El recuerdo de Alejandro Montenegro a 35 años de la Copa Intercontinental que ganó River Plate: del insólito festejo a la frase de Veira que marcó al grupo

Alejandro Montenegro River Plate
Alejandro Montenegro junto a la Copa Libertadores

El 14 de diciembre no es una fecha más en el calendario para los hinchas millonarios. Ese día, pero de 1986, River Plate se impuso por 1 a 0 ante el Steaua Bucarest con un gol del uruguayo Antonio Alzamendi para alzarse con la Copa Intercontinental.

En esa temporada, los dirigidos por el Bambino Veira ganaron el campeonato de Primera División (dieron la vuelta olímpica en la Bombonera), la Copa Libertadores (la primera en la historia de la entidad millonaria) y la Copa Intercontinental, algo que aún no pudo repetir ningún plantel del club (en 1996 sucumbió ante Juventus y en 2015, ya en el Mundial de Clubes, cayó contra el Barcelona de Lionel Messi; en la edición de 2018, los de Gallardo fueron sorprendidos por el Al Ain de Emiratos Árabes Unidos en semifinales).

A 35 años de este hito, Alejandro Montenegro, uno de los pilares defensivos del equipo, rememoró en diálogo con Infobae lo acontecido en Tokio y cuáles fueron las claves de ese recordado plantel. Además, brindó detalles de su trabajo en las divisiones inferiores y del pedido del Muñeco.

Llegó un nuevo aniversario de la Intercontinental. ¿Qué recuerda de ese partido?

Para llegar a Japón primero hay que ganar la ansiada Copa Libertadores, que era algo que al club se le venía negando. Fue un proceso de menor a mayor, de muchos nervios. Fue un torneo muy difícil. Ahora clasifican varios. Nosotros tuvimos que viajar mucho. Nos tocó un grupo duro, pero lo pasamos bastante bien, sin dar tanta ventaja. Así y todo casi no clasificamos porque tuvimos un mal partido en nuestra cancha con Argentinos. Para llegar a Japón costó mucho, muchísimo. Pensábamos que nos iba a tocar Barcelona, pero nos tocó el Steaua de Bucarest, un equipo desconocido para nosotros. No teníamos mucha información, no es como ahora. Sabíamos que era duro, que muchos jugaban en la selección.

Llegamos 15 días antes a Japón para aclimatarnos al horario y al clima. Lo que más recuerdo es el tránsito, el tiempo que demorábamos para ir a entrenar. Para hacer 20 kilómetros tardamos 2 horas, era infernal el tránsito. Pero la pasamos bastante bien. Es un lindo recuerdo. Se definió en una jugada muy argentina, una avivada. Así definimos el partido.

Alejandro Montenegro River Plate
Alejandro Montenegro rememoró la final de la Intercontinental 1986 (@cucamonte1)

El Tapón Gordillo contó que el Bambino consiguió unos videos. ¿Con es poca información se prepararon?

Nos mostró unas filmaciones. En la televisión parecía que eran iguales que nosotros, pero cuando llegamos al campo de juego medían el doble. Gavril Balint iba a jugar de enganche y entrenamos en base a eso, pero en la final con Barcelona se lesionó y no jugó, así que cambiamos la forma de encarar el partido. Lo poco que nos llegó a mostrar el Bambino nos sirvió un montón.

Fue un partido en el que sufrieron en varios momentos. ¿Les sorprendió el nivel de los rumanos?

No es que nos sorprendió. Sabíamos el nivel que tenían y que el partido iba a ser de ajedrez, que en algún momento íbamos a sufrir y en otro poder contragolpear. En el segundo tiempo tuvimos una clara y no la pudimos aprovechar. Una de Roque (Alfaro). Pero el equipo, independientemente de sufrir, tenía de mitad de cancha para atrás una línea defensiva fuerte, aguerrida. Era difícil entrar. Estuvimos bien parados casi todo el partido y no tuvimos ningún error.

¿Cuál fue la clave para esa victoria?

La fortaleza del grupo, el sacrificio. La fortaleza de ese grupo en la adversidad. El River del 85/86 crecía ante la adversidad. Nos sentíamos cómodos en la adversidad, en los partidos difíciles. Los sacábamos adelante jugando o de la otra forma. Eso creo que fue el valor más importante del grupo. El sacrificio, la entrega, las ganas. Todos sumaban. Eso fue un valor muy importante.

¿Qué recuerda o qué le llamó la atención de Japón?

El japonés en sí es muy cerrado, adoctrinado. Nosotros no estábamos acostumbrados. No volví a Japón, pero la tecnología en ese momento era espectacular. Ellos no se salen de su libreto. Cuando terminamos el partido fuimos al hotel y comenzamos a gritar “dale campeón, dale campeón”. A los 15 minutos había patrulleros en la puerta que nos querían llevar presos a todos. Nosotros estábamos acostumbrados a otra cosa, a otro folklore. Queríamos ir a un boliche y nos echaron de todos lados. Terminamos en una plaza tomando algo enfrente del hotel. Nosotros tenemos otra idiosincrasia, otra manera de ver el fútbol.

Los más jóvenes hoy se quedan con el Bambino Veira que ven en la televisión, el que cuenta anécdotas. ¿Pero cómo era como entrenador?

Las nuevas generaciones lo conocieron en la parte más histriónica, cómica o alegre, como le quieras llamar, pero fue un profesional. Él tenía al Beto Alonso sentado en el banco. ¿Quién podría creer que pueda pasar algo así hoy? Es como tener sentado a Messi. Él tenía sentado a Alonso porque la dupla era Morresi- Francescoli, que no sé cuántos goles hizo cada uno. Él tiene ese carisma, pero una forma de conducir sabiamente. Juega el que está mejor. No el nombre, el apellido. Sabe manejar el grupo. Es muy querido porque es claro con su mensaje. Muy honesto, muy leal a sus convicciones. Siempre resguarda a los jugadores. Muy buen entrenador, muy buen estratega. Veía muy bien a los jugadores rivales. Él y todo su cuerpo técnico estuvo a la altura de las circunstancias.

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Alejandro Montenegro junto al Tolo Gallego en el reciente reconocimiento que le hizo River Plate a los campeones de 1986 (@cucamonte1)

Varios de sus ex compañeros marcaron la unión de grupo y las bromas que se hacían. ¿Cuál recuerda?

Ese grupo se la pasaba todo el tiempo haciendo bromas. Teníamos un sistema de convivencia para pasarlo lo mejor posible. Éramos un grupo que no quería irse del entrenamiento. Trabajábamos, pero también éramos caraduras. Convivimos todo el tiempo, nos reíamos, pero en un momento se terminaba y se empezaba a trabajar.

Una vez hicimos un carnaval en la concentración, y al otro día le ganamos 4 a 1 a Independiente. Le pegamos a un directivo, el Bambino se enojó. Bañamos a todo el mundo y decían que iba a haber sanciones, pero después no pasó nada. El equipo demostraba que en la cancha era serio.

¿River tuvo grandes equipos a lo largo de su historia, por qué cree que nunca se pudo repetir esa gesta?

Son circunstancias que se van dando. No creo que pase mucho para que River vuelva a ganar una Intercontinental. En nuestro años era un solo partido, ahora es un Mundial de Clubes. Ahora hay muchas más competencias, tienen muchos frentes, y los planteles son cortos y cuesta. Pero River ya tendrá la chance nuevamente.

En el camino para levantar la Copa libertadores, en la fase de grupos, les tocó enfrentar a Boca

Nos tocó Boca. En cancha de Boca empatamos 1 a 1 y en nuestra cancha ganamos 1 a 0. En esa época nos cruzamos seguido, por los torneos de verano. Creo que estábamos arriba de ellos en lo futbolístico. Estábamos en un nivel superlativo. Lo pasamos tranquilo en los dos partidos, los eliminamos muy bien.

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Alejandro Montenegro junto al Beto Alonso (@cucamonte1)

En la final les tocó América de Cali, un equipo que tenía figuras de renombre como Julio César Falcioni, Roberto Cabañas, Ricardo Gareca, Carlos Ischia, Juan Manuel Battaglia y Willington Ortiz

Sí. Ese partido fue mucho más sacrificado. Fuimos a un clima muy hostil. Colombia, en esa época, atravesaba una situación complicada como país. El América de Cali venía de jugar finales y necesitaba una Copa Libertadores. Es un club muy grande. No la pasamos bien, fue complicado. En la adversidad, en los momentos más duros, como los boxeadores cuando está por perder y saca una mano. River era así. Parecía que se lo llevaban puesto, pero sacábamos fuerza de donde no teníamos. Por la envergadura de los jugadores, el hambre de quedar en la historia, porque es algo que siempre pusimos en juego. Queríamos quedar en la historia. En esa época queríamos quedar en la historia, y por suerte lo logramos. Todo el grupo.

El América de Cali tenía una inyección de dinero muy grande proveniente del cartel de Cali. ¿Vivieron alguna situación incómoda durante la final?

No. Si nos mandaron a un hotel donde había un casino repleto de mujeres. Me acuerdo que el profe Alfredo Weber se puso en el pasillo para que nadie pasara. Se quedó toda la noche para que pudiéramos descansar. Era un hotel muy abierto y el casino estaba abierto hasta tarde. Había tentaciones, pero estábamos enfocados en el partido.

River nunca había ganado una Libertadores hasta ese momento. ¿Les pesó en algún momento?

Nos hizo saltar como de un trampolín. Fue como lo que escribió el Bambino en el pizarrón: con esfuerzo, sacrificio y trabajo podemos quedar en la historia en el club. Nos miramos a las caras y dijimos que podíamos ganar la final y traernos la Copa. No nos generó peso, nos motivó muchísimo.

Esa frase quedó siempre en el pizarrón. Cuando llegó la escribió. Nos juntó en la mitad de la cancha, en una pretemporada en Villa Gesell. Entendimos el mensaje y competimos entre nosotros. Fue una sumatoria de cosas. Para nosotros la palabras entrega y sacrificio, siempre estuvieron al pie del cañón. Nadie nos regaló nada. Siempre estuvimos predispuestos para salir adelante.

Otro hito de esa temporada fue que salieron campeones del torneo local y que dieron la vuelta olímpica en la Bombonera

Nosotros no teníamos pensado dar la vuelta. Había público visitante y estaban nuestras familias. Se decía que podía haber desmanes y que se podían generar incidentes. Entrenamos con normalidad, tranquilidad, habíamos prometido que no lo íbamos a hacer porque no queríamos problemas dentro del campo ni afuera, que estaba nuestra familia. Pero cuando llegamos al estadio nos tiraron 3 barras de hielo y nos reventaron los vidrios. Fue despertar al león. Nos cambiamos con un enojo, un fastidio. Había una bronca… Le dijimos al Bambino que terminara la charla porque queríamos salir a la cancha. En el túnel nos juntamos y dijimos de darla. Podrá ser media vuelta, tres cuartos, lo que quieras, pero la dimos. Fue mucho placer, felicidad. Además ganamos el partido.

Alejandro Montenegro River Plate
Alejandro Montenegro es uno de los entrenadores de las divisiones inferiores de River Plate (@cucamonte1)

Desde hace un tiempo que trabaja en las inferiores del club

Ya llevo 15 años trabajando en inferiores. Es un lugar donde me gusta estar, es algo privilegiado. Puedo transmitir mis conocimientos, es un placer. River es mi segunda casa. Trabajamos siempre en base a la docencia.

Desde su llegada al club como entrenador, Marcelo Gallardo se involucró mucho en inferiores. ¿Qué les pide?

Gallardo es una fuente de energía para todos los riverplatenses, es el mentor de este proyecto. En base a cómo juega la Primera, en lo posible, tratamos de tener el mismo sistema y manera de jugar. Volvimos a poner al enganche, volantes mixtos, internos, los laterales pasando al ataque. Los centrales presionando arriba. Prácticamente trabajamos en base a lo que vemos y quiere Marcelo. Quiere que intentes jugar, sin importar el resultado o la posición en la tabla. Lo importante es la formación del futbolista, para que el día de mañana tenga material suficiente en Primera.

En estos 15 años, ¿hubo alguien que lo sorprendió por demás?

River es un semillero que no deja de sorprender. La Primera siempre se ha nutrido de jugadores de divisiones inferiores. Vi a Lamela, Lanzini, Mammana, los Funes Mori, Pezzella, el Pipita. Un montón de chicos que pasaron y luego fueron hombres y futbolistas extraordinarios. Ahora también hay una buena camada, con Julián Álvarez, Enzo Fernández. Muchos jugadores que pasaron por inferiores. Hasta el entrenador. Creo que River en ese sentido sorprende todo el tiempo. Las camadas que vienen, la 2003, 2004, 2005, 2006 ó 2007 van a seguir llevando a River bien alto. Hay muy buenos valores.

En este torneo se apostó mucho a los jóvenes. ¿Cómo los vio?

Nunca desentonaron, pero también tiene que ver con cómo se rodearon. La gente grande los ayudó. Fue un complemento ideal. Marcelo los ha llevado de a poco y les hizo un bien a los jugadores. A veces apurarlos no es conveniente. La camiseta de River es pesada, y ellos respondieron y estuvieron a la altura de la circunstancia. Se ganaron el lugar que tienen.

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