Nora Portela, la top model de los 70 que dejó lujos y pasarelas, rescata animales y convive con 40 perros: “Estoy donde necesitan”

Nora Portela solidaria
Nora Portela abraza a Jack, el que fue el último perro de Gustavo Cerati, que adoptó, y que la acompaña en sus tareas solidarias. (@noraportela)

Desde niña se dejó guiar por la empatía. Rescataba de la calle perros lastimados y los llevaba a su casa. Hacerlo era su actividad favorita aún a jugar con sus amigas. Ya por esos años, si veía a una persona con necesidades también buscaba la manera de ayudarla. Nora Portela asegura que “toda mi vida fui así” y que —pese a haber triunfado como modelo de alta costura y haber formado parte del grupo de mannequins más aclamadas— siempre supo que su camino no estaba en las pasarelas ni en las tapas de revistas. Su amor por los más necesitados fue más fuerte que cualquier otra cosa y oyendo a su corazón un día decidió dejar todo aquello que para otras personas representaba “una vida ideal”.

Actualmente, vive con los 40 perros que rescató de la dureza de la calle (”discapacitados, viejos, ciegos, sordos… los que nadie quiere”, dice) y también adoptó a Jack, el border collie que compartió los últimos años de Gustavo Ceratti (su hija Chloé Bello, fue la ultima novia). En homenaje a su familia de cuatro patas fundó Aliento de Vida Animal, ONG amadrinada por la multipremiada actriz Graciela Borges. También asiste a distintas fundaciones sociales que ayudan a adultos mayores, personas con carencias económicas y niños con enfermedades o discapacidades. Está donde no hay flashes sino necesidades. “Me importan los animales, me importan las personas”, resume y dice que sus colaboraciones dependen, en gran parte, de donaciones y el resto sale de su bolsillo.

En un diálogo intimo con Infobae, Portela contó los motivos por los que se levanta cada día, sus anhelos y se anima a pedir ayuda para seguir sirviendo donde haya alguien que la necesite.

Nora Portela modelaje
Algunas fotos de los años de Nora como modelo.

La mujer que cambió aplausos por ladridos y sonrisas de esperanzas

Apenas responde el llamado de Infobae, Nora Portela pregunta si se la escucha bien porque en el patio sus perros la reclaman y ladran a coro. La entrevista sucedió cerca de las 20:00 de un lunes, minutos después de que llegara a su casa de San Isidro. “Estuve todo el día buscando donaciones y llevando cosas de acá para allá”, cuenta con voz cansada aunque dispuesta a compartir varios minutos y contar que esa vida de servicio la hace feliz y que desea tener una chacra para vivir con muchos más animales. Deseo de siempre que sus hijas Chloé (33) y Thais (30) —frutos de su matrimonio con Marcelo Bello— reprobaban para no alejarse de la ciudad.

Nora Portela solidaria
«Generar toda esta movida , me pone muy feliz. Llevarles ropa, calzados juguetes alimentos a seres invisibles para muchos, es hacerlos visibles para todos», escribió Nora en su cuenta de Instagram donde comparte sus acciones. (@noraportela)

Nora recuerda que creció entre perros. Con los años comenzó a empatizar con los demás animales: rescató dos ovejas, un lagarto, un puercoespín, entre otras especies, y con clara coherencia “dejé de comer animales hace 40 años”, asegura, e intenta resumir sus días.

“Arranco a las 6 de la mañana y termino muy tarde. De noche no puedo dormir de corrido porque suelo levantarme para ver que los perros ciegos y los viejitos estén bien. Por la mañana, limpio todo y les doy de comer. ¡Imaginate lo que comen! Son 40 perros y comen más de 20 kilos de alimento balanceado por día”, dice sin ganas de sacar cuentas. Ella corre con esos gastos aunque a veces recibe contribuciones que le representan una bocanada de aire.

También se ocupa de llevar personalmente donaciones a las fundaciones que asiste y ve qué necesitan las familias que allí ayudan. Como si todo eso fuera poco, concientiza también sobre la importancia de donación de sangre.

Nora Portela solidaria
«Cuando respetas al prójimo das amor, le das seguridad, lo ayudás a integrarse y ese amor viene de vuelta. Hace un mundo más Justo», dice Nora Portela. Otras de las instituciones que ayuda es el Hogar San Marín de San Isidro donde viven adultos mayores y a las Misioneras de Calcuta. (@noraportela)

—Después de décadas realizando en silencio tantas tareas solidarias ¿por qué ahora decide contar todo lo que hace?

—Porque cada vez hay más gente necesitada de ayuda, hay más gente enferma y yo puntualmente estoy trabajando con familias que son muy carenciadas. Visito hogares con abuelos que están solos, fundaciones donde hay chicos ciegos, sordomudos, con síndrome de down y cada vez hay más necesidad en todos lados. Desde que se decretó la cuarentena de 2020, estos chiquitos que solían comer en los colegios ya no tienen esa posibilidad y les urge de todo. Por eso ahora lo cuento y porque siento que puedo visibilizar lo que siempre hice en silencio, que no es otra cosa que la vida que elegí. Recuerdo que cuando era chica levantaba perros heridos y que pasaba horas hablando con personas que estaban en la calle. Siempre me gustó hacerlo.

—En este contexto que todo lo agrava ¿pudo hacer algo por ellos?

—Lo que hice fue una lista de todas las personas a las que asistí y empecé a tocar el timbre casa por casa para saber quienes realmente estaban más necesitadas y qué es lo que les urgía. Así vi, por ejemplo, que había familias de 5 personas que compartían dos colchones. Entonces enlisté todo para que recibieran las donaciones. Eso por un lado, porque como yo también asisto animales se me ocurrió unir las dos causas: empecé a llevar conmigo a Jack, que me acompaña a visitar a los chicos enfermos, a los adultos mayores y las personas que están solas y muy tristes. Es increíble cómo su sola presencia o la de cualquiera de los perros cambia todo. Ellos logran siempre sacar sonrisas y ayudan a quienes están mal a aliviar su dolor.

Nora Portela solidaria
Entre las instituciones que Portela ayuda, @institucionfatima (que asiste a personas con sordera, ceguera y limitaciones visuales) es una.

—¿Nota alguna reacción “extra” cuando se enteran de que Jack era el consentido de Gustavo Cerati?

—Es increíble cómo reaccionan apenas lo ven y sin saber que vivió con mi hija Chloé y Gustavo. Jack es tan especial que apenas llega rompe todas las barreras. Además, siempre traté de hacerle entender a la gente que un animal es un ser vivo y como tal merece todo nuestro respeto porque, lamentablemente, muchos se niegan a respetarlos y los consideran un descarte. Por eso, trato de explicar que son seres sintientes, que cualquier animal lo es, que no hay animales malos sino que pueden ser agresivos porque un humano los hizo así y que no hay perros asesinos, como muchas veces titulan los medios. El único que asesina es el ser humano. En cambio, los animales nacen con una pureza increíble, dan todo de sí de manera asombrosa y despiertan sensaciones maravillosas en las personas que se abren a recibir ese amor. Nosotros somos quienes tenemos que aprender de ellos siempre.

—Nora, durante mucho tiempo fue voluntaria en el Zoonosis de San Isidro, ¿cómo fue esa experiencia?

—¡Dura! Ya había empezado a traer animales a mi casa, ya me metía en villas para rescatar a perros muy castigados, a los que estaban atados con cadenas todo el día bajo el rayo del sol o la lluvia. Después rescaté a los que eran los descartes de los criaderos y llegué al Zoonosis de San Isidro. En ese tiempo, pensaba que si yo sacaba a los animales de las rutas, de las calles para que no hubiera accidentes, lo lógico sería que el Municipio me diera una mano a mi porque aunque lo hacía de corazón sacaba dinero de mi bolsillo, usaba mi tiempo y sólo les pedía un lugar físico para tenerlos y cuidarlos.

—¿Y qué pasó?

—Durante mucho tiempo me dijeron que tendría un lugar. Tuve varias reuniones, me pasearon por todos lados y sigo esperando… Así que acondicioné mi casa, saqué el jardín que amaba (tener un jardín fue una de las cosas a las que tuve que renunciar) y ahora tengo 40 perros, antes tenía 50. Y fundé mi ONG, de la que Graciela Borges es madrina. Ella eligió el nombre, Aliento de Vida Animal.

—¿Ese fue su sueño?

—Hace mucho, mi sueño era vivir en un campo lleno de animales de todas las especies, pero mis hijas no querían vivir en el campo. Chloé se fue a vivir a Europa hace 7 años cuando yo ya estaba separada y entonces me dije: “Bueno, voy a traer a mi casa a todos los animales que encuentre” y así lo hice. La ONG surge de una necesidad y para ver si podía conseguir un subsidio y un terreno para los perros. La Municipalidad me dio primero un subsidio mensual para la comida y algunos gastos, pero no cubría ni la mitad. Eso fue por un año. Después fue por ocho meses y el año pasado por la cuarentana me hicieron dos pagos. Entiendo el momento particular que vivimos, pero los perros tienen que comer todos los días, ellos también se enferman más allá de las patologías que ya traen… Tengo una gran responsabilidad con ellos y no puedo decirles: “Saben qué, hoy no hay plata y no se come”. Para que no les falte la comida, desde hace tiempo me deshago de más y más cosas, pero no siempre se puede con todo. Y creo que si de alguna manera ayudo al municipio, deberían ayudarme.

Nora Portela solidaria
Portela en la puerta del nuevo merendero ”Dar sin recibir” que alimenta a más de 100 niños y niñas. Necesitan ropa y calzados, coche para bebé y alimentos no perecederos. En la foto con uno de los perros del barrio que la recibió.

—En el inicio de esta conversación contó que desde hace décadas se dedica a estas tareas y que por realizarlas dejó todo de lado. ¿Le costó dejar de lado lo que para muchos era “la vida ideal” y asumir tantas responsabilidades?

—Desde el momento que empecé a trabajar en el modelaje sentí que no era mi mundo… (suspira). Lo que pasó fue que empecé siendo muy chica con fotos para la revista Para Ti, seguí trabajando con Gino Bogani y todas eran propuestas alucinantes que significaban muchos viajes, pero también mucha exposición pública. Si bien ser reconocida es lindo, con el tiempo que la gente te conozca deja de gustarte; y cortar con eso es lo que muchos no pueden hacer. Ese no fue mi caso porque, por ejemplo, cuando terminábamos un desfile yo iba a mi casa y mis compañeras se quedaban tomando champagne para la foto. Nunca sentí que eso me llenara. En realidad, sentía que no era el lugar donde quería estar, pero era algo que me ofrecía posibilidades que muchas chicas no tenían y veían como extraordinario, pero nadie contaba las contras de ser modelo. Ahora eso cambió mucho en el modelaje y yo vivo la vida que siempre quise vivir, me gusta estar donde me necesitan.

—¿Le molestan las opiniones ajenas sobre su vida?

—Me han dicho de todo… “Loca”, como poco. Pero también que me iba a contagiar cualquier cosa estando entre personas enfermas; que pudiendo vivir cómoda en Europa con mis hijas estoy acá, entre perros y gente con enfermedades, y que paso las Fiestas y el Día de la Madre sola… Pero, repito, es lo que elegí y amo lo que hago. Claro que cuando se podía salir tenía vida social, iba a eventos o hacía lo que cualquier persona como salir con mis amigas de los años de modelaje (Mora Furtado, Andrea Frigerio y Evelyn Scheidl, entre ellas). Cada una eligió su camino y es feliz con su vida; compartimos una hermosa amistad. Pero esta es mi vida, con una actividad que me reclama al ciento por ciento, que cansa, y sin embargo disfruto mucho. También opinan sobre mi vida afectiva: “¿Quién te va a dar bola con todos los perros que tenés?”, me dicen. ¡Yo me río! Si bien no obligaría a un hombre a que esté a la par mía, porque soy consciente de que hago mucho, si no está en la misma sintonía no nos llevaríamos bien.

Nora Portela - solidaridad
«Una vez por semana, mi compromiso será, por un ratito, borrarles los miedos, los llantos, los estudios feos que asustan y duelen. Para llevarles un poco de otro oxígeno, para que los haga llevar sus penas más rápido», escribe en su Instagram el posteo que acompaña esta foto de una visita al Hospital Materno Infantil de San Isidro. (@noraportela)

—¿Cómo se define?

—Soy una persona bastante solitaria con una vida interior muy rica, no me gusta tener gente encima. Mi lugar en el mundo es mi casa. Soy feliz en silencio y disfrutando del sonido que hacen mis perros o los pájaros en los árboles. Vivo como elegí y hago todo lo que está a mi alcance para cambiar todo lo que veo mal en el mundo. Llegué a pasar meses sin heladera porque uno de los comedores que ayudo no tenía y doné la mía… y un día fue un amigo a casa, me pidió hielo y le conté. Me regaló otra heladera y la volví a donar. Siempre hay gente que ayuda.

—Pasó de ser modelo de pasarela a un modelo de vida, un modelo a copiar…

—Ojalá pueda predicar con el ejemplo. Sólo quiero que la gente abra la cabeza porque es necesario ser humano, de practicar la humanidad. No me interesa que copien el modelo Nora Portela sino el acto, la voluntad de ayudar porque hay muchas personas que se preocupan por los niños del África y no se dan cuenta de que si caminan unas cuadras por su barrio verán a muchas personas que necesitan ayuda. Si yo puedo ayudar todos pueden hacerlo.

—A principio de esta conversación contó que no duerme la noche completa, ¿por qué?

—En plena pandemia rescaté a cuatro perros ciegos, perros que mucha gente directamente dormiría, pero ellos comen, duermen, están bien, pero no ven; como cualquier persona que pierde la vista y a nadie se le ocurriría ponerla a dormir, pero en fin… Para cuidarlos me mudé a un cuartito chico al lado de la cocina porque desde mi cuarto no los escucho y necesitan ser atendidos cada dos horas. Los ayudo a comer y hacer sus necesidades. Sé que es algo que no mucha gente haría, pero lo mío es una entrega de verdad. Esta es mi convicción.

Nora Portela - solidaridad
Nora junto a Jack en la puerta del CET/Escuela Especial Fátima de Béccar. (@noraportela)

—¿Cuál es hoy su sueño?

—Necesito ayuda para seguir ayudando. Cada vez hay más personas que necesitan ayuda y más animales en las calles, muriendo solos. Sueño con un mundo donde la gente no done lo que le sobra… Llegué a recibir como donación bolsas de ropa sucia y rota, y eso no es solamente una falta de respeto a quienes lo envían sino que habla de la pobreza de corazón de quienes lo dan, se lo sacan de encima; para no tirarlo lo dan. Me gustaría que cuando encuentren alguien que necesite ayuda no le den plata sino que le busquen un abrigo, que le conviden de su comida, que se involucren. Todo los días hago el ejercicio de probarme que todo lo puedo y si no, lo intento. Saber que hay gente que me espera y que se pone feliz al verme y que es capaz de abrir su corazón a un animal que quizás antes hubiera pateado es hermoso porque, pese a todo, por las noches tengo una sensación maravillosa, pese a las mochilas que cada uno carga, estas cosas son sanadoras.

Nora avisa que cuando corte la comunicación irá a darle de comer a sus perros y que atenderá a los cuatros cieguitos que rescató hace unos meses. Al día siguiente volverá a levantarse temprano tratando de encontrar ayuda para las fundaciones con las que colabora y para sus animales… Que hará su parte para hacer de éste un mundo más justo.

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Fuente: InfoBae

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