El camino de la innovación, la nueva forma de hacer agricultura

La familia Bombal, junto con su asesor, le encontró la vuelta al sistema sustentable y regenerativo.

En 2011 la familia Bombal, integrante del CREA Melo Serrano (región Centro), comenzó a probar la incorporación de cultivos de cobertura en las rotaciones agrícolas. Fue con el propósito de evaluar cuán efectivos podían resultar para controlar el avance de malezas complicadas. Allí descubrieron, con los años, que los crecientes problemas de Amaranthus observados en campos vecinos no se presentaban en el propio establecimiento.

Fur de la mano del entonces asesor CREA Lucas Andreoni, quien actualmente se desempeña como asesor de la empresa. Además es el responsable del programa “Integración con la Comunidad” del Ministerio de Agricultura y Ganadería de la provincia de Córdoba. De esta manera, se embarcaron en un proceso de aprendizaje. Este modelo culminó actualmente con el 86% del campo “verde” durante el período invernal. Es decir, los barbechos químicos quedaron reducidos a una mínima expresión.

El dato es que más de la mitad del área invernal está ocupada por diferentes cultivos de servicio, tales como centeno, vicia, achicoria, rabanito, avena strigosa y trigo sarracero. Y este año además están  probando Brassica carinata y colza como cultivos de cobertura.

“Los sistemas simplificados caducaron”

“Creemos que el modelo agrícola simplificado ya caducó”, dice Ricardo Bombal, gerente de Don Lero S.A. “No sabemos si lo que estamos construyendo nosotros va a ser el nuevo paradigma agrícola, porque estamos en pleno proceso de aprendizaje”, exclama el entrevistado junto a sus hermanos Ana, Paz y Pedro, integrantes de la empresa familiar.

“Estamos seguros que el sistema convencional ya dio todo lo que tenía para dar e insistir con el mismo implica desagregar valor. Porque no es sensato solucionar problemas con las mismas herramientas que los crearon”, insiste.

En los primeros años, los costos de los cultivos de servicio no se incorporaban al cálculo del margen bruto de los cultivos. Fue porque se consideraba que, tal como sucede con una fertilización fosforada de reposición, se trataba de una inversión sistémica con efecto de largo plazo.

Pero en los últimos tiempos eso cambió y pasaron a formar parte de los costos anuales porque los cultivos de servicio permiten generar ahorros considerables de insumos de síntesis química.

Modelo de intensificación

Bombal, en función de su propia experiencia, remarca que el proceso de intensificación agrícola no debe hacerse de manera abrupta porque requiere un cambio cultural y organizacional que lleva tiempo.

“Es importante comprender que se trata de un proceso continuo al que todos los integrantes de una empresa debemos adaptarnos”, asegura. El hecho de que la empresa siempre esté en movimiento, cosechando y sembrando inmediatamente atrás, solamente puede hacerse si se cuenta con un equipo de trabajo capacitado y motivado. El gerente es además integrante del CREA Aconcagua y vocal CREA en representación de la región Valles Cordilleranos.

El proceso de aprendizaje continuo les permitió lograr hitos que hasta hace algunos años atrás parecían imposibles. Uno de ellos es la siembra directa de maní sobre cobertura de centeno, que en el ciclo 2020/21 logró rendimientos tan elevados que este año volverán a repetir esa rotación.

Un aspecto central del cambio de paradigma es brindarse y brindar a los integrantes de la organización el “permiso” para equivocarse y aprender de los errores. Porque de otra manera sería imposible generar innovaciones.

“Permiso para equivocarse”

Así fue como en la última campaña Mauro Liendo, responsable del área de Producción de la empresa, descubrió una técnica muy prometedora mientras estaba poniendo a punto una sembradora articulada de origen brasileño.

La intensificación agrícola tiene como correlato la intensificación de todas las tareas que realiza la empresa

El suceso ocurrió cuando el técnico brasileño, al configurar la sembradora, observó un lote con una vicia que tenía más de un metro de altura y desafío a Mauro al asegurarle que la máquina podía atravesar el cultivo de servicio sin mayores inconvenientes. Mauro pensó inicialmente que eso no era posible, pero, ante la insistencia del técnico, decidió dedicar un par de hectáreas al experimento.

“La vicia se secó a las 24 horas de haber sido suprimida por la sembradora que implantó una soja de primera. Y, al no observar nacimientos de malezas, decidimos no aplicar herbicidas preemergentes. A pesar de tratarse de un año bastante seco, ese lote terminó generando un rinde del orden de 4300 kg/ha. Este número superó a otros lotes lindantes de soja que habían recibido preemergentes”, comenta Liendo.

Más siembra verde

Este año repetirán la experiencia de la “siembra en verde” sin aplicación de preemergentes. Pero ya en una superficie mucho mayor y con otros cultivos; adicionalmente, un sector de esas parcelas recibirá solamente bioinsumos de origen orgánico para seguir testeando diferentes alternativas productivas.

“La cobertura generada por la vicia nosotros la llamamos la alfombra mágica”, bromea Liendo.

“La intensificación agrícola tiene como correlato la intensificación de todas las tareas que realiza la empresa; aquí todo el año se están llevando a cabo diferentes procesos”, añade.

Marco conceptual

Los cultivos de servicio, tal como indica su nombre, pueden ofrecer diferentes servicios ambientales. Pero para que eso suceda es necesario diseñarlos e incorporarlos de manera adecuada. Supresión de malezas, aporte y reciclaje de nutrientes y mejora de la estructura física del suelo. Pero también la gestión del agua presente en napas freáticas, incremento de la microbiología del suelo y atracción de polinizadores son algunas de las funciones posibles se nota.

“Cuando dejamos de mirar solamente la producción y la protección de cultivos para visualizar de manera sistémica el paisaje en su conjunto, entonces podemos pasar del discurso al hecho y crear empresas que sean sostenibles en el eje social, ambiental y económico”, explica Lucas Andreoni.

-¿Cómo lograron gestionar el cambio en el campo?

-En una primera etapa empezamos a observar cambios en la composición física y química del suelo y comprendimos que estábamos trabajando sin considerar lo que sucedía en el recurso más importante que tenemos, que es el suelo. En las restantes ramas de la ingeniería siempre se ocupan de asegurar que los instrumentos necesarios para realizar su labor se encuentren en condiciones óptimas, pero nosotros, en el sistema simplificado, nos focalizamos durante muchos años en el resultado sin analizar los procesos que ocurrían en el suelo.

-¿Cuál fue el siguiente paso para terminar de implantar el modelo?

-Entender las diferencias entre ambientes y cómo la tecnología debía adaptarse en función de las características de cada uno. Para todos los involucrados en el proceso representó un redescubrimiento de la agronomía. La intensificación agrícola por medio de la incorporación de cultivos de servicio permitió incrementar la micro y macrobiología presente en el suelo al ofrecer, con presencia permanente de raíces vivas, alimento a los seres vivos que –aunque muchas veces no lo veamos– forman parte de todo ciclo productivo.

-¿Cuál es el aspecto más difícil del cambio?

-El aspecto central, obviamente, es que el empresario esté convencido de que es necesario realizar el cambio, pero no podría decir que esa es la cuestión crítica. El factor clave es tener equipos de trabajo preparados para poder entender el impacto de las acciones emprendidas, realizar los diferentes procesos con eficacia, estar despiertos para evaluar tanto éxitos como errores y poder aprender de estos últimos.

Más diversidad en el campo

Para Andreoni, el paisaje que incluye diversidad en el campo es una dimensión relacionada con el placer humano, algo que, si bien es subjetivo, no deja de ser relevante.

“Cuando preguntamos a los empresarios que están transitando el camino hacia sistemas regenerativos qué ven de favorable en el proceso, una de las respuestas es que la mayor presencia de colores y vida atrae a las nuevas generaciones al campo porque se sienten a gusto”, enfatiza el ingeniero agrónomo.

No se trata de algo menor volver a enamorarse de un ambiente, porque eso hace al arraigo y al sentido de pertenencia. En ese sentido, también es importante dejar sectores del campo sin intervención humana para que la biodiversidad presente pueda expresarse en su pleno potencial.

“Por ese motivo, el establecimiento cuenta con “corredores biológicos” diseñados con diferentes especies nativas, además de forestación con algarrobos. Es parte de los servicios ecosistémicos que prestan las empresas agropecuarias y es un aspecto fundamental para cuidar a los insectos polinizadores”, aseguró.

El establecimiento cuenta con “corredores biológicos” diseñados con diferentes especies nativas, además de forestación con algarrobos. Es parte de los servicios ecosistémicos que prestan las empresas agropecuarias y es un aspecto fundamental para cuidar a los insectos polinizadores.

-¿Eso es importante para la actividad apícola?

-Por supuesto, pero no solamente para esa actividad, sino para muchos procesos más. Estamos trabajando con un equipo de investigadores del Conicet, coordinado por Lucas Garibaldi, para evaluar el impacto de la presencia de polinizadores en los rendimientos del cultivo de soja y los resultados preliminares observados son auspiciosos al respecto, con ganancias de rendimiento muy interesantes. Por otra parte, el apicultor está más que contento en traer colmenas al campo porque, al tener disponibilidad de flores durante todo el año, puede producir una gran cantidad de miel de excelente calidad. (RC)

El ABC Rural



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