Eduardo Domínguez, un entrenador de perfil bajo que logró el milagro

A Eduardo Domínguez se lo podría definir como el entrenador con más bajo perfil del fútbol argentino. También se lo podría presentar como el yerno de Carlos Bianchi. O se lo podría catalogar como un atípico técnico que no mira ni escucha programas de fútbol. Eduardo Domínguez es todo eso. Y es también la cabeza del grupo que sacó campeón a Colón por primera vez en su historia.

Llegó al olimpo santafesino seis años después de haber arrancado como entrenador en Huracán. En aquel 2015 ocurrió algo poco usual: con 36 años, Domínguez decidió colgar los botines y seguir como técnico en el mismo equipo. Pasó a dirigir a los jugadores que una semana antes habían sido sus compañeros. En ese momento escuchó uno de los consejos de su suegro: “Creé en vos, uno puede aprender de otras personas pero las creencias de uno son muy fuertes”, le sugirió Bianchi.

Eduardo Domínguez celebró su primer título como entrenador justo el mismo día que cumplió 100 partidos como técnico de Colón. La cifra no es azarosa: hacía 40 años que un técnico no llegaba a esa marca en el club santafesino

Se fue de Parque Patricios como tantos otros: diferencias con el presidente Alejandro Nadur. Ahí llegó a Colón. Ese primer ciclo duró dos años. La siguiente aventura fue en Nacional de Montevideo. No funcionó: ocho partidos después estaba afuera. Eso fue a principios de 2019. Hasta que llegó el segundo tiempo en el club santafesino, al que no sólo sacó campeón si no que generó elogios como el equipo con mejor rendimiento de la Copa de la Liga.

Domínguez detesta muchos de los males de este fútbol. Es crítico desde adentro. Dice que le molesta la hipocresía de los entrenadores que tienen un discurso y sus equipos muestran otra cosa. O los dirigentes que contratan técnicos a repetición con distintos estilos. Tampoco le gustan que le hagan notas y jura que no está pendiente de lo que digan sobre él en los medios. Algo más: no usa wasap, prefiere hablar por teléfono o, aún mejor, cara a cara.

En sus años como futbolista estaba a la sombra de Federico. Eduardo era “el hermano de”. A veces, en diminutivo: Eduardito. Le costó mucho asumir su propia personalidad dentro del campo de juego. Cuando arrancó como DT ya no tenía el fantasma de su hermano, pero se refugió en sus referentes: Marcelo Bielsa, Angel Cappa, el Maestro Tabárez y el Patón Bauza.

En la noche del viernes, en el vestuario del estadio Bicentenario de San Juan, Eduardo celebró su primer título como entrenador justo el mismo día que cumplió 100 partidos como técnico de Colón. La cifra no es azarosa: hacía 40 años que un técnico no llegaba a esa marca en el club santafesino. Ahí también se explica el logro de este plantel. Respeto por el trabajo de un entrenador que hizo jugar al mejor equipo del torneo.

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Fuente: Perfil.com

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