Un crimen sin cuerpo: la Corte bonaerense confirmó la condena de 22 años contra el asesino de Érica Soriano

Lagostena junto a Soriano: el crimen ocurrió el 20 de agosto de 2010
Lagostena junto a Soriano: el crimen ocurrió el 20 de agosto de 2010

El cuerpo de Érica Soriano nunca apareció. Pero nadie duda que el responsable de su muerte es Daniel Lagostena. Casi exactamente 11 años después de la noche en que mató a su pareja, la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires ratificó la sentencia del Tribunal Oral Criminal 9 de Lomas de Zamora, firmada en julio de 2018, y confirmó la condena a 22 años de prisión para el autor del crimen.

El máximo Tribunal bonaerense declaró “inadmisible” un recurso extraordinario federal presentado por la defensa de Lagostena, representada por el abogado Norberto Francisco Oneto, quien había elevado la queja luego de que sus apelaciones fueran rechazadas el año pasado por el Tribunal de Casación.

Lagostena fue encontrado culpable hace tres años del delito de “homicidio en concurso ideal con aborto”. El hombre intentó sin éxito consumar el crimen perfecto. En algún momento de la noche del 20 de agosto de 2010 mató a Soriano, que llevaba un embarazo de ocho semanas, en su casa de Lanús.

Esa madrugada se deshizo del cadáver. La investigación todavía apunta a que lo hizo con la ayuda de una funeraria amiga, aunque nunca se pudo establecer de qué forma. Lagostena armó un andamiaje de mentiras que nunca lograron convencer del todo a la madre y las hermanas de la víctima. Ellas siempre sospecharon de él. Los investigadores judiciales siguieron ese camino.

Daniel Lagostena fue condenado en 2018 por el delito de “homicidio en concurso ideal con aborto” (Enrique García Medina)
Daniel Lagostena fue condenado en 2018 por el delito de “homicidio en concurso ideal con aborto” (Enrique García Medina)

Oneto apeló el fallo de la Sala I del Tribunal de Casación bonaerense. En un extenso ensayo sobre la desigualdad de géneros, los jueces Ricardo Maidana y Daniel Carral consideraron que se trató de “un caso caracterizado por violencia de género” y elogiaron el trabajo de los magistrados del juicio por haber considerado “correctamente” la perspectiva de género durante el juzgamiento del imputado.

Para el juez Maidana, Lagostena incurrió en violencia de género psicológica sobre Soriano, lo que quedó acreditado durante el juicio con la participación de una decena de testigos y copias de mails que el hombre le mandaba a su pareja. “Controlaba cómo se vestía, el maquillaje que utilizaba, el uso del teléfono celular, los lugares a los que concurría y con quién lo hacía, y los boletos de colectivo para verificar sus horarios”, enumeró el juez de Casación. Además, los testimonios, enumera el fallo, “dieron cuenta de lo celoso y posesivo que era el imputado al punto de hackearle la cuenta de correo electrónico y revisarle el celular”.

El abogado de Lagostena -que cumple el castigo en el penal de Olmos- fue a la Corte y acusó a Casación de sustentarse en fundamentos dogmáticos y razonamientos inválidos para condenar a su defendido. También, de tergiversar pruebas y omitir ponderar debidamente los descargos de la defensa “bajo la consideración de argumentos pueriles o inválidos”, lo que, según su mirada, vulneró las reglas de la lógica y quebrantó los principios de culpabilidad e inocencia, de defensa en juicio y el debido proceso.

Para Oneto, no se llegó a la certeza necesaria para habilitar una condena y socavar el estado de inocencia. Y consideró que tanto el TOC como Casación no tenían pruebas suficientes para mandar a la cárcel al acusado por 22 años, una pena cercana al máximo de 25 para la cual, según él, no hubo justificaciones. “Hubo una errónea y absurda valoración de la prueba, afectando el principio de congruencia”, consideró Oneto.

Érica Soriano tenía 30 años y estaba embarazada de ocho semanas
Érica Soriano tenía 30 años y estaba embarazada de ocho semanas

La respuesta del máximo Tribunal fue contundente: “Si bien el señor defensor se refirió a la decisión de esta Corte tachándola de arbitraria, su denuncia no fue acompañada por el más mínimo desarrollo argumental que le dé sustento”.

Lagostena lleva casi 11 años sin decir qué hizo con el cuerpo de Érica Soriano. Lo que no logró esconder es la larga colección de pruebas que para el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 9 de Lomas de Zamora explican su responsabilidad directa en la muerte y la desaparición de su pareja.

El crimen fue la consecuencia de una escalada de violencia y celos por parte de Lagostena que comenzó en abril de aquel año, cuando la mujer decidió mudarse de Villa Adelina a la casa de él en Lanús para que el hombre se sintiera más seguro. Llevaban apenas tres meses de relación. “Ella estaba viviendo su peor pesadilla”, contó su amiga Lorena Caramello a la Justicia.

Lagostena -actualmente de 61 años- es controlador, inseguro, celoso, violento y narcisista. Los análisis de los peritos psiquiátricos incorporados en el expediente así lo muestran. “Presenta personalidad psicopática con marcados rasgos narcisistas. El vínculo es de sometedor a sometido, donde Daniel ejercía un férreo control sobre Érica (…). Respecto al hijo que esperaba era solamente un objeto más de control”, concluyeron los médicos Alejandro Conte, Alejandra Santoro y la forense Ana María Arias.

Soriano pensaba dejar a Lagostena o al menos suspender la convivencia. Las dificultades en la relación quedaron claras en varios mails incorporados al expediente y en testimonios de amigos, familiares y compañeros de trabajo. El hombre la obligaba a mostrar las fotos de las personas que estaban con ellas en su ausencia. Le exigía mostrar el horario que figuraba en los boletos de los colectivos. Se metía en su casilla de mail y en su teléfono celular.

La sentencia contra Lagostena fue confirmada por el Tribunal de Casación y ahora por la Suprema Corte bonaerense (Maximiliano Luna)
La sentencia contra Lagostena fue confirmada por el Tribunal de Casación y ahora por la Suprema Corte bonaerense (Maximiliano Luna)

Esa perversidad alcanzó su pico el 20 de agosto 2010. Ese día fueron juntos a una revisación ginecológica. El último contacto que tuvo Soriano con otras personas fue a las 22.13: una conversación telefónica con una amiga. Ella le dijo que “Daniel manejaba con fastidio” y le contó que habían discutido.

Doce minutos antes de esa charla, alguien pidió una pizza en la casa donde vivían Lagostena y Soriano. Todavía hoy no se sabe quién fue, pero se sospecha que podría tratarse de algún cómplice del asesino.

Cuando los investigadores le preguntaron a Lagostena por ese llamado, él dijo que habían sido ellos, que pidieron una pizza de salsa golf y palmitos. Pero los horarios, constatados, no cerraron jamás. Según su coartada, pidió la pizza desde el teléfono de línea de la casa 12 minutos antes de que Soriano hablara con su amiga, a quien le dijo que iban por la avenida 9 de Julio.

A las 23.45 Lagostena se mandó mensajes de texto con su sobrino. Entre las 5.05 y las 5.53 se mandaron otros seis mensajes. El asesino quiso explicar que estaban acordando un arreglo en la casa. ¿De qué hablaron tantas veces y en una hora marginal?

Érica Soriano pensaba abandonar a Lagostena: los peritos calificaron al asesino con una personalidad psicópata
Érica Soriano pensaba abandonar a Lagostena: los peritos calificaron al asesino con una personalidad psicópata

Érica jamás apareció. A las 9 del 21 de agosto la familia Soriano intentó comunicarse con el celular de la víctima, con el de Lagostena y al teléfono de línea de la casa de Coronel Santiago al 1400, donde vivían. A María Ester Romero, madre de Érica, le pareció extraño ya que “Daniel nunca dejaba su celular”.

Lagostena alegó que su pareja se había ido temprano de su casa después de que volvieron a discutir por los temas de la noche anterior. Pero no pudo explicar por qué nadie respondió los llamados que hizo la familia de Érica.

Sin embargo, las investigaciones posteriores pusieron en evidencia al autor del crimen. Desde las 9.13 alguien chequeó cinco veces el contestador del celular de Soriano y de la casa. Además, a las 11 se registró una llamada perdida en el teléfono de la hija de Érica, proveniente de la línea de Lagostena. Para los investigadores esto indica que el asesino tuvo que haber visto los llamados perdidos de las 9.

La sospecha es que Lagostena quemó el cuerpo en el hogar a leña de la casa. Se comprobó que la noche de la desaparición de Soriano estuvo encendido, a pesar de que fue un día caluroso. El asesino se contradijo sobre las razones del uso de la estufa. Una vez dijo que fue para quemar unas tablas que ya no usaba. Y la segunda, que la había usado para cocinar carne vacuna. También se cree que luego consiguió desaparecer los restos con la ayuda de personas vinculadas al negocio funerario.

“Dada la actitud que demostró Lagostena durante la relación con Érica (“patológicamente controladora”), era escasamente creíble que Soriano haya salido del domicilio después de la discusión y no la hubiera llamado; como también fue inexplicable que no se preocupara al conocer que Érica no había llegado a Villa Adelina o haya demorado en hacer la denuncia. Que, en cambio, se recostase a descansar sin atender los teléfonos. El tribunal, recordó que Lagostena fue el mismo que habitualmente chequeaba los horarios de su pareja, para confirmar que no le mentía, le revisaba los mails y el teléfono”, remarcó en su fallo el juez Carral, del Tribunal de Casación.

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Fuente: InfoBae

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