Robó y murió en un enfrentamiento con la Policía: el terrible final del brazo violento de Rafa Di Zeo en la barra de Boca

Rafael Di Zeo y Del Rio
Miguel Ángel del Río era uno de los hombres de confianza de Di Zeo en la barra de Boca

Era los ojos y oídos de Rafael Di Zeo en la barra. A la que llegó en 2015, cuando el canoso líder de La Doce recuperó el poder de la tribuna de Boca y necesitaba alguien de confianza que le cuidara las espaldas. Primero obró como custodio y después fue elegido por Rafa para ser su hombre en el paravalanchas, dado que él no podía ingresar a los estadios por derecho de admisión. Ese era nada más ni nada menos el poder que tenía Miguel Ángel del Río en la barra brava de Boca.

Hombre de pocas pulgas, de hacer valer el músculo y el arma ante cualquier atisbo de discusión, generó a su paso una oda a la sumisión. Pero ayer terminó su vida: según la investigación preliminar, intentó amenazar y robarle un reloj Rolex a Julio Alfonsín, un importante hombre del mundo financiero, justo a unos metros de la casa donde vive Gustavo Posse, el intendente de San Isidro. Un policía que hacía la custodia de la residencia vio la situación y se produjo un enfrentamiento. Del Río recibió un balazo en una arteria e intentó escapar con un cómplice en una moto pero diez cuadras después, cayó muerto en el asfalto. Terminaba así su carrera como uno de los capos de La Doce. Según la Justicia, su acompañante también resultó herido y sería uno de sus hijos y la moto en la que circulaban, una Honda negra de alta cilindrada, estaría a nombre de otro familiar.

Del Río, que para el Estado argentino era un monotributista clase E e insólitamente ni la AFIP ni la Justicia jamás investigaron cómo hacía para viajar por todo el mundo a ver a Boca, tanto en Copa Libertadores como amistosos en Europa o donde estuviera La Doce, era un advenedizo para los históricos de la barra que tuvieron que aceptarlo por imposición de Di Zeo.

Cuando Rafa y Mauro Martín se unieron para sacarle la tribuna a Christian Fido Debaux, cada uno recelaba del otro. Di Zeo y su hermano tenían derecho de admisión, lo mismo que toda la primera plana más cercana como Topadora Kruger y Tyson Ibáñez. Entonces el líder trajo sangre nueva. Y entre todos ellos, a Miguel Ángel Del Río, que tenía su base de acción en el barrio de Saavedra y venía recomendado del mundo de los cobradores a morosos en financieras, hombre de pocas pulgas que hacía trabajos en el oculto mundo de las cuevas y que se lo conocía experto en el tema de obtener relojes ajenos de alta gama. Así como alguna vez había adoptado para esos menesteres al Uruguayo Richard William Laluz Fernández, con el que terminó a los tiros, ahora Di Zeo se nutría de gente que no era del mundo del fútbol pero que le servía para sostener su poder. Ese currículum de pesado en otras actividades le permitió a Del Río hacerse primero un lugar en la mesa chica y después, dada su fidelidad a Rafa, convertirse directamente en el hombre de su grupo al que adentro de la cancha todos debían obedecer. De hecho hubo bastantes rispideces con la gente de Mauro Martín y también con el grupo de los hermanos Coronel de Lomas de Zamora. Porque Del Río recibía las órdenes por celular y se dedicaba a que todo se cumpliera a la perfección, cayera quién cayera.

Rafael Di Zeo y Del Rio

Con estas credenciales sus acciones crecieron ya no sólo en Boca sino en todo el mundo barra. Y en quienes los apoyan desde la dirigencia deportiva, las fuerzas del Estado, políticos y hasta empresarios, porque Di Zeo lo llevaba a cada reunión que tenía para fortalecer su nueva posición. Eso le permitió ser temido en todo ese círculo, pero a la vez lo puso en la mira de la Justicia que finalmente el 10 de marzo de 2020 le aplicó derecho de admisión para ingresar a los estadios por el lapso de 24 meses. La pandemia hizo que no se notara su ausencia en las tribunas y cuando regresó un mes atrás el fútbol con hinchas, Del Río se posicionó al lado de Di Zeo para que todas las órdenes del jefe se cumplieran a rajatabla. En el medio, fue denunciado por amenazas y agresión por Marta Tato, ex cuñada de Rafa y esposa del extinto Fernando Di Zeo, quien reclamaba la parte que le correspondía de los negocios de los hermanos de los cuales al parecer, Rafa se quedó con todo. Y ahí estuvo Del Río para hacerla callar.

Esa era su vida hasta este sábado por la tarde, cuando se subió a una moto Honda de alta cilindrada con un acompañante que sería su hijo y fue a emboscar al asesor financiero Julio Alfonsín. No contaba con que había un policía custodiando la zona. En el enfrentamiento recibió el balazo que terminó con su vida, una vida asociada al bajo mundo y al poder de las barras bravas en la Argentina.

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