Siembra de cebolla: buenas prácticas para los mejores resultados

siembra de cebollasiembra de cebolla
Las buenas prácticas en la siembra de cebolla son las que te llevarán a tener mejores rendimientos: he ahí la importancia de su adopción.

En Argentina, unas 20.000 hectáreas por año son destinadas a la siembra de cebolla, cuya producción está estimada entre 650.000 a 750.000 toneladas anuales, 500.000 para mercado interno y el resto para exportación.

La producción argentina tiene grandes ventajas comparativas, ya que por la variedad de climas y suelos, pueden producirse especies de “días cortos”, “intermedios” y “largos”, permitiendo sembrarse todo el año y cosechar a contraestación para abastecer a los mercados del hemisferio norte.

En cualquier caso, las buenas prácticas en la siembra de cebolla son las que llevarán a tener mejores rendimientos: he ahí la importancia de su adopción.

La siembra de esta planta requiere de prácticas específicas que serán decididas de acuerdo a las características de cada producción.

Igualmente, el manejo integrado de toda la producción agrícola, proceso que debe ser correctamente planificado y llevado a cabo siguiendo estándares de alta calidad de principio a fin, es la clave para tener una siembra de cebolla eficiente y mantener los niveles de cosecha y competitividad.

Por esta razón, es importante priorizar la ejecución de las mejores prácticas para maximizar los rendimientos y resultados de trabajo. En ese sentido, especialistas de la compañía Jacto, enumeraron las seis mejores prácticas para la siembra de cebolla en Argentina.

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La producción argentina tiene grandes ventajas comparativas, ya que por la variedad de climas y suelos, pueden producirse especies de “días cortos”, “intermedios” y “largos”, permitiendo sembrarse todo el año y cosechar a contraestación para abastecer a los mercados del hemisferio norte.
  1. Planificar la correcta preparación del suelo

Si bien la cebolla se adapta a distintos tipos de suelo, de todas maneras resulta indispensable que el mismo tenga un buen drenaje y salinidad moderada a baja.

Para la siembra, se considera una buena práctica del manejo del suelo un esquema bien organizado de rotación de cultivos: es primordial que cuando se proceda a la siembra no sean utilizadas parcelas donde el cultivo anterior haya sido ajo, cebolla o echalote con el fin de evitar el agotamiento del suelo o el traspaso de organismos patógenos a las nuevas plantas.

Una vez elegida la parcela, la primera acción a llevar a cabo es la nivelación del terreno para reducir la acumulación de agua en ciertas zonas.

Después, es necesario realizar trabajos de labranza y arado con la maquinaria correspondiente de acuerdo a la textura del suelo para favorecer la circulación de aire y de agua. Por último, se ejecuta la aplicación de abono orgánico —estiércol— para que el suelo quede listo para la siembra.

  1. Emplear métodos de siembra adecuados

Los métodos utilizados para la siembra de cebolla son:

  • Siembra directa a chorrillo: realizada con sembradoras equipadas con un dosificador para la distribución aleatoria de las semillas a lo largo del surco.
  • Siembra directa de precisión: efectuada con maquinarias que hacen una distribución regular en la línea de siembra.
  • Siembra por transplante: corresponde al cultivo de plantines provenientes de almácigos. Este método requiere de tiempos de siembra específicos según el clima de cada zona.

En todos los casos, la profundidad de la siembra debe ser entre 1,5 y 2 centímetros, dependiendo del tipo de suelo.

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Los tres métodos de siembra en cebolla son: directa a chorrillo: realizada con sembradoras equipadas con un dosificador para la distribución aleatoria de las semillas a lo largo del surco; directa de precisión: efectuada con maquinarias que hacen una distribución regular en la línea de siembra; y por transplante, que corresponde al cultivo de plantines provenientes de almácigos.
  1. Controlar cantidad y calidad de agua para riego

El manejo de la cantidad y el control de la calidad del agua inciden directamente en el rendimiento de la parcela sembrada.

Una buena práctica es analizar el agua para verificar su salinidad por lo menos dos veces al año, ya que la cebolla no crece adecuadamente en suelos con altos valores de sodio.

En cuanto a la frecuencia de riego, este debe hacerse para mantener el suelo siempre húmedo y evitar encostramientos y encharcamientos que matan a los plantines que emergen luego de la siembra: las raíces de la cebolla son poco profundas, motivo por el cual la presencia de agua en superficie es primordial para su correcto desarrollo.

Además, la ejecución del riego debe ser coordinada con la aplicación de fertilizantes para evitar la pérdida o disolución de estos últimos.

  1. Utilizar fertilizantes

El sistema radicular de la cebolla es capaz de captar todos los nutrientes que la planta necesita del suelo siempre que este se encuentre en condiciones adecuadas.

En zonas semiáridas y con escasa cultura de rotación de cultivos es necesario recurrir al uso de fertilizantes con el previo análisis del suelo para determinar qué compuestos agregar.

Si el objetivo es aumentar los rendimientos, una buena opción es la fertilización nitrogenada.

La aplicación de los fertilizantes es llevada a cabo con pulverizadores para garantizar un nivel de cobertura óptimo.

  1. Realizar un control fitosanitario

En el periodo de siembra, el cultivo puede ser atacado por diversas plagas, como el gusano de la cebolla, el de la semilla y el nematodo del tallo: la aparición de las mismas puede ser evitada con la rotación adecuada de cultivos y el análisis de suelo previo a la siembra de cebolla.

En cuanto a las malezas, estas crecen mucho más rápido que las cebollas y su eliminación temprana garantiza un control posterior mucho más eficiente.

La aplicación de defensivos agrícolas debe concretarse solo en casos extremos y siempre será mejor priorizar el control de enfermedades, plagas y malezas en lugar de los sistemas mecánicos, culturales o biológicos.

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Aplicación de fitosanitarios con dron en un cultivo de cebolla en la provincia de Mendoza.
  1. Practicar la rotación de cultivos

La rotación de cultivos es la manera más efectiva para mantener la calidad y fertilidad de suelo, además de reducir la presencia de patógenos, malezas y plagas: en otras palabras, esta es denominada como un sistema cultural, ya que fue creado por el hombre y su adopción depende del método de trabajo elegido por los productores en cada zona.

Un ciclo de rotación beneficioso de ocho años para la siembra de cebolla es el siguiente:

  • -Pasturas perennes, como alfalfa y gramíneas: 4 a 5 años.
  • -Cebollas: 2 años.
  • -Maíz, girasol o soja: 1 a 2 años.
  • -Trigo: 1 año
  • -Pasturas perennes: reinicia el ciclo.

El ABC Rural



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