Caras ocultas, menos de 300 personas y la ayuda inesperada de los maestros: la primera Marcha del Orgullo en Argentina

Escena de la represión policial durante los disturbios afuera del Stonewall Inn (AP)
Escena de la represión policial durante los disturbios afuera del Stonewall Inn (AP) (Anonymous/)

Dicen que la autobiografía de Mary Casal inspiró el nombre del bar. “The Stone Wall”, traducido como “el muro de piedra”, es un texto fundacional en la literatura lésbica de comienzos de siglo. Primero fue un restaurante familiar. Después fue lo que fue: el germen, el Big Ben de la lucha por los derechos de la comunidad LGBTI+. Cada 28 de junio, el mundo recuerda la primera defensa de la diversidad de género. Hubo una revuelta, una rebelión contra la arbitrariedad policial en la noche neoyorquina de finales de la década del sesenta.

“El 28 de junio de 1969, en un bar de Nueva York llamado ‘Stonewall Inn’, concurrido por hispanos, afros, homosexuales, lesbianas, trans, drag queens, la policía llevó a cabo una de las tantas razzias que acostumbraba realizar, amparados en las leyes americanas que prohibían desde las expresiones consideradas homosexuales hasta vestir con prendas del sexo opuesto”, reseña en un comunicado el Ministerio de Cultura de la Nación.

Fue la resistencia, el fin del silencio, el principio de una causa. Era el negocio de Tony Lauria, hijo de Ernie Lauria, un importante miembro del Clan Genovese, uno de los más importantes de la mafia de Nueva York en los sesenta. “Cuando a los 26 años le dijo a su padre que quería tener su propio negocio, el padre no pudo evitar que un ramalazo de satisfacción lo sacudiera. Sin embargo, cuando se enteró qué tipo de negocio era el que pensaba gerenciar, su cara (y su ánimo) oscureció. Su hijo iba a poner un bar gay en medio del Greenwich Village neoyorquino. Para Ernie el problema era que esa era una actividad muy poco prestigiosa, un negocio al que se dedicaban los que estaban muy abajo en la pirámide jerárquica de la mafia”, escribió Matías Bauso en una nota publicada en Infobae.

Los disturbios en Stonewall motivaron a la organización y lucha por los derechos LGBT (Foto: instagram stonewall inn)
Los disturbios en Stonewall motivaron a la organización y lucha por los derechos LGBT (Foto: instagram stonewall inn)

Lauria igual lo hizo. Compró la propiedad, pintó las paredes de negro y compró dos rocolas. El alcohol era fácil de conseguir: provenía de los negocios de su familia. La ubicación era codiciada. Era un bar gay de paredes oscuras en el que la gente podía bailar, podía besar y podía tener contacto físico. Era el único lugar que prestaba este nivel de intimidad. Asistían travestis, trans y drag queens tanto como negros y latinos que arribaban desde Harlem en el tren A. A los visitantes los conocían como los “a trainers”. En pocos sitios los recibían. Los dueños sabían que era un riesgo congregarlos: era la forma que tenían de unirse. Por entonces, la homosexualidad estaba prohibida en los Estados Unidos.

Pero Lauria era un mafioso. Pagaba por mes 1.200 dólares en concepto de protección. Los policías le avisaban cuándo se presentaban en el bar para “intervenir”. El aviso a los concurrentes no era verbal: las luces del local se encendían y las rockolas eran desenchufadas. Era el momento de dejar de bailar, tocarse o besarse. Y salir lo más discretamente posible para evitar ser detenidos y sufrir el escarnio público (no por la detención, sino por su condición de homosexuales).

Contó Bauso: “Así los policías sólo cumplían una formalidad. Aparentaban cumplir con su deber y sólo ocasionaban leves molestias a los dueños. Decomisaban unas pocas botellas de alcohol (el negocio no contaba con habilitación para vender bebidas alcohólicas), se llevaban los escasos dólares que había en la caja (los allanamientos los realizaban temprano para darles tiempo de recuperar lo perdido en el resto de la noche), y arrestaban a parte del staff y a los hombres que estaban vestidos de mujer”.

Al año siguiente a la represión policial, en Nueva York se marchó por primera vez por los derechos del colectivo de homosexuales y trans (AP)
Al año siguiente a la represión policial, en Nueva York se marchó por primera vez por los derechos del colectivo de homosexuales y trans (AP)

Pero esa noche de junio del ‘69, las cosas habían cambiado. Lo que había cambiado, en verdad, era el comisario y con él los preacuerdos tácitos. Seymour Pine era un moralista veterano dispuesto a establecer una nueva doctrina: la excusa para concentrarse en el Stonewall fue una sospecha de evasión, flujo de bonos enviados a Europa, financistas chantajeados, mafia y silencio pago. La escalada duró una semana. El sábado 28 a la medianoche ingresaron al bar cuatro policías de civil y dos uniformados. Las luces estaban encendidas y la música no sonaba. Hombres y mujeres contra la pared. Requisa. Documentos. Excesos. Impunidad.

Tal vez habían soportado muchos atropellos, tal vez estaban cansados, tal vez las persecuciones se habían incrementado, tal vez el procedimiento contó con policías infiltrados, tal vez era rebelarse. No agacharon la cabeza como otras veces. La colaboración mermó. Hubo empujones, gritos, insultos, una indignación transparente. Estaba el comisario Pine. Llegaron refuerzos. Más policías y un micro para trasladar a los detenidos. Los que salieron del local ya no se escondieron en la oscuridad de la noche. Se quedaron en las inmediaciones para exigir.

“Rápidamente mucha otra gente se sumó -relató Bauso en su crónica-. Varios centenares de personas se amontonaban en la vereda frente al Stonewall. Un policía zamarreó del brazo a una travesti y la empujó hacia el carro de detención. Esta giró y le asestó un certero golpe en la cabeza con su cartera. La multitud bramó. Mientras eran llevados los empleados del bar, los manifestantes comenzaron a lanzar monedas de un centavo contra ellos y aplaudían: también estaban cansados de los sometimientos de la mafia. Una lesbiana, con traje masculino, dio pelea durante casi diez minutos antes de dejarse meter dentro de un patrullero e impedir el arresto”.

Después de la última dictadura, cuando intentaban hacer oír su reclamo en las marchas por los Derechos Humanos (Télam)
Después de la última dictadura, cuando intentaban hacer oír su reclamo en las marchas por los Derechos Humanos (Télam)

Se desató una batalla campal que se apaciguó recién cuando amanecía. Hubo decenas de detenidos, vidrieras destrozadas, botellas rotas, rastros de sangre seca sobre el pavimento, pequeñas fogatas que todavía ardían. Al otro día, como si nada hubiese pasado, Stonewall reabrió sus puertas. La policía volvió. La resistencia también. Esa lucha de reivindicación de los derechos de la comunidad LGBTI+ fabricó el orgullo: engendró, también y sin saberlo, el día internacional, la semana y la marcha del orgullo. Dos días después, los gritos de “gay power” fueron graffitis. La noticia de homosexuales combatiendo por su dignidad tuvo alcance nacional. Un año después, el 28 de junio de 1970, en conmemoración del primer aniversario de la revuelta de Stonewall se llevó a cabo la primera marcha del orgullo gay en Nueva York. Y también en Los Ángeles, San Francisco y Chicago. Al año siguiente, ya se marchaba también en Dallas, Boston, Estocolmo, Londres, Berlín occidental y París.

A Argentina llegó en 1992. La primera marcha del orgullo que se realizó en el país tuvo como escenario el microcentro porteño. “‘Libertad, igualdad, diversidad’ fue la consigna de esa primera marcha que se desplegó desde Plaza de Mayo hasta Congreso -anuncian desde el Ministerio de Cultura-. Desde entonces, se realiza ininterrumpidamente y se convirtió en el acto público más importante la comunidad lésbica, gay, bisexual, travesti, transexual, transgénero, intersex y queer, que apunta a visibilizar los reclamos, las conquistas y el orgullo por la elección de cada orientación sexual, identidad y expresión de género”.

No hubo más de 300 personas en la primera manifestación que comenzó en la esquina de avenida Rivadavia y Bolívar. “No teníamos ni idea cómo iba a resultar, pero lo que sí teníamos claro era que iba a transcurrir por la Avenida de Mayo, que es el eje del reclamo político en Buenos Aires”, contó a Télam Gustavo Pecoraro, uno de los referentes de aquella convocatoria. La mayoría lucía pañuelos en sus rostros o máscaras: no querían ser reconocidos para miedo a perder su trabajo, para ocultarse de sus familias. La mitad de las personas que marchaban tenían su cara tapada. Convocaba, entre otras organizaciones, Nuestro Mundo, el primer grupo de diversidad sexual de Argentina y de América Latina, que había surgido en 1967, dos años antes de la redada policial en el bar Stonewall.

Carlos Jáuregui con el megáfono. A la derecha, manifestantes con sus caras cubiertas con máscaras de papel
Carlos Jáuregui con el megáfono. A la derecha, manifestantes con sus caras cubiertas con máscaras de papel

“En 1984, en el marco de la vuelta a la democracia, los activistas Carlos Jauregui y César Cigiutti formaron la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) con el objetivo de luchar contra la represión y los edictos policiales heredados de la dictadura militar. Ellos fueron los impulsores de la primera marcha junto a las organizaciones Sociedad de Integración Gay Lésbica Argentina (SIGLA), Transexuales por el derecho a la vida (TRANSDEVI), Grupo de Investigación en Sexualidad de Investigación Social (ISIS), Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM) y Convocatoria Lesbiana. Con el tiempo, se sumaron nuevas agrupaciones que reflejaban la diversificación de las identidades, de tal manera que para la marcha de 1993 se incorporó la sigla LGT”, repasan desde la cartera de Cultura.

En 1984, Carlos Jáuregui tenía 26 años y aparecía en la tapa de la revista Siete Días abrazado por otro hombre, Raúl Soria, bajo el título “El riesgo de ser homosexual en la Argentina”. Era la primera vez que un medio masivo de comunicación trataba el tema. Significó la visibilización de un estigma, el primer paso para la naturalización de un sentido de identidad. “La primera marcha la convocamos siete organizaciones que empezamos a marchar juntas como consecuencia de haber podido salir de nuestro ombligo homosexual o lesbiana”, expresó Pecoraro.

Era la noche de un viernes frío. La convocatoria fue discreta. Gente con el rostro tapado movilizándose. Carteles que decían Transexuales por el Derecho a la Vida y la Identidad (Transdevi), la Sociedad de Integración Gay Lésbica Argentina (Sigla), Investigación en Sexualidad e Interacción Social (ISIS), Cuadernos de Existencia Lesbiana y la Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM). Un hombre con un megáfono. Era Carlos Jauregui, quien marchó a cara descubierta. “Fue una marcha muy pequeña y timorata porque la policía te podía detener perfectamente, pero nosotros como organización y Carlos, sobre todo, ya existíamos, teníamos presencia en los medios”, recordó Pecoraro.

Bandera del orgullo Obelisco
Hoy por la mañana se izó la bandera de la comunidad LGTBI en el Obelisco de la Ciudad de Buenos Aires (Gustavo Gavotti) (Gustavo Gavotti +549 11-5865-9679/)

Pero al día siguiente fueron tapa de los diarios. Salieron por la calle Paraná y enseguida notaron que estaba vacía. Sin embargo, cuando llegaron a la Catedral estaba lleno de cámaras de televisión. Los organizadores aún se ríen de lo que habían creído en aquel entonces: pensaban que por fin habían logrado que los medios los escucharan. Habían tenido suerte: los medios de comunicación los encontraron de casualidad. Cuando los camarógrafos vieron a los gays, a las lesbianas y a las travestis con máscaras y gritando por megáfono, fueron hacia ellos. “Coincidimos con el reclamo de los docentes de la carpa blanca que habían protestado frente a la Rosada y ya estaban terminando cuando llegamos. Los medios que se estaban retirando, vieron que había otra marcha con gente enmascarada y una persona gritando consignas por un megáfono, se acercaron y al día siguiente fuimos tapa con una repercusión impresionante”, dijo Pecoraro.

La marcha por el orgullo gay a fines de junio podrá ser muy colorida en los Estados Unidos y en Europa. Los organizadores entendieron que en Argentina el festejo queda opacado por el frío del invierno. Comprendieron que debían postergar para la primavera la fecha de la convocatoria. César Cigliutti, uno de los principales militantes por los derechos de las personas LGBTTI en el país y promotor de la primera marcha del orgullo, contó el trasfondo de esa decisión: “Le pregunté a Carlos (Jáuregui) por una persona y me dijo que estaba con gripe, por otra persona y me dijo que también estaba enfermo. Le dije: ‘Loca, ¿en Estados Unidos marchan en sunga y acá con sobretodo y bufanda?’”.

El primer día de noviembre de 1997, la fecha del aniversario número treinta de la creación de la agrupación Nuestro Mundo, cumplía con los requisitos: primavera y el homenaje a un colectivo fundacional. Desde entonces, en Argentina la semana del orgullo gay comienza cada primero de noviembre. Las ediciones cambian sus consignas todos los años. En 1994 fue “Visibles para ser Libres e Iguales”, “La discriminación nos condena. La policía nos mata. Seguimos de pie” representó a la marcha en 1996; “En la sombra de la hipocresía, a brillar mi amor” (1999); “Amar y vivir libremente en un país liberado” (2002); “Somos todos y todas maravillosamente diferentes” (2006); “Nuestro festejo es reclamo: igualdad, libertad, diversidad” (2007); “¡Ley de Identidad de Género ya!” (2011); “Por más igualdad real: Ley Antidiscriminatoria y Estado Laico” (2014); “Basta de femicidios a travestis, transexuales y transgéneros. Basta de violencia institucional. Orgullo para defender los derechos conquistados” (2017). El refrán de cada bandera levantada también connota una transformación en los reclamos.

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Fuente: InfoBae

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