Superó al cáncer y, aunque perdió la audición de un oído, logró mantenerse en la élite del básquet: “Yo renací, soy el milagro que nunca esperé ser”

Rodrigo Gerhardt
El basquetbolista sufrió de un tumor en el nervio acústico

“Aferrate a la esperanza, a la última posibilidad, a la más mínima chance, a la probabilidad más remota…

Andá de punto y ganale a la banca…

Convertite en ese 0,1 que cambia la estadística, rompé con la unanimidad que hace soberbio al pesimista…

Sé tu propio héroe y animá a los que sueñan con ser los suyos propios…

Seguí aguantando, resistí el tirón. ¡Aferrate!”

A Rodrigo Gerhardt le gusta escribir, casi tanto como jugar al básquet. Y entre que se enteró de la peor noticia de su vida (tumor en el nervio acústico, el 28 de noviembre del 2019), y que decidió someterse a una operación que podía dejarle secuelas irreversibles (13 de abril del 2020) pasó por distintos momentos. Algunos de pesimismo, tristeza, incertidumbre y sufrimiento, y otros de positivismo, ilusión, esperanza y confianza. Por eso, aquel 11 de enero del 2020, abrumado por lo negativo, dejó que sus sensaciones lo empujaran hacia el segundo estadio.

“Esto lo escribí un día que estaba con miedo por lo que se venía. Supongo que esperando el milagro de que todo fuera bien, intentando convencerme de que todo podía ser lo que escribí. En estos días, releyendo cosas viejas, me di cuenta que fui ese 0,1 y me convertí en el caso de éxito que no había encontrado en todo lo que había leído. En pocas palabras, me convertí en mi propio héroe”, relata en charla con Infobae.

Rodrigo Gerhardt
Hoy tiene sordera total del oído izquierdo

A los 23 años, Rodrigo tenía todo lo que podría desear un joven. Jugaba al deporte que amaba y le pagaban por ello. Tenía un lugar en la primera división del básquet argentino, la mítica Liga Nacional, y nada menos que un club histórico como Ferro. Pero, de repente, su vida cambió. Uno podría pensar para mal, pero él hoy asegura que para bien, que no modificaría nada de lo que pasó –y sufrió-, aunque hoy arrastre la sordera total de su oído izquierdo.

“Comencé con episodios de vértigo y vómitos por las noches durante un viaje por la Liga Sudamericana. El médico de Ferro me dio una medicación y se pausaron, pero decidimos sacar un turno con una especialista en vértigo y ella me derivó de forma urgente a una otoneuróloga, una genia que me hizo varios estudios. Yo no aguanté y, cuando me dieron el informe, lo abrí y leí”, relata.

Esos segundos posteriores fueron los peores, devastadores, en especial cuando leyó “Schawannoma vestibular” e hizo lo que los especialistas recomiendan nunca hacer: buscar en Google lo que significa. “Leí cáncer, tumor en el nervio auditivo, que puede llevar a la muerte. Imaginate…”, prosigue. De ahí se fue a una reunión con el médico del club. “Me habló de que debía operarme y que podía quedar con parálisis facial. Se me aflojaron las piernas y salí con ganas de llorar. Me quería morir. Me fui a casa y esa noche me costó, pero al otro día ya estaba mejor. Eso me sorprendió, como que uno se aferra a ese instinto de supervivencia…”, recuerda.

Rodrigo Gerhardt
Rodrigo Gerhardt festejando uno de sus tantos triunfos

Pero fueron días difíciles para él. “La visita al neurólogo me dejó peor porque fue muy frío y me tiró todo lo malo que me podía pasar. Me dijo que había que operar sí o sí, más temprano que tarde, porque el tumor ya era grande y estaba empujando la corteza del cerebro y me podía agarrar hidrocefalia, y me detalló las consecuencias de la intervención. Como por ahí pasan 12 nervios, me habló de que podía afectarme los brazos o las piernas, incluso el nervio de la deglución, por lo que podía estar meses comiendo por sonda. Salí muy triste. Entiendo que los médicos deben ser así, duros, prepararte para lo peor, pero eso me dejó abatido”, rememora sobre aquellos días de enero.

Hubo todo tipo de pruebas en aquel tiempo, hasta que se dio cuenta que una sola opción le quedaba. “Intenté con todo, incluso con homeopatía, pero no resultó y un día fui llorando y le dije que agradecía todo lo que hacían, pero que necesitaba una certeza… No podía seguir en la duda. Ya quería operarme y enfrentar cómo iba a quedar”. Y, a veces en la oscuridad, aparece la luz. “Estuve mal hasta que vi a otro neurólogo, del Fleni, quien tuvo más tacto y fue hasta cómico en la consulta, sin dejar de decirme todo… Lo tomé mejor y decidí operarme con él. Se llama Andrés Cervio y le estaré eternamente agradecido. Merece un monumento. El otorrino que operó con él se la cruzó a mi mamá y le dijo que el trabajo que hizo conmigo fue una obra de arte. Yo, en esos meses, me había leído todo tipo de informes médicos y científicos, y en ningún caso encontré que el paciente haya salido sin parálisis facial. Puede sonar superficial pero para un chico de 23 años es duro… Y bueno, me tocó a mí zafar, soy el milagro que nunca esperé. El resultado de la positividad. De la buena energía que tuve alrededor mío. Y, claro, de la mano del cirujano, sin dudas”, razona.

Rodrigo Gerhardt
«Yo, en esos meses, me había leído todo tipo de informes médicos y científicos, y en ningún caso encontré que el paciente haya salido sin parálisis facial», contó Rodrigo

Rodrigo recuerda todavía cómo fueron esos primeros minutos luego de la operación, cuando se despertó de la anestesia y, casi desesperadamente buscó saber qué secuelas le habían quedado. “No arranqué bien (se ríe), porque lo primero que me pasó, con el barbijo puesto, fue vomitar… Pero, bueno, lo segundo, fue mover los dedos de las manos y los pies. Me pareció no tener problemas. Luego le pregunté a la enfermera si tenía bien la cara. Y me dijo que sí. No te puedo explicar el alivio, la felicidad, que sentí…Tenía un zumbido en el oído, sabía que ya no escucharía del izquierdo, pero no me importó. Era sólo eso… No me interesaba, para mí era secundario”, explica.

La apertura mental que Gerhardt tuvo para tomar el problema le permitió abrirse a aprendizajes que le cambiarían su vida. “Para mí fue un renacer y no cambiaría nada de lo que pasó, ni siquiera la sordera. Toda mi vida cambió, no creo que me haya quedado algo similar a lo que era antes. Soy otra persona, tengo otra filosofía de vida. Siento que la vida me dio una segunda chance y que debo aprovecharla. Porque, además, ser hipoacúsico me dio nuevas oportunidades, como tener la chance de jugar una olimpíada con la Selección de Básquet Silencioso”, rescata quien ahora está sin equipo profesional pero no se hace problema. “No tengo ansiedades, como antes, otro de los cambios que noto en mi personalidad”, precisa.

Para encontrar los orígenes de Rodrigo y de su pasión por el básquet hay que ir hasta Bahía Blanca, la Capital del Básquet. Allí, lugar donde se respira el deporte, está la explicación de todo. Los abuelos maternos vivían pegado a Bahiense del Norte, el mítico club de barrio de donde salieron los Ginóbili, Sergio Hernández, el Puma Montecchia, entre otros. Ellos, sus tíos, vivían en la institución de Salta 28 y, por tradición de la ciudad y herencia familiar, Rodrigo terminó abrazando una pelota naranja y empezando a los cuatro años. El salto lo dio cuando entró al programa Jóvenes Talentos de Bahía Basket, la franquicia que construyó Pepe Sánchez en el 2010. “Me lo tomé más en serio, de forma más profesional y así pude llegar a la Liga Nacional”, cuenta.

Rodrigo Gerhardt
El joven siguió jugando al básquet, a pesar de las dificultades

Ese ascenso le dio el salto a las selecciones menores del país. Primero para un torneo en Alemania, luego para los Juegos Olímpicos de la Juventud 2014, al otro año estuvo entre los 12 para el Mundial de la categoría, en el 2017 estuvo en los Juegos Universitarios en China-Taipei y en el 2018 hasta fue abanderado en los Juegos Panamericanos Universitarios. “Representar al país es lo más hermoso que hay y ni hablar ser abanderado de una delegación nacional. Ni en el sueño más increíble imaginé algo así. Por eso ahora, volver a estar en una Selección, es algo muy especial. Lo vivo como un regalo”, admite quien luego de la operación volvió a jugar profesionalmente (en Tomás de Rocamora, en la Liga Argentina, la segunda división) y, de repente, se encontró con las convocatoria a los Topos, el seleccionado de sordos que se prepara para las Sordolimpiadas de Caxias do Sul (Brasil), en mayo del 2022. “Si llego a estar sería algo increíble. Todavía debo hacerme una audiometría y ver si me aceptan, porque hay distintos criterios en cuanto a la audición, pero lo espero con ganas. Estar en un Juego Olímpico no tiene comparación. Sea universitario, silencioso o de lo que sea. Ya viví uno y me encantaría estar en otro. Ojalá pueda confirmarse”, cuenta este alero de 2 metros.

Mientras, Rodrigo intenta adaptarse a su nueva vida, fuera y dentro de la cancha. “En eso ando. Cuando duermo, apoyo el lado que no escucho en la alhomada para que si pasa algo o me hablan, pueda enterarme. O cuando camino con alguien intento ir del lado izquierdo para poder escucharlo. Me adapto yo y quienes están a mi alrededor. Y a mí me toca en la cancha, con los chicos, muchos de los cuales son sordos totales. El primer día le pregunté a un compañero ‘che, cómo cantan los picks (cortinas)’ porque el básquet es muy vocal y acá es todo en silencio. A veces te tocan o pegan pataditas en el piso para que vibre y así darse cuenta. Hay situaciones divertidas, graciosas, pero más que nada es adaptarse a este giro de 360 grados que dio la vida. Todo un desafío, sobre todo aprender el lenguaje de señas”, resalta.

Rodrigo Gerhardt
Rodrigo nunca se dio por vencido

-Justamente en tus redes subiste videos para difundir el lenguaje de señas.

-Sí, yo aprendí lo básico hasta ahora. Pero me gusta. Algunas cosas salen por intuición, como comer (haciendo montoncito y a la boca), y otras me van enseñando. No es fácil para mí, que soy de comunicarme mucho. Lo difícil es callarte, pensar y hacer señas, pero es un gran desafío en mi vida y lo voy logrando de a poco. Estaría bueno que se difunda más, que se enseñe en escuelas y a los profe de Educación Física, para integrar a los sordos y eso es lo que hago yo desde mis redes. Con eso y con el seleccionado. Cuento mi historia en parte para esto, para que ayudar a la difusión. Yo soy licenciado en marketing, me gusta mucho la comunicación y tengo claro que debo aprovechar ser más conocido, por haber jugado en selecciones o la Liga Nacional, para visibilizar a estos seleccionados adaptados que les cuesta más llegar a medios o empresas. La Federación Argentina de Básquet de Sordos (FABS) lo necesita. Y sobre todo los chicos que quieren hacer deporte, que no deben ser dejados de lado sólo porque son sordos”, asegura.

A Rodrigo se lo nota agradecido. Con esta nueva oportunidad, en la vida y en el deporte. No mira atrás, no reniega de lo malo que le pasó. Se queda con lo bueno, con el aprendizaje y con el presente. Sabe que hay que vivir hoy, mañana no se sabe qué nos deparará el destino…

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