Cuentos y relatos: Cuestión de suerte

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Tal vez no todo esté derrumbado en este mundo; conseguir un trabajo se tornó tan difícil que ahora recurrimos a confiar en la buena suerte o en cruzar los dedos mientras estamos en la cola, periódico en mano, donde algunos miran fijo hacia un punto y otros se persignan. Esa es la cruda realidad que estamos cruzando en estas décadas. Virginia, que así se llamaba la positiva mujer, se arrimó a esa cola dónde pedían un curriculum que más o menos daba con ella, y se animó.

La idea de ese empleo rondaba por su cabeza, lo leyó en el diario y no podía dejarlo de lado. Lo necesitaba. Se detuvo un momento porque sabía que el jefe de esa empresa era un poco irritable y nada simpático. La decisión ya estaba tomada, así que fue a su guardarropa y buscó la prenda que iba a usar. No había nada elegante, todo era muy sobrio y deslucido, hacía un tiempo que no tenía trabajo y no había podido renovar nada.

A la hora indicada se presentó. Era la tercera de la fila. Se abrió la puerta y apareció; serio, prolijamente vestido, ¡un figurín!, levantó su mano señalando y llamó:

-A ver, la del tercer lugar, pase

Ella miró para todos lados. No entendía nada, pero acudió y dijo:

-Señor hay dos personas delante de mi

Sí, lo sé, pero el empleo es suyo

-¡Pero es que no sabe mi nombre y mucho menos si soy capaz!

-Le explico –le dijo- Ayer en mi cumpleaños un amigo me confirmó que el mejor regalo lo iba a tener hoy, que sería de gran eficiencia para la empresa y que estaría ubicado en el tercer lugar. Imagínese, no dudé. Bueno, le tomo los datos

Luego le dio la mano y con una sonrisa le dijo:

– Le espero mañana a las ocho

El jefe se sintió satisfecho, y al abrir el “tercer” cajón del escritorio, encontró el currículo del amigo, solicitando dicho empleo.

                                             Norma Morell  

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