Cábala, empanadas y festejo viral, el repartidor que celebró el título en casa de un cliente: “Era un laburante y se estaba perdiendo el título por nosotros”

La noche venía torcida para Jorge Villalba. La selección argentina ya había empezado a jugar la final de la Copa América contra Brasil, en el Maracaná, con la ilusión de poder cortar la racha de 28 años sin títulos, pero él no había podido ver ni un minuto del encuentro.

A bordo de su moto Yamaha FZ L roja y negra, que hacía juego con la misma variedad de colores de su campera y su casco, se había pasado casi toda la noche por las calles de Puerto Madryn haciendo entregas para el servicio de mensajería en el que trabaja desde hace tres años y medio. Hubo mayoría de retiros y entregas de comidas y helados y algún que otro delivery de paquetes.

Como si fuera poco, cerca de las 21.20, cuando Di María emprendió la corrida por las espaldas de Renan Lodi y concretó el gol más trascendental de su carrera, Jorge estaba parado delante de una distribuidora de ropa para entregar luego un regalo a una casa particular.

“Ese fue el momento más duro de la noche”, le reveló Villalba a Infobae en una charla telefónica. “La distribuidora está ubicada en la calle 25 de Mayo, pleno centro de Madryn. Así que mientras esperaba que me dieran el paquete empecé a escuchar los gritos de gol que bajaban de los balcones. Me di cuenta de que había sido un gol de Argentina y me quería matar porque no lo podía ver. Tenía que concentrarme en pagar el regalo y llevarlo a una casa particular.”

Jorge todavía no lo sabía, pero poco más de una hora después iba a conocer a Genaro Donati y a su banda de amigos veinteañeros. Todos juntos compartirían un momento de alegría y desborde de emociones que no olvidarían por el resto de sus vidas.

Villalba tiene 50 años, cinco hijos, cuatro nietos y desde finales de 2017 trabaja como motoquero del servicio RG Cadetería en una de las principales ciudades de Chubut. Hincha de Boca, se considera un fanático de los “partidos clásicos”.

“Este partido no me lo quería perder, era un Argentina-Brasil y sabía lo que nos jugábamos. Pero también sabía que por mi trabajo era muy difícil que pudiera ver algo del partido. Con este tipo de trabajo me he perdido casamientos, el nacimiento de mi nieta Aixa Azul y hasta el Día del Padre”, contó.

“Al menos puedo celebrar que tengo trabajo y que con lo que voy ganando puedo ir separando algo de plata para poder terminar de pagarme la moto que estoy usando”.

Eran las 22.30, Argentina seguía ganando 1-0. Lionel Scaloni ya había quitado de la cancha a Leandro Paredes en reemplazo de Guido Rodríguez y Emiliano “Dibu” Martínez le había detenido un disparo tremendo a Richarlison dentro del área. La selección albiceleste pasaba sus peores minutos en el estadio Maracaná y justo Jorge Villalba ingresaba a la pizzería “La Tercera Docena” para retirar un pedido para una casa ubicada apenas a seis cuadras, en la calle Love Parry, en el Barrio Sur de Madryn. “Esos fueron los primeros minutos que pude ver del partido y vi que la estábamos pasando mal. Entraba y salía de la pizzería por los nervios. No sabía si le estaba dando mala suerte al equipo”.

Cualquiera que escuche o lea la historia al menos podrá cuestionar la decisión de hacer un pedido de comida a domicilio en medio del partido más importante de la selección argentina en los últimos siete años y “condenar” a ese encargado del Delivery a trabajar durante esas dos horas lejos de una TV. Pero cuando se trata de cábalas, los márgenes de los “códigos” suelen quedar apartados, casi ignorados.

Dentro de esa casa de la calle Love Perry, los nervios por la final habían alterado la planificación de partido de Genaro Donati, de 25 años, y los diez amigos con los que compartía la final.

Genaro, Joaquín (el dueño de casa), Nicolás, Lara, Mariano, Franco, Catriel, Fabián, Gonzalo, Leonel y Lautaro fue la alineación de la casa de Love Perry a la que se apeló para aportar el cabulero granito de arena, directo desde Puerto Madryn hasta Río de Janeiro.

Las cábalas estaban intactas: tenían que estar presentes los 11 amigos de siempre. Cada uno respetaría su lugar en su sofá. Se pedirían las seis docenas de empanadas a la pizzería “La Tercera Docena”, incluyendo las dos docenas del estrambótico sabor de “Hamburguesa con queso cheddar” y se calcularía para que el pedido llegara en el entretiempo. Ese último punto falló: el llamado al local gastronómico se hizo más tarde de lo debido y las tan mentadas empanadas llegaron fuera de tiempo. Hubo instantes de zozobra y preocupación por los errores en la logística.

Festejo junto al delivery título de Argentina
Jorge Villalba trabaja desde hacer tres años y medio en una empresa de cadetería en Puerto Madryn

Eran cerca de las 22.45 cuando Jorge Villalba tocó el timbre de la casa de la calle Love Perry.

Cuando me abrieron, veía que ninguno de los chicos le sacaba los ojos al televisor. Casi que ni me miraban, estaban metidos en el partido. Y me tenían que pagar, pero nadie lo hacía. Yo sabía que Argentina iba ganando pero no sabía cuánto faltaba. Me asomé un poco y vi que iban 85 minutos”, relató Villalba.

“La verdad es que ninguno de nosotros quería levantarse para ir a pagarle y además, vimos que era un laburante y en cierto punto se estaba perdiendo el partido por culpa nuestra. Por eso, le pedimos que entrara y le ofrecimos que se quedara hasta el final del partido con nosotros. Era lo mínimo que podíamos hacer por él. Tampoco nos pusimos a pensar si se rompía alguna cábala con él en la casa, lo invitamos igual”, completó Donati.

“Los chicos me invitaron y la verdad es que no dudé en decirles que sí. Salí, saqué las llaves de la moto, le puse la cadena y me volví a meter adentro. Justo volví a entrar cuando Messi se erró el gol del mano a mano”.

Ni Genaro ni sus diez amigos le preguntaron el nombre al motoquero del Delivery, no necesitaban saber quién era. Sólo tenían la certeza de que si terminaba el partido y Argentina rompía finalmente la malaria de 28 años sin títulos, ese misterioso hombre que por protocolo seguía escondido en un casco negro y un barbijo, sería acobijado y abrazado como uno más del grupo.

“Todos mis amigos y yo tenemos entre 24 y 25 años y ninguno había visto a Argentina salir campeón. Era nuestro momento y sólo pensábamos en poder festejar este título. Además, era el título de Messi y ganarle a Brasil en su cancha. Era todo”.

El resto de la historia quedó reflejado en el teléfono celular de Donati y se convirtió en uno de los videos de celebraciones más virales en todo el país. El repartidor era un amigo más en un momento imborrable para el grupo, aún cuando nunca le terminaron de conocer la cara.

La magnitud de la repercusión del festejo de Genaro y sus amigos celebrando junto a Villalba en el living de la casa del barrio Sur de Madryn fue tal que hasta la estrella española de streaming Ibai Llanos decidió retuitearlo en su cuenta de Twitter con el comentario: “Yo esto no me lo creo”.

Final Copa América 2021 - Argentina vs Brasil
El triunfo de la selección argentina en el Maracaná se celebró en todos los rincones del país (Foto: Jayson Braga / Brazil Photo Press) (JAYSON BRAGA/)

En el video, se ve a todos, amigos y el motoquero, celebrando fundidos en un abrazo masivo. Villalba seguía con su casco, su campera y su barbijo, lo que le dio un tono aún más pintoresco a la escena.

El motoquero se quedó dentro de la casa unos cinco minutos después de que el árbitro Esteban Ostojich decretara el pitido final en el estadio Maracaná. Ninguno de los amigos le ofreció al hombre del delivery alguna de las 72 empanadas compradas, aunque sí fueron generosos con la propina.

“Me dieron el triple de lo que me correspondía de propina, pero lo que yo más valoro es que me dejaron entrar para poder ver el final. Estaba en el medio de mi trabajo pero pude ver en vivo a Argentina salir campeón”, celebró el motoquero.

Villalba no hizo más entregas después de festejar el título en la casa de la calle Love Perry. Ya nadie quería recibir nada. Eso sí, una vez arriba de su moto, agarró el teléfono y llamó a su esposa Silvia para relatarle la inédita experiencia vivida. Como si hubiera estado celular en mano en pleno césped del estadio Maracaná.

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Fuente: InfoBae

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