Cayó una banda que realizaba falsos secuestros: uno era empleado de Migraciones y otro salió de prisión recientemente

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Federico D’amico y Nicolás Christon, dos de los principales acusados

En abril pasado, un llamado anónimo alertó a los investigadores de la UFI Nº9 de La Matanza, a cargo de la fiscal Andrea Palín. En la comunicación, una persona denunciaba que un familiar suyo “se encontraba en algo raro”. Del otro lado del teléfono, los detalles de la acusación apuntaban a un crecimiento exponencial de su patrimonio: casas nuevas, compras exageradas y autos de alta gama. Elementos que no cerraban con el perfil del hombre que se señalaba. Así, la secretaria Evangelina Sánchez, de esa fiscalía, comenzó a investigarlo. Contra el primer sospechoso no se pudo encontrar ninguna evidencia incriminatoria. Sin embargo, en las tareas de inteligencia, dio con otro hombre que sí dejó rastros de sus delitos.

Cuando secuestraron sus teléfonos celulares, el material que se encontró terminó con un fuerte operativo concretado en las últimas horas, donde se arrestó a cinco miembros de una banda de falsos secuestradores, cuenteros que se llevaron botines de miles de dólares tras engañar a sus víctimas, amenazándolas con que habían secuestrado a un familiar suyo y que si no entregaban todo el dinero lo iban a asesinar. Se sospecha que cometieron una serie delitos bajo esta modalidad a lo largo del país durante los últimos meses.

La banda estaba integrada por ocho integrantes, quienes llevaban una vida de lujos: autos de alta gama, casas, compras, salidas. Hábitos difíciles de explicar observando sus perfiles en la AFIP, indicó un investigador. Según se cree, antes de que los policías arribaran a sus domicilios, alguien filtró la información de los allanamientos y tres sospechosos lograron escaparse.

Entre los prófugos, se encuentra Federico D’amico, de 30 años. El hombre es empleado de la Dirección Nacional de Migraciones desde hace 12 años y cuenta con registro de antecedentes sin faltas, ejemplar. Sin embargo, para los investigadores sus tareas dentro de la banda eran varias.

De acuerdo a fuentes del caso, D’amico era el encargado de realizar documentación apócrifa para que los miembros de la banda puedan circular sin problemas en medio de las restricciones por la pandemia como presuntos empleados de Migraciones: credenciales, carnets, y hasta un cartel en el vehículo donde se movían, todo con el logo de la entidad nacional.

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D´amico, empleado de la Dirección Nacional de Migraciones desde hace 12 años

Incluso, el grupo utilizaba la vestimenta oficial de la institución. También, el joven, junto a dos sospechosos más, era parte del grupo que iba a retirar el dinero luego de las amenazas telefónicas. Las faenas estaban aceitadas.

Pocas horas antes de ser detenido, D’amico logró escaparse de los detectives. Por estas horas, Migraciones ya fue alertada, por lo que según explicaron los investigadores, moverse le será complicado.

De acuerdo a la información del expediente, la banda estaba divida en dos. Unos realizaban las tareas de campo, recorrían los barrios acaudalados y marcaban posibles víctimas. Mientras, los otros hacían la parte logística: organizaban las rutas de escape rápidas y llamaban a las víctimas con la amenaza del falso del secuestro. Su base de operaciones se encontraba en Lomas del Mirador, en La Matanza. Luego, los mismos que hacían tareas de campo, eran los encargados de levantar el dinero en el lugar pactado con la víctima.

La banda, para moverse, no solo contaba con los permisos falsos de Migraciones. Uno de los sospechosos, que la organización había contratado, era titular de una empresa fantasma: “MSM”, supuestamente dedicada a la venta de bombas presurizadoras. También lo utilizaban para hacer permisos de circulación falsos a fin de evadir los controles en medio de la restricción por la pandemia.

Uno de los hechos que se le imputa a la banda ocurrió en la capital mendocina a mediados de abril pasado. Parte de la banda viajó hasta la provincia e inició tareas de inteligencia. Allí dieron con una señora de 80 años, quien tenía un hijo que residía en la ciudad de Buenos Aires. Los que viajaron dieron aviso y la parte de la banda que realizaba la logística llamó a la jubilada.

La amenaza era concreta. Supuestamente tenían a su hijo secuestrado en Buenos Aires y querían todos los dólares que la señora tenían en su poder. De este modo, sin cortar la comunicación, le indicaron que tenía que dejar el dinero en un sitio. Y allí se dirigió. La banda se llevó 10 mil dólares. A los pocos días del robo, la mujer murió debido al estrés que padeció en la secuencia del falso secuestro. Mientras tanto, la banda continúo cometiendo este tipo de delitos en Luján de Cuyo y luego en San Luis. Después regresaron a Buenos Aires, donde cometieron uno más en el barrio porteño de Belgrano y otro en Ituzaingó, partido de Merlo.

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Christon contrató a un policía en la puerta de su domicilio para su seguridad personal

Otro de los prófugos es Nicolás Christon, un viejo conocido para la Justicia. El hombre residía en el barrio de Villa Luro y en abril pasado, había sido detenido por un delito similar ocurrido en noviembre de 2020. El hombre supuestamente fue el encargado de realizar el llamado telefónico a una mujer de 87 años y le dijo: “Soy Juan Carlos. Tenemos a tu hijo, le cortamos un dedo y está perdiendo mucha sangre. Queremos plata. Danos tu celular”.

Poco después, un hombre pasó para llevarse el botín en plena calle: 100 mil dólares y una cadena de oro con una piedra amarilla. Luego, la extorsión continuó. Pidieron más dinero y la mujer lo tenía. Se dirigió a su caja de seguridad en una entidad de la calle Córdoba al 1600. De allí, retiró 120.000 dólares más y otras joyas. Poco antes de llegar al cruce de Córdoba y Rodríguez Peña, un hombre que vestía una remera azul y pantalón blanco la cruzó. “Vengo de parte de Juan Carlos”, le dijo, para llevarse el dinero. Luego fue detenido junto a sus cómplices.

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Nicolás Christon, Ricardo Papadopulos y Cristian Papadopulos, tres de los acusados y detenidos en abril pasado

Sin embargo, logró salir de prisión y regresó a su casa. Tal era el nivel de dinero con el que contaba que había contratado a un efectivo de la policía para que lo cuidara en la puerta de su casa: tenía protección personalizada, según dijeron fuentes del caso.

Así, la secretaria Sánchez requirió 15 órdenes de allanamientos, que se concretaron en las últimas horas en el conurbano bonaerense, a cargo del departamento de casos especiales de la policía de la provincia en los barrios porteños de Mataderos, Villa Lugano, Liniers, Villa Luro, Flores y Floresta, encabezados por la división de Crimen Organizado de la Policía Federal.

En el marco de los operativos se detuvo a cinco integrantes de la banda y se secuestró dinero en efectivo en pesos y dólares, teléfonos, computadoras, vestimentas de Migraciones, documentes apócrifos, autos de alta gama y joyas. Los detenidos quedaron acusados del delito de asociación ilícita con extorsión reiterada y se negaron a declarar. Mientras tanto se continúa con la búsqueda de D’amico y Christon.

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Fuente: InfoBae

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