Trigo: aspectos clave a tener en cuenta pensando en una siembra exitosa

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Se necesita tener en el suelo entre 12 y 15 ppm de fósforo extractable para asegurar los rendimientos objetivo mencionados.

Hace 30 años, en la Argentina los rendimientos medios de trigo solo superaban los 2000 kg/ha bajo condiciones especiales (climáticas o alto nivel de manejo). Sin embargo hoy las cosas cambiaron y se apunta a rindes de 3000-3500 kg/ha, lo que lógicamente plantea otros requerimientos.

Es por ello que desde el INTA Bordenave comparten un análisis técnico (suelos y cultivos), que obviamente se debe complementar con un análisis económico en base a los números puntuales de cada caso. Así y todo, conviene recordar que lograr altos rendimientos es costoso. Y que a veces, se puede ganar lo mismo con menos rindes y riesgos. Pero ese es otro tema.

Por lo pronto, el ingeniero agrónomo Hugo Krüger, especialista del INTA Bordenave, propuso un breve recorrido por cada uno de estos componentes, que como se dijo resultan claves a la hora de hablar de rendimiento y calidad en el cultivo de trigo.

El agua al inicio

Considerando valores medios (10 kg/mm), para rindes de 3000-3500 kg/ha se necesitan unos 300-350 mm de agua. En este sentido “nos interesan la capacidad de retención de agua del suelo, su contenido actual y la posibilidad de aportes por lluvia durante el ciclo”, expuso el especialista.

La capacidad de almacenamiento depende principalmente de la textura (proporción de arena, limo y arcilla del suelo) y de la profundidad o espesor del suelo. Este último está dado principalmente por la presencia de tosca.

En el sudoeste bonaerense, la capacidad de almacenamiento varía desde unos 60 mm (tosca a 40-50 cm) a 160 mm (tosca a 1 m con textura franca a franca-arcillosa). Un punto importante es saber ¿sobre qué suelo estamos parados?

“El contenido de agua actual depende de las lluvias en los meses previos y del manejo del suelo (barbecho y cultivo antecesor). La pregunta entonces es: ¿Qué porcentaje de esa capacidad tenemos actualmente?”, se preguntó Krüger.

En la zona de Bordenave-Darregueira, la precipitación fue bastante menor a la media histórica en enero, febrero y marzo (ver Figura). Recién en abril llovió más que la media y en mayo más o menos el valor de la media. Con las últimas lluvias la capa superficial del suelo está casi saturada, pero ¿qué pasa por debajo? Se estima que el perfil total del suelo tiene actualmente un 60-70% de la CRA.

Incorporación del nitrógeno

La eficiencia agronómica de uso del nitrógeno es variable, principalmente en función del clima. Datos de experimentos realizados en los últimos años nos dicen que con 120-140 N se obtuvieron rindes de 3000-3500 kg de trigo/ha.

“Parte de ese nitrógeno es aportado por el suelo, a partir de la descomposición de la materia orgánica cuando se dan condiciones de temperatura y humedad adecuadas”, sostiene el investigador.

“Por eso es importante tener una idea de cuánto nitrógeno hay en el suelo, para definir la cantidad restante a aplicar por fertilización.  Para eso se hace el análisis de los nitratos en la capa 0-60 cm antes de la siembra o del macollaje.

-¿Cuándo y cómo aplicar el fertilizante nitrogenado? 

-Un esquema que funciona bien en la región es el siguiente: Un poco a la siembra como arrancador. No se deberían superar los 20 kgN/ha en contacto con la semilla por toxicidad, especialmente en ambientes secos. La mayor parte al macollaje. En este caso ya no afecta a la planta. Además se tiene el cultivo implantado y con una mejor idea del potencial de rinde. Pero también Algo en floración para mejorar el contenido de proteína.

Fertilización en números

La información experimental indica que con 140 al macollaje o con 120 al macollaje + 20 en antesis, se logró el estándar de proteína (11%) en la mayor parte de los casos. Las excepciones estuvieron dadas por condiciones ambientales muy favorables (rendimientos muy elevados, especialmente en cultivos de grupos de calidad 2 o mayores que diluyeron la proteína), o muy desfavorables (la sequía en 2019 bajó los rendimientos y concentró la proteína).

Hugo Krüger, especialista de manejo de conservación de suelo en INTA Bordenave.

En cuanto a fósforo, se necesita tener en el suelo entre 12 y 15 ppm de fósforo extractable para asegurar los rendimientos objetivo mencionados. El fósforo es importante para cuestiones energéticas de la planta, pero además interacciona con el nitrógeno. Cuando falta fósforo, la respuesta del trigo a la aplicación de nitrógeno suele ser menor.

“Es muy poco móvil en el suelo por lo que se agrega a la siembra, por debajo de la semilla. Unos 40-50 kg de fosfato diamónico a la siembra aseguran la provisión necesaria y nos dan algo de nitrógeno para que el cultivo cumpla sus etapas iniciales, especialmente si el contenido de nitrógeno del suelo es bajo”, indicó.

En suelos calcáreos poco profundos, no conviene agregarlo en superficie al voleo ni incorporarlo con rastra porque el calcáreo lo fija. Por otra parte, dosis excesivas no convienen porque niveles muy altos de P pueden provocar su precipitación como parte de minerales del suelo y no estarán disponibles para la planta.

El ABC Rural

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