Curó una enfermedad en su útero luego de una visión estremecedora que le reveló un abuso en su infancia

Lolita Campos
Lolita Campos se dedica a viajar por el mundo junto a su familia y escribir. Su propia historia de vida fue su libro más impactante. Foto: @camposlolita

Ya había pasado todo, ahora era tiempo de contarlo. Compró un pasaje a Costa Rica y se fue a un pueblo del que se dice que la gente va a morir. “Allí fui a morir y renacer”, dice después. Fueron meses intensos luego de años aún más intensos, pero lo que escribió estando allá terminó de sanarla.

Lolita Campos viaja por el mundo. Su historia de vida a través de las redes sociales podría empezar así. Y seguir: Lolita Campos un día viajando por el mundo se enamora de Manu Pozzi -un músico argentino que viaja por el mundo- y nunca más se separan. También sería verdad. Hoy tienen una hija -Amapola- y juntos acaban de llenar el teatro Coliseo con un show de música y lectura. Pero todo eso -que es preciso- es absolutamente incompleto. Habría que ir unos pasos atrás: Lolita Campos viaja por el mundo. ¿Por qué?

“Yo era una persona sumamente feliz, sumamente alegre. Pero había algo, un agujerito donde siempre entraba un chiflete muy molesto. Estaba tan involucrada conmigo misma, tan conectada, y al mismo tiempo tenía cada vez más problemas físicos. Y en esa conversación interna me preguntaba por qué seguían surgiendo todas esas enfermedades”, dice.

Algo en ella la había empujado a “fugarse”. Estaba de novia, ”muy enamorada”, tenía una marca de ropa, una familia “tipo los Flanders”, pero algo la empujaba a escapar. Entonces viajaba: Nicaragua, Honduras, Costa Rica, Hawaii, por todos lados. Y aunque el paisaje era perfecto, en cada uno de estos lugares tenía una nueva complicación. Desde sus tres años Lolita sufría infecciones urinarias, con el tiempo el cuadro fue empeorando.

“Empiezo con ovario poliquístico, leucoplasia. Varias cuestiones más en el útero… Tuve una hemorragia interna muy fuerte en Hawaii, donde mi internaron. Me podría quedar horas hablando de todas las cuestiones médicas. Y en Costa Rica me dieron el veredicto final: que el ovario poliquístico me había generado una cierta esterilidad, que seguramente no iba a poder concebir en un futuro. Pero yo en ese momento estaba viajando, no pensaba en la posibilidad de ser madre, lo que me interesaba era sanarme a mí y saber lo que me estaba pasando”, dice. Su voz es peculiar, mezcla rara de optimismo y nostalgia, mezcla de derrota con euforia.

Lolita Campos
Lolita junto a su pareja, el músico Manu Pozzi, con quienes se conocieron por Facebook mientras los dos viajaban por el mundo. Foto: @soymanupozzi

“Yo estaba feliz con todo lo que estaba haciendo, pero sabía que había algo del pasado que me incomodaba, que me hacía comportar de cierta manera. Me llamaba la atención que nada me completaba”.

Mientras viajaba, subía fotos que acompañaba con textos. En sus redes sociales (@camposlolita) iban acumulándose seguidores. Un día escribió un libro –28 Rulemanes- con algunas de las historias que se cruzó en el camino. Un día también conoció al que define como el amor de su vida, el músico argentino Manu Pozzi. Alguien le había hablado de él, ella no escuchó. Un día encontró una guitarra en Mozambique que tenía unas cosas escritas. Le dijeron que la había dejado un tal Manu Pozzi. Ella lo buscó en Spotify y comenzó a escucharlo. Al tiempo le mandó un mensaje en Facebook. Al tiempo comenzaron a chatear más seguido. Al tiempo ella se fue a verlo. Al tiempo se enteró de que esa guitarra en Mozambique no la había dejado él, pero el equívoco ya no importaba. Al tiempo estaban viajando juntos por el mundo. Al tiempo comenzó la búsqueda más profunda y dolorosa de esta historia.

“Después de años de estar juntos nos vamos a Europa y yo quiero visitar la casa de mi infancia, porque vivimos ahí cuando era una nena, y fue donde tuve mi primera infección urinaria a mis 3 años. Cuando llego a la esquina le digo a Manu que me deje sola, y cuando llegué a la puerta y vi la ventanita por donde yo me asomaba me invadió una sensación en el cuerpo que no sabía que estaba ahí, una angustia. Pero en ese momento la confundí con emoción, con el hecho de que uno se pone grande y empieza a recordar su infancia… Sin embargo, ahí me quedó algo resonando”, cuenta.

Siguieron viaje. Unas semanas después, mientras lavaban ropa en una lavandería en Suiza, se tiraron en un parque a descansar. “Estábamos en el pastito acostados y de repente tuve la primera imagen, el primer recuerdo horrible y espantoso. Yo no sé si fue un ataque de pánico, no sé cómo describirlo médicamente, psiquiátricamente, pero no podía respirar, se me había paralizado el cuerpo. ¿Viste cuando dormís y posicionás mal el brazo y tenés todo el cosquilleo? Bueno, era esa sensación en todo el cuerpo, una sensación que nunca jamás había sentido. Y una incomprensión tal de lo que había visto que me empecé a sentir loca, empecé a sentir que estaba entrando en un cuadro de esquizofrenia”.

Lolita Campos
El pelo corto llegó después de la primera revelación de su hisotoria en París, donde fue a su casa de la infancia y tu los primeros «recuerdos del horror»

Al instante supo que eso que estaba viendo no era una mera sensación, algo en su cuerpo le decía que era real. Sacaron la ropa tal como estaba sin esperar que se seque y salieron a la ruta. Al rato empezó a faltarle el aire y le pidió a Manu que parara el auto. “Me bajo y de nuevo: ¡tuc! La misma imagen, tres veces. Y sentía que me cerraba el pecho. Estaba como aturdida, como si el volumen de todo el mundo estuviese demasiado alto, la voz de Manu era como un dragón… Y necesitaba estar sola para comprender porque yo sabía que estaba viendo algo que había bloqueado durante años”, recuerda.

-¿Lo entendiste al instante?

-Sí, perfecto, porque aparte conecté Francia, la casa, mis tres años, la infección urinaria… Yo acababa de salir de Hawaii de esa internación que había tenido por una hemorragia interna y estaba… ¿Viste el tambor que cada vez se va acercando? Bueno, era así. Eran cada vez más fuerte los dolores, más recurrentes las infecciones, pero cada vez más cerca la razón. Entonces cuando llegué a Francia yo sentía ese tambor: tun tun tun tun tun. Y ahí hilé absolutamente todo, pero me empecé a volver loca loca.

-¿Por qué?

-Porque yo decía ‘cómo hago para explicar esto, quién me va a creer, a quién se lo cuento…’. Era algo que jamás en mi vida había hablado. Y no solo eso, sino que no sabía cómo hablármelo a mí misma, y no sabía cómo reproducírselo a otra persona. Y empezaba a imaginarme las preguntas que me iban a hacer y que no iban a tener respuesta. Entonces entré en una locura interna, de mente y alma.

-Una locura y una lucidez, al mismo tiempo.

-Sí, porque era como una matrix, un rompecabezas que se unía: entendía todo, todos mis comportamientos, mi personalidad, mis razones, mis motivos… Todo. Todas las cosas que había hecho en mi vida… Era como si cayera un dominó. Se me abrió el abanico de todo el entendimiento de mi vida y todo cerró. Y así como todo cerró, todo se abrió.

-¿Cómo seguiste?

-En silencio externo. Pero internamente era la Sinfónica Nacional, era Beethoven a todo lo que da, todo el día. Pero para el resto del mundo empecé a silenciarme a más no poder.

Lolita Campos
En su Instagrama acumula casi 50 mil seguidores. Si bien tiene mucho contenido de viajes, su comunidad la sigue a todos lados por sus historias

En sus redes sociales nada cambió, o un poco sí pero en silencio. Lolita comenzó a adelgazar mucho y alguna gente se lo hacía notar. Ella decía que estaba atravesando un momento personal particular y no mucho más. Su plan de vida con Manu seguía siendo el mismo: viajar por el mundo viviendo experiencias, pero para ella era cada vez más claro que el viaje era una búsqueda hacia dentro de su historia, no hacia afuera.

En un punto de ese movimiento llegaron a Perú. Ella no sabía si ir o no porque tenía allí el recuerdo de su prima, que amaba Perú pero fue allí donde se enteró -a través de un ritual de ayahuasca– que tenía leucemia. Fue allí también donde eligió morir. Había demasiada carga y Lolita, aún con sus infecciones urinarias y sus problemas en el útero, aun con el miedo a sus revelaciones, no quería entrar. Pero lo hizo.

“En todo mi proceso y mis años luchando con esto me habían invitado muchas veces a hacer ayahuasca, pero yo siempre dije que no, que no me animaba. Sabía que había algo por revelar y me daba muchísimo miedo. Yo había hecho un montón de medicinas alternativas que también requieren del cuerpo, pero a esto no me animaba. Tenía miedo a que se me revele algo porque yo sabía que había algo ahí”, cuenta.

Apenas entró a Perú, un conocido la llamó por teléfono y la invitó a hacer un ritual de ayahuasca. Esta vez dijo que sí. “Hice mi viaje de ayahuasca y obviamente ahí se reveló todo el dolor, todo el horror vivido. Y entendí todo. Absolutamente todo. La primera persona con la que me encontré fue con esa niña herida que no abracé, que le negué ese recuerdo un millón de veces y que me daba tanto miedo darle voz y darle la razón. Era el miedo de darle la razón y decir que sí, que ella había vivido eso, y aceptar que esa historia de mierda era mi historia. Mi gran desafío fue confiar en mi adulta, no en mi niña”.

-¿Por qué en tu adulta?

-En la adulta que no quería aceptar esa historia de mierda. Y sentía bronca porque cuando mi niña interna habló y me empezó a soltar de a poco esos recuerdos, la adulta se creyó loca, se creyó que estaba mintiendo y que era la culpable, y que estaba generando algo para romper la familia… Bronca de haber confiado al instante, al segundo.

-¿Te sale nombrar con palabras lo que te pasó o todavía te duele decirlo?

-No, ya puedo. Al principio quizás con alguna amiga me juntaba y no se decía la palabra, pero hoy en día sí puedo decir que fui abusada sexualmente, un abuso intrafamiliar.

Lolita Campos
Cuando entendió lo que le pasaba, comenzó un proceso de sanación: hizo un ritual de ayahuasca y confirmó lo que sentía: de niña había sufrido un abuso, a la misma edad en que comenzaron sus infecciones urinarias

-¿Cómo siguió todo después del ayahuasca?

-Bueno, Manu me buscó cuando terminó la ceremonia y lo más loco es que yo estaba feliz. Estaba en las nubes porque toda mi historia se había reconstruido. Ya está, no había más búsqueda, no había más cansancio, no había más intriga, más misterio, más incertidumbre adentro… Era como: llegué a la meta, ya está. Era una felicidad… Y él me abrazaba y me decía: “hay una calma acá”. Y se lo empecé a contar con la naturalidad de alguien que lo contó muchas veces. Aunque igual lo podés contar cien mil veces que siempre te va a hundir el pecho y el estómago se va a retorcer un poco…

-¿De las infecciones urinarias cómo seguiste?

Nunca más. Desde el día de la ceremonia hasta el día de la fecha. Fue impresionante. Salí de la ceremonia de ayahuasca y me curé de mis problemas de útero, de las infecciones, de todo.

-Perdón la occidentalidad de mi pregunta pero, ¿un médico ratificó que estabas curada?

-Sí, fue increíble. Pero eso vino un poco después.

-¿El afuera cómo reaccionaba a todo esto?

-Yo cada vez estaba más flaca, tenía ojeras, insomnio… Y ahí empezaron las preguntas de mamá: qué te pasa, qué te está pasando, contarme, confiá en mí… Y claro, ¿yo qué hago con esto? Yo puedo vivir con mi verdad y todo, ¿pero el resto del mundo? O sea, ¿el resto de mi mundo? También les corresponde esta verdad, porque esta persona es parte de la familia… Y bueno, ahí se empezaron a sortear adentro mío un montón de posibilidades de callarme para siempre y no hablar y llevarme esto a la tumba y que nadie más lo sepa. Y no ser esa mancha veneno que iba a teñir la familia Flanders que teníamos. No quería ser yo esa manzana podrida. Que no lo era, pero en mi sentimiento y mi pensar… Y bueno, pasó el tiempo y esa sensación me empezó a consumir, yo me empecé a consumir, y ahí sí, a desarmarme, a estar rota, rancia. Tenía fecha de vencimiento.

-¿Cómo seguiste adelante?

-Después de Perú seguimos bajando, llegamos a Bolivia y cruzamos a La Quiaca. Y ahí mi vieja me llamó porque estaba muy inquieta con lo que me pasaba y me dijo: “Contame, por favor, te lo ruego en el alma, me estoy muriendo”. Y yo creo que lloré veinte minutos enfrente a la cámara en silencio sin decirle nada de nada, solo lloraba. Ella me escuchaba y me cantaba el sana sana como si fuese una niña. Y ella sola me dijo: “¿Fue un abuso?…” Le hice como que sí, así en silencio… pude decirle quién y también dejarla tranquila de que ni mi papá ni mis hermanos habían sido. Y la sentí conmigo esa noche, porque aparte fue la primera noche que yo pude dormir. La extrañaba, no te puedo explicar cómo. Fue como que la tenía al lado cantándome el sana sana y haciéndome palmaditas en la espalda.

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Lolita y Manu junto a su primera van, con la que recorrieron toda América. Hoy la cambiaron por un bus escolar con el que pronto comenzarán a viajar de nuevo. Foto: @camposlolita

El milagro -llamémosle milagro- llegó después, cuando volvieron a Buenos Aires. Ella empezó una terapia para poder hablar y sanar, comenzó a cambiar las palabras “confesar” por “contar”, y un día fue a hacerse análisis médicos. Sin embargo, no quería ir a buscarlos. Manu le decía que fuera, ella se negaba. Le decía que fueran juntos, ella se negaba. Un día directamente la llevó y pelearon durante todo el viaje. “Vas a ir a buscar los análisis porque sos mi compañera y quiero saber cómo estás”, le dijo. Finalmente, lo aceptó. Bajó del auto y entró a la clínica.

“Me dan los resultados y los abrí desesperada pensando que iba a entender algo, como si el papel dijera ‘estás sana’. Pero no son así los análisis. Y una chica, una médica, me vio tan desesperada que se me acercó y me dijo ‘¿qué necesitás?’. ‘Necesito leer esto y necesito saber cómo estoy’, le dije. Y los agarra así en dos segundos y me dice: ‘aAh, estás perfecta, no tenés nada’. Y cierra la carpeta y amaga a irse. Y yo le digo ‘‘pará, pará porque este momento es bisagra en mi vida. Le doy mi carpetita de todos mis estudios anteriores y le digo: ‘Yo tengo un montón de cosas acá adentro, fíjate’. Entonces empieza a abrir los otros estudios y los compara, y compara los años. Y me pregunta: ‘¿Esto es tuyo?’ ‘Sí’, le digo. Me mira y me dice: ‘No tenés más nada. Tenés el útero como una chica de 18 años, impecable, impoluto, sano, perfecto. No tenés ni un quiste’. Y me mira y me pregunta: ‘¿Qué hiciste?’. Y le digo: ’Hablé’”.

Se quedaron paradas en medio del pasillo llorando, ella sabiendo por qué, la médica quizás comprendiendo, quizás no… Se dieron un abrazo y antes de que Lolita se fuera la doctora le dijo: “No sé si estás buscando ser madre pero cuidate porque podés quedar embarazada”.

“Y entonces salgo con los papeles corriendo y estaba Manuel comiéndose las uñas y lo miro y le digo: ‘Del uno al diez, ¿cuán poderosa creés que soy?’. Y me dice: ‘¡No!’. ‘No hay nada, estoy sana, así que me podés hacer un hijo ahora mismo’. Y nos reímos y él lloraba y lloraba y lloraba, y no dejaba de decir gracias”.

Varios meses después, luego de última etapa de su travesía, Lolita quedó embarazada de Amapola, que nació en plena pandemia hace casi un año.

Lolita Campos
Durante el 2020 hicieron siete shows por streaming, en octubre del 2021 llenaron el Teatro Coliseo con un espectáculo en el que Lolita «despidió» a su libro Peritos de una Fuga. Fue una lectura de fragmentos acompañada de música de orquesta y canciones de Manu Pozzi. Foto: @camposlolita

Ya había pasado todo, ahora era tiempo de contarlo. Compró un pasaje a Costa Rica y se fue a un pueblo del que se dice que la gente va a morir. “Allí fui a morir y renacer, porque mi cuerpo estaba sano, pero mi corazón no”, dice después.

Fueron meses intensos luego de años aún más intensos, pero lo que escribió estando allá terminó de sanarla. Por ese entonces hablaba poco. Un día una amiga fue a visitarla y ella aceptó con la condición de no conversar. Una noche rompieron la promesa: se miraron y entendió que su amiga también había pasado por algo similar. Su historia no podía ser más un secreto, ya eran demasiadas las historias horribles que no se cuentan. Tomó el último impulso y terminó su libro.

Volvió a la Argentina y ese libroPeritos de una fuga (editorial Metrópolis)- se convirtió en un particular éxito en ventas: no se conseguía en librerías pero fue un furor de la venta directa. Lolita dejó de ser solo una influencer que viaja por el mundo para convertirse en un símbolo de la resiliencia. Y de algo más: del poder que tiene contar la propia historia. En los medios sin embargo nunca la contó, siempre fue un ave independiente. Pero un día conversando le pregunté si podíamos hacer una entrevista. Esta vez aceptó y nos juntamos a conversar. A veces llora apenas durante el relato y se vuelve a componer, como quien conoce la estructura de su historia.

-Si hay alguien que por ahí conoce tu historia a través de esta entrevista y le resuena la historia. ¿Qué le dirías?

-Que le suba mucho el volumen interior. Que ahí están todas las respuestas. Que lamentablemente yo siempre quise ser validada afuera y encontrar un montón de preguntas que tenía y buscaba en personas o en cosas o en experiencias… Y estaba todo adentro. Y así como también yo estoy contando mi historia, mi historia quizás no es la respuesta para esas preguntas o para eso que hayan pasado, que puede ser similar, podemos espejarnos en cosas, pero el ritmo, el volumen y lo que te quieras contar, preguntar y responder… está ahí adentro, y no hay otro lugar donde buscar.

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Fuente: InfoBae

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