Recomendaciones para conversaciones en las redes

En el inicio de las redes como un nuevo espacio comunicativo se teorizó mucho sobre sus bondades democráticas, la horizontalidad que permitían y muchos tantos tópicos que las hacían ver como un nuevo espacio del intercambio humano donde lo positivo primaba. Luego, las prácticas, los estudios y los sentimientos de quienes las viven, dejaron visibilizar posturas escépticas y críticas sobre la desvirtuación de un debate público sin reglas. Donde el agravio tomaba escalas inimaginables, donde se orquestan prácticas industriales de deformación del debate, donde protagonizan las posturas prejuiciosas y libertinas, donde lo políticamente correcto ya no corre. Donde la otredad es casi negada y la humillación es moneda corriente.

En ese contexto y para quienes somos parte del intercambio digital, vale repensar las prácticas y reflexionar sobre cuánto y cómo podemos contribuir a mejorarlo o, de modo más discreto, a que simplemente siga existiendo (a secas) y que sea motivante seguir siendo parte de él.

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Algunas recomendaciones son aprendizajes que la academia provee. No es sencillo cumplirlas y más bien sirven como guía, como norte, pero que deben transformarse en una rutina cotidiana, mitad aprendizaje, mitad entrenamiento. 

Muchas reflexiones aplican a las redes (con o sin academia), pero también sirven para el intercambio en la vida. Van:

1.     Si alguien habla de A y yo quiero escuchar B o C o Z, el problema es mío, no de quien habla. El debate, la pregunta, el cuestionamiento debe ser sobre A. Luego, si quien habla quiere ampliar, bienvenido. Quien habla sobre A, no está obligado a responder como enciclopedia viviente de todo.

2.     Es importante escuchar o leer a otras personas por sus ideas, aportes y calidad argumental. No sólo por su nivel de seniority (jerarquía, antigüedad, estatus). El elitismo decanta en encapsulamiento y dogmatismo, además de ser excluyente. La interacción horizontal y abierta es parte de las redes.

3.     La dimensión personal cuenta. La actitud cuenta. El disenso cuenta. Las diferencias cuentan. El respeto cuenta -y mucho-. La postura firme y muy defendida con argumentos e ideas cuenta. Lo que no cuenta es la humillación. No cuenta el desprecio. No cuenta la agresión. No cuenta el insulto. No cuenta la descalificación

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4.     Las contradicciones son humanas. Suelen ser explicables contextualmente. Son comunes y recurrentes. Usarlas y aceptarlas es parte de la narrativa digital sin filtros. Todos y todas estamos expuestos a ellas. Pero es adecuado considerar los contextos donde se expresaron y que también las personas cambian de opinión. Es normal, es humano. Aun así, muchas son solo errores o distorsiones

5.     Como plantea Christine Cheng para el mundo académico, hay que exponerse con el trabajo y el pensamiento. Aún para quien no forma parte de ese mundo. Es un acto de valentía y bravura quedar sometido al escrutinio público, en el caso de redes, de [email protected] y no [email protected]

6.     Se aprende con la interacción. Se corrigen, se amplían y profundizan las miradas. Se aprende mucho y ayuda al autocontrol para no caer en todo lo que antes de describe. 

7.     Y sí, que los trolls y los bots sigan haciendo ruido. El ruido no mata las ideas.

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