De Maradona al puerto, hizo del aerosol su estilo de vida: intervino a puro color todos los barrios porteños

Son las cuatro de la tarde, el viento sopla sin descanso y El Pelado, como todos los conocen, lleva puesto su mameluco manchado y un arnés de seguridad. Camina libre por el andamio instalado a 30 metros del suelo. “Paso más tiempo acá arriba que en cualquier lugar”, aclara Alfredo Segatori (51).

Desde las alturas está terminando una de sus obras más significativas, el Panda Pandemial, sobre el lateral de un edificio sobre la avenida Nazca al 2725 en el barrio Villa del Parque. “Es un panda que toma mate. Tardé seis días… y ahora faltaba la otra parte”, dice. En total intervino 500 metros cuadrados con la ayuda de dos asistentes, que no pintan.

El anterior mural de animales fue “Mirando Miranda”, la jirafa de 40 metros protagonista en el barrio de Monte Castro que luego de su inauguración se viralizó por las redes e incluso se usó de ejemplo en las escuelas. “Hay fotos de los chicos en los jardines de infantes pintando la jirafa”, describe.

“Con 20 años me imaginaba siendo personal trainer. De hecho soy profesor de educación física”, dice. Hoy esta afirmación es casi imposible de creer. El artista es un referente en el muralismo urbano de Latinoamérica.

ALFREDO SEGATORI
El Panda Pandemial quedó concluido. En la imagen se muestra el proceso de creación

Nacido y criado en Floresta, se define, mucho más que como un artista, como “un hombre de barrio”. “Con un hijo de 13, y cinco décadas de edad, si dijera ‘pibe’ podría sonar a burla”, aclara. Su madre es la pintora y escritora María Sola, algo habrá heredado; y su padre es psiquiatra. “Nunca tuve el camino tan claro. Lo que sí sabía era que disfrutaba de la calle. En el colegio fui liero… me echaron de tres escuelas. Me quedaron tantos amigos que fui tres veces de viaje de egresados”.

Decidió que quería estudiar el profesorado de educación física y nutrición. Se recibió. “Hoy tendría mucho trabajo porque el mundo del bienestar está en auge”, dice con cierta ironía. Al poco tiempo comenzó a trabajar en una empresa de escenografía, donde descifró su vocación. “Me empecé a enganchar con la movida cultural. Me gustaba la idea, me interesó intervenir la ciudad. Me inventé un trabajo”.

Con espíritu autodidacta, su camino se inició a principios de la década del ´90, cuando el oficio estaba más asociado con el vandalismo.Los murales y la calle siempre me atrajeron, pero al principio no le agarraba la onda. Con el tiempo lo adopté como modo de vida”.

Hasta que pudo convertirse en muralista pasaron varios años. Es por eso que durante un par de años trabajó como visitador médico. “Pagaban bien y era sencillo. Además ahí aprendí a vender”. Alfredo fue parte del hoy renombrado AstraZeneca. “Más de 10 años fui valija del prestigioso laboratorio. Comencé cuando solo era Astra y estuve en el momento de la fusión con Zeneca. Antes de ingresar al laboratorio, ya pintaba, palabra prohibida en este trabajo, ya que el término “pintar” aludía a quien no visitó al médico previsto pero lo pasaba en su grilla día, es decir, ‘lo pintabas… (ríe)”.

Alfredo segatori
Junto a su madre. «Cuando tenía pelo, y no sabía que me dedicaría al arte», comenta

Igual dejó su huella. “Les hice en aerosol el logo de la empresa en la enorme puerta de chapa de ingreso del predio de Haedo”. También diseñó un Helicobacter pylori, una bacteria que crece en la mucosa del estómago.

Cerca de cumplir 30 dio el salto. “Decidí dejar todo cuando me pagaron por una obra más de lo que ganaba en un mes. Por fin había llegado el momento del reconocimiento”. Hoy tiene clientes privados, en su mayoría empresas constructoras que buscan revalorizar sus edificios.

Alfredo no solo fue un pionero sino que además desarrolló una técnica improvisada, sus figuras las hace a mano alzada a partir de imágenes sin composición a escala previa. “Busco una foto de un panda, a eso le agrego el cuerpo, y en este caso el mate. No mucho más. No copio nunca”.

“¿Viste el mural de San Diego? Lo tenía muy presente en la cabeza, así que no necesite de nada. Quise inmortalizarlo con una expresión tranquila y serena”. El febrero del 2021 se inauguró un homenaje al astro del fútbol en Aristóbulo del Valle 50, en el Barrio de La Boca.

Alfredo Segatori
Alfredo Segatori contemplando su obra

Espejos urbanos, su lugar en el mundo

“Yo soy un militante del arte en el espacio público, es el objeto de la fundación que presido (Fundación Cultural Andén 2222), es lo que a mi me interesa para transitar el día a día”. En estas casi dos décadas de experiencia se jacta de haber intervenido con color todos los barrios porteños.

Los vecinos celebran las creaciones de Segatori. “Al principio se detienen a preguntar qué va suceder, qué va a pasar… Una vez que concluyo siempre recibo el agradecimiento. Eso es gratificante”.

No solo eso, los hace parte. En el regreso de Quinquela, allá por 2015, retrató a varios vecinos en un mural de 13.000 metros sobre el Riachuelo. “Pienso en la idea que son espejos urbanos, hay que integrarlos porque en verdad son los protagonistas”.

Algo similar logró en su última performance en el marco de los “Sueños de Quinquela”. Por ella fue distinguido como Personalidad de la Cultura por la Legislatura Porteña. La obra se encuentra ubicada, frente a Arenas Studio, sede este año de arteBA quienes festejaron allí su 30° aniversario.

Alfredo Segatori
Exabrupto de color es una técnica que ideo, lo hace solo con la ayuda de un asistente que opera la grúa

No todo es aerosol. En 2019 ideó la propuesta Exabrupto de color que se inspira en el Action Painting, técnica que aplicaba el mexicano Siqueiros con sus alumnos, entre ellos el estadounidense Jackson Pollock, para que relajaran las muñecas. “Me inspiré de eso para intervenir los Silos de Agrecom, una zona bastante abandonada. Se logra un efecto único a partir del uso de compresores de pintura”.

-Los murales tienen una fecha de vencimiento. Al estar al aire libre, en algún momento desaparecen y solo quedan algunos rastros. ¿Cómo es lidiar con ese concepto?

-El tiempo es relativo y el arte es efímero, así es la vida. Nada es para siempre. No tengo una obsesión con trascender. Con lograr ese efecto momentáneo de alegría y apagar un un poco los grises del mundo, me alcanza. Creo que el arte tiene la capacidad de unir a pesar de las diferencias. Cuando una obra llega por igual y tocar una buena fibra a pesar de esas diferencias creo que cumplió la función.

-¿Qué te inspira?

-Todo lo que pasa a mi alrededor. la vida misma. Es la manera que encontré de encausarme en la sociedad.

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Fuente: InfoBae

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