Vacunación y elecciones: el Gobierno rechaza cualquier tipo de acuerdo político y recurre a una campaña paternalista

Reunion remota de la Comisión Bicameral Permanente de Trámite Legislativo
Imagen de la exposición virtual de Carla Vizzotti, Vilma Ibarra y Cecilia Nicolini ante una comisión bicameral

El oficialismo hizo pesar ayer su mayoría en una comisión legislativa bicameral para avalar el DNU que abre la puerta a la vacuna de Pfizer y la semana que viene -también con voto propio sobrado- el Senado completaría la tarea para ratificar la medida presidencial. En total, el trámite demandaría una semana. Esa fue la decisión sostenida sin fisuras frente a la movida opositora, que planteó acordar un proyecto de ley en lugar del decreto y sancionarlo en velocidad, es decir, en 48 horas. Quedó en claro que no se trata de una cuestión de tiempos, sino de cálculo político.

La discusión ya había asomado luego de que el viernes pasado el Gobierno explicara que optó por un Decreto de Necesidad y Urgencia porque los tiempos del Congreso no se ajustan a una urgencia en época de coronavirus. La decisión firmada por Alberto Fernández necesita de aval del Congreso -en rigor, alcanza con la aprobación de una Cámara- por norma. Y también, en este caso, con el fin de completar la señal demandada por Pfizer, que a la vez allanaría el camino para negociar contratos con Moderna y Johnson & Johnson.

El Gobierno buscó cerrar ayer ante los legisladores una explicación sobre la necesidad de este giro. Resultaba insostenible su posición cerrada. Y esa sensación incluso interna crecía sobre todo a partir de la difusión del cuadro de los menores con problemas de salud grave. No sólo se trata de posibles contratos, sino de donaciones de Estados Unidos y de los perdidos embarques por el mecanismo Covax.

La ley de vacunas contra el coronavirus fue sancionada en noviembre, en veloces votaciones y con amplio consenso. Y al menos desde marzo, quedó expuesta la controversia con Pfizer. Con el tiempo, después de explicaciones confusas del Gobierno y de algunas versiones disparatadas, se hizo evidente que el problema central giraba en torno de la “negligencia” como definición que podría complicar a los laboratorios frente a demandas.

El Gobierno explica ahora que debe tomarse otra referencia temporal, porque la urgencia recién habría aparecido hace un mes a partir de la comprobación de esa vacuna para la aplicación a menores. Ese fue el argumento de las representantes del Gobierno que expusieron ayer por videoconferencia ante la Comisión Bicameral Permanente de Trámite Legislativo: la ministra Carla Vizzotti, la secretaría de Legal y Técnica, Vilma Ibarra, y la asesora presidencial Cecilia Nicolini.

El problema, al margen de esa discusión menor sobre el punto de partida en el calendario, quedó a la vista de manera estrictamente política por varias razones. Dos de ellas, evidentes en el intercambio con los legisladores de la oposición. El primero es que no sólo se trataría de la eliminación de la palabra “negligencia”, sino de otras cuestiones como las referidas al concepto de inmunidad soberana. El segundo, que nada tiene que ver con los tiempos del Congreso en cuando a su funcionamiento. Con acuerdo político entre las principales fuerzas -y eso es lo que jugó Juntos por el Cambio y rechazó el oficialismo-, el tiempo no sería problema alguno.

Pero asoma además una decisión de fondo detrás del rechazo a una negociación con la oposición. El Gobierno siente que paga un costo con este tema específico, y entonces intenta dar vuelta la página sin demoras para centrarse en el plan de vacunación como eje de la campara electoral. Por supuesto, no es un escenario que domina a su entera voluntad el oficialismo, entre otras cosas por acciones propias. Ayer mismo, se conoció otro capítulo seguramente irritante sobre la vacunación VIP. Y sigue en el centro el cupo para el regreso de argentinos al país.

El Gobierno busca acelerar el plan de vacunación. Ahora se estudia la combinación de segundas dosis
El Gobierno busca acelerar el plan de vacunación. Ahora se estudia la combinación de segundas dosis (Juan Ignacio Roncoroni/)

En ese último renglón asoma también la concepción que maneja el oficialismo sobre algunas de sus medidas. El cuidado estatal, entendido como propio, va de la mano con un sentido de reconvención a la gente. Un ejemplo: la reducción del número de personas que pueden regresar en vuelos desde otros países se debe a que pocos cumplían con las normas de chequeo y aislamiento posteriores.

Quizás el que lo expuso de manera más cruda fue el jefe de gabinete de la provincia de Buenos Aires, Carlos Bianco. “Estas medidas son por la irresponsabilidad de la gente”, dijo el funcionario de Axel Kicillof.

Esa visión no es nueva. Y combina el lugar de protector y celador al mismo tiempo, con su complemento: la degradación de la gente a una condición de subordinado y menor. Del mismo modo, resultan significativos algunos mensajes oficiales. Un ejemplo bastante acabado: “Repitamos todos juntos: la vacuna no vence”, dice un mensaje que busca minimizar el problema de las segundas dosis, en particular de la Sputnik V. Explica que la primera dosis produce mayor cobertura, genera anticuerpos. Y la segunda, prolonga la duración, refuerza.

Por supuesto, el punto es completar el esquema. Según el texto y el video difundidos por el Gobierno, el objetivo sería frenar las confusiones. “Evitemos la desinformación”, dice, sin embargo. En todo caso, la desinformación es un tema de gestión. Y en este terreno, también las confusiones.

El tema de las segundas dosis no es un tema menor. Hace una semana, después de una reunión de la Comisión Nacional de Inmunizaciones, se difundieron datos sobre los resultados de un estudio de efectividad de vacunas. Con una dosis, el cuadro es este: Sputnik V (74%), AstraZeneca (79,5) y Sinopharm (61,6). Y con dos dosis (esquema completo): Sputnik V (93,3), AstraZeneca (88,8) y Sinopharm (84).

Por supuesto, en el plano mediático existen desbarrancos pero en general, el grueso del periodismo fue más bien insistente con el mensaje de cumplimiento de las medidas. El problema sigue siendo la administración de las restricciones. El Gobierno, en cambio, descarga culpas. El último en hacerlo fue Santiago Cafiero, que apuntó contra los “medios dominantes”.

En definitiva, el oficialismo se planta en un lugar muy visible. Se desprende de responsabilidades en un cuadro complejo, cruzado por cifras dramáticas de contagios y muertes. No duda tampoco en recomendar recitados y adjudicarse el cuidado y la vacunación como capital propio. Algunas de las caras del paternalismo.

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Fuente: InfoBae

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