Las confesiones del sobrino de Maradona: el día que Diego le salvó la vida, el consejo que jamás olvidó y por qué Rocío Oliva “fue lo peor que le pasó”

El recuerdo de Diego López Maradona sobre su tío
Diego López Maradona, junto a su tío. Hoy reside en México

El domingo 30 de octubre de 1960 a las 7:05 AM, en el Policlínico de Lanús, Dalma Franco, conocida popularmente como Doña Tota, y Don Diego Maradona recibieron a su primer varón, Diego Armando, tras haber traído al mundo a tres mujeres: Ana, Claudia y Rita Mabel.

Hace 61 años nacía Diego Armando Maradona, el mejor futbolista de todos los tiempos. Diego López Maradona, hijo de Ana, hermana mayor de Diego, recordó a su tío con un relato que reflejó la otra parte del gran ídolo: “Él me salvó la vida. Yo estuve enfermo de leucemia y pagó mi tratamiento, que fue mucho dinero. Pero no solamente a mí, sino a muchos ex compañeros que tenían problemas con sus hijos y él lo ayudaba con dinero”, explicó su sobrino, quien está radicado en Houston desde hace 25 años.

En diálogo con Infobae desde los Estados Unidos, el ex jugador de Argentinos Juniors contó detalles increíbles de la relación íntima y fraternal que tuvo con tío. El día que le tendió la mano, la división que generó en la familia su fallecimiento, el último encuentro que tuvieron, quién fue la mujer de su vida, el daño que le generaron los diferentes entornos a la largo de su carrera y por qué “Rocío Oliva fue lo peor que le pasó en su vida”.

-Hoy cumpliría 61 años tu tío. ¿Qué recuerdos tenés de sus festejos de cumpleaños?

-Su último gran cumpleaños lo hicimos en Sinaloa, el 30 de octubre de 2018. Fue espectacular. Estuvo el boxeador Julio Cesar Chávez, quien le regaló unos guantes autografiados y una chamarra. Se armó un escenario donde tocó una banda musical. Fue invitado todo el plantel de Dorados, club que él dirigía. Hubo amigos, fue Hugo Maradona, uno de sus hermano, que vive en Nápoles. Viajó mi tía Lily, una de sus hermanas. Yo fui con mi hijo desde Houston y Diego estaba acompañado de Rocío Oliva, que fue lo peor que le pasó en su vida. Además, se encontraba Matías Morla con sus allegados. Pelusa la pasó bien, estaba feliz y cada cumpleaños lo disfrutaba a full. Ese último lo disfrutó de una manera especial.

-¿Fue la última vez que lo viste?

-No, hace dos años fue la última vez que nos vimos. Yo estaba en Houston, Estados Unidos, y me llamó para Navidad de 2019 y me preguntó: “¿Qué haces ahí?”. Le respondí: “Estoy acá, pasando las Fiestas con mis dos hijos´. Yo me acababa de divorciar hacía muy poco. Entonces, me dijo: “Venite a México a pasar Año Nuevo conmigo porque será el último que pasaremos juntos” y le contesté: “No, tío, ¿que estás diciendo? Deja de decir pavadas”.

-¿Viajaste a verlo?

-Sí, me insistió: “Tenés que venir sobrino. Te voy a mandar los pasajes para vos y tus chicos”. Viajé el 25 de diciembre de 2019 rumbo a Sinaloa. Festejé fin de año y me quedé hasta el 15 de enero de 2020, que fue la última vez que nos vimos. Él presentía que le quedaba poco tiempo de vida y me hizo ir para pasar las últimas Fiestas junto a él. Cuando quise viajar hacia Argentina a verlo, no pude hacerlo porque arrancó la pandemia.

-¿Cómo fue ese último festejo de fin de año?

-Muy felices, todos juntos. Estuvimos haciendo karaoke hasta largas horas de la madrugada porque le gustaba mucho cantar y desde chiquito cantábamos juntos. Me acuerdo de un viaje a Mar del Plata que hicimos junto con Claudia Villafañe. Nos pasamos todo el viaje cantando canciones. Después de esa vez, se hizo rutinario cada día que nos juntábamos. La alegría de él pasaba por cantar y escuchar música. Por eso, la última vez cantamos toda la noche. Ese es el mejor recuerdo que tengo y lo quiero recordar de la mejor manera.

-¿Pudiste darle el último adiós?

-No todavía. Tuve la oportunidad de viajar el día que falleció desde los Estados Unidos hacia Buenos Aires y dije que no. Es más, Claudia fue la que me llamó y me dio la noticia de su fallecimiento. Me dijo: “Si querés venir, tenes los pasajes para viajar esta noche”. Le respondí: “Te agradezco, pero no”. Deseo guardar los mejores recuerdos de mi tío y no lo quiero ver adentro de un ataúd, no lo soportaría. Me quiero quedar con la última imagen de él sonriente y feliz, diciéndome las cosas que sentía y cagándome a pedos; remarcando las cosas que hacía mal.

-¿Quién fue el amor de su vida?

-Claudia fue el amor de su vida, a quien amó hasta el último día de su existencia. Una día que estábamos charlando, le pregunté: “¿Sos feliz?”. Me respondió: “No lo soy. Fui feliz, pero perdí a mi gran amor. Soy culpable de haber perdido a Claudia y nunca más me voy a enamorar”. Yo a ella se lo dije, pero sé que esta todo bien entre nosotros, a pesar de no tener comunicación, También, con Dalma y con Gianinna.

-¿Es cierto que tu tío te salvó la vida?

-Sí, es cierto. Ahora lo están juzgando por Mavys Álvarez, la cubana que salió a hablar hace una par de meses. No saben quién es verdaderamente. Diego me salvó la vida. En el momento que más lo necesité, estuvo presente.

-¿Qué hizo por vos?

-Yo dejo de jugar al fútbol profesionalmente y empiezo a trabajar. Ahí, me quedo sin seguro médico. En ese preciso momento, me agarró leucemia. Entonces, fue al mejor centro especializado en Houston y me dijeron que tenía que pagar 250 mil dólares para entrar y hacerme el tratamiento. Yo no llegaba a juntar esa plata. Entonces, Diego llamaba todos los días preguntando por qué no me trasladaban al hospital. Fue ahí que mi ex mujer le dijo: “No llegamos a cubrir el dinero que necesitamos para el tratamiento”. Inmediatamente, mi tío le respondió: “¿Dónde hay que mandar la plata? Ya lo hago”. Envió todo el dinero el mismo día y me metieron en el hospital. En un mes, me pararon la enfermedad.

-Estuvo en el momento que lo necesitaste…

-Sí, aparte muy pendiente de mí, con llamados por teléfono todos los días. Teníamos una relación muy buena y lo seguía para todos lados. Viví a su lado en España cuando jugaba para el Barcelona y estuve con él en Napoli. Además, lo acompañé en Dubai y en Sinaloa, México. Cuando debutó como técnico de la selección argentina en Glasgow, Escocia, fui a darle mi apoyo y lo acompañé. Después, jugaron en Marsella y estuve con mi familia respaldándolo. Donde iba, yo estaba.

-¿Cómo era Diego desde lo humano?

-Una persona espectacular. Aparte de ser mi tío y amigo, era muy humano. ¿Sabés a cuántos hijos de ex compañeros le salvó la vida? Ayudó a tanta gente… Era una persona que si vos le decías “necesito tal cosa”, te ayudaba, o te lo hacía llegar de una u otra manera. Hubo un compañero de la selección argentina que quiso suicidarse y estuvo presente para evitarlo.

-¿Pedro Monzón?

-Sí, estuvo a su lado, Pedro no lo hizo y hoy tiene tatuada la cara de mi tío. Diego Maradona era un tipo solidario. Buen hijo, buen tío y hermano, además de buen amigo. La palabra amistad significaba muchísimo en su vida. Lástima que los que se acercaron a él diciendo que eran amigos nunca lo fueron, eran “los amigos” del campeón. Creía ciegamente en ellos y dejó la Selección por uno de éstos, porque lo consideraba un amigo, pero no lo fue.

-¿Por Alejandro Mancuso lo decís?

-Sí, por él lo digo. Muchas cosas que salieron a la luz son ciertas y se la jugó por Mancuso, dejó hasta el seleccionado, que era su vida y su pasión. Recuerdo que le dijo a Julio Grondona, ex presidente de Asociación del Fútbol Argentino, que si no quería a Alejandro daba un paso al costado. Y así fue. Si hubiese sido otra persona, hubiera aceptado la salida de Mancuso. Sin embargo, priorizó la amistad antes que el trabajo y dejó su cargo. Después, se fue a Dubai, donde no le fue bien, pero se arrepintió de algo.

-¿De qué?

-En su momento me lo dio a entender con un consejo que me dio como tío: “Yo quiero que vuelvas a vivir a la Argentina para estar cerca de tu familia; de tu mamá, de tu papá y de tus hermanos”. Y agregó: “No te equivoques como yo lo hice. Yo no tenía la necesidad de trabajar, pero por el hecho de estar activo y de querer estar cerca del fútbol, acepté el desafío de ir a Emiratos Árabes Unidos y descuidé a mis padres”.

-¿Sintió mucha culpa por no estar cuando fallecieron sus padres?

-Sí, fue la gran culpa que tenía porque sentía que los abandonó por trabajo. Cuando su mamá se enfermó, Diego se tomó un vuelo desde Dubai hacia Buenos Aires, con escala en Río de Janeiro. En la ciudad brasileña, se enteró de la muerte de su madre. “Imaginate lo que fue el vuelo de Río a Buenos Aires, interminable”, me contó, tras el fallecimiento de Doña Tota. Y agregó: “Los abandoné”.

-Había que ser Maradona y ponerse en sus zapatos, ¿verdad?

-Es muy fácil criticarlo y decir lo mal que hizo Diego en drogarse y estar con una mujer menor. Resulta que todo lo malo lo hizo él, pero sabés cuánta gente lo hace y se calla la boca. En su momento, mi tío tuvo el coraje de decir: “Sí, soy un drogadicto”. Y, además, aceptó todos sus errores.

-¿Se pudo reponer alguna vez de la muerte de su mamá y de su papá?

-No, nunca pudo reponerse, tenía un dolor muy grande por la pérdida de sus padres. Una vez me dijo que amaba con locura a mi abuela porque le dio la vida y fue su primer amor. Y a mi abuelo Don Diego también. Chitoro fue un tipo espectacular. La única persona que hablaba con los ojos, porque con la mirada ya sabías lo que quería decir. Amaba a su nieto Benjamín, lo adoraba; al igual que a su hijo Dieguito Fernando. Ambos eran inocentes, porque no sabían de maldad, como sí la gente que lo rodeaba. Mi tío era un tipo muy inteligente. Sabía de todo.

– ¿Una persona iluminada en todos sentidos?

-Sí tal cual, se interiorizaba sobre todos los temas; un iluminado y un tocado por la varita mágica. Un día, un doctor me dijo: “Cuando Diego se muera, la gente se va a pelear por estudiar su cuerpo, porque no es normal que un deportista se quiebre la tibia y el peroné y se recupere en 60 días, cuando los normales tardan seis meses en hacerlo”.

-Claro, él no tuvo muchas lesiones en su carrera…

-Nunca tuvo un desgarro. Lo lesionaron jugando para el Barcelona y se contagió una hepatitis, después nunca sufrió un lesión ligamentaria. Su metabolismo hizo engorde y adelgace como si nada. Son esas personas a las que les cuesta muy poco recuperarse.

-¿Te sorprendió su fallecimiento?

-No, no me sorprendió. Lo conocía tanto que sabía cuando se encontraba mal, y se lo contaba a mi mamá Ana. “El tío no está bien”, le decía a diario. Ella me respondía: “Vos sos el único que lo ve mal”. Realmente no lo veía bien. Cuando hablábamos me aseguraba que se sentía sólo y dolido, que mucha gente a su alrededor lo engañaba y le mentía. Sabía todo lo que pasaba a su alrededor, no era ningún boludo. Las últimas mujeres que tuvo como pareja en su vida le decían una cosa y hacían otra. Un día me dijo: “Yo sé que me roban y me utilizan, pero así soy feliz”. Que le podía decir yo al respecto, sí era feliz.

-¿Miraba para otro lado con tal de ser feliz?

-Sí, miraba para otro lado con tal de encontrar la felicidad. Diego era un adicto que debía aferrarse a algo. Dejó la cocaína hace años y doy fe de eso. Pero, al dejarla, se aferró al tabaco, a los habanos y luego al alcohol. Después, a una mujer (Rocío) y a un hijo (Diego Junior). Entonces, siempre se aferraba a algo por miedo a la soledad y a estar desprotegido. Por ser un adicto, siempre dependía de algo o de alguien.

-¿Qué fue Rocío Oliva en su vida?

-Lo peor que le pasó en su vida. Un día en una nota televisada que le hicieron, le preguntaron: “¿Cuál es la chica más la linda de Argentina?”. Y respondió: “Mi chica Rocío”. En ese momento, dependía de ella, pero sabía que Oliva estaba con otro hombre, pero su entorno no quería que Diego se enterara. No lo dejaban ver televisión, le ponían únicamente los canales de deportes y nada más. En su televisor estaban bloqueados los canales de aire y solo habilitados los de deportes, de esta manera no se enteraba de lo que pasaba a su alrededor, no lo dejaban ver otra cosa.

-¿Su familia podía acercarse a Diego o le cortaban la comunicación?

-Había de todo. Yo pienso que sí tengo a mi papá enfermo y no me dejan verlo, paso por encima de quien sea con total de acompañarlo. De una u otra forma llego hasta mi papá, aunque no me dejen. Yo me instalaría a su lado aunque él no quisiera. Hoy, es muy fácil decir “yo lo quería ver”. Pero en su momento no hiciste nada para protegerlo y ayudarlo. Es demasiado tarde para lágrimas. Hoy, me daría vergüenza decir: “No me dejaban entrar a verlo”. La pregunta es: ¿no me dejaron o no quise?

-¿Pudiste comunicarte con él los últimos días?

-A mí me bloqueaban la comunicación también. Una vez fui a la Argentina y no podía hablar con Diego. Llamé a Gianinna y me dio su número de teléfono nuevo. Entonces, lo llamé y me dijo: “Venite para casa”. Pero no me pasó la dirección porque estaba en diferentes lugares, iba y venía. Entonces, yo lo buscaba por todos lados. Mi tío en esa época estaba acompañado del hijo italiano, Diego Maradona Junior. Ese es otro que le hizo mal, también. Entonces, lo llamé a este para saber si me podía dar la dirección de la casa.

-¿Qué te respondió?

-”No sé dónde está, no conozco el lugar porque no soy de acá”. Me mintió porque estaba a su lado y no quería compartirme la ubicación por el celular. No quería que llegara a mi tío. Ahí me dí cuenta de que todo su entorno me estaba bloqueando la comunicación. Me bloquearon muchas veces, pero al final llegué a él. Tuve que ir directamente a una de las dos casas para verlo, hablé con el de seguridad y me dejaron entrar. Pero su entorno no me quería pasar la dirección. A lo que voy es que, cuando querés, podés.

-Ana, tu mamá, ¿pudo superar su fallecimiento?

-No, nunca lo superará. Diego era el más mimado por las hermanas por ser el primer varón después de cuatro mujeres. Fue el primer hombre de la familia. Diego se desvivía por sus hermanos y daba su vida por todos ellos. No quería que les faltara nada y estaba atento a todo. “¿Qué te falta? ¿En qué te puedo ayudar?”, le preguntaba a cada uno de ellos. Por eso lo adoraban. Lo querían como persona, no por lo que generaba. Mi tío me llamaba para decirme: “Te quiero, te extraño, vení a verme”. Y yo me tomaba el primer avión para ir verlo, porque era mi tío, no por ser Diego Maradona.

-¿La familia se dividió o se unió más a partir de su muerte?

-Los que estuvieron siempre, siguen de la misma manera. La parte de la familia que se aisló siguió su camino. Hay muchos presentes por la herencia y otros, para que se esclarezca la muerte de Diego. Todavía no quedó claro de qué murió ni porque lo dejaron solo. No quedo claro por qué teniendo tanto dinero y tantas posibilidades de tenerlo todo, no había una ambulancia cerca suyo el día de su fallecimiento. No contaban con aparatos para revivirlo. Hay mucha incertidumbre sobre lo que pasó porque no se sabe nada todavía. Otra parte de la familia quiere saber únicamente cuánto dinero le toca. Hay un poco de división. Lo único malo es que no cumplieron con la voluntad de Diego…

-¿Cuál fue?

-Conservar la casa de José Luis Cantilo, en Villa Devoto, que era de mis abuelos, pero por poder, por dinero y avaricia, por querer quedarse con todo, se la quitaron. Era el punto de encuentro de toda la familia para festejar los cumpleaños. En su momento, se incendió la casa y Diego puso el dinero para reconstruirla; para que, cuando mis abuelos no estuvieran, mis hermanos y mis tíos se juntaran a pasar Navidad y Año Nuevo.

-¿Qué pasa hoy con esa casa?

-Está abandonada. No se quÉ pasará con esa casa. Los herederos pidieron que se la entregARAN a Baglietto, que es el administrador de bienes. Tal vez hagan un museo o la rematEn, pero no sé qué harán con esa vivienda. Te juro que sI la rematan y tuviese la plata, la compro para que mi mamá, mis tías y mis tíos se vuelvan a juntar allí. El sueño de Diego era ver a toda su familia reunida en esa casa y por avaricia se la quitaron. No sé quÉ será de eso.

El recuerdo de Diego López Maradona sobre su tío
«La alegría de él pasaba por cantar y escuchar música», contó su sobrino

-¿Su entorno fue lo peor que le pasó a Diego Maradona?

-Hay cosas que están bien y otras que están mal. Me parece injusto apuntar sólo al entorno de Matías Morla. Hubo un entorno que lo internó en Punta del Este. Otro que lo dejó sin un peso cuando vivía en Barcelona. En ese momento, Pelusa no tenía un centavo ni para pagar los pasajes de avión. Porque toda la plata que ganó se la hicieron desaparecer, cuando estaba Jorge Cysterszpiler. No le quiero caer solo a él que fue su amigo, pero le manejó mal las cosas y lo dejó sin un peso.

-Después llegó Guillermo Coppola…

-Que supuestamente era lo mejor y terminó siendo lo peor que le pudo haber pasado. Después, apareció Matías Morla, que supuestamente hizo una auditoria; y descubrió muchas cosas que nunca tuvieron un final. Se dijo que Claudia lo había engañado y estafado, pero nunca se comprobó nada. Es muy injusto hablar de un entorno solo, sin involucrar a los otros. Ya venían mal las cosas desde un principio. Cuando me preguntan la diferencia que existe entre Maradona y Lionel Messi, digo la familia.

-¿Por qué?

-Porque nosotros como familia tuvimos la culpa y la responsabilidad de no haber cubierto a Diego, como sí hizo la familia de Lionel. Hoy, si te querés acercar a Lio no lo podés hacer, porque te lo cubre su propia familia, y lo bien que hace. A Diego se le acercó mucha gente y le hizo mucho daño. No sabés la cantidad de personas que trabajaron con él y le terminaron haciendo juicio, la cantidad de gente que lo usó fue terrible.

-Messi está más protegido…

-A Lionel no se le acerca nadie, porque los hermanos y los padres lo cubren de una manera que nadie puede estar cerca de él. Ahí está la gran diferencia. Además, Messi corre con la ventaja de que ya sabe por lo que pasó mi tío. Lo mal que hicimos como familia fue no haber cubierto y protegido a Diego, tal vez la ignorancia nos llevó a ponerlo en manos de personas que le hicieron mucho daño.

-¿A qué te dedicás?

-Soy masajista terapéutico. Trabajo para una clínica en Houston y aparte tengo mi liga de fútbol con canchas de pasto sintético, todos los días con partidos de veteranos, chicos y adultos.

-¿Terminaste tu carrera como futbolista en los Estados Unidos?

-Vine a jugar una temporada al Houston Hudgers, un equipo de Indoor Soccer. Hice 28 goles en un año. Me fue muy bien. Me ofrecieron un contrato de cinco años con residencia incluida. Hace 25 años que estoy acá. Yo empecé en Argentinos Juniors. Luego, pasé por All Boys, Defensa y Justicia y Chacarita. De ahí me vendieron al fútbol mexicano para jugar en Puebla. Después, recalé en Atlante, pero como no tenía lugar para extranjeros me fui a Tabasco, sur de México. En ese club no me pagaron y uno de los ídolos locales, Manuel Negrete, me recomendó que fuera a jugar a los Estados Unidos, por intermedio de un amigo a Houston. Así que acepté y acá sigo todavía. Gracias a Dios me fue muy bien. Tengo dos hijos americanos con mi ex mujer, de la cual me divorcié hace cuatro años. Pero no pienso irme de los Estados Unidos.

-En Atlante, tuviste a Ricardo La Volpe como entrenador

-Yo jugaba en Puebla y me observó el presidente del club Atlante, Tonio García, y me llevó. En ese momento, La Volpe estaba de vacaciones en Argentina y, cuando vuelvió a México, ya tenía todo acordado de palabra y a punto de firmar mi contrato. Entonces, el entrenador me ve y me dijo: “A vos no te quiero”. Le respondí: “Pero por qué si no me ha visto jugar”. Y me explicó: “Ya tengo mis propios jugadores argentinos y no te quiero en mi plantel”. En ese momento, había llevado a Forte, ex Ferro, y a García, con pasado en Deportivo Mandiyú de Corrientes. Aparte, había regresado Hugo Sánchez e iba a ser parte del equipo. De esta manera, me mandaron a Tabasco, a una filial del club. Pero no me pagaron nunca. Entonces, fui a la Federación mexicana, pero no me dieron bola.

El recuerdo de Diego López Maradona sobre su tío
Diego López Maradona jugó en Argentinos Juniors, All Boys, Defensa y Justicia y Chacarita. Luego pasó por México y Estados Unidos

-¿Por qué?

-México no es como en Argentina que la AFA o Futbolistas Agremiados responden por los jugadores. Si en México el club no te paga, el jugador termina perdiendo. No podés hacer el reclamo. Los futbolistas están indefensos. Si le querés hacer juicio a la institución, no jugás nunca más en ese país.

-Entonces, ¿están desprotegidos los futbolistas?

-El fútbol mexicano es una pantalla en la que se piensa que está todo bien. Pero los jugadores son esclavos del sistema, porque si al presidente no le gustó como jugaste y te dice “no te pago”, los jugadores agachan la cabeza y se van sin un peso. Nunca me pagaron. Justo me encontré con Negrete, que lo único que pudo hacer fue darme el pase libre para que me fuera a jugar a los Estados Unidos. Cuando me retiré, empecé a incursionar en el periodismo deportivo. Trabajé en un canal de televisión en Miami y luego me fui para Houston hasta que me agarró la leucemia.

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