“¡Dios mío! ¡Nos matamos!”: el estremecedor audio de los pilotos y los minutos finales de la tragedia de Austral

El estremecedor audio de la tragedia de Austral (Infobae)

“¡Dios mío! ¡Nos matamos, nos matamos!”, se escucha la voz desesperada de los pilotos en el instante final, cuando comprendieron que iban a estrellarse.

Esa noche del 10 de octubre de 1997, el vuelo 2553 de Austral despegó pasadas las 21 de Posadas con destino al Aeroparque de la ciudad de Buenos Aires. Una hora después, cuando sobrevolaba la localidad entrerriana de Gualeguaychú, perdió contacto con los radares. El avión cayó a 1000 kilómetros por hora. El fuselaje y los cuerpos se desperdigaron en un radio de 800 metros, sobre el fango de Nuevo Berlín, en medio de la nada, a 32 kilómetros de Fray Bentos, Uruguay.

Nadie se salvó. En el accidente murieron 74 personas.

En la tragedia de Fray Bentos murieron 74 personas (Télam)
En la tragedia de Fray Bentos murieron 74 personas (Télam)

En el avión con matrícula argentina LV-WEG viajaban 69 pasajeros y 5 tripulantes. Uno de ellos era la azafata Viviana Rumachella, de 34 años, a la que puertas adentro de la aerolínea todos conocían como “La Rumi”. A ella no le tocaba viajar esa noche, estaba de guardia y fue la baja de una compañera a último momento lo que la subió al McDonnell Douglas DC-9-32 de Austral en el que ocurrió la tragedia.

“Ella había soñado que perdía la vida en un vuelo”, le confió María Dora Zugnoni, mamá de Viviana, a Infobae cuando se cumplieron 20 años de la tragedia. La mujer había sido la primera en llevar la causa a los tribunales federales de Comodoro Py.

El avión, según se pudo reconstruir, cayó a 1000 kilómetros por hora. El fuselaje y los cuerpos se desperdigaron en un radio de 800 metros (Reuters)
El avión, según se pudo reconstruir, cayó a 1000 kilómetros por hora. El fuselaje y los cuerpos se desperdigaron en un radio de 800 metros (Reuters) (Reuters Photographer/)

El informe oficial de la Justicia de Uruguay que trabajó en el caso llegó a una conclusión: hubo un engelamiento de tubos pitot del avión y una falla en la alarma sobre la formación de hielo. Esa alarma no estaba porque Austral había sido autorizada por la Fuerza Aérea a no tenerla. De allí la responsabilidad penal que en su momento el juez Jorge Ballestero entendió que tuvieron los directivos y los funcionarios públicos, por lo que fueron procesados, y el caso llegó a juicio oral.

“Ella sabía cómo estaban los aviones y tenía terror de volar”, aseguró María Dora en ese entonces. A ella su hija ya le había hablado del mal estado de las aeronaves DC-9-32 de Austral como la que se estrelló la noche de aquel 10 de octubre: “Estaban a la miseria me dijo y además faltaba una alarma que necesitaba el avión. Pero les costaba menos pagar las vidas que ponerla”.

Mientras, en el aeroparque Jorge Newbery nadie sabía que había ocurrido y por qué el vuelo estaba demorado. Decenas de personas arremetían contra el mostrador de la aerolínea. La pregunta se repetía: ¿Qué pasó con el vuelo? La respuesta, también: No se sabe. Entre los adultos deambulaba una adolescente de 15 años. Llevaba de la mano a su pequeña hermana, de 8. Eran Gisela y Yanina Farherr y esperaban por su mamá. Pero Estela Arrejoría, junto a 73 personas, había fallecido hacía dos horas.

Era la primera vez que las hermanas iban a Aeroparque a esperar a su mamá. Estela había tenido una idea: cenarían juntas en un lindo restaurante. Después de separarse de su marido y haber dejado la verdulería que tenían juntos, de haber abierto una por su cuenta y que no le fuera bien, de haber probado suerte con un bazar y que tampoco resultara, por fin había logrado cierta estabilidad. Si bien tenía que viajar, la empresa de venta de electrodomésticos para la que trabajaba le aseguraba un ingreso seguro. Los lunes volaba a Posadas, para regresar el viernes

La mamá había arreglado que la esperaran junto a un compañero de trabajo que llegaba en un vuelo anterior. Como el avión se había demorado, fueron a la confitería que estaba en el primer piso. Volvieron a preguntar, y nada. Cuando ya había una hora de demora, les dijeron que estaba sobrevolando Aeroparque, que había mucho tránsito aéreo y estaba esperando turno para descender.

“Al vuelo lo perdimos de radar, no sabemos dónde está”, informaron en Aeroparque (NA)
“Al vuelo lo perdimos de radar, no sabemos dónde está”, informaron en Aeroparque (NA)

Cerca de la medianoche, por los altoparlantes llamaron a “todos los que están esperando el vuelo 2553 de Austral, por favor acercarse al Salón VIP”. Y allí les informaron a los desesperados familiares: “Al vuelo lo perdimos de radar, no sabemos dónde está”.

Después una persona empezó a tirar coordenadas, información técnica que nadie entendía.

“¿Cuándo viene mamá?”, preguntó una y otra vez la niña de 8 años a su hermana. Y ella no supo qué responder. Primero le dijo que el avión había aterrizado en Santa Fe, que había que esperar. Luego, llegó la terrible verdad: su madre había fallecido. La reacción de Yanina fue conmovedora: “¿Mamá está en el cielo de Santa Fe?”, preguntó entre la angustia y la inocencia.

Adentro, en el hall de arribos de Aeroparque y sin teléfonos celulares -en esa época muy pocos tenían-, los familiares pasaban las horas sin ninguna novedad. Afuera, al otro lado de las puertas de vidrio, las cámaras de los noticieros se agolpaban

Cerca de la medianoche Crónica TV había lanzado la placa roja: Cayó un avión.

En el cielo, una hora antes, según transcribió el informe pericial de la comisión investigadora de aviación uruguaya, el comandante Jorge Cécere y el copiloto Horacio Núñez hablaban así:

Cécere: Cuidá la velocidad, eh.

Núñez: Sí, sí.

Cécere: Seguí bajando, eh.

Estoy bajando.

Ruido estático muy fuerte.

Cécere:¡Poné atención, bajá la nariz!

Núñez: Tengo 4 lucas para abajo.

Cécere: ¡AH, no, gordo! ¡Reducí la velocidad! ¡Se trabó mi velocímetro! ¡No bajes más!

Núñez: Poneme, escuchame, poneme slats y dame bomba

Clack (ruido no identificado)

Núñez: Poneme slats enseguida

Cécere: ¡Por favor, autoríceme ya descenso!

Núñez: ¡Dios mío! ¡Salí che! ¡Salí che!

Comienza el sonido de la alarma de advertencia del tren de aterrizaje.

Finaliza el sonido de la alarma de advertencia del tren de aterrizaje.

Núñez: ¡Dios mío!

Ruido notorio: clack, clack, clack

Núñez: ¡Dios mío!

Núñez: ¡Dios mío!

Continúa ruido notorio: clack, clack, clack

Ruido provocado por vibración de la estructura de la aeronave debido al exceso de velocidad.

Comienza el sonido de la alarma del tren de aterrizaje.

Fin de la grabación.

Un policía muestra la caja negra que se encontró en un cráter de 7 metros, causado por el avión al estrellarse
Un policía muestra la caja negra que se encontró en un cráter de 7 metros, causado por el avión al estrellarse (Str Old/)

La espeluznante conversación de 18 minutos quedó registrada en la caja negra -y se conoció 22 años después del accidente, en agosto de 2019, durante el juicio oral a los acusados por estrago doloso- fue entre el piloto y el copiloto

El último minuto es estremecedor. “Por favor, autorícenme ya descenso”, le pide Cécere a la torre de Aeroparque. Sus palabras finales están llenas de desesperación. Se escucha su voz antes del trágico final: “¡No, no, carajo, Dios mío, carajo! ¡Nos matamos, la puta que te parió, nos matamos, la concha de la lora!”.

En los dos minutos finales, Cécere y Nuñez ya habían advertido que el instrumental tenía problemas en sus mediciones (NA)
En los dos minutos finales, Cécere y Nuñez ya habían advertido que el instrumental tenía problemas en sus mediciones (NA)

La grabación reveló lo que había ocurrido en la cabina del avión antes de la tragedia. La charla de los dos pilotos comienza sobre temas familiares. Uno de ellos habla de sus tres hijos, el mayor de 12 años, otro de 9 y un bebé de solo 7 meses.

En los dos minutos finales, Cécere y Nuñez ya habían advertido que el instrumental tenía problemas en sus mediciones. Estaban en medio de una feroz tormenta y no podían guiarse de modo visual. Perdían velocidad, pero el instrumental no lo indicaba correctamente. Fue en ese instante en que, casi a los gritos, solicitaron la autorización para aterrizar.

En los últimos segundos entienden que ya nada podía hacerse. Que iban a matarse. Y llegan los gritos del horror.

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Fuente: InfoBae

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