Una porteña en el monte: se fue de vacaciones y no volvió más a la ciudad

lUKE OKE
Lule se instaló en San Francisco del Monte en plena pandemia, se enamoró de esa vida y no volvió a CABA

El plan de Lule Oke (32) era ayudar a apagar el incendio que se había desatado cerca de la casa de su madre en San Francisco del Monte de Oro, en San Luis. Viajó por una semana, y se quedó mucho más.

“Vivo en el paraíso”, dice sin vueltas. Tarda en contestar por la señal intermitente. “A veces estoy sentada en el río o en la montaña y me detengo a mirar alrededor y pienso: ‘Esto es una maravilla, ¿cómo no lo hice antes? ‘’’, admite.

Iba al monte solo de vacaciones. Su madre Stella compró hace ocho años un terreno amplio donde construyó una casa con vista a la sierra . San Francisco del Monte de Oro es un pueblo de 6.000 habitantes al norte de la provincia de San Luis, a dos horas de Traslasierra y a la misma distancia de Mendoza. “Era nuestra rutina de verano. Viajar 900 kilómetros para estar en el medio de la nada… desconectada. Eso creía, antes”, dice.

Antes, fue hace dos años atrás. Antes era su departamento en Flores, donde nació y creció. Es o era porteña. Tiene un hijo de seis años – Luca- y estudió Comunicación Social. Se dedicaba al mundo digital para pymes, y empresas, como a producción integral. Llevaba un ritmo agitado, siempre apurada, con poco tiempo para lo verdaderamente importante. “La ciudad como modelo de vida rompe con las estructuras vinculares y también ambientales. Te acostumbras a lo obsoleto”, argumenta como una de las primeras reflexiones que le dejó el cambio de vida.

De Buenos Aires a la sierra

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Tiene su propia huerta

En enero de 2020, el grupo de Whatsapp de la familia Oke ardía. El fuego rodeaba la casa de Stella. “Me relataba que junto a su compañero cargaban baldes para controlar la voracidad del fuego. Los vecinos estaban unidos para combatirlo, las voluntades sobran. Hubo árboles (algarrobos), que provocaron llamas de 15 metros de altura”.

Frente al panorama, sin dudarlo adelantó sus vacaciones. “Agarré a mi hijo, mi gato, mi guitarra y algo de ropa de verano”, recuerda. Tomó la ruta nacional 7 y manejó ocho horas. “Bienvenidos a la república separatista de los Rodríguez Saá”, leyó al ingresar a la provincia. » Parece la entrada a otro país, ahora y antes del Apocalipsis era igual”, relata.

Hizo varios kilómetros más hasta la casa de su madre, que está en un paraje rural a cinco kilómetros del pueblo por camino de tierra. “Al oeste sale el sol tarde porque tiene que cruzar toda la sierra primero, al este una lomada de monte nativo, al norte el recorrido de la luz natural y al sur el viento fatal”. Se encontró con una escena impresionante. “La casa se salvó aunque el cientos de metros de piso negro rodeado de ceniza volátil. No se conoce la escala de grises hasta que se camina por un suelo por el que antes pasó el fuego”.

Dos noches más tarde la cadena nacional del presidente Alberto Fernández declaraba el aislamiento social preventivo y obligatorio (ASPO). Lo escuchó en el auto, por la radio. “No podríamos volver a Capital ni movernos de San Francisco por los siguientes 14 días”.

Ya pasaron dos casi dos años…

Los primeras semanas

“Empecé a recibir mensajes diciéndome que por el momento no necesitarían de mis servicios… me quedé sin laburo por el contexto”. Tenía miedos, incertidumbres y prejuicios. Inquieta, esa misma noche le escribí a su vecina Ana para ir a tomar mate. “Esos que tomamos después de cenar, cuando los más chiquitos de la vecindad ya no circulan más”.

Ana vive a más de un kilómetros de la casa de la madre de Lule. “Ella es de Morón y hace dos años salió de la ciudad en una casa rodante del año 77. Trabaja de lo que se reinventa y pregona: ‘Deberíamos discutir un poco esta buena prensa que tiene la productividad’”.

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La primera foto que se tomó sin saber que esa sería su nueva casa

De ese encuentro, surgieron otras historias similares. “Ahí mismo, entre palabras y estrellas, sentadas delante de la @PachaRodante, su casa Mercedez Benz 608, decidí que era un buen momento para desenfundar la cámara y salir a buscar historias de personas que dejaron la ciudad. De última era la excusa perfecta para preguntar cómo se hace esto de vivir acá”.

El papá de Luca es YouTuber, y eso la ayudó a pensar en canal para comunicar lo que quería hacer. Algo escéptica, pero a la vez con ganas de filmar, dio el primer paso. Desde San Francisco con poco recepción de wifi, se animó a subir el contenido a su nuevo canal de YouTube : Porteña en el monte. Desde ese entonces van 50 videos, 64 mil seguidores y dos millones de reproducciones. “Abundan las historias de personas que revolearon la silla con rueditas de la oficina para arrastrar una laya en un surco de tierra. Que abandonaron los jefes para convertirse en pequeños productores”.

También relata historias de productores locales, para ella el futuro de todo. “Este país está lleno de pequeños productores, agroecológicos, orgánicos. Personas buscando la sustentabilidad”.

Crianza, seguridad y costos de vida

En 2019, ya había soñado con dejar la ciudad. Lo había charlado con el padre de su hijo. “Los costos de vida, la violencia vial y general, los gritos, la indiferencia… Dos años antes había escuchado desde mi balcón como una mujer pedía a los gritos a su pareja que le deje de pegar, nunca pude encontrarla, ni dando vueltas por la calle ni en los diarios al día siguiente. La hostilidad se siente en cada ascensor, subte, semáforo y cruce peatonal”, resalta entre las diferencias con su vida actual.

“La vida rural no es la panacea. Hay que adaptarse al espacio sin intervenir la naturaleza, lograr una productividad sin querer urbanizalos”, agrega.

Desde que tomó la decisión de no volver al cemento aprendió sobre el autocultivo, tiene su propia huerta, al igual que sus gallinas. La casa es amplia, a diferencia de los 50 metros donde residían antes. El mundo es su jardín. “Venir al campo no te hace campesino”, repite una y otra vez. “Ganás experiencia de tu alrededor… en este caso del monte”. También incorporó los sonidos de las aves, el del viento, la mutación de los colores con el paso de las estaciones.

En cuanto al acceso a la salud, se sigue atendiendo en los hospitales locales. “Lo hacía también en Capital, pero siempre están colapsados por la centralización de gente. Te diría que acá es mejor”.

Mutó su idea de productividad. Si bien sube contenido semanalmente, lo hace sin prisa. Por otra parte, también destaca que es menor el costo de vida. “Necesitás menos para vivir, entonces trabajas menos”.

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Aprendió a vivir sin prisa conectada con el exterior, hace música con sus vivencias

Su hijo Luca estudia en una escuela rural, no hay grados, conviven niños de todas las edades en un mismo salón. “Un reflejo de cómo es la sociedad”. Los amigos están por todas partes, y cualquier elemento del contexto se convierte en un juego. “Acá Luca corre con su manada de perros y pibitos, se disfraza, va a cumpleaños. Creo que es un gran lugar para criar a los más chicos”.

Sueña con un futuro en el monte. Encontró la manera de habitarlo. “Ahora que decidí quedarme y estoy planificando mi casita de barro que mirará al norte para aprovechar la luz solar. A veces lo veo a Luca corriendo, saltando piedras, e imagino que cuando crezca, tan sólo en un poquito de tiempo más, será él el que se vaya a la ciudad”.

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Fuente: InfoBae

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