Bartolomé Mitre, la leyenda que inauguró los libros de Historia Argentina y fue inmune a todas las críticas

Bartolomé Mitre
Bartolomé Mitre, en su biografía de San Martín, lo ubicó como un genio militar, pero opacó su visión política.

“Hijo de un modesto hogar montevideano, nacido por accidente en Buenos Aires [el 26 de junio de 1821], había optado por la nacionalidad porteña cuando el resonante éxito de Los Debates le mostró la promesa de una brillante carrera política. … Quiso ser muchas cosas: militar, político, poeta, historiador, pero sólo fue con plenitud `ídolo’. Adorado por sus virtudes y defectos, por el tino de manejarse en la vida civil y las derrotas de su vida militar que sabía convertir en victorias morales por su arte de explicarlas.” (José María Rosa, Historia Argentina).

En efecto, en el bicentenario de su nacimiento, Bartolomé Mitre ratifica en cierto modo lo señalado por Rosa, al ser quien indudablemente sigue presidiendo un imaginario panteón de héroes nacionales dotado de ribetes de leyenda, es decir, inmune a toda crítica hacia su figura, ideas y obra de gobierno.

Mitre fue el primero en escribir la historia argentina, en el sentido de convertirla en un relato a las nuevas generaciones en el que abundan las simplificaciones exageradas (buenos angelicales y malos de toda maldad), ausencia de matices y de análisis de circunstancias y, por sobre todos esos elementos ya de por sí perniciosos, la permanente ideologización en los objetivos. Así, sus dos grandes obras, la Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina, y la de San Martín y la Emancipación Sudamericana, impecables en cuanto biografías de ambos próceres y cronología de batallas, incurren sutilmente en tergiversaciones que disminuyen la proyección a futuro tanto del creador de la Bandera como del Libertador. Respecto del primero, justamente su principal proyecto político, propuesto al Congreso de Tucumán y que preveía una monarquía incásica con capital en Cusco, Perú, fue prolijamente ridiculizado por Mitre, y de allí quedó grabado en el sistema escolar de siempre como quien señala el desliz en una propuesta, lo que se le disculpa a una persona, en definitiva, respetable.

Mitre escribió la historia de San Martín, colocándolo como un genio militar pero obviando su participación política.
Mitre escribió la historia de San Martín, colocándolo como un genio militar pero obviando su participación política.

Respecto de San Martín, Mitre encuentra un mayor obstáculo que intenta sortear del mejor modo posible: habrá de presentarlo a las sucesivas generaciones como un indudable genio y estratega militar (cosa que claramente fue), pero despojado, curiosamente, de ideas políticas. Una media verdad, es decir un modo de mentir, que omite ingresar en terrenos incómodos como las lapidarias opiniones del Libertador respecto de su enemigo político, Bernardino Rivadavia (fue don Bartolomé quien colocó a éste en ese imaginario panteón de próceres al catalogarlo como “primer hombre civil de los argentinos”) o sus cartas elogiosas hacia Juan Manuel de Rosas y el haberle legado testamentariamente su sable de la lucha por la independencia.

Las obras de Mitre se consagran como la versión canónica de nuestra historia, de modo cuasi dogmático, sin posibilidad de crítica o de matización alguna. Es una historia “oficial” que pretende condenar a los disidentes a la marginalidad del pensamiento, ello a pesar de que tiene por toda alcurnia documental el contenido fantasioso, y venal, de las Tablas de Sangre de un Rivera Indarte. Como bien señala Scenna, a partir de allí “se consagró la versión liberal de nuestro pasado: la leyenda negra de la colonia, largo período perdido en el oscurantismo, la irrupción de un Mayo celestial inspirado en Francia, en los Estados Unidos, y para nada en lo que estaba ocurriendo aquí, cuyo norte era el librecambio; luego una Guerra de la Independencia con granaderos de oro y azul, limpios como soldaditos de plomo, sin trasfondos políticos, sociales o económicos a la vista. Sigue la irrupción de siniestros y barbudos montoneros cuyas bajas pasiones los mueven a pelear, de puro malos, contra el talentoso Rivadavia. Y por fin la roja negrura de la tiranía de Rosas…. Había dejado de ser historia para convertirse en dogma” (Miguel Ángel Scenna, Los que escribieron nuestra historia).

Bartolomé Mitre
Adolfo Saldías, el discípulo de Mitre que se animó a discutir su visión de la historia argentina (Picasa/)

Paradojas de la historia, acaso podría decirse que será el propio Mitre el primer revisionista. ¿Cómo? Consultado por un joven discípulo suyo, Adolfo Saldías, que deseaba escribir nuestro derrotero precisamente donde el maestro lo había dejado, y meterse de lleno con el período del Gobierno de Rosas, recibió el sabio consejo de hacer historia en base a documentos. Fue lo que laboriosamente hizo Saldías en sus tomos de Historia de Rosas, que luego cambiará por Historia de la Confederación Argentina. Emocionado por lo que descubrió en el archivo personal del Restaurador de las Leyes que le fuera facilitado por su hija Manuelita, le dedicó a Mitre uno de los tomos y se permitió expresarle la enorme injusticia histórica que se había cometido con aquél hombre y su gobierno al que se había rotulado escolarmente con el título de “la tiranía”, dedicándole, a lo sumo, un par de páginas, a un período de veinte años.

Mitre, impedido de refutarlo “documentadamente”, optó por apercibir públicamente a su díscolo alumno en carta abierta desde las columnas de La Nación, que toda Buenos Aires leyó atónita. Tras el reto del maestro, el otrora joven prometedor se eclipsó súbitamente por el sólo hecho de haber intentado rehabilitar a Rosas en algunos aspectos de su largo gobierno.

Pero si las críticas a Mitre son más o menos asociables con la corriente revisionista, acaso sea menos conocido su primero y más agudo contendiente, Juan Bautista Alberdi, es decir, uno de los padres espirituales del liberalismo criollo.

Bartolomé Mitre
Bartolomé Mitre y Francisco Solano Lopez en la entrevista en Yataity Corá a poco de comenzar la Guerra del Paraguay.

El intelectual tucumano residía en Europa cuando en 1865, siendo Mitre presidente de la República, se inicia la Guerra de la Triple Alianza, en la que la Argentina aliada con el Brasil y Uruguay, tras cinco largos años, derrotarán a las fuerzas del Paraguay, cuya población quedó prácticamente diezmada. La participación Argentina en esa guerra nunca gozó de popularidad entre nosotros en vastos sectores sociales, razón que explica que tuviera que recurrirse a la leva forzada del gauchaje que no quería saber nada con ir a matar paraguayos, cuando nuestro histórico enemigo había sido Brasil. Alberdi se suma a las críticas a Mitre y a su política exterior.

Luego de expresar su opinión en el sentido de ver a la Argentina utilizada como instrumento al servicio del Imperio esclavócrata del Brasil, Alberdi destaca que “Acabamos de leer en un mensaje que el Ejército [que lucha] en el Paraguay es siempre el ejército de San Martín y Alvear. No lo dudamos un momento, ¿pero es siempre la misma idea la que combate? Es siempre el ejército de San Martín, pero el ejército sin San Martín, es siempre el ejército de Alvear, pero sin Alvear; lo que vale decir sin Chacabuco, sin Maipo, sin Ituzaingó. ¿Y por qué razón? Porque falta la idea que glorificaba esas victorias; porque Chacabuco y Maipo fueron batallas dadas para destruir el poder de los Borbones en América, y las que hoy se dan en el Paraguay tienen por resultado restaurarlos en el Plata; porque Ituzaingó fue dado para echar a los Braganza del Plata, y las batallas que hoy dan los argentinos en el Paraguay sirven para entregar el Plata a los Braganza.” (Juan Bautista Alberdi, El imperio del Brasil ante la democracia de América).

bartolome mitre y juan bautista alberdi portada
Mitre recibió críticas de Juan Bautista Alberdi por el rol de Argentina en la guerra contra el Paraguay. Según el inspirador de nuestra Constitución, el país actuó al servicio de ese imperio

Alberdi era claro en sus críticas a la misión conferida por Mitre al antes glorioso Ejército Argentino, que con San Martín cruzó fronteras para liberar pueblos enteros, no para someterlos. En palabras de Arturo Jauretche se inaugura el período de un ejército meramente punitivo de pueblos “[ya que] se confunde la misión de las fuerzas armadas con la misión policial y las privan del sentido heroico que constituye el espíritu de una organización para la defensa nacional y, asimismo, de la comprensión, de la necesaria solidaridad entre el pueblo y las armas.” (Arturo Jauretche, Ejército y Política).

Para finalizar, debemos señalar que era en las arengas improvisadas frente a la multitud el instante en el que Mitre se sinceraba y ponía en palabras sus ideas más profundas. Como cuando al despedir a las tropas porteñas que partían a “civilizar” guaraníes aún al costo de prácticamente desaparecerlos expresa que “Cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña a recibir la merecida ovación que el pueblo les consagre, podrá el comercio ver inscriptas en sus banderas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio ha proclamado para mayor felicidad de los hombres.”

Como bien se preguntaba Jauretche, “¿A quién está dirigida esa arenga? ¿A los guerreros que regresan, a los que quedaron en los esteros paraguayos, o a los comerciantes de la City?”.

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Fuente: InfoBae

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