Reservas forrajeras: ¿cómo manejar rodeos con escasez de pasto?

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La vaca vacía en buen estado puede sobrevivir al usar sus reservas corporales y con poco alimento pasará el invierno, mientras que las vacas con preñez grande pronto parirán y aumentarán fuertemente sus requerimientos nutricionales para producir leche y, además, no tendrán reservas corporales al estar muy flacas.

Las reservas forrajeras ofrecen fibra, carbohidratos solubles, proteína y minerales, en diferentes proporciones según el tipo de recurso analizado. Esta composición determina la calidad del forraje, la cual define el nivel de consumo de energía que podemos esperar del animal.

Sin embargo, no todas las regiones argentinas cuentan hoy con suficientes reservas, principalmente por efecto climático, y los productores deben adecuarse.

Por ejemplo, desde hace más de un año, la región Chaqueña enfrenta una tendencia climática con precipitaciones por debajo de lo normal, lo que impacta en una baja o nula disponibilidad de pastizales, pasturas y reservas forrajeras. A este panorama se le suma estado de degradación de los potreros y una baja condición corporal de los animales a la entrada al invierno.

Cómo emplear herramientas

Frente a este panorama complejo, Osvaldo Balbuena es investigador del INTA Colonia Benítez, Chaco, y conoce de situaciones límites. Destaca la importancia de plantear acciones para amortiguar las posibles pérdidas productivas y económicas para el ganadero en épocas de sequía.

Entre las estrategias de manejo, prioriza la evaluación de disponibilidad de forraje y agua para ajustar la carga animal de cada establecimiento. Además, realizar el destete y diagnóstico de preñez con la aplicación del plan sanitario y proceder a la venta de categorías improductivas.

“Estas decisiones son muy importantes para definir las ventas de vacas de descarte, terneros y terneras que no se van a retener, así como el manejo de la alimentación”, explica el especialista.

A su vez, detalló que, a partir de abril se aconseja que se desteten todos los terneros que todavía estén al pie de la madre sin importar la edad para que los vientres recuperen condición corporal con el rebrote otoñal. “Se deben priorizar la alimentación de las vacas preñadas y terneras de destete que serán los futuros vientres, es decir, la reposición”, sostuvo Rosello.

¿Con cuánta comida cuento?

Los profesionales de la experimental chaqueña dan importancia al relevamiento de la oferta forrajera. “La primera tarea será cuantificar el pasto de cada potrero. Recorriendo e identificando las especies que lo componen para estimar su posible aprovechamiento”, explican.

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En regiones que enfrentan una tendencia climática con precipitaciones por debajo de lo normal, se observa una baja o nula disponibilidad de pastizales, pasturas y reservas forrajeras.

Para ello, recomiendan usar la relación entre altura y cantidad de pasto, expresado en kilogramos de materia seca por hectárea (kg MS/ha). “Se ajustará según se trate de pastos cortos como el pasto horqueta, pastos altos densos como la paja colorada o amarilla, o bien en pastos altos ralos como el Paspalum urvillei o el Elionorus muticus”, expresaron.

A su vez, Balbuena ponderó el uso de los alambrados para clausuras temporarias. “Nos permite aprovechar al máximo las lluvias caídas para el rebrote de potreros reservados antes del invierno”, dijo.

Ser eficientes en la suplementación

En cuanto a las alternativas de alimentación, los especialistas coinciden en destacar la amplia variedad de granos y subproductos de la agricultura y de la agroindustria que pueden ser utilizados en la alimentación de los bovinos. Es fundamental aquí priorizar aquellos que presenten alta concentración de nutrientes como proteína y energía.

Es importante disponer de una cantidad adecuada de comederos de entre 30 y 50 centímetros lineales de frente por animal para disminuir la competencia y posibilitar un consumo más uniforme del alimento. A su vez, el suministro de las raciones debe ser diario, en un solo reparto. En situaciones más complicadas, se puede suministrar día de por medio, con el doble de la ración diaria, según el alimento empleado.

Otro aspecto a considerar es la provisión de agua de bebida. Durante el otoño-invierno, se debe tener en cuenta que una vaca adulta consume de 35 a 40 litros de agua por día y una vaca con cría consume de 50 a 60 l/d.

Para la alimentación de emergencia durante 60 a 80 días se pueden reducir en un 20 % los requerimientos de mantenimiento. Además, es recomendable comenzar con las restricciones a las vacas vacías y novillos.

Sin embargo, cuando se trata de animales en etapa de crecimiento, la alimentación debe asegurar los requerimientos de mantenimiento, pero eventualmente se puede llegar a niveles de restricción por poco tiempo y sólo si no están muy flacos. Para los terneros, una buena opción es venderlos o mandarlos a capitalización, pastaje o confinamiento hasta su terminación.

El ABC Rural



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