Cinco claves para alcanzar el éxito en el cultivo de maíz

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Mercados, perspectivas climáticas, tecnologías y claves de manejo para alcanzar el máximo rinde, son algunas de las variables que analiza el productor a la hora de pensar en una adecuada siembra de maíz.

Con el objetivo de acompañar cada decisión de campaña con el mejor conocimiento y experiencia, la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) lanzó en 2021 “Agenda Aapresid”. En esta oportunidad, se habló sobre la necesidad de enfocarse en el cultivo de maíz para la próxima campaña.

Sin pronóstico de escenario “Niña” como el año pasado, se estima un crecimiento interanual de un 5%, alcanzando la campaña de maíz 2021-22, una siembra de 7.730.000 hectáreas (6,73 de grano comercial).

Tomando en consideración este aspecto, los técnicos comienzan a advertir a los productores la necesidad de enfrentar la campaña con herramientas sólidas. En este caso, el conocimiento ocupa un lugar de privilegio para asumir los desafíos que plantea la temporada, con cinco claves para llegar al éxito.

Fecha de siembra

Para Gustavo Maddonni (Fauba-Conicet), la fecha de siembra (FS) es clave para determinar el rinde ya que define la calidad del ambiente que explorará el cultivo. “En ambientes como los de zona Núcleo, donde los balances hídricos a inicio del verano suelen ser más favorables, conviene optar por fechas tempranas”, dice. De modo que la floración -periodo más crítico- coincida con las mejores condiciones de luz y temperatura de diciembre.

Por su parte, en zonas marginales las fechas tardías son las más elegidas. “Acá la estrategia es posicionar la floración hasta febrero, con mejores chances desde lo hídrico para asegurar estabilidad”, continuó el profesional.

cultivo de maíz

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Estado hídrico del perfil al inicio de campaña

Conocer el estado hídrico del perfil al inicio de la campaña debe acompañar sí o sí la elección de la FS. “Si elijo sembrar temprano para capitalizar potencial pero desconozco el perfil del cual parto, solo puedo rogar que un buen balance hídrico en la estación de crecimiento del maíz borre la mala decisión de arrancar con un perfil mal cargado”, explica Maddonni.

Conocer el perfil, tiene que ver con qué malezas hubo y qué barbecho se hizo. Además de saber cuál fue la recarga en otoño y el estado hídrico en primavera. Por su parte, si la campaña viene seca y la demanda en vegetativo es grande, llegaremos a diciembre con un balance hídrico deficiente.

Genotipo y densidad 

Estas son las variables que siguen, en ese orden de importancia. El genotipo determina el largo de ciclo y la posibilidad de cumplir con la premisa de ubicar el PC en el momento deseado. La densidad debe estar planteada en función de un rendimiento a alcanzar.

“Si se apunta a optimizar rinde, habrá que elegir genotipos tolerantes al estrés y mayores densidades, de manera de aprovechar al máximo los recursos disponibles”, advierte Maddoni.

Si la estrategia es asegurar el cultivo en un ambiente errático desde lo hídrico, habrá que bajar densidades y optar por genotipos con plasticidad reproductiva (prolificidad o espigas de macollos). “De esta forma podremos capitalizar una posible buena racha de agua con más espigas por metro cuadrado”, indicó.

La nutrición y el rinde objetivo

La nutrición tiene que acompañar el rinde objetivo. En ambientes donde se apuesta al máximo rinde, la buena nutrición es variable obligada. Pero también lo es en ambientes marginales donde se opta por las estrategias de plasticidad antes mencionadas.

“Una buena base nutricional -insistió- es necesaria para expresar ese mayor número de espigas por metro cuadrado que se busca capitalizar ante buenas rachas hídricas”.

Es así que Andrés Grasso (Fertilizar AC) destacó en la jornada digital que el maíz es un cultivo paradigmático en términos de fertilización. “Si bien recibe un enorme input tecnológico, la dosis de nitrógeno (N) se sigue calculando con la vieja ecuación: Kilogramos objetivo – N disponible en suelo”, subrayó.

Construcción de ambiente

En definitiva, la última clave a considerar para un buen cultivo de maíz, es la construcción de ambiente. En este sentido, José Luis Zorzin, quien es socio Aapresid en el sudeste cordobés, zona de altísimo potencial donde reinan los suelos Clase I y II y la presencia de napa, lo explicó en detalle.

“Además de la nutrición, una de las variables donde falta ajuste es la construcción de ambiente en el tiempo”, abordó. Dijo que la diferencia en la performance de maíces sobre lotes que vienen de años de buen manejo, es notable.

“La calidad química, estructural y biológica de estos suelos hacen la diferencia respecto de aquellos con manejo deficiente”, sentenció. Recién detrás de esta variable, Zorzin posiciona la densidad y la calidad de implantación como cuestiones que requieren mayor ajuste.

El ABC Rural



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