Messi cuando ríe y Messi cuando llora

El triunfo en la Copa América y la relación con el grupo y la hinchada le devolvió la sonrisa al líder del seleccionado argentino
El triunfo en la Copa América y la relación con el grupo y la hinchada le devolvió la sonrisa al líder del seleccionado argentino (AGUSTIN MARCARIAN/)

“Lloraste cuando ganaste la Copa América, lloraste cuando saliste del Barcelona, lloraste cuando el otro día en Argentina te entregaron el premio delante de la afición. ¿Qué está pasando Leo?”. La respuesta con risas a esa pregunta acaso sea la demostración palmaria del momento que está atravesando Lionel Messi: “Tal vez estoy más grande y más sensible”.

Durante los veintiséis minutos que duró la entrevista exclusiva con el diario catalán Sport en París, el astro argentino sonrió prácticamente cada vez que se refirió a la selección argentina, en un giro de ciento ochenta grados de lo que fue incluso su pasado reciente, cuando tanto él como sus compañeros de la generación anterior fueron discutidos y no pudieron ganar ningún título con la selección absoluta albiceleste. Fueron tiempos “de comer mierda”, como sintetizó Javier Mascherano tras la derrota de la final de la Copa América 2015 ante Chile.

Este Messi es otro. No es aquel chico tímido que miraba el reloj en cada entrevista con respuestas en voz baja, y monosílabos. Mucho más calmo, tranquilo, seguro de sí mismo y evidentemente aliviado tras haber ganado la Copa América de Brasil hace cuatro meses y lo manifiesta en palabras como “estamos bien ahora” o dando a entender que reina un buen ambiente en el plantel luego de la ansiada conquista, y sin problemas para aceptar, e ir en línea con el director deportivo del Paris Saint Germain, el brasileño Leonardo, que todavía no terminó de adaptarse a su nuevo equipo “porque viajé demasiado”.

El rosarino sabe que todo lleva su tiempo, y la adaptación a un nuevo club, a otra forma de jugar (“en el Barcelona estaba acostumbrado a que nosotros teníamos la pelota casi todo el tiempo y la liga francesa tiene un fútbol más físico”), necesitará de paciencia, como tuvo que tenerla cuando llevaba un mes y medio de vida de hotel y sus hijos se desgastaron, hasta que por fin se pudo mudar a la casa propia y ya los chicos comienzan a hacerse de nuevos amigos. O cuando intentan comparar el actual tridente del PSG con Neymar y Kyllian Mbappé con el anterior con el brasileño y con Luis Suárez. Considera que el francés “ahora juega más de nueve pero no es un goleador de área como Luis” y que con más tiempo de conocerse la relación es “espectacular”.

Después de tantos años de experiencia, si bien reconoce que la actual Champions League es el gran objetivo del PSG “es muy difícil y se decide por detalles” y que los franceses no son los únicos candidatos y señala a otros como Manchester City, Chelsea, Liverpool, Bayern Munich o Liverpool.

Messi aprendió la lección de vida que le dio la salida del Barcelona. Pasaron poco más de dos meses y aquellos tiempos de zozobra parecen alejarse, pero no olvida, y por eso, no quiere pensar en lo que pase después del Mundial de Qatar, cuando ya tenga 35 años y vaya camino a los 36. “Aprendí a vivir cada día y será lo que tenga que ser”, dice sonriente. Tiene claro que el “gran objetivo” es el Mundial y si bien admite que la selección argentina “no es candidata hoy porque hay equipos mejores” cree que la cosa marcha bien y se le nota la esperanza, muy lejos de aquellos tiempos en los que tenía que explicarles a los hijos por qué le tocaba volver siempre tan triste o desanimado desde Ezeiza.

El llanto de Messi cuando tuvo que despedirse de improviso del Barcelona, lugar al que aspira regresar cuando culmine su carrera como jugador
El llanto de Messi cuando tuvo que despedirse de improviso del Barcelona, lugar al que aspira regresar cuando culmine su carrera como jugador (Andreu Dalmau/)

Messi tiene memoria. Se encarga de aclarar que nunca más volvió a hablar con Joan Laporta, el presidente del Barcelona e insiste en que él hizo todo lo posible por seguir en el club y aceptó rebajarse el salario a la mitad y que nunca le pidieron jugar gratis. No tiene empacho para afirmar que tiene decidido con su familia que en algún momento volverán a vivir en la ciudad catalana y que hasta le gustaría ser secretario técnico alguna vez “aunque puede que se dé o puede que no”.

Que Messi ama al Barcelona se nota en su mirada, en su sonrisa, en su manera de expresarse. Ni siquiera su turbulenta salida le hizo cambiar de opinión. Dice que extraña el Camp Nou, a los hinchas azulgranas, que mantiene la permanente comunicación con sus amigos y ex compañeros Sergio Busquets y Jordi Alba, y desde ya con su “gran” amigo Sergio Agüero, aunque ni una palabra para Gerard Piqué, de su misma generación, aunque aclara que nadie lo defraudó porque “los conozco demasiado a todos”.

Messi tiene claro, también, que ganar el séptimo Balón de Oro sería “una locura” pero se manifiesta más que conforme con los seis que ya tiene. Sin dudas, como jugador tiene mucho más pasado que futuro y no tiene empacho en señalar que “difícilmente” puedan superar sus récords en el Barcelona en el corto tiempo aunque probablemente algún día sucederá, porque aunque sigue siendo humilde, es plenamente consciente de su brillante carrera y no necesita callárselo.

Esta entrevista no tiene nada de casual. Si la aceptó, es porque le llega en un momento justo. Por un lado, se alinea con el PSG y aparece comprensivo con alguna inquietud por su rendimiento al admitir la falta de continuidad. Por otro, manifiesta su amor eterno al Barcelona y de esta forma, disipa alguna duda que pudo generarse desde la dirigencia a partir de su salida pese a haber aceptado las propuestas para permanecer allí. Y por si fuera poco, aprovecha para dejar un legado.

“Lo único que intenté es manejarme con respeto, con humildad, trabajar, luchar por mis sueños, por mis objetivos. Me tocó caer muchas veces y no poder cumplirlo y siempre decidí levantarme y volver a intentarlo, como me pasó muchas veces en el Barcelona y muchas más en la Selección, con muchas derrotas dolorosas pero creo que mi mensaje hacia mis hijos y hacia los chicos jóvenes que me miran o me siguen es el de intentar pelear por sus sueños, luchar y demostrarles que todo es posible”, sostiene, para dar un cierre, con serenidad, más cerca de la sonrisa que del llanto, dispuesto a vivir el hoy y dejando que la historia se escriba día a día.

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