Criadero porcino San Cipriano, con la pujanza de los pequeños productores

Don Cipriano es un pequeño criadero porcino familiar propiedad de Elizabeth Da Silva (foto) y su esposo Miguel Carrascal.
Incursionó no hace mucho tiempo en la actividad. Está ubicado sobre la Ruta Nacional 8, cerca de la localidad de Viña, en el partido de Arrecifes.

Elizabeth Da Silva junto a su esposo Miguel Carrascal, son propietarios del criadero porcino San Cipriano, en el partido bonaerense de Arrecifes, que comenzó a funcionar hace seis años.

Hoy Da Silva encabeza como presidenta la comisión directiva de la Cámara de Pequeños y Medianos Productores de Porcinos (CAPeMPPor), la entidad que se viene gestando y nucleará a los pequeños productores porcinos de nuestro país para defender su actividad.

Junto a su familia, esta productora incursionó no hace mucho tiempo en la actividad, en busca de la vida rural y un emprendimiento productivo acorde a su pequeño establecimiento de 74 hectáreas, ubicado sobre la Ruta Nacional 8, a pocos kilómetros de la localidad de Viña.

Si bien en un principio se les ocurrió criar pollos, a través del asesoramiento del INTA y por las ventajas de una menor inversión inicial, se decidieron por un criadero porcino, que viene creciendo en escala en base a las ganas y el empuje familiar, apostando a la producción y la vida en el campo.

Para conocer las características, crecimiento y objetivos del criadero San Cipriano, El ABC Rural dialogó con la pujante productora.

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La familia comenzó hace seis años con 30 madres, y hoy cuentan con un sistema de ciclo completo de 85 madres, triplicando la producción.

Vivir en el campo y producir alimentos

“Vivíamos en la ciudad de Buenos Aires, y siempre tuvimos la idea de venirnos al campo y producir alimentos. Finalmente nos decidimos y nos mudamos con toda la familia”, indicó Da Silva.

“Teníamos un terraplén y nuestra primera idea era hacer un galpón de cría de pollos, pero el INTA Pergamino nos propuso instalar un criadero porcino, una producción que requiere menor inversión inicial, sobre la que nos ofrecieron asesoramiento y que tiene mucho para crecer en nuestro país”, destacó.

Como la genética es fundamental para lograr la mejor calidad de carne, la entrevistada señaló que “se decidieron por la raza Duroc, muy rústica para campo y confinamiento, y de excelencia carnicera, adquiriendo un padrillo y las cachorras”.

Así comenzaron hace seis años con 30 madres, “y hoy contamos con un sistema de ciclo completo de 85 madres, triplicando la producción”.

Crecimiento en estructura e índices productivos 

En definitiva, Da Silva destacó que “en el poco tiempo que llevamos en la actividad (seis años) venimos creciendo en instalaciones y eficiencia productiva, en base a diferentes capacitaciones que pudimos ir realizando”.

Al principio manifestó que las parideras eran a campo, “realizadas con madera en diferentes parcelas”. Pero como tenía alta mortandad, subrayó que “hicimos una sala de maternidad confinada con 20 plazas, aunque continuamos con los galpones de cama profunda para gestación y engorde”.

“En San Cipriano siempre se trabaja para mejorar los números estadísticos. Hoy estamos en un promedio de 14 nacimientos y 11 cachorros destetados por madre, y producimos unos 2.600 kilos por madre/año”, informó.

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La sala de maternidad es confinada con 20 plazas. Hoy tienen un promedio de 14 nacimientos y 11 cachorros destetados por madre, y una producción de unos 2.600 kilos por madre/año.

Alimentación con abastecimiento y producción propia

-¿Cómo manejan la alimentación?

-Al principio comprábamos todo el alimento afuera, pero desde hace dos años lo producimos nosotros mismos, con la adquisición de una pequeña planta para transformar la materia prima propia de nuestro campo.

-¿Cómo está integrada la dieta?

-Producimos maíz y soja, cambiando la oleaginosa por expeller en una aceitera de la vecina localidad de Urquiza (partido de Pergamino), y le agregamos los núcleos concentrados.

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Desde hace dos años producen su propio alimento, elaborado en su pequeña planta y con materia prima de su campo. Se trata de maíz y soja, cambiando la oleaginosa por expeller  y núcleos concentrados.

Mayor tecnificación a futuro con más infraestructura y escala

Sobre la apuesta a futuro y línea de crecimiento de San Cipriano, Da Silva dijo que la idea es seguir creciendo en infraestructura y escala, sumando comodidades y madres. “Queremos tecnificar la parte de los galpones, hacerlos más automatizado para aliviar el manejo del trabajo cotidiano en alimentación”, ejemplificó.

“También estamos evaluando la posibilidad y beneficios de hacer un galpón confinado de engorde, o bien continuar con el sistema de cama profunda”, agregó.

“Esta idea -explicó la entrevistada- no solo se debe a los costos, sino también por el manejo diario y bienestar animal, ya que a la cama profunda la vemos mucho más amigable con el animal, pero bueno… estamos en evaluación”.

El ABC Rural



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