Tiene 24 años y en 7 meses se contagió dos veces de COVID: “Ahora sí tengo mucho miedo”

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Tiene 24 años y en 7 meses se contagió dos veces de COVID: “Ahora sí tengo mucho miedo”

Brian Alegre (24) vive en Villa Ballester, estudia abogacía y trabaja como gerente de un local de comidas rápidas. No tiene enfermedades preexistentes y practica deporte. A pesar de que siempre tomó todos los recaudos, en octubre del año pasado se contagió por primera vez de COVID-19, pero su cuadro fue leve y lo pasó aislado en su cuarto.

“El año pasado me contagié por un contacto estrecho en mi trabajo. Un compañero dio positivo y el día anterior habíamos trabajado juntos. A los tres días, empecé con síntomas: tenía mucha tos, y perdí el olfato y el gusto. Lo transité de manera leve pero, después del alta, seguía con tos. Mi compañero lo pasó peor porque tuvo todos los síntomas del COVID-19, pero no estuvo internado”, le contó Brian a Infobae desde la habitación de un hotel céntrico en el cual continúa recuperándose, luego de haber sido dado de alta de la internación en una clínica.

Apenas 7 meses después, el COVID-19 volvió a tocar su puerta, pero esta vez fuera del trabajo ya que había pedido unos días de licencia médica por una cirugía y estaba en su casa. De todos modos, aún no tiene claro cómo pudo haberse contagiado.

Se tenía que operar de la muñeca, ya que padece el síndrome del túnel carpiano, así que los últimos días estuvo en su casa donde vive con su madre de 45 años, con dos hermanas, de 22 y 7 años, y su sobrina de un mes. En el piso de abajo, viven su abuela, su tía y sus sobrinos. Pero solo se contagiaron Brian y su hermana. La primera vez, él fue el único que estuvo enfermo, a pesar de que su madre y su hermana menor padecen asma.

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Brian Alegre tiene 24 años, estudia abogacía y trabaja como gerente en un local de comidas rápidas

“Mi hermana Karen (22) fue mamá hace poco y tuvo que ir al obstetra a controlarse los puntos. Creemos que se lo pudo haber contagiado en el consultorio porque empezó con síntomas de resfrío, pero estaba bien. A los tres días, yo me empecé a sentir mal… pero muy mal. Estaba muy cansado y sentía tanto dolor corporal como si tres personas estuvieran paradas arriba mío. No podía hablar. Automáticamente, levanté fiebre y empezó la tos. Mi hermana y yo compartimos el mismo cuarto, así que nos aislamos para no contagiar al resto de la familia. Por suerte, solo lo tuvimos ella y yo. Mi pareja tampoco se contagió”, dijo.

Brian llamó a su obra social para que lo hisoparan, pero le dijeron que esperara 72 horas para evitar un falso positivo. Su salud empeoraba cada día más y se seguían agregando síntomas, como un cuadro gastrointestinal severo.

“No podía ni hablar de la tos que tenía y solo me levantaba para ir al baño. Cuando pasaron los tres días, me sentía ahogado. Finalmente, me hisoparon, me hicieron una placa y me midieron el oxígeno en sangre. Mi hermana hablaba por mí porque yo no podía hacerlo. La mandaron a su casa porque estaba bien, pero a mí me dejaron en observación. Me dijeron que tenía neumonía y que era conveniente que me quedara en la clínica por si, de repente, no podía respirar por mí mismo. Al otro día, me avisaron que el hisopado había dado positivo y que me iban a dejar internado. Me tuvieron que poner oxígeno”, afirmó.

Estuvo una semana internado en una clínica privada. Como su cuadro mejoró, lo trasladaron a un hotel céntrico sobre la Avenida Corrientes, para que permanezca aislado hasta su recuperación total. A pesar de que la tos casi no le permite responder las preguntas de Infobae, dice que espera que le den el alta en estos días, tal como se lo anticiparon los médicos. Todavía, sigue tomando cinco medicamentos diarios.

“Me explicaron que era mejor que viniera al hotel para que me pudieran controlar permanentemente, porque en mi casa no iban a poder hacerlo y es importante saber si necesito oxígeno, porque es algo que puede pasar de repente. En este hotel, hay un piso para personas que requieren oxígeno de una manera leve y está funcionando como si fuera una clínica, con todos los insumos médicos. En mi casa, estaría yo solo a la deriva y lo bueno es que acá el control es estricto”, indicó.

A pesar de que el hisopado de su hermana también fue positivo, ella solo perdió el gusto y el olfato, y ayer recibió el alta. Su beba no tiene síntomas y se encuentra en perfectas condiciones de salud.

“¡Este virus es tan ilógico! Unos días antes, me había sacado una muela, se me infectó y le dije a mi madre que me mirara la boca. De hecho, no pude evitar toser frente a ella, pero por suerte no se contagió. Ninguna de las dos veces, a pesar de que vivimos juntos”, dijo.

“Antes de que me hisoparan, ya sabía que me había contagiado. Sentía el mismo calor interno de la primera vez que me pasó. Cuando estaba en casa y me empecé a sentir así, dije: ‘Mamá, tengo COVID por segunda vez. Voy a dar positivo’. Por eso, me aislé enseguida, porque estaba seguro que el hisopado me iba a dar positivo. Sentía un calor interno horrible y me di cuenta de que me había vuelto a contagiar. Tuve una sensación muy diferente a una gripe”, explicó.

“Tengo 24 años y entreno, así que era el último de la familia que pensamos que podía pasarla tan mal. Siempre creí que no me iba a pasar, tengo muchas preguntas y muy pocas respuestas. Ya no sabés qué es un contacto estrecho, porque a mi hermana no la abrazo y a mi mamá, sí. La primera se contagió y la segunda, no. Mi pareja tampoco se enfermó. ¡Es todo tan raro!”, sostuvo.

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Una postal de su cumpleaños

A pesar de que aún no fue dado de alta, Brian piensa en el temor que va a tener que enfrentar cuando vuelva a salir a la calle: el miedo a un tercer contagio.

“El año pasado no me asusté y no creí que me iba a volver a contagiar, pero ahora sí tengo miedo. Estuve leyendo sobre las secuelas del COVID y son tremendas. Quedé muy asustado. Apenas salga, lo primero que quiero es hacerme todos los estudios y saber cómo quedé. Siento que de acá me voy más paranoico de lo que entré. El día que te internan y no podés respirar, tomás conciencia de lo horrible que es esto. Imagino a las personas que fallecieron… Tomás conciencia cuando una noche no podés respirar y te dejan el oxígeno al lado tuyo. Tengo 24 años y lo transito como si fuera una persona mayor, porque hoy el virus ataca a la gente más joven. Ya no importa si sos de riesgo o no: todos somos de riesgo porque nunca sabés cómo va a reaccionar tu organismo”, expresó.

Brian cuenta que durante la internación le pidió al médico que no le contara nada sobre su estado de salud, porque no quería estar pendiente de la gravedad de la enfermedad y que eso le jugara en contra emocionalmente.

“Prefería no saber nada porque el encierro pega y la cabeza trabaja. No quería tener un sube y baja de noticias buenas y malas, así que fue un contrato tácito entre los médicos, los enfermeros y yo. Cuando me venían los pensamientos malos, llamaba a alguien por teléfono. Quería estar siempre distraído. Es el día a día, porque hoy estás mejor y al día siguiente empeorás”, destacó.

“Quiero ver a mi familia pero, aunque me digan que ya no contagio, me va a dar pánico abrazarlos porque vi al virus muy de cerca. Ahora, la paranoia por el contagio va a ser mi peor enemigo. Ya me avisaron que, a pesar de que ya no tenga al virus en el cuerpo, me voy a seguir sintiendo cansado y que es normal que tenga síntomas por un tiempo. El virus te pega una patada y te obliga a quedarte en la cama”, afirmó.

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Su mayor temor era contagiar a su madre y a su hermana menor, ya que ambas sufren de asma

Brian cuenta que muchas veces se enojó con las personas que salen sin barbijo por la calle o que se lo colocan mal. Incluso, en su trabajo le pidió a varios clientes que colocaran la nariz adentro.

“Desde que empezó la pandemia, me cansé de decirle a cada cliente que no se dejaran el barbijo con la nariz afuera. Si se lo ponen en el mentón, es lo mismo que no usarlo. La gente no toma conciencia de que es una enfermedad que te deja secuelas y que te puede matar. Hasta que no tenés el alta no te quedás tranquilo, porque un día te levantás bien y al otro, mal. A esta altura de las cosas, no se puede tolerar que la gente no use barbijo o se lo ponga mal”, sostuvo.

“Mi única amiga en este aislamiento en el hotel es la ventana, que da sobre la Avenida Corrientes. Me paso mirando la circulación que hay y a la gente que casi no usa barbijo. Ya no saben qué excusa poner para no usarlo. Me dan ganas de gritarle desde la ventana que se lo pongan. Me pongo a pensar que tengo 24 años y que, al paso que vamos, voy a tener que esperar un año para que me llegue la primera dosis de la vacuna. Me parece injusto que haya gente de mi edad que no tenga ningún justificativo para estar vacunada, cuando personas como mi mamá -con enfermedades preexistentes- aún no fueron inoculadas”, finalizó.

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Fuente: InfoBae

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