COLUMNA DE OPINIÓN: ESCÁNDALO DE OLIVOS, UNA AFRENTA IMPERDONABLE

El gobierno de Alberto Fernández atraviesa por estos días lo que quizás sea la mayor crisis de credibilidad desde que ejerce la primera magistratura, la salida a la luz de la foto del festejo del cumpleaños de la esposa del presidente Fabiola Yañez en junio del año pasado mientras regía la prohibición de realizar reuniones sociales hiere mortalmente la credibilidad de Fernández.
Cómo es de esperar la revelación de este hecho representa el impacto de un torpedo que destruye la retórica que funcionó hasta aquí cómo eje del discurso que el gobierno construyó a partir de la lucha contra el COVID-19.
Lucha que ha fracasado, si hay algo que deja en claro este año y medio de pandemia es que nuestra clase gobernante en su conjunto no está capacitada para dar respuesta a la sociedad que dice representa, lo cual ya se sabía, lo único que hizo la pandemia fue exacerbar las fallas estructurales que viene arrastrando Argentina desde hace décadas.
Volviendo al bochorno que tiene cómo protagonista a Alberto Fernández, sólo cabe hacerse una pregunta, que le cabe a la clase política toda, pero ahora estamos hablando de Alberto Ángel Fernández ya que él es quien ocupa actualmente la primera magistratura de la República Argentina.


¿Qué parte de “función pública” no entienden?, ¿qué les hace pensar que están por arriba del conjunto de la sociedad?, lo que demuestra el escándalo de Olivos es que estamos gobernados por un conglomerado de hipócritas que va desde el presidente hacia abajo, una sarta de mentirosos que en nombre de la Democracia han hecho de la Argentina una sociedad de castas.
Tenemos que hacer un serio análisis del sistema político argentino, treinta y ocho años de democracia que es algo de lo que a veces la clase política suele jactarse (cómo si fuera un logro de ellos, cuando en realidad es del conjunto de la sociedad), ha dado a luz a una clase que, a veces, parece creerse parte de una monarquía absolutista.
El discurso de Raúl Alfonsín cuando asumió el poder en diciembre de 1983 dijo que con la democracia se come, se educa y se cura, pues bien la clase política argentina ha descuidado completamente el cumplimiento de estas premisas y aquí no hay distinción de partidos todos son responsables.


¿Con la democracia se come?: en Argentina hay un 40% de pobreza, millones de personas se volvieron dependientes de la asistencia social, que no es otra cosa que un sometimiento en cubierto, la dependencia de un sistema macabro en el cual esta casta fétida e inmunda basa su poder.


¿Con la democracia se educa?, en las últimas décadas el sistema educativo argentino que a otrora había sido modelo en Latinoamérica está hecho añicos, no sólo durante la pandemia, en las últimas dos décadas la educación en Argentina entró en un debacle que se profundizó y se agravó durante 2020.


¿Con la democracia se cura?, si hay algo que ha demostrado la pandemia de coronavirus es el deterioro que ha tenido el sistema de salud que aunque se quiera disfrazar de exitosa, la gestión de la pandemia fue desastrosa, más de 100.000 muertos, un ministro de salud eyectado por organizar un sistema de vacunación VIP a espaldas de un pueblo que no para de llorar muertos.
Ante esto es la sociedad la que debe reaccionar, ya se han cruzado límites intolerable, el pueblo argentino ha sido humillado, nos mintieron y se rieron en nuestra cara mientras decían desvivirse por la salud de la gente, fueron sencillamente siniestros, Alberto Fernández demostró ser un cínico.


Sería deseable no tener que hablar en estos términos de quien ejerce la primera magistratura, pero no cabe otra cosa, pues un presidente que le mintió en la cara al pueblo que dirige es un hipócrita, una persona absolutamente indigna de toda confianza, no tiene derecho moral a ocupar el cargo.


Le queda muy grande ser presidente, es una pobre caricatura no por una cuestión partidista, sino por una cuestión de estatura moral, acá hubo chicos sin clases durante un año, mientras en Olivos se comía torta con champan, se cerraron miles de comercios arrastrando a miles de familias a la pobreza, mientras se hacían negocios con empresarios amigos.
Las fotos de Olivos no hacen más que confirmar lo que ya se venía viendo desde hace muchos años atrás, la clase política de nuestro país se ha desconectado completamente de la gente, demostraron ser absolutamente indolentes, las preocupaciones y pesares que aquejan a la población están muy lejos de ser sufridos por quienes dicen representarla.
Pero esto va más allá de lo de la foto del cumpleaños de Fabiola Yañez, lo que prueba eso es la hipocresía, pero hasta en un punto es tragicómico “una fiesta clandestina en Olivos”, no es el hecho en sí sino su simbología lo que indigna, ¿Cómo creerle después de esto?, da vergüenza ajena.


A Alberto Fernández ya no se le va a poder creer nada de ahora en más y tener un presidente al que no se lo toma con seriedad es una traba insondable para lo que queda de gestión, la credibilidad es una herramienta sine qua nom para cualquier persona con responsabilidades a cargo, muchísimo más para un presidente.
Sólo el tiempo dirá cómo será la gestión de Alberto Fernández, pero una cosa es segura ya nada será igual, ni si quiera el relato kirchnerista alcanza para defender esta incongruencia, la mentira kirchnerista está más expuesta que nunca y es la consciencia de un pueblo engañado la que deberá responder ante esta afrenta.

Por Cristian Adrian Umpierre

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