Carnes: la escasez de oferta es una realidad que no se revierte con cepo

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Sin comprender en absoluto el mercado de ganadero, el Gobierno nacional bajó las compuertas para las carnes, asumiendo que esa simple maniobra elevaría el nivel de oferta para el mercado local, cual agua en una represa.

Como si fuera poco, el Gobierno asume que el aumento de los precios de la carne en góndola responde exclusivamente a una cuestión de escasez de oferta. Pero lo hace sin poner atención en los excesivos costos que carga el producto en cada uno de los eslabones de la cadena. Ese famoso “costo argentino” al cual no solo las carnes están expuestas.

Basta con observar los aumentos que registran los principales rubros que componen el Índice de Precios al Consumidor medido por el Indec, para comprobar que la inflación de precios, no es una cuestión sectorial sino un mal que afecta,sin discriminación alguna, a todos los rubros económicos.

Según el último informe del Rosgan, volviendo a la cuestión de la oferta, quienes conocen del mercado de ganados y carnes comprenden claramente que el flujo de oferta no se eleva con un cepo. La primera falacia consiste en pretender aumentar la oferta de novillitos y vaquillonas bajando la compuerta de las vacas.

Como ya han mencionado en el Mercado Ganadero de Rosario, la gran mayoría de la hacienda que hasta entonces exportábamos no es mercadería que estemos restando de la mesa del consumidor argentino, básicamente es otro tipo de producto el que consumimos.

Una menor oferta

La oferta ganadera este año sin dudas es menor. La cantidad de terneros y terneras destetadas durante 2021, con seguridad no es la misma que en 2020 cuando se alcanzó una zafra récord de casi 15 millones de cabezas.

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En los últimos 12 años, nuestro país perdió unos 2,5 millones de cabezas de novillos de su stock.

Este año la disponibilidad es menor porque se parte de un menor número de hembras en
servicio que, a su vez, sufrieron muy malas condiciones climáticas tanto durante las pariciones como en los primeros meses de lactancia. Esto es algo que en ciertas zonas no solo restringió los kilos obtenidos, sino que, incluso, elevó significante los niveles de mortandad pre destete.

En definitiva, de confirmase este faltante de terneros, tampoco es algo que pueda revertirse en lo inmediato, imponiendo un cepo de 30 días a la exportación.

Injerencias sobre el stock

Por su parte, hay que hacer mención al efecto que inevitablemente generarán estos cepos
sobre la productividad del stock. En un escenario políticamente incierto, el aumento genuino y sostenible de la producción de carne que necesita generar Argentina se vislumbra como una meta cada vez más difícil de alcanzar.

Bajo esas condiciones, en los últimos 12 años, nuestro país perdió unos 2,5 millones de cabezas de novillos de su stock. Basta con hacer una simple cuenta para arribar a
la pérdida que esto significó en términos de producción.

Efectivamente, un cepo a la exportación puede cambiar el nivel de oferta, solo que no en la dirección que se intenta comunicar.

El ABC Rural



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