De chico recibió inyecciones como Messi y luego fue campeón con Bielsa en Newell’s: Ariel Cozzoni, el futbolista que cambió la pelota por la política

Llegó a ser goleador del fútbol argentino en la temporada 1989/1990 y fue transferido a Europa en una operación que se frustró a los pocos meses por falta de pagos y la intromisión de la FIFA. Fue dirigido por Marcelo Bielsa y terminó retirándose del fútbol de forma prematura por una lesión de rodilla que arrastró en su última etapa. Se alejó de la pelota, pero a medias: fue presidente del club de barrio del que surgió Ángel Di María, donde le picó el bicho “político” y coordinó el fútbol infantil de Newell´s antes de ser elegido concejal de Rosario en 2019. El personaje principal de esta historia se llama Ariel Osvaldo Cozzoni.

La adopción del fútbol como deporte predilecto fue una cuestión de herencia. Su padre era fanático y lo acompañó durante todo su desarrollo como jugador amateur, pero también lo asoció a Newell’s, club al que acudían para que hiciera natación y viera de cerca en los entrenamientos a su ídolo Mario Zanabria. Había pateado el balón por primera vez en el baby fútbol de Unión Vecinal Roca, hasta que Abel Almada lo captó para las inferiores de la Lepra. Y lógicamente los domingos era religión acudir al Parque Independencia para ver al equipo de sus amores. De la intersección de las calles Cafferata y La Paz, en barrio Bella Vista, había apenas tres cuadras de distancia con el estadio del Rojinegro.

De más grande, su apodo fue Chancha, aunque lo cierto es que de chico Cozzoni era flaco y espigado. Al punto tal que le encomendaron un complejo vitamínico para que ganara masa muscular. Su ensanche físico y efectividad para la definición lo convirtieron en 9 tras dar sus primeros pasos en el fútbol como volante por izquierda. La nueva faceta fue lucida en la Primera Local y ya no lo movieron más del área: pivoteaba bien, tenía exquisita técnica y con un metro cerca del arco, no perdonaba. No tenía tanta movilidad ni sacrificio. No era, como se dice, “el primer defensor”. Pero le tomó el gusto a la posición y su cuota goleadora lo llevó a hacerse un lugar en el fútbol grande.

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Cozzoni maniobra con la pelota en un clásico rosarino (@arielcozzoni)

— ¿Es verdad que a vos también te tuvieron que dar inyecciones como pasó con Messi cuando eras chico?

— Mi físico cambió de grande. Yo era flaquito, chiquito, jugaba de volante por izquierda porque era zurdo, hábil y hacía muchos goles. Iba a entrenar toda la semana a Pérez, Sagrado Corazón o Tiro Federal, porque Newell’s todavía no tenía el predio de Bella Vista. Pero yo todas las semanas iba al consultorio médico del club a ponerme inyecciones, vitaminas y demás. Ese tratamiento hizo su efecto, me convirtió en una persona de otro porte, que se sumó al desarrollo natural que uno tiene. No fue igual que Messi, porque lo de él eran hormonas para el crecimiento. Lo mío era más normal, una vitamina que no era tan cara.

— ¿Te costó la adaptación al fútbol de Primera División?

— Estaba en la Primera Local y Reserva con 18 años y me rompí un menisco, lesión que me costó 10 meses de recuperación, una eternidad. Debuté con Jorge Solari, que me mandó a préstamo a Renato Cesarini para jugar el Torneo Regional para ascender al Nacional. Perdimos la final con Argentino de Firmat por penales, pero personalmente fue una experiencia bárbara porque hice muchos goles. Después estuve en el plantel que salió campeón en el 88 con el Piojo Yudica, pero no jugué la Libertadores (Newell’s pierde la final de esa edición contra Nacional de Uruguay) porque pasé a préstamo a Instituto de Córdoba. Yudica me había recomendado en Quilmes, que buscaba un 9 para ascender, pero cuando salió lo de Instituto con Zanabria de técnico, ni lo dudé. El equipo no anduvo bien, pero se salvó del descenso y volví a hacer muchos goles (NdR: la Gloria salió último, no perdió la categoría y Cozzoni anotó 18 tantos y fue cuarto máximo artillero detrás de Oscar Dertycia de Argentinos Juniors y Néstor Gorosito de San Lorenzo, con 20 goles, y Juan Comas de Racing de Córdoba, con 19). Y encima me di el gusto de jugar varios picados y tirar paredes con Zanabria. Siempre le dije que era mi ídolo.

— Cuando volviste competiste por un puesto con Batistuta. ¿Cómo era él en sus inicios?

— El que explotó ese año fue Abel Balbo, que entraba y hacía goles todos los partidos. Bati ya mostraba la potencia que tenía y lo que le gustaba hacer goles. Lo disfrutamos poco. Recuerdo que lo vendieron a River arriba de un avión yendo a jugar un cuadrangular a Italia. Jugaban el Verona, Genoa, Newell’s y River. Ni llegó a jugar con nosotros. Ya se veía su potencial. Con los años le preguntamos a Griffa qué le había visto a Bati para reclutarlo y nos dijo que, si bien no era de lo más destacado, con la potencia que tenía para sacarse a alguien de encima, cuando apuntara al arco con la pegada que tenía, iban a entrar todas. El tiempo le dio la razón. Al principio se le iban por arriba del travesaño o al costado. Cuando ajustó la mira, la rompió.

— Batistuta era morrudo en sus inicios y tenía que cuidarse con el peso… ¿Cómo llevabas vos la alimentación?

— Me tenía que cuidar, pero me sentía bien con el peso que tenía. Si bajaba un poco, no me sentía cómodo. La nutrición fue cambiando con el tiempo. Con Solari teníamos que firmar un libro apenas llegábamos para dar la asistencia y el peso. Era un adelantado.

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Una foto junto a Enzo Francescoli previo a un Newell’s-River (@arielcozzoni)

Con la nada despreciable faena de 23 goles, se consagró máximo goleador en la 89/90 (Mario Bevilacqua de Talleres quedó segundo con apenas 16). De la mano de Yudica jugó casi siempre de titular y eso motivó el interés de clubes europeos. Tuvo un preacuerdo con el Mallorca, pero estando en España le avisaron que iba a firmar en el Niza de Francia: se había caído el pase del Búfalo Funes, a quien le detectaron una anomalía en el corazón, y se activó la compra de Cozzoni.

Su experiencia en el fútbol francés fue traumática: firmó por 4 años, pero se volvió a los 7 meses por falta de pago a él y a Newell’s, que realizó el reclamo ante la FIFA. Así, el ente internacional resolvió que debía retornar a Rosario. Desde lo deportivo fue un retroceso porque hizo pocos goles y no logró continuidad. De hecho el entrenador que estaba cuando llegó duró nada más que dos partidos. Había mucha desorganización a nivel institucional y el idioma fue otra de las complicaciones. “Dejá, de Francia ni me hablés”, ruega ante alguna que otra consulta más sobre el tema.

Y en el horizonte apareció otra vez Newell’s, su casa. Un elenco que venía de ser campeón del Apertura 90 con el innovador y joven Marcelo Bielsa como técnico. El deseo de hacer una diferencia económica en el Viejo Continente era parte del pasado. El futuro en rojinegro renovaba su deseo de triunfar en el fútbol. Según confiesa, con el diario del lunes jamás se hubiera ido de la Lepra. Y menos si se trataran de los tiempos actuales en los que abundan los contratos millonarios.

— ¿Se veía venir lo que sería Bielsa en las inferiores? ¿Cómo fue ser dirigido por él?

— Cuando él estaba en inferiores me acuerdo patente que venía muy seguido a los entrenamientos de la Primera para tomar nota, algo que no era normal. Ya sabíamos de él y de una camada de jugadores muy interesante entre los que estaban Gamboa, Pochettino, Berizzo, Franco y Saldaña, entre otros. No teníamos la dimensión de lo que iba a terminar siendo. Cuando subió, nos tenía vistos a todos. Quedate tranquilo que ya sabía todo de nosotros y de los rivales también. Cuando volví de mi paso por Francia fue muy claro conmigo: me dijo que le interesaba tenerme, pero que sería uno más y la iba a tener que pelear. Volví justo para el Clausura 91 en el que salió campeón Boca y luego jugamos la final en la Bombonera.

"No teníamos la dimensión de lo que iba a terminar siendo Bielsa cuando subió a la Primera de Newell's", admitió Cozzoni
«No teníamos la dimensión de lo que iba a terminar siendo Bielsa cuando subió a la Primera de Newell’s», admitió Cozzoni

— ¿Qué es lo primero que se te viene a la mente de esa histórica final contra Boca?

— Fue terrible. Sabíamos que iba a ser difícil por el rival y que nunca había perdido una final mano a mano contra nadie en la Bombonera, algo que se mantiene hasta el día de hoy. Fijate si será importante la final que ganamos. Íbamos a tener en contra al árbitro y todo. Hubo un penal a Pochettino que no tiene nombre, le rompieron toda la camiseta, no entiendo cómo no lo dio (el árbitro fue Francisco Lamolina). Al Tata (Martino) lo sacaron de la cancha de una patada y no expulsaron al jugador de ellos (NdR: era el Chino Carlos Tapia). Y sobre la hora me anularon un gol con el que no hubiera habido alargue ni penales. Terminó el partido cuando yo tenía la pelota en el área. Pensé que habían cobrado offside, pero no. Me empecé a reír solo. Así y todo nada nos sacó de eje. Queríamos la gloria costara lo que costara. En otro momento quizás nos expulsaban dos o tres jugadores, pero ese día protestamos lo justo y necesario y no nos enganchamos. Eso fue meritorio también.

— ¿Cuál creés que fue la clave para ganar esa final?

— Lo que más me quedó grabado es que perdemos a dos jugadores muy importantes como Gamboa y Franco, que fueron a la Selección. Boca perdió a Batistuta y Latorre por el mismo motivo. Existía un artículo que te permitía incorporar la cantidad de jugadores que perdieras por convocatorias y Boca contrató al brasileño Gaúcho y la Vieja Reynoso. Marcelo (Bielsa) no quiso traer a nadie, se la jugó con los chicos que habían entrenado con nosotros todo el año. Eso cayó muy bien en el grupo y nos hizo muy fuertes. Nos hizo creer en el trabajo de Marcelo y de nuestros compañeros. Hoy uno piensa que fueron buenos valores porque Garfagnoli y Fullana, que habían entrenado todo el año, tuvieron la posibilidad de jugar esa final. No hubiera sido lindo que los reemplazaran otros jugadores. Fue una decisión y lección extraordinaria que uno valora más con el correr de los años.

— Pasaste por el Toluca y después te fuiste a Banfield… ¿Te quedó la espinita de no haber jugado con Maradona en la Lepra?

— Sí. Si hubiera sabido que venía, me hubiese quedado en Newell’s. Había que tomar decisiones y nos sorprendió a todos. Me acuerdo que estaba con el Yaya Rossi viendo la presentación de Diego por televisión en un hotel de Buenos Aires. En Banfield formamos un muy buen equipo que recién había ascendido a Primera con la dupla López-Cavallero. Estaban Comizzo, Oscar Acosta, el Yaya

— Fin de carrera movidito entre México, Banfield, Central Córdoba y O’Higgins con el Tata Martino…

— Toluca me encantó. Vivíamos en la misma cuadra con los argentinos Roberto Depietri, Ernesto Corti y Horacio Humoller. Me hubiera quedado, pero cometí el error de hablar con los dirigentes para ir a la Universidad Católica de Chile para jugar la Libertadores. Al final no hice ni una ni la otra. En Central Córdoba estuve dos años bien en la B Nacional y nos salvamos del descenso. Y en Chile agarró Roque Alfaro como DT y fuimos con el Tata. Tuve muchos problemas físicos, mi rodilla ya no estaba bien. Volví a Rosario para no jugar más. Tenía 32 años y la rodilla se me inflamaba mucho con cada esfuerzo. Me sacaban dos o tres jeringas de líquido. Me agarró artrosis, estaba sufriendo. Un allegado a la ex dirigencia de Newell’s me convenció para ir un año a Gimnasia de Concepción del Uruguay: fue un error. Hice un par de goles pero a los 6 meses me volví y dejé el fútbol. Mentalmente lo había dejado en Chile. A diferencia de muchos, no sufrí dejarlo, hubiera sufrido más si seguía.

Cozzoni pasó de llevar a jugar a su hijo al club de barrio El Torito, de donde surgió Ángel Di María, a ser presidente al poco tiempo. Ahí le agarró el gusto a la política vinculada al deporte y sus vivencias en la entidad situada en la zona norte de Rosario lo catapultaron a la coordinación de las infantiles de Newell’s. Transcurrieron 14 años desde su salida del Parque Independencia como jugador hasta su retorno como empleado por culpa de la polémica gestión de Eduardo López, quien entre otros ídolos le cerró las puertas del club a Gerardo Martino. Cozzoni tuvo ofrecimientos para dirigir en las inferiores durante aquel mandato, pero optó por no involucrarse debido a los extraños manejos que existían.

Aseguró no haberse sentido “prohibido” en el dictatorial mandato de López porque directamente evitó concurrir al club para no causar problemas. Optó por no confrontar y aguardar la chance que le llegaría con la asunción de Guillermo Lorente como presidente a fines de 2008. Antes había llegado a integrar una lista para las frustradas elecciones de 2004 y, si bien no sufrió maltratos, sí fue testigo de los mismos contra compañeros y participantes de las asambleas.

En la coordinación del fútbol infantil de Newell’s permaneció 11 años hasta que se zambulló de lleno en la política.

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El ex delantero rojinegro fue presidente del club de barrio El Torito y coordinó las infantiles de Newell’s durante 11 años (@arielcozzoni)

— ¿Cuándo y cómo te decidiste a meterte de lleno en la política?

— Había hecho el curso de entrenador antes de retirarme como jugador, pero no me gustaba dirigir. Me gustaba la organización, coordinación, lo dirigencial… Siempre me gustó eso, participé en campañas sin ser cara visible y estuve activo. Me vinieron a hablar muchas veces cuando yo trabajaba en las infantiles de Newell’s. Recién en 2017 acepté y fui por dentro del Justicialismo en las internas, me fue bastante bien aunque fue todo muy sorpresivo. Lo volví a intentar en 2019 en el partido Unite e ingresé. Me gusta cada vez más, las cosas que uno puede aprender, realizar, ayudar… Le fui agarrando la mano y me gusta muchísimo. Va a ser difícil que vuelva al fútbol.

— ¿En qué proyectos estás trabajando actualmente como concejal?

— Me gusta participar en las comisiones, la labor parlamentaria, las sesiones, estar atento y entender cada vez más. Lamentablemente la situación de la pandemia nos privó de muchas cosas, teníamos mucho organizado y proyectado que no se pudo realizar. En febrero asumimos y en marzo de 2020 empezaron los problemas. Fue terrible. A mí me gusta mucho la calle, mi actividad siempre fue al aire libre, así que en la oficina estoy lo justo y necesario. Me gustan los clubes de barrio. Soy un convencido de que su función es fundamental con la inclusión de los chicos que en vez de estar en la calle deben tener contención. Queremos poner profes capacitados en todos los barrios y dar una mano en la parte económica, que es clave. No por maldad ni porque los clubes no quieran, es que no pueden. Hay que ayudarlos, apuntalarlos. Se le puede hacer daño a un chico si no se lo entrena de la manera adecuada. Queremos colaborar con materiales e incorporando actividades para todos ellos. Hay un montón de cosas para hacer; los clubes en el último tiempo abrieron para hacer ollas populares y no es la idea que estén abiertos simplemente para eso. Cuando salgamos de esta situación, los acompañaremos más que nunca porque sufrieron bastante. Hay que colaborar con el mantenimiento de las instalaciones. Hay mucho por hacer.

— Habiendo sido presidente de El Torito, debés saber bien cómo ayudar a los clubes de barrio…

— No va a faltar mi empuje porque yo sé lo que es llegar a un viernes juntando dinero para pagarles a los árbitros de la Liga Rosarina o estar pendiente del pago de una cuota societaria, que no debe ser alta porque a la gente no le da para pagarla. De darles becas a los chicos que hacen deportes y no pueden pagar una cuota. No se toma dimensión del sacrificio y todo lo que se hace para que los chicos estén realmente contenidos. Cuento con un grupo de gente muy capaz al lado mío. Luisa Donni, secretaria de bloque, fue presidenta del concejo, intendenta interina y concejala muchos años, la tiene muy clara. Yo tiro las ideas y ella desarrolla todo con una calidad que me permite descansar en ella la parte política. Los pibes que tengo al lado viven recorriendo la calle para saber qué problemas tiene la gente. Yo salgo y trato de estar, aunque me tengo que cuidar porque soy grupo de riesgo. Pero eso no quiere decir que deje de trabajar ni un minuto.

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Cozzoni fue elegido concejal en Rosario en 2019 (@arielcozzoni)

— ¿Cómo contrarrestar el tiempo perdido por la pandemia?

— Tengo la ventaja de que el intendente (Pablo Javkin) está comprometido con el tema de los clubes, cree que hay que darles herramientas para que salgan adelante y eso nos ayuda muchísimo. Los proyectos que presentamos son aprobados en el Concejo y pasan al ejecutivo. Después de eso se pueden desarrollar o no, hasta ahí llega nuestra función. No depende solamente de nosotros que se cumplan. Hoy tenemos la suerte de que Javkin está comprometido y eso nos ayudará bastante. Les vamos a tener que dar una mano muy grande a los clubes de barrio para que salgan a flote, pero siempre salen a flote. El vecino, los que están cerca, se tienen que sentir identificados. El sentido de pertenencia generalmente lo tienen. Y si vos ves que se están haciendo las cosas bien y se quiere sacar al club adelante, la gente se arrima y ayuda. Con la ayuda de los políticos y la gente, se puede.

— ¿Te gustaría ser presidente de Newell’s en el futuro?

— No descarto integrar una comisión directiva. No lo veo como algo imposible. Quizás no como presidente, porque para eso necesitás dedicarte 24 horas al club y yo quiero seguir esta carrera que comencé. No soy de proponerme cosas a largo plazo, pero no descarto integrar una comisión directiva. Ahora quiero terminar estos dos años que me quedan de mandato (termina en diciembre de 2023) y ver si me tiro a la renovación de concejal. Quiero adaptarme, terminar bien como en todo lo que hice. Yo en el predio de Malvinas de Newell’s estaba 10 ó 12 horas por día si hacía falta y acá hago lo mismo, me lo tomo con mucha responsabilidad y sacrificio. Y estoy gustoso. Algo que tengo claro es que si volviera al fútbol en una comisión directiva sería solamente en Newell’s. Tengo un lindo recuerdo de Central Córdoba, pero solo iría a Newell’s. Mi vida está proyectada a terminar aquí en Rosario. No me imagino ni en Funes, ni en Roldán. En Rosario, es acá. Siempre acá.

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