De la visita de Pedro Sánchez al monotributo: el Gobierno paga costos crecientes por improvisación y errores increíbles

Alberto Fernández - Pedro Sánchez - Conferencia
Alberto Fernández con Pedro Sánchez. La visita del presidente de Gobierno español fue un verdadero gesto político (Gustavo Gavotti/)

El presidente de Gobierno español, Pedro Sánchez, hizo un real gesto hacia la Argentina: acomodó una muy breve escala en Buenos Aires para promover negocios bilaterales y, también, para reiterar su atención al pedido de comprensión política a escala internacional que hace Alberto Fernández para negociar la deuda. Una visita de unas ocho horas antes de viajar a Costa Rica para asistir a una cumbre de mandatarios de Centroamérica.

Ante el visitante, el presidente argentino hizo un comentario, irritante, para destacar lazos con Europa y sin reparar en el desprecio a Brasil y México, que naturalmente provocó malestar y sorpresa regional. El posterior pedido de disculpas mostró otro nivel de improvisación o falta de sustento de sus redactores.

La frase en cuestión relegó mediáticamente el sentido de la visita de Pedro Sánchez. Y ni hablar del impacto en las redes sociales. Pero el tema seguramente no fue un dato menor para los visitantes ni para la imagen presidencial en un momento sumamente sensible en materia internacional. Con un agregado interno menos comentado pero grave: los problemas que se adjudican al “estilo presidencial” y el interrogante sobre el nivel de preparación de distintas áreas de gestión.

Massa - Fernandez - Guzmán
El Presidente con Sergio Massa y Martín Guzmán. Marcha atrás con el monotributo

Primero, el dicho del Presidente: “Los mexicanos salieron de los indios, los brasileños salieron de la selva pero nosotros los argentinos salimos de los barcos. Eran barcos que venían de Europa”. Atribuyó la autoría a Octavio Paz, aunque la versión irónica que se le adjudica al escritor no incluye a Brasil y remite a los orígenes y el peso de las civilizaciones azteca e inca en México y en Perú, en contraste con el complejo proceso migratorio de la Argentina. La letra presidencial recrea a Litto Nebbia, con el agregado que la empeora al destacar que los barcos llegaban desde Europa.

Después, la aclaración y pedido implícito de disculpa. El Presidente destacó la diversidad de la sociedad argentina y sostuvo para salvar su posición que “en la primera mitad del Siglo XX recibimos a más de 5 millones de inmigrantes que convivieron con nuestros pueblos originarios”. El redactor de semejante mensaje parece desconocer lo ocurrido en las décadas iniciales del siglo pasado, con diferentes corrientes de inmigraciones y con un proceso de migraciones internas en paralelo. Nada asimilable al supuesto que contiene el mensaje presidencial.

La exposición ante el presidente de Gobierno español sonó reaccionaria, discriminatoria y ahistórica. El texto posterior difundido por Twitter buscó ajustarse a términos de corrección política, pero quedó expuesto otra vez por la falta de rigor histórico. Y ese es un elemento central porque, si se permite más allá del contenido, expresa una falla grave en el mecanismo de elaboración.

Desde antes de que asumiera, quienes conocen a Alberto Fernández destacan -y no tanto como virtud- su inclinación por las declaraciones. El Presidente se considera, dicen, vocero de sí mismo. Eso sería incontenible, aunque merecería discusión puertas adentro al menos para amortiguar ese reflejo frente a cuestiones sensibles, como el discurso ante un líder visitante.

Pero más preocupante es que los mecanismos para enfrentar “situaciones de crisis”, como el giro público que terminó tomando el encuentro con Pedro Sánchez, no funcionen o no estén en condiciones de hacerlo. Eso es más grave, porque sería permanente.

Desde antes de que asumiera, quienes conocen a Alberto Fernández destacan -y no tanto como virtud- su inclinación por las declaraciones (EFE)
Desde antes de que asumiera, quienes conocen a Alberto Fernández destacan -y no tanto como virtud- su inclinación por las declaraciones (EFE) (EFEI0342/)

Ayer mismo, el Presidente se reunió con Martín Guzmán y con Sergio Massa para buscar un camino rápido que permita desarmar el conflicto armado con el régimen de monotributo. En otra palabras, analizaron una salida legal para dar marcha atrás con el ajuste retroactivo de las cuotas mensuales de ese sistema.

El Gobierno percibió recién después de algunos días que la medida de la AFIP -con la generación de deudas para muchos contribuyentes- provocaba fuerte malestar y resultaba políticamente inexplicable. Otra vez, el mecanismo: la modificación de cuotas y límites de facturación se produce todos los inicios de año, la norma llegó tarde y transitó con paso lento en el Congreso, el Gobierno demoró se reglamentación y la AFIP anunció los retroactivos y deudas hace unos pocos días. Pasó medio año.

¿No era imaginable este final? Errores lamentables, improvisación o falta de reacción, según el caso, terminan generando costos crecientes. Son señales que no se limitan a un episodio: cada vez es más notoria la matriz.

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Fuente: InfoBae

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