Nunca jugó en el país y está bajo la órbita del Manchester City: quién es el argentino que ganó la Bota de Oro en la MLS

Valentín Castellanos festeja uno de sus goles, mientras que Maximiliano Moralez y Gudmundur Thorarinsson corren para felicitarlo. Foto: Vincent Carchietta-USA TODAY Sports
Valentín Castellanos festeja uno de sus goles, mientras que Maximiliano Moralez y Gudmundur Thorarinsson corren para felicitarlo. Foto: Vincent Carchietta-USA TODAY Sports (Vincent Carchietta/)

La Major League Soccer de Estados Unidos es uno de esos torneos que se caracteriza por contar con figuras internacionales que acaparan la marquesina mundial con el brillo de sus protagonistas. Estrellas de jerarquía con pasado en Europa o promesas con talento que amenazan con convertirse en futuros cracks conforman un certamen dinámico que mantiene un crecimiento constante y cautiva a millones de fanáticos. Y, tras la finalización de la temporada regular, un argentino sin antecedentes en el fútbol de su país se quedó con la Bota de Oro gracias a las 19 conquistas que marcó vistiendo la camiseta del New York City FC.

Valentín Castellanos fue el futbolista más destacado del campeonato en el país del norte. El delantero de Guaymallén infló las redes de sus rivales en 19 ocasiones y le permitió al conjunto neoyorquino acceder a los Playoffs, donde enfrentará a Atlanta United en busca de los cuartos de final.

Pero antes de su explosión ofensiva, el joven que se formó en un club amateur de la Segunda División de la Liga de Mendoza partió hacia su máxima aventura durante su adolescencia y del otro lado de la Cordillera de los Andes comenzó una carrera cargada de éxitos y reconocimientos.

Sus inicios en la U de Chile, su paso por Montevideo City Torque, el arribo a la MLS donde fue recibido por el Guaje Villa y su consagración en el Preolímpico de Colombia fueron algunos de los temas que analizó el Tati en diálogo con Infobae.

¿Qué significa recibir la Bota de Oro en una liga plagada de figuras?

—Es una felicidad desde el aspecto personal y grupal, porque sirvió como ayuda para clasificar a los Playoffs. Fue algo fundamental para mi carrera y trato de disfrutarlo al máximo con mi familia, amigos y la gente del club, porque sin mis compañeros no lo hubiera podido conseguir. Sin dudas, es un reconocimiento al buen trabajo que se hizo durante el año. Fueron 5 meses de jugar miércoles y sábados, que generaron mucho desgaste; por eso tuvimos que focalizarnos mucho en el aspecto físico y el descanso. Y por suerte se vieron sus frutos.

¿Qué análisis podés hacer del juego? A veces se subestima el fútbol de Estados Unidos…

—Los centrales de la mayoría de los equipos se caracterizan por su rudeza. Constantemente choco con ellos, porque es una liga muy física. En los últimos tres o cuatro años ha crecido mucho, porque ya no es un lugar en el que los jugadores se vienen a retirar, sino que es un torneo muy potente que sigue creciendo día a día.

Fuiste el máximo goleador de un torneo que tuvo a delanteros como el Pipita Higuaín, Sebastián Driussi, Gustavo Bou, Chicharito Hernández y Raúl Ruidíaz, ¿qué se siente superar a ese tipo de jugadores?

—Es increíble. En particular a mi me gusta mucho cómo juega Lucas Zelarrayán, de Columbus Crew, pero también están los hermanos Higuaín en el Inter de Miami, que tienen una jerarquía enorme. De todos modos, no es sólo el Pipita el que se destaca como figura por su pasado en la Selección, sino que hay otros como Ruidiaz en Seattle Sounders o Kamara en DC United que hicieron muchos goles durante la temporada regular.

Cuando llegaste al New York City compartiste el vestuario con David Villa, ¿cómo fue la convivencia con el español que ganó el Mundial de Sudáfrica?

—Con el Guaje estuve seis meses. Es un ícono internacional que brilló en todos los lugares en los que estuvo. Lo disfruté mucho. Me acuerdo que el primer día cuando llegué, él estaba en el gimnasio porque se estaba recuperando de un problema en la rodilla y cuando me vio elongando, me agarró de atrás, me dio un abrazo y me tiró un “Bienvenido Tati” que me descolocó ¡Era el capitán del equipo y yo no lo podía creer! Lo miraba y pensaba en las veces que habré jugado en la Play con él y ahora lo tenía enfrente y conocía mi nombre… Fue muy loco.

Valentín Castellanos
El Tati y el Guaje en las instalaciones del New York City FC

Hoy te toca compartir un plantel con jugadores de Luxemburgo, Suecia, Dinamarca, Estados Unidos, Islandia, Canadá, Libia… el entrenador es de Noruega, ¿cómo es la convivencia en ese vestuario?

—Hay una gran variedad de nacionalidades, pero también somos como 10 sudamericanos que nos entendemos mucho. Es un club con mucho lenguaje y mucha cultura, que nos permite aprender cosas nuevas día a día.

¿Y la música quién la maneja?

—La manejamos con Maxi Moralez. Ponemos mucho reggaetón y cumbia, pero a veces buscamos cosas de La Beriso o No te va a gustar, que es más tranquilo para tomar unos mates. No da a las ocho y media de la mañana hacer tanto ruido. La mayoría se divierte con lo que ponemos.

¿Cuánto se disfruta del anonimato que te da vivir en una ciudad como Nueva York? En otros lugares, tal vez el fútbol se vive de otra manera…

—Es una ciudad increíble. En Estados Unidos no se vive el fútbol como se vive en Argentina, porque los hinchas no son tan enfermos con la pasión que llevan en la sangre. Tal vez si te reconocen en la calle, sólo se quedan mirando y les da apuro pedir una foto. Eso te da ciertas libertades en la vida privada, porque cuando vas a un restaurante o al cine no sentís el acoso permanente. Es una tranquilidad enorme y creo que por eso vienen muchas estrellas a jugar acá.

¿Es una cuenta pendiente jugar en la Argentina?

—Sí, seguro. Siempre me quedó esa pizquita pendiente de jugar en un equipo argentino. Me gustaría poder lograrlo en un futuro, pero no ahora porque hace 6 años que estoy radicado en el exterior y trato de continuar mi carrera afuera. Tal vez el día de mañana me gustaría cerrar mi etapa como futbolista en mi país.

Y la realidad económica de Argentina no ayuda…

—Sí, es otro punto de análisis. Hoy en día la carrera del futbolista ha cambiado mucho. Ahora un jugador no se retira con 33 años, sino que se puede extender hasta los 38 o 40 años. Si bien sigue siendo una carrera corta, creo que también se deben disfrutar los momentos. Por eso es importante cuidarse desde todos los aspectos, para llegar bien físicamente.

Al menos pudiste vestir la camiseta de la Selección en el Preolímpico de Colombia…

—Sí, en 2019 tuve mi mejor temporada en el New York City y tuve la oportunidad de ir a la Sub 23. Fue un proceso de muchos amistosos antes del Preolímpico que se jugó en Colombia. El Bocha Batista me llevó a una gira por España y México. La verdad es que se formó un grupo increíble con el que se logró el objetivo. Incluso todavía mantengo amistades con Mati Zaracho, Fausto Vera, Facu Cambeses, Agus Urzi y la mayoría de los chicos…

¿Cómo fue que se dio tu carrera en el exterior?

—Jugaba en el Murial de Mendoza, que es un equipo de la Segunda División de la Liga. Era todo muy amateur, de barrio. Como tuve la suerte de destacarme los fines de semana en los partidos, el entrenador, que era Tony Torres, tenía contactos con Diego Rivarola, que es un histórico de la U de Chile, y me llevaron para hacer unas pruebas. Gracias a Dios las cosas salieron bien. Como estaba cerca de Mendoza, fui por dos semanas y me quedé un año y medio.

Cruzaste la Cordillera de los Andes para llegar a uno de los equipos más grandes de Sudamérica, ¿eras consciente de eso?

—Fue un proceso muy extenso, porque estuve los primeros 10 meses sin poder jugar, porque era menor de edad y no tenía el permiso de la FIFA. Como era extranjero y no había jugado en ningún club argentino, tuve que esperar hasta que cumpliera los 18 para firmar mi primer contrato. A los pocos meses empecé a entrenar con el plantel de Primera y después salió la oportunidad de ir a préstamo a Torque, que fue una etapa muy linda de mi vida.

Valentín Castellanos
El delantero fue campeón del Preolímpico que organizó Colombia en 2019

Y en Uruguay se te abrió la posibilidad de la MLS por jugar en el equipo que pertenece a los dueños del New York City

—Es verdad. Si me hubiera quedado en la U de Chile, tal vez hoy no estaría acá. Mi paso por Torque me hizo crecer muchísimo. Me curtí. Es un equipo muy humilde en el que todo era muy nuevo. Conocí gente increíble, porque era todo muy familiar. Como estuve muy a gusto, pude hacer una temporada espectacular y como pertenece al grupo del Manchester City, tuve una motivación adicional.

¿Sos consciente de la posibilidad que se te abre? Tal vez el día de mañana podrías jugar en el equipo de Pep Guardiola?

—Desde el momento que llegué a Montevideo City Torque, me fijé como meta llegar al Manchester City. Lo bueno es que hay varios equipos que pertenecen al grupo empresario que pueden servir como escalas previas. Es un proceso muy lindo, que genera una motivación muy grande.

Para ello, una de las metas más cercanas es buscar el título en la MLS…

—Sí, hay que ir de a poco. Ahora jugaremos los octavos de final contra el Atlante United, que será un partido muy lindo, porque se jugará en nuestra cancha con el apoyo de nuestra gente. Nuestro objetivo es llegar a las semifinales, que es una instancia a la que el club nunca pudo acceder.

Una de las teorías sobre Lionel Messi es que tal vez termine su carrera en la MLS, ¿qué significaría para vos tenerlo cerca?

—Es el sueño que tengo desde siempre. Me encantaría algún día conocerlo personalmente. No sé si se dará acá o en cualquier parte del mundo. Imagino que si en algún momento decide jugar en la MLS, seguramente yo ya no esté. Tal vez debería firmar un contrato con el New York City en el que ponga una cláusula de poder estar si Leo viene a jugar acá. Pero ojalá que lo pueda cruzar en Europa.

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