Es jefe de terapia intensiva del Hospital Austral, fue internado por COVID con toda su familia, se recuperó y volvió al frente de batalla

Pablo Pratesi es una especie de celebridad secreta en Pilar. Todos lo conocen, pero no sale en la tele, no escribe en los diarios ni maneja redes sociales. Su nombre es, sin embargo, algo un poco sagrado para la comunidad de la que es parte.

Desde hace años Pablo es el Jefe de Terapia Intensiva del Hospital Austral de PiIar, una de las trincheras más importantes del tercer cordón de la Provincia de Buenos Aires. Desde que comenzó la pandemia, ya llevan tratados en la UTI del Austral más de 300 pacientes COVID (230 en la UTI y otros 70 en un hospital solidario gratuito que montaron el año pasado). La tasa de mortalidad de su unidad, dice con orgullo, es del 18% (muy distinta al promedio del país, que ronda el 50%).

La historia de Pablo Pratesi refleja, además, aquello que más se repitió desde que empezó la pandemia: los médicos están en la primera línea de batalla. Pocos como él pueden dar cuenta de esto con su propio cuerpo: en septiembre del año pasado Pablo se contagió mientras trabajaba en la UTI del Austral y en el Hospital solidario. Pocos días después, se contagiaron todos en su casa. Los primeros en caer internados fueron sus padres. Su madre murió a causa del COVID, y su padre respondió bien al tratamiento y se recuperó. Luego, él mismo cayó internado en Terapia Intensiva. No fue solo: también su hijo Francisco, de 22 años, quedó internado con él y tuvo que ser intubado. Pablo estuvo 12 días, Francisco 16. Mientras tanto, y sin que Pablo lo supiera, internaron a su mujer y a una de sus hijas en terapia intermedia. Sus otros dos hijos quedaron en su casa, también contagiados y aislados, pero con síntomas leves.

Finalmente todos se recuperaron, y Pablo sin demora volvió a la trinchera, esa misma en la que él peleó por su vida y en la que vio a su hijo pelear por su vida, como lo retrata esta foto que sacó una médica que fue, además, alumna del mismo Pablo Pratesi. Su publicación en esta nota es con el estricto permiso de Francisco, que considera que tal vez sirva para hacer tomar conciencia a muchos jóvenes de que el COVID no es solo peligroso para algunos.

Pablo Pratesi y su hijo
Pablo Pratesi en la silla junto a Francisco Pratesi, su hijo de 22 años que estuvo internado al mismo tiempo que él en la Terapia Intensiva del Austral.

Antes de comenzar la entrevista, Pablo dice una y otra vez que su historia puede servir para que algunos presten atención, pero que no le interesa que sea el centro de la nota, que es más importante hablar de la situación, del sistema de salud, de la necesidad de formar terapistas. Cuando habla, no se ocupa de sonar político, diríase más bien que lo suyo es la incorrección política, o más bien, la honestidad. Así que hablamos sin muchas vueltas, porque tiene que volver a terapia, porque tiene que volver a su familia, y porque al final del día la segunda ola lo vuelve todo más urgente que el día anterior.

-¿Cómo está la situación en la terapia intensiva (UTI) del Hospital Austral hoy?

-En este momento estamos con 28 pacientes en terapia intensiva con diagnóstico de COVID. De los 28, 27 están con respirador.

-¿Cambió la organización de terapia desde la llegada de la pandemia?

-Sí. Teníamos históricamente 15 camas de terapia intensiva más un área de cardiología crítica, y un área de recuperación de anestesia en quirófano (para pacientes que salen de la anestesia y que requieren observación. Lo que hicimos fue mantener las 15 camas de terapia intensiva, armar en el arma cardiológica también un área para pacientes con COVID, y tomamos el área de recuperación de anestesia e hicimos 8 camas más de terapia intensiva para pacientes ventilados con COVID. Ahí formamos 28 camas.

-¿Hoy están en condiciones de recibir más pacientes COVID graves? ¿Cómo está la ocupación de camas?

-Tenemos siempre alguna cama flotante, tenemos una terapia intermedia en el cuarto piso con gente de clínica médica que es muy solvente para manejar pacientes de complejidad, con lo cual podemos siempre flotar un poco. Y tenemos un servicio de emergencias también muy ejecutivo y muy sólido que, si hay que tener pacientes en respirador, los podemos tener, de hecho hay un paciente que está hace dos días con respirador en el sector de emergencias.

Matias Arbotto
«Estamos con 28 pacientes en terapia intensiva con diagnóstico de COVID. De los 28, 27 están con respirador», dice Pratesi, al frente de la UTI del Hospital Austral.

-Hace poco el Presidente de la Nación dijo que estamos en el peor momento desde el inicio de la pandemia. ¿Compartís ese diagnóstico?

-Estamos peor en comparación con el año pasado respecto a la cantidad de casos. No estamos peor desde el punto de vista de la organización por dos motivos: primero porque estamos más entrenados, y segundo porque el año pasado nos contagiamos muchos y tuvimos muchos limitantes operativos. Hoy no nos pasa: estamos no contagiados mayoritariamente, y vacunados mayoritariamente. Por lo cual tenés más capacidad de respuesta. Pero también hubo más de 700 muertos en la Argentina en el sistema de salud, lo cual hace que no tengas esa gente para responder, al margen de todo el dolor y la angustia que genera esa falta en sus compañeros de trabajo.

-¿Cómo es la mortalidad en la UTI del Austral?

-Hoy se habla mucho de la mortalidad en terapia intensiva. Salen números que da el Ministerio de Salud, que hablan de entre 50% y 60% de mortalidad en promedio en las UTI del país. Nuestra mortalidad cruda en terapia intensiva es del 18%, y si el paciente está en respirador es del 25%. Es alta desde el punto de vista de lo que a uno le gustaría, pero es mucho menos de lo que se da en el común denominador de las instituciones. Y esto no es una cuestión de soberbia. Lo digo con la tranquilidad de espíritu de que dejamos todo todos los días, y que tenemos un mensaje que está bueno transmitir: hay que estar siempre encima del paciente y de su famlia porqie al fin y al cabo siempre es una vida que tenemos que pelear para sacar adelante.

-¿Cómo explicás esa brecha entre 18% de mortandad en la intensiva del Hospital Austral y el 50 o 60% del que hablan las autoridades? Es una diferencia demasiado grande.

-Si el promedio que se da es del 50 o 60%, es que hay lugares que están entre el 18, 20, 25%, y lugares que están en el 90%. Eso sabemos que pasa. Esto está demostrado hace más de 20 años, salió publicado en un trabajo que hizo el instituto de la salud de Estados Unidos, que hizo un relevamiento de las diferencias entre Terapias Intensivas manejadas por intensivistas y terapias intensivas no manejadas por intensivistas. Esa mortalidad fue sustancialmente menor cuando estaban manejadas por intensivistas y tenían recursos humanos en calidad y cantidad adecuados. El análisis que hizo el instituto en su momento fue que en Estados Unidos se podían salvar 300 mil vidas por año. Sin tener una pandemia y en condiciones habituales. Entonces, cuando sabés que el personal de salud de terapia intensiva es un recurso humano extraordinariamente limitado, entendés que los lugares donde no tienen intensivistas tengan mayor mortalidad. Y eso no es un tema de política partidaria sino que corresponde al sistema de salud. Son décadas en las cuales no se ha puesto foco en eso y creo que la pandemia desnudó el problema. Y nos da la oportunidad única de mirarlo y de cambiarlo.

Matias Arbotto
Desde el comienzo de la pandemia a hoy, en la UTI del Austral (sumado al hospital solidario que armaron el año pasado), atendieron cerca de 300 pacientes graves de COVID.

-¿Cómo fue el caso del Hospital Solidario que armaron el año pasado?

-Fue un ejemplo de cómo un hospital privado puede avocarse a hacer atención de pacientes que no tienen cobertura. Lo que hicimos fue emblemático y creo que mucha gente lo vio en distintos lugares del mundo. El Hospital Austral desarrolló, en un centro de kinesiología que tenemos en el campus de la universidad, un lugar para asistir pacientes sin cobertura que eran dirigidos desde el municipio de Pilar. En concordancia con ellos se planteaba para atención de pacientes graves: o para respirador o que requirieran oxígeno en terapia. Terapia intensiva o terapia intermedia. Asistimos en total 197 pacientes entre julio y diciembre del año pasado, a costo cero de los pacientes y a costo cero del municipio o del sistema público. Fue todo gracias a donaciones de particulares que vieron en esto la vocación de solidaridad y también de empresas que nos acompañeron. La realidad es que hoy hacerlo de nuevo en este contexto no podemos porque el recurso humano destinado a pacientes críticos lo tenemos avocado al hospital porque duplicamos la cantidad de camas de terapia intensiva. Pero el proyecto es hacer un hospital solidario nuevamente, ya para pacientes en etapa de cuidados integrales.

-Además de estar hace más de 20 años en el Hospital y en la Terapia Intensiva, fuiste también, durante la pandemia, paciente. Y gran parte de tu familia fueron pacientes de la terapia. ¿Cómo fue esa experiencia?

-Te diría que es una experiencia desde el punto de vista personal, traumática. Y también muy reconfortante. Traumática porque primero estuvo mamá internada y falleció. También estuvo mi padre pero anduvo bien. Y después me tocó estar a mí internado, a mi hijo, los dos en tarapia intensiva. Y a mi mujer y a mi hija en el piso de clínica médica.

-¿Cómo fue la cronología?

-Los primeros días de septiembre del 2020 nos contagiamos. Yo me contagié y se contagió toda mi casa. Nos contagiamos los seis (NdR: él, su esposa y sus cuatro hijos). Lo que pasa es que uno de mis hijos (Francisco, de 22 años) y yo terminamos en terapia intensiva. Yo estuve 12 días en terapia y mi hijo estuvo 16 días, de los cuales 9 con respirador. Pero lo que rescato es lo que fue la familia del hospital, que no solamente te trata técnicamente, sino que te contiene y te saca adelante. En el peor momento de tu vida están para tenerte, darte la mano, y que sigas viviendo y que sigas bien. Y la solidaridad de la gente, desde las cadenas de oración, los llamados, los rezos… Preocuparse porque los hijos que quedaron en la casa tuvieran desde comida hasta contención… Digamos, la gente se abrió de una manera que te demuestra qué es lo que saca al país adelante. Nuestro país nunca va salir con un poítico de turno, no confío en ninguno, no creo en ninguno, no importa la ideología, porque van todos por su partido. Y el partido es la Argentina, y es un país extremadamente solidario.

-A vos te atendió el personal médico del cual sos jefe.

-Sí. Médicos, enfermeros, los de kinesiología… Te bañaban los enfermeros, las enfermeras, te ayudaba el kinesiólogo a respirar. Te mantienen vivo. Te dan la mano, no te dejan ir. Y la chica que venía a limpiar a las 6 de la mañana te miraba y si estabas despierto te daba una palabra de aliento y buscaba de alguna manera hacerte más llevadero el día. Y esto era desde la madrugada hasta la noche, porque pasan y están y te acompañan y te hacen sentir que es tu casa. Y es tu casa.

Matias Arbotto
Pablo Pratesi, Jefe de Terapia Intensiva del Hospital Austral, institución en la que está desde el año 2000. Foto: Matías Arbotto. (Matias Arbotto/)

-¿Te cambió en algo la atención de los pacientes COVID antes y después de haber sido uno de ellos?

-Te diría que sí, no en lo técnico. Lo técnico se da con el aprendizaje de ver pacientes COVID. Hay cosas que sí igualmente. Le creo mucho más al alto flujo, que es un sistema de oxígeno que antes no lo usábamos tanto y yo lo usé y percibí el beneficio que te da. Pero por otro lado cuando lo viviste… ¿Viste cuando le decís a un paciente o a su familia “yo te entiendo”? Pero vos no estuviste en ese lugar. Quizás el paciente o la familia no te cree que vos le decís que lo entendés. Pero ahora sí lo entendés. Y decís mirá yo te entiendo. Y entiendo lo que es que sea tu hijo el que está ahí, porque yo tuve al mío. O entiendo lo que te pasa porque yo lo viví. Y cuando alguien pierde a un familiar le digo yo te entiendo porque yo también lo perdí. Y eso te ayuda a ser más empático. Y no es ideal que lo pasemos de esa manera pero aprendamos de eso para poder hacerlo. Qué bueno sería que todos aprendamos de esas cosas aunque no las vivamos para que todos podamos ser un poquito más empáticos.

-Hay una foto que me mostraste que estás con tu hijo mientras estaba intubado. ¿Cómo fue tenerlo ahí? ¿Verlo luchar por su vida?

-Es un momento duro y que en su momento fue una pesadilla que no tenía fin, no terminaba, y que generaba una angustia no manejable. Y que tuve la posibilidad y la suerte de tener mucha gente que me ayudaba, desde el equipo de psicopatología, todo el equipo de terapia intensiva, capellanía, muchísima gente, que es lo que hacen con todos los pacientes, no solo conmigo.

-¿Qué aprendiste de esa pesadilla?

-Ese tormento… era como un velo que me tapaba y que no me dejaba pensar y no me dejaba dormir. Es difícil expresarlo en palabras porque es un sentimiento. Pero también, cuando pasó, el velo se fue. Es como tener un cielo totalmente tapado y que de pronto se despeje. ¿Se entiende? Y el mensaje para la gente que tiene un familiar internado que está grave, es que sepan que el cielo está tapado y hay una tormenta terrible, pero que después sale el sol, y hay que esperar a que salga el sol. Y hay que confiar en la gente que está cuidándote y hay que entender que la gente está dejando todo, incluso sabiendo que se puede contagiar.

Fotos y video: Matías Arbotto

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Fuente: InfoBae

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