Bioeconomía: ¿podremos ser parte del proceso productivo global?

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Argentina tiene fuertes ventajas comparativas pero su economía es poco
competitiva, debido a una industrialización parcialmente desarrollada. La
matriz productiva debe evolucionar en productividad y diversificación

La bioeconomía es el conocimiento aplicado a los recursos biológicos. Aunque no solamente es eso. Esta temática se sumerge en un contexto que hace un fuerte foco a la demanda y las necesidades de sustentabilidad bajo la lógica de la “economía circular”.

Mayco Mansilla es ingeniero agrónomo y está desarrollando su maestría en negocios Agroalimentarios. Es integrante de Aapresid y emprendedor en los negocios de la bioeconomía.

“La bioeconomía tiene una fuerte impronta sobre el desarrollo territorial, debido al triple impacto que esta concepción trata de reflejar“, sostiene Mansilla. Se trata de un concepto que tiene varias décadas, pero comienza a ser actual por el desafío de producir más a un menor costo ambiental.

“Es una tendencia que se da en los mercados globales en los últimos años”, explica el docente de la la UBA y la Universidad del Litoral. Además, desde el punto de vista de la geopolítica, vamos hacia un mundo de 8 mil millones de personas hacia 2030, que demandan alimentos sanos.

“Cada vez más gente cuida su salud”

“Se está generando un aumento de la clase media global, quienes se están preparando para consumir alimentos de mayor valor,  con la incorporación de proteínas y vitaminas a sus dietas”, reflejó el especialista.

Más del 60% del comercio mundial estará integrado por Asia, cuyos habitantes sumarán a sus elecciones de consumos esta realidad. “Debemos saber que solo 10 países cuentan con cantidad y diversidad de productos como para alimentar gran parte de los países asiáticos y el resto del mundo. En este grupo se encuentra la Argentina”, expresó con optimismo.

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Mayco Mansilla disertó sobre bioeconomía y las nuevas exigencias y desafío de la ganadería en el Seminario “Carne: agregado de valor con tecnologías exponenciales”, dirigido a jóvenes. El encuentro fue organizado por el Ipcva.

En ese sentido, marcó que la brecha de precios de los alimentos que tienen algún tipo de diferenciación, es cada vez mayor con respecto a los alimentos sin diferenciar. “Cada vez más consumidores buscan alimentos producidos bajo buenas prácticas o sistemas agroecológicos“, dice el ingeniero agrónomo. También reconoce que “son productos que se pagan más”.

Hábitos del nuevo consumidor empoderado

Claramente en la actualidad los consumidores traccionan la demanda y las empresas que no ofrezcan productos y servicios que busquen la satisfacción del cliente, son compañías con poco futuro. “El consumidor tracciona toda la cadena para atrás, por lo que la política de oferta de una empresa que elabora un producto va a repercutir en quien produce la materia prima”, sostiene Mansilla.

Por lo tanto, como país exportador, tenemos que estar preparados para atender las exigencias del nuevo consumidor empoderado que desea productos con alto grado de inocuidad. “Una buena apreciación de un producto o una mala refutación del mismo puede servir para bien o para mal, respectivamente”, sostiene el experto. Esto es debido a que el consumidor está empoderado gracias a los medios de comunicación, las redes sociales y las comunicaciones que les permite están informado de todo.

Ecobosques Ganaderos, un emprendimiento de Mayco Mansilla, que combina tres unidades productivas en una sola inversión: ganadera, maderera y energética.

“No es lo mismo si su producto fue realizado de manera responsable o si el productor contaminó para hacerlo. Hoy muchos consumidores pagan más pero exigen menos contaminación, mayor bienestar animal y condiciones dignas de trabajo, entre otras cuestiones”, dice el especialista en agronegocios.

Estadísticas que hablan por sí solas

En el mercado mundial, las personas están dispuestas a pagar más, siempre y cuando, logremos suplir de manera óptima sus hábitos de consumo. Es sabido que son consumidores que valoran la seguridad y la confianza a la hora de adquirir un producto.

“Según IBM, el 82% de los consumidores valoran la confianza de la marca. Pero muchos están dispuestos a pagar primas mucho más altas por productos alineados con sus banderas personales”, indicó.

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El consumo de carne está aumentando a nivel global y existe una preocupación cada vez mayor por sus consecuencias ambientales.

Es que existen personas que se disponen a pagar hasta un 35% más los productos que sean producidos bajo cuidado ambiental. Además, el 57% de los consumidores están dispuestos a modificar sus hábitos de compra para reducir el impacto ambiental, de los cuales un 79% valoran las certificaciones.

“En el mercado de carne, la demanda mayor está centrada en lo natural”, dice Mansilla. Ocurre que los consumidores exigen una base pastoril por sobre la carne de feedlots. “Una de los ataques que recibe la ganadería tiene que ver con la emisiones mitigadas. Pero cuando hablamos de la cría de terneros en pasturas o ganadería silvopastoril, una buena parte de esas emisiones son mitigadas por las pasturas. Allí el balance es muy positivo y el consumidor lo sabe”, aclaró.

El ABC Rural



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