De aprender karate para enfrentar el bullying a pelear por su octava corona en la Fórmula 1: el camino de Lewis Hamilton hasta convertirse en leyenda

Lewis Hamilton celebrando su triunfo en Brasil, su punto de inflexión en la temporada (REUTERS/Amanda Perobelli)
Lewis Hamilton celebrando su triunfo en Brasil, su punto de inflexión en la temporada (REUTERS/Amanda Perobelli) (AMANDA PEROBELLI/)

La mentalidad puede llevar a una persona a cumplir con el propósito de su vida. Lewis Hamilton se planteó desde niño llegar a la Fórmula 1 y triunfar. Lo consiguió. Pero no solo por talento o por contar con el mejor auto. Su personalidad y convicción por conseguir sus objetivos son claves en su campaña. Así quedó a las puertas de ser el piloto más laureado en la historia si este fin de semana consiguesu octavo título y superará por uno a Michael Schumacher.

La velocidad estuvo ligada a él incluso antes de nacer el 7 de enero de 1985. Sus padres lo llamaron Lewis en homenaje al atleta estadounidense Carl Lewis. Pero a sus dos años se terminó el matrimonio entre Anthony (cuyos padres llegaron al Reino Unido en los años cincuenta desde la isla caribeña de Granada) y Carmen Larbalestier. Fue en aquella niñez donde también admitió haber sufrido bullying. “En la escuela me molestaban y me hacían bullying. Los chicos jóvenes son como una flor que florece: si los mantienes en la sombra, no crecerán tanto como un niño que no sufra bullying”, reveló en una entrevista en 2017 al medio inglés Daily Mail. “Por eso con seis años fui a clases de karate para defenderme. No sé de dónde lo he sacado, quizá de ver a Bruce Lee. Estuvo genial, pero hasta los 13, 14 o 15 años no tuve la confianza necesaria para defenderme, y eso que ya era un cinturón negro”, recordó.

También admiró a otro que supo lo que era dar y recibir golpes: Cassius Clay: “Veía a Muhammad Alí y siempre quería tener su confianza. Quería ser capaz de plantarme y ser el que tuviera más confianza en mi habilidad. Lo quería. El momento en el que me abrí y florecí se retrasó mucho. Alí era el deportista más grande de todos los tiempos. Siempre quise tener eso”, agregó.

Lewis Hamilton entrenando boxeo con Julio César Chávez en el marco del GP de México de 2019
Lewis Hamilton entrenando boxeo con Julio César Chávez en el marco del GP de México de 2019

Su amor por los autos nació a los seis años cuando su papá le regaló un coche a radio control. Lewis quiso iniciarse en el automovilismo y Anthony, que era empleado de los ferrocarriles británicos, hizo un enorme esfuerzo para comprarle su primer karting. Debió sumar otros dos empleos para empezar a costear la campaña de su hijo quien no lo defraudó y los éxitos no tardaron en llegar. El sacrificio empezó a valer la pena.

Hasta que en 1995 llegó el momento de dar su primera gran muestra de personalidad. Una oportunidad para capitalizar el estar en el lugar y momento indicados. Con una campera y zapatos prestados de su antecesor como campeón británico de karting, fue a una ceremonia de premiación en Londres, donde conoció al entonces team-manager de McLaren, Ron Dennis. Pidió un autógrafo y le afirmó “un día quiero correr para vos”. Dennis respondió: “Llamame en nueve años y te arreglaré un contrato».

Ese diálogo pareció un chiste, una anécdota, pero no lo fue. Dennis siempre tuvo un ojo clínico para reclutar talentos. En solo tres temporadas y con 13 años, Hamilton se integraba el programa de desarrollo de jóvenes pilotos de McLaren que ya tenía a Mercedes como proveedor de motores. A fuerza de esfuerzo, dedicación y capacidad se fue formando hasta ser un deportista súper profesional. Nada fue casualidad sino causalidad. Tuvo el apoyo del equipo inglés para su carrera, pero Lewis siempre fue una roca en lo mental. “Yo no hacía cosas normales, no salía con los amigos los fines de semana. Yo corría karting, no hacía lo que hacían mis amigos, pero me hubiera encantado hacerlo también. Perdí una gran parte de mi infancia y adolescencia por eso. Debido a eso no era muy sociable”, confesó.

Apadrinado por McLaren-Mercedes, hizo la escalera profesional y se consagró en las categorías menores como la Fórmula Renault Británica (2003), Fórmula 3 Euro Series (2005) y la GP2 (2006), divisional antesala directa a la F-1 que hoy se llama Fórmula 2. Estaba listo para dar el gran salto y debutar nada menos que en McLaren, el equipo donde su ídolo Ayrton Senna había logrado sus tres títulos en 1988, 1990 y 1991. En sus primeros años lució un casco parecido al que usaba el recordado astro brasileño.

En su ingreso a la Máxima no fue solo el piloto cool, el moreno que venía a romper los esquemas siendo el primero de color en llegar al gran circo. Nunca se achicó en este ambiente que es una trituradora de carne y donde las presiones están a la orden del día. Supo ser protagonista en su primera temporada donde peleó el campeonato con su entonces compañero de equipo, el español Fernando Alonso, que estrenaba su bicampeonato mundial, y el finlandés Kimi Räikkönen, a la postre campeón con Ferrari. En aquél ejercicio de 2007 tuvo chispazos con Alonso, pero bancó la parada con apenas 22 años. Esa difícil relación y el apoyo que tuvo de Dennis hicieron que el asturiano volviera a Renault en la temporada siguiente. En 2008, Hamilton, con 23 años, lograba su primera corona.

Lewis Hamilton viene de ganar las últimas tres carreras y alcanzó a Verstappen en la punta del campeonato (REUTERS/Ahmed Yosri)
Lewis Hamilton viene de ganar las últimas tres carreras y alcanzó a Verstappen en la punta del campeonato (REUTERS/Ahmed Yosri) (AHMED YOSRI/)

Cinco temporadas más tarde llegó a Mercedes y, en el siguiente ejercicio con el cambio de reglamento técnico y los nuevos motores híbridos (combustión y eléctrico), arrancó la exitosa combinación que sigue predominando. Luego de obtener otros dos campeonatos en 2014 y 2015, en 2016 llegó el mano a mano con Nico Rosberg, por entonces su compañero de equipo. El alemán fue campeón recién en la última carrera en Abu Dhabi, pero en aquél largo pulso Hamilton le ganó la guerra psicológica al punto de que el germano se retiró con 31 años…

En 2017 se convirtió en el único británico en lograr cuatro coronas en la Máxima. Minutos después de aquella consagración en México, reveló que “me estoy preguntando por mis maestras que pronosticaban que nunca iba a lograr esto; seguro que leerán mañana las noticias y dirán: yo ayudé a ese joven». Y agregó que “espero ser un testimonio de que se puedan lograr grandes cosas de la nada; sé que hay alguien allá afuera como yo”.

En la pista es cierto que tiene al mejor equipo detrás con estrategias muy trabajadas. Pero él también hace lo suyo. Puede llegar a ir segundo, tercero, cuarto, aunque no importa. Con un buen auto Hamilton es un depredador que sabe cuándo y cómo atacar a su presa. Cada vez que olió sangre de su rival fue letal como en 2018 con el alemán Sebastian Vettel quien cometió varios errores y no supo aprovechar el mejor auto de Ferrari desde 2012. Lewis es un demoledor a la hora de buscar el resultado y dar la estocada. Así obtuvo otro título.

En tanto que Hamilton también es crack abajo del auto. Muy hábil para declarar. Sabe instalar guerras psicológicas que luego termina ganando. Conoce muy bien cómo incomodar a un rival antes de una carrera. Hasta en ocasiones dio a entender que Mercedes no tenía el mejor auto… Claro que eso no era verdad. Quiso quitarse presión y que los otros recojan el guante. O incluso marcar la agenda de los medios. Da la sensación de que él maneja los tiempos de la actual F-1. En 2019 su compañero de equipo, Valtteri Bottas, arrancó ganando en Australia y se mostró en un gran nivel. Algunos decían que era el año del finlandés. Pero Hamilton en la segunda carrera corrida en Bahréin volvió al triunfo puso las cosas en su lugar. Luego fue un monólogo suyo.

Admira a Fangio a quién define como “el padre de este deporte y para los pilotos, es uno de los mejores y siempre será admirado”. Su testimonio fue antes de plasmar su quinta corona en 2018. Más tarde en Interlagos, Brasil, recibió con emoción un trofeo que le regaló la fundación que maneja el museo del Chueco. El inglés donó un casco que hoy se expone en la galería de Balcarce que homenajea al Quíntuple.

Casco de Hamilton autografiado que donó al Museo Fangio
El casco que donó al Museo Juan Manuel Fangio (@museo_fangio)

Es excéntrico y como un buen referente global de esta época usa mucho las redes sociales. Comprometido con el medio ambiente, declaró que “ser vegano es la única solución para salvar el planeta. Sinceramente, siento ganas de dejarlo todo, de acabar con todo por completo. Estoy triste ahora mismo por cómo está el planeta. La extinción de nuestra raza se vuelve cada vez más probable mientras usamos en exceso nuestros recursos”. En lo personal disfruta mucho de su tiempo libre con su familia.

Desde 2020 su lucha contra el racismo lo ratificó como el piloto más influyente en la F1 y logró el apoyo de sus colegas. Su escudería también lo acompañó y cambió el emblemático color de los Mercedes del plateado al negro. Hasta se lo vio en una movilización en Londres donde se repudió al racismo.

Además este año solventó y publicó la “Comisión Hamilton”, un informe intenta remediar la falta de diversidad ya que sólo el 1% es de raza negra entre los 40.000 empleados que trabajan en la industria del automovilismo en el Reino Unido. También recordó algunas actitudes donde se sintió discriminado en sus inicios como piloto.

Su mochila de títulos y personalidad le permite ser quién es sin ningún tipo de prejuicios. Rompió los moldes de la moda en la F1 y suelen irrumpir en los circuitos con conjuntos llamativos y asegura “cualquiera puede usar lo que quiera. Habrá gente que no lo entenderá, pero está bien. Con suerte, eventualmente pasarán por la fase de apertura de su mente y dejarán que las personas sean quienes quieren ser “.

Hamilton rompió varios moldes en la F1, entre ellos el de la moda. Así llegó al circuito de Yeda, en Arabia Saudita (REUTERS/Hamad I Mohammed)
Hamilton rompió varios moldes en la F1, entre ellos el de la moda. Así llegó al circuito de Yeda, en Arabia Saudita (REUTERS/Hamad I Mohammed) (HAMAD I MOHAMMED/)

Opina de lo que sea y no se la cae ningún anillo si tiene que criticar a los países árabes por la falta de equidad en lo derechos y en las tres carreras en la región (Qatar, Arabia Saudita y Abu Dhabi), su casco tiene los colores de la bandera LGTBIQ+

En 2021 apareció un fuerte rival como Max Verstappen que con su Red Bull motorizado por Honda es la gran amenaza para terminar con su reinado. Aunque el británico no perdió la cabeza y frío como iceberg, como suele ser con sus estrategias, manejó y administró la temporada. En San Pablo, Brasil, mostró su mejor carta que fue el nuevo motor a combustión y eso le permitió llegar mejor perfilado a la definición de este fin de semana en Abu Dhabi.

En el presente campeonato logró ocho triunfos y este año llegó a un total de 103 éxitos y 103 poles positions, que lo consolidaron como una máquina de batir récords en la categoría reina donde además suma 181 podios en 287 carreras, 58 récords de vuelta y 4.147 puntos en 15 temporadas en la Máxima. Su siete títulos fueron en 2008, 2014, 2015, 2017, 2018, 2019 y 2020, el primero de ellos con McLaren y el resto con Mercedes. Este fin de semana llegó empatado en puntaje con Verstappen y sólo le sirve ganar para alcanzar su octava estrella.

Lewis Hamilton y Max Verstappen se robaron la atención en una temporada que ya es inolvidable (REUTERS/Amanda Perobelli)
Lewis Hamilton y Max Verstappen se robaron la atención en una temporada que ya es inolvidable (REUTERS/Amanda Perobelli) (AMANDA PEROBELLI/)

Hamilton ya es una leyenda viviente de la F1, pero también un personaje trasciende al deporte. Tiene millones de seguidores en sus redes sociales (25,6 millones en Instagram y 6,8 millones en Twitter) no solo por ganar carreras y campeonatos.

En el automovilismo sus éxitos no se deben solo a que tiene el mejor medio mecánico. Potencia su talento con su personalidad. Y hasta es capaz de vulnerar las estadísticas de Schumacher, más allá de que no se lo trace como objetivo: “Siempre he dicho que alcanzar el récord de Michael no es un objetivo, no me gustan los récords y cosas así, siempre pensé que estaba muy lejos y ahora, incluso si está muy cerca, todavía parece muy lejos”.

Lo cierto es que el inglés ya sabe lo que es alcanzar la gloria en la Máxima. Logre o no su octava corona está en el olimpo de los mejores de la historia. Eso por lo que soñó desde muy chico y que durante toda su vida se preparó para conseguirlo.

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