotidiana.

Festival Guácaras
Reposeras, vecinos y perros cómodos en el predio del Polideportivo Municipal del pueblo correntino de Santa Ana de los Guácaras, provincia de Corrientes (* Gabriel Gabe */)

El Guácaras, en efecto, nació en diciembre de 2011 y surgió ante la necesidad de un gran conjunto de realizadores por mostrar sus producciones. La particularidad que ofrecía el pueblo de Santa Ana de los Guácaras, que por sus características socioculturales y arquitectónicas fue elegido por varias producciones como locación, terminó siendo el lugar para generar una instancia para los directores de mostrar lo producido y cubrir dos demandas puntuales: la de los productores y, a su vez, la de cierta cantidad de actores y extras que querían verse en la pantalla.

El ritual fue creciendo exponencialmente. Desde allí, a lo largo del tiempo, se proyectaron 546 títulos entre largometrajes y cortometrajes, en los diversos géneros de ficción, documental, animación, videodanza y videoclip. Y 273 directores nacidos en la región pudieron mostrar sus obras al público. “El festival se vive como un cierre de año. Y después de tanta angustia por el encierro de la pandemia, la gente se vuelve a encontrar, a mirarse las caras, a abrazarse, y con el cine como espacio de alegría. El mayor logro es, sin dudas, el silencio que se prolonga entre proyección y proyección y los dos aplausos que se dan a cada película”, resume Yoni Czombos, hermano del director del festival, con las manos negras del carbón por estar a cargo de la parrilla del festival.

Festival Guácaras
Este año, el «Festival Internacional de Cine Guácaras» batió su propio récord de público, al alcanzar los seis mil espectadores (Fotos gentileza del grupo Guácaras)

Yoni, además de cineasta, es escritor y dice que, desde el lenguaje cinematográfico, se identifica más con películas como la paraguaya Siete Cajas que con Pizza, birra y faso. En su libro Infancias posibles, escribió: “Siempre pensé que las novelas y los cuentos de Roa Bastos hablaban más de nosotros que mucha de la literatura argentina. No sólo porque compartimos en algunos aspectos la herencia guaranítica, sino sobre todo por que nos asocia el clima. Comprendo sus historias que se inician en siestas fantasmales, mi cuerpo reconoce si describe el calor crujiendo entre el follaje seco o como un bloque de piedra. La percepción de los rostros golpeados por el sol, los sentidos detenidos en una nube de sopor y la somnolencia como estado general de respuesta del organismo ante las temperatura de verano, nos describen”.

Entre perros y niños que corretean alrededor de las sillas, el Guácaras se puede sintetizar en imágenes como una colecta espontánea que surgió en el público a partir de un corto sobre comedores y merenderos en tiempos de pandemia; en los jóvenes que estrenan sus primeros trabajos, paridos en sus colegios secundarios o en sus facultades y hechos a pulmón y con formidable sacrificio; en los que, años más tarde, vuelven a presentar sus obras, con una estética más elaborada y embebidos del discurso cinematográfico; en los que, por la experiencia realizada, luego se anotan para estudiar en carreras de cine; y, tal vez, en las palabras finales de un director de la región, que al pasar al escenario a comentar el proceso de su película comentó, largamente emocionado: “Qué hermoso esto, parece un concierto de cine”. Así se vivió la maratónica comunión cultural en un pueblo del interior del país, “la región cinematográfica Guácaras para los chamigos”, como la nombró Chirola Fernández, casi con aura de clásico.

SEGUIR LEYENDO:

Festival de Cine de Mar del Plata: películas que no hay que perderse

Comenzó el Festival de Cine de Entre Ríos: lo más destacado

Fuente: InfoBae

También te puede interesar...

Leave a Comment