El enigma de la desaparecida que llamaba a su familia en democracia y la pista que llevó a su hijo nacido en la ESMA

El hijo de Cecilia Viñas y de Hugo Penino nació en la Sala de Embarazadas del centro clandestino de la ESMA el 7 de septiembre de 1977. Cecilia tenía un camisón azul. En la sala, ubicada en el tercer piso, había un moisés también azul y un ajuar de bebés, como era habitual en los días de partos. Los traía el médico obstetra de la Armada, Jorge Luis Magnacco, que asistía a las embarazadas al momento de dar a luz.

El padre del bebé, Hugo Penino, continuaba desaparecido. No existe hasta el día de hoy ningún registro sobre él, ningún testimonio, luego de que fuera secuestrado junto a su esposa Cecilia Viñas el 13 de julio de 1977.

La primera información de que Cecilia Viñas había tenido un hijo en la ESMA surgió por el testimonio de Sara Solarz de Osatinsky, también detenida ilegal. Ella había sido obligada a trabajar en la Sala de Embarazadas para asistir a Magnacco.

En 1980, cuando fue liberada, Solarz de Osatinsky reconoció a Viñas en una carpeta de fotos que familiares de desaparecidos enviaron a organismos de derechos humanos con sede en Europa. Pronto avisó a la familia: había visto a Cecilia al momento del parto.

Después, en 1984, otros ex detenidos ilegales agregaron más información. Se supo que la habían trasladado a la ESMA desde la Agrupación de Buzos Tácticos de la Marina de Mar del Plata, donde permanecía alojada. El edificio estaba ubicado casi sobre la playa. También se supo que el bebé que dio a luz salió de la ESMA en brazos del capitán de navío Jorge Vildoza, que vestía de civil. Luego del parto, a Cecilia no volvieron a verla.

El bebé fue bautizado en la capilla Stella Maris de la ESMA, según un acta entregada por la Iglesia en marzo de 2018. El día 12 de septiembre de 1977 fue inscripto en el Registro Civil.

El capitán de navío Vildoza firmó como “padre”. Consignó que el bebé había nacido en su domicilio, en Dorrego 2735, según lo constató el médico Héctor Ricciardi con su firma. El bebé del matrimonio Viñas-Penino pasó a llamarse Javier Gonzalo Vildoza. El capitán de navío Vildoza tenía 47 años, y su esposa, Ana María Grimaldos, 41. Sus hijos, Jorge y Mónica, tenían 19 y 21 años.

Al momento de la apropiación del bebé, Vildoza era subdirector de la ESMA y jefe del Estado Mayor del Grupo de Tareas 3 (GT3). Era la más poderosa estructura operativa de la Armada. Subordinado a Vildoza, estaba el GT3.3.2, una unidad de combate y apoyo logístico con la misión de aniquilar y lograr la destrucción física y moral de su “blanco enemigo”, los miembros de Montoneros.

Los integrantes del GT3.3.2 actuaban de civil, se infiltraban entre sus enemigos, grababan conversaciones, analizaban la información reunida y planificaban operativos de secuestros. Luego, ya en el centro clandestino, los detenidos ilegales quedaban bajo control de los oficiales del Grupo de Tareas 2, de Inteligencia, que se ocupaba del interrogatorio y las torturas, y también de la selección de quienes debían desaparecer.

El jefe del GT2 era Jorge Eduardo “Tigre” Acosta.

La primera prueba: un dibujo

La familia Viñas obtuvo la primera información concreta sobre el hijo de Cecilia en 1984. Fue por medio del médico Jorge Meijide. En una oportunidad, mientras trabajaba en la clínica Santa Ana, Meijide recibió un pedido de consulta desde la Obra Social de la Armada. El médico se trasladó a una casa de Martínez. Atendió a un chico con un cuadro virósico. Calculó que tendría 6 años. Lo vio algo decaído, con un poco de temperatura, pero el aspecto general era bueno.

Meijide no estuvo en la casa más de veinte minutos. Fue una visita como cualquier otra de las que surgían a diario. Sólo le llamó la atención la tristeza del chico, que contrastaba con la pulcritud de su dormitorio. También observó la calcomanía de “Las Malvinas son argentinas” en la habitación.

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Jorge Vildoza, el apropiador del bebé de Cecilia Viñas

Por su ojo de pediatra, habituado a observar el entorno familiar, supuso que no había sido pegada por él. También notó que la madre que pidió la consulta era bastante mayor, comparada con la edad del nene.

Meijide advirtió otro detalle: varios portarretratos con fotos de un capitán de la Marina. Tuvo presente su apellido: Vildoza.

En 1984, cuando se publicó el nombre del marino en un listado de represores, Meijide visitó la Asociación de Abuelas de Plaza de Mayo. Tenía la presunción de un chico que podría ser apropiado. La presunción no, la certeza.

Desde Abuelas lo contactó una señora que buscaba a su nieto, Cecilia Fernández de Viñas, la madre de Cecilia. Le preguntó si podía precisar cómo era el nene. Meijide dibujó la habitación y su cara. No había pasado más de un año de la visita y podía recordarlo. Además de médico pediatra, Meijide era dibujante de la revista Humor. Firmaba sus tiras como “Meiji”. Una de sus creaciones era “La clínica del doctor Cureta”.

“Ya sabíamos que mi hermana había tenido un bebé en la ESMA y luego, cuando comparamos el dibujo con una foto de mi hija, que era lo más parecido a mi hermana Cecilia… eran iguales. Ojos grandes, pestañas largas. Número puesto. Empezamos a pensar que el nene podía haber sido apropiado por Vildoza”, afirma Carlos Viñas.

A partir de entonces, el hermano de Cecilia reclamó la comparecencia del marino ante la justicia. Denunció que su sobrino estaba inscripto con el nombre de Vildoza. El juez García Méndez accedió a su pedido y citó al marino para una declaración informativa. Vildoza se presentó en la sala el 13 de noviembre de 1984. Mostró el certificado de nacimiento y se opuso a que al chico se le extrajera sangre u otra prueba de cualquier tipo. Podría ser “muy cruento”, argumentó.

"En Abuelas recibimos el dato de que Vildoza ya no estaban en el país. Se habían mudado a Paraguay. Fui a buscarlo", relató Carlos Viñas su periplo en búsqueda del apropiador del hijo de su hermana
«En Abuelas recibimos el dato de que Vildoza ya no estaban en el país. Se habían mudado a Paraguay. Fui a buscarlo», relató Carlos Viñas su periplo en búsqueda del apropiador del hijo de su hermana

“Apelamos a la Cámara, pero llevó mucho tiempo. A veces, yo merodeaba por la casa de Vildoza para ver si lo veía, hacía guardia, caminaba, pero nunca lo vi. Vivía en una esquina, Tres Sargentos 1390, en Martínez. Al poco tiempo, en Abuelas recibimos el dato de que ya no estaban. Se habían mudado a Paraguay. Fui a buscarlo. Empecé a recorrer colegios por la avenida República Argentina, en una zona bien bacana. Yo decía que estaba por ponerme un negocio y buscaba a una familia conocida de argentinos, que tenía un hijo de 9 años. Que no recordaba el nombre del colegio, pero era por la zona. Enseguida, el conserje del hotel me avisó que había pasado la policía política y me recomendaba que me fuera. Era la época de Stroessner”, refiere Carlos Viñas.

Hasta hoy, Viñas cree que su hermana habría estado secuestrada en la dependencia de la Agrupación de Buzos Tácticos, al lado del Faro de Mar del Plata. Como Liliana Pereyra, otra detenida-desaparecida secuestrada en esa ciudad, que fue madre en la ESMA, y luego la hicieron regresar a Buzos Tácticos. La pericia antropológica probó que Pereyra fue asesinada el 15 de julio de 1978, tres meses después de que naciera su hijo.

El hijo, muchos años después

Las búsquedas posteriores de la familia Viñas junto a las Abuelas fueron inocuas o imposibles. Carlos Viñas no encontró a Vildoza en el sur de Brasil y tampoco se sentía en condiciones de viajar a Sudáfrica para verificar si estaba en ese país, o acaso en Londres. Eran dos datos, sin precisiones, que había recibido. Después pasó una larga década sin novedades.

Las causas judiciales contra los represores habían sido cerradas por las sucesivas leyes de Punto Final y Obediencia Debida y, finalmente, el indulto. Una luz de justicia se abrió muchos años más tarde en los juicios por las embarazadas despojadas de sus hijos en centros clandestinos. Un programa de televisión de España, Quién sabe dónde, se interesó por la historia de Cecilia Viñas y Hugo Penino, en forma coincidente con el juez español Baltazar Garzón, que aceptó tomar juicios por bebés apropiados, que consideró imprescriptibles.

Javier Gonzalo Viñas Penino se contactó con los tribunales federales argentinos. Se dispuso a hacer los análisis de sangre. Estaba cansado de vivir con dos identidades
Javier Gonzalo Viñas Penino se contactó con los tribunales federales argentinos. Se dispuso a hacer los análisis de sangre. Estaba cansado de vivir con dos identidades

“Creo que eso fue en el año 97 —dice Viñas—. Me presenté con mi mamá a la justicia en España y en la televisión. Pudimos pagar sólo un pasaje; del otro se hizo cargo el programa. Contamos la historia, presentamos fotos. Seguimos denunciando a Vildoza como apropiador del hijo de Cecilia y Hugo. El programa tuvo mucha repercusión. Me llamaron de todo el mundo”, recuerda.

La búsqueda tuvo recompensa. Para entonces, Javier ya tenía 20 años. En su periplo con Vildoza, había vivido bajo la identidad de “Julio César Sedano”, como parte de la familia “Sedano”, en Paraguay, Sudáfrica y ahora en Londres. Siempre en fuga. Ya vivía solo, en Londres. Como su padre Hugo Penino, Javier estudiaba economía. Y pronto conocería a una chica, su futura esposa, de nacionalidad griega, que estudiaba psicología, como su madre Cecilia.

Javier se contactó con los tribunales federales argentinos. Es probable que se hubiera enterado del programa en España, o que hubiese leído en internet acerca de las denuncias contra el capitán Vildoza. Se dispuso a hacer los análisis de sangre. Estaba cansado de vivir con dos identidades, a veces como Vildoza, a veces como Sedano. Su apropiador le había dicho que había sido adoptado. Javier no creía que fuese hijo del matrimonio Viñas-Penino. Quiso verificarlo.

El 1° de junio de 1998 se presentó en el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG), acompañado por el secretario del juzgado de María Servini, y ofreció su muestra de sangre para que fuese comparada con los marcadores genéticos de los familiares de Penino y Viñas. Los resultados llegaron dos meses y medio más tarde. Marcaron una coincidencia del 99,99%, tanto por rama paterna como materna.

Para Javier, en un principio, fue un impacto. Le costó entenderlo.

El reencuentro familiar

“Lo conocimos dentro del despacho del juzgado. Le di las fotos de mi hermano Hugo —dice Guadalupe Penino—, se vio muy parecido. Enseguida vino a Mar del Plata y se relacionó con sus nueve primos de la familia Penino. Mi mamá no conoció a su nieto —había muerto en 1991—, pero atesoraba una pequeña foto de un nene en una fotocopia, que suponía que era de su nieto. Y finalmente, cuando él nos dio su carpeta de fotos, esa foto estaba. Mi papá, Reynaldo, le dijo: ‘Sos parte de Hugo, con eso me alcanza’. Javier tenía un afecto especial por él. A partir de entonces hizo varios viajes, nos presentó a sus hijos, mantenemos contacto”, indica Guadalupe.

Javier adoptó su nueva identidad: Javier Gonzalo Penino Viñas.

Ana Maria Grimaldos y Javier Gonzalo Vinas Penino
Ana Maria Grimaldos y Javier Gonzalo Vinas Penino

Vildoza envió una carta a Reynaldo Penino, el padre de Hugo. Reconocía la apropiación, pero afirmaba que lo había hecho “por su bien”, el de Javier, y aclaraba que no tenía información sobre el destino de Hugo. La familia Penino no aceptó un encuentro con el represor de la ESMA.

Cecilia Fernández de Viñas falleció en mayo de 2018. Poco antes había recordado el reencuentro con su nieto: “Hay que darle espacio y tiempo, nada más. Tiene derecho a vivir su vida, pero también a librarse del otro yugo que tenía, porque ahora él sabe bien quién es”.

Vildoza: la muerte incierta

El represor Vildoza nunca se presentó a la justicia para responder por torturas y crímenes de la ESMA, apropiación de bebé y robo de bienes de los detenidos-desaparecidos. La justicia tampoco obtuvo un rastro de él.

La primera novedad sobre el represor surgió en julio de 2012; su esposa Ana María Grimaldos —que vivía bajo la identidad de “Ana María Sedano”— fue detenida en su casa de Martínez, cuando se aprestaba a partir a Londres. Grimaldos se presentó como viuda. Según su relato, su marido había muerto el 27 de mayo de 2005 por una arritmia cardíaca, cuando vivían en Sudáfrica.

Javier Penino Viñas ratificó la versión con una carta que envió a los distintos juzgados donde se requería a Vildoza: “Falleció veinte días después de mi casamiento. Yo vivía en Londres, pero logré viajar a su funeral en Johannesburgo, donde fue cremado bajo el nombre de Roberto Sedano”.

La familia Viñas-Penino continúa buscando información sobre Cecilia y Hugo
La familia Viñas-Penino continúa buscando información sobre Cecilia y Hugo

Yo no sé si murió. El cadáver lo incineraron. Y lo que hay es el certificado de una funeraria privada que dice que murió un tal Sedano. A la apropiadora la detuvieron, la relacionaron con American Data, dedicada a los casinos electrónicos, empresa que tenía como titular a su hijo Jorge Vildoza. Los fondos de American Data fueron congelados por la Unidad de Información Financiera (UIF) en base a la ley antiterrorista. Los Vildoza siguieron usufructuando los bienes que les robaron a los desaparecidos. A ningún represor le sacaron los bienes que robaron”, afirma Carlos Viñas, que se reencontró varias veces con su nieto Javier, pero mantuvo firme su voluntad de justicia sobre sus apropiadores.

En 2016, Interpol ratificó que las huellas dactilares de Vildoza eran coincidentes con las del documento de Sedano. Pero, un año después, un perito de la Policía Federal determinó que el certificado de la funeraria era falso. La firma que certificaba su muerte estaba fraguada. Es más, era parecida a la del propio Vildoza. Para la justicia, no se sabe si Vildoza está vivo o muerto.

Luego de escapar durante veinticuatro años, su esposa Ana María Grimaldos fue condenada en 2015 por apropiación de bebé y falsificación de documento público a la pena de seis años, que cumplió en prisión domiciliaria. El médico responsable de los partos clandestinos en la ESMA, Jorge Luis Magnacco, fue excarcelado en diciembre de 2017, luego de diecisiete años de prisión.

La familia Viñas-Penino continúa buscando información sobre Cecilia y Hugo. “De mi hermano Hugo, después de su secuestro, nunca tuve ningún testimonio. Nadie que lo haya visto en ningún centro clandestino. Nadie que me hubiese informado algo, aunque sea en forma anónima. Cecilia, con los llamados, tuvo una doble desaparición. Los dos están presentes. Cuando no te dan los restos, seguís esperando a tus hermanos”, afirmó Guadalupe Penino.

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Fuente: InfoBae

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