¿Huevos blancos o marrones?

¿Huevos blancos o marrones?

Senasealo, es un newsletter del Servicio Nacional de Sanidad Agroalimentaria al que el organismo sanitario califica como “el buscador de curiosidades del Senasa”.

“Sabemos que como organismo sanitario estamos 24×7 los 365 días del año, de norte a sur en toda la Argentina y por eso creemos que es parte de nuestra vida, de nuestra historia, como una familia. Muchas de esas historias valen la pena ser contadas y nos imaginamos que en nuestro mundo hablamos de Senasealo, como cuando le decís a otro ‘googlealo’, acá decimos ‘senasealo’: buscalo en el Senasa. De ahí su nombre”, explican.

¿Blancos o marrones?

En su edición Nº18, una encuesta del “Senasealo” responde una pregunta muy popular: Los huevos más conocidos son los blancos y los marrones. Más allá de su color ¿hay alguna otra diferencia entre ellos?

Pensando en el interés de nuestros lectores, se reproduce aquí íntegramente el contenido del newsletter.

Que sí, que no

“El 69% de las respuestas que recibimos (a la pregunta de si más allá de su color hay alguna otra diferencia entre loe huevos blancos y marrones) optó por no y desde Senasealo coincidimos.

Hay una razón técnica que nos explica Vicente Rea Pidcova, médico veterinario y referente avícola de la regional Córdoba del Senasa: “Los colores de los huevos son principalmente marrones y blancos. Esto se debe fundamentalmente al tipo de razas de las aves, aunque también puede estar influenciado por la dieta y por el tiempo de postura, que es la acción de poner el huevo”.

El oviducto es un tubo que conecta la región del ovario con la cloaca y allí los pigmentos propios de cada raza se depositan en las capas externas de la cáscara tiñéndolas hasta su coloración definitiva. “El color depende de la concentración de pigmentos”, nos aclara Vicente.

Lo importante para destacar es que el color no influye en el valor nutritivo del alimento, ni en el sabor, ni en el grosor de la cáscara, ni en las características culinarias, ni en la calidad del huevo.

Conocés el chiste (?)

¿Y sabés cuántos huevos pone una gallina en su vida? Y ahí la respuesta del pícaro: lo mismo que en bajada.

Lo que sí sabemos en Senasealo, aparte de ser muy graciosos, es que la postura de una gallina lleva entre 24 y 26 horas. Eso significa, en promedio, que no pone más de un huevo por día.

La pollita nace y alrededor de las 20 semanas de vida rompe la postura, en condiciones óptimas de crianza, de acuerdo a la guía de manejo de la línea genética.

El Senasa realiza actividades destinadas a mejorar la bioseguridad de las granjas avícolas en todo el país (acá recomendaciones). Junto a la higiene y el manejo sanitario son controles fundamentales para minimizar los peligros que puedan poner en riesgo la salud de los consumidores.

En la ruta, ves camiones con vacas. Pero no.

Es usual ver en la ruta camiones que trasladan ganado bovino. Peeeero… la mayor de cantidad de movimientos de animales en toda Argentina no se da en las vacas u otra especie, sino que es de aves.

Un camión puede transportar hasta 5000 pollos vivos en un solo viaje. “Esto sucede porque el ciclo de vida de las aves es más corto. El pollo que habitualmente comemos (denominado parrillero) va a faena cuando alcanza los 40 o 45 días de edad.

Un galpón tecnificado “modelo” puede llegar a tener 35 mil aves. Y es normal que haya productores con más de un galpón, así que sacá la cuenta”, nos dice Vicente.

Los movimientos de animales de todas las especies se acompañan del Documento de Tránsito Electrónico (DT-e) que pide el Senasa a los y las productores y productoras. Por eso sabemos que es la especie con mayor cantidad de movimientos, aparte de conocer de dónde viene y hacia dónde va cada animal para el cuidado sanitario.

El amarrete y la cáscara

Con sólo mirar un huevo frito podemos saber que el huevo de gallina posee un mayor porcentaje de clara y de yema, que es la parte que consumimos y nos aportan proteínas.

¿Y la cáscara? Aparte de servir para la frase que referencia a una persona que no come huevos para no tirarla (amarrete, tacaña, avara), nos cuenta Vicente que “en producciones a baja escala se pone en la tierra, dado que es biodegradable.

A nivel comercial, la parte dura o inorgánica de la cáscara se utiliza por ejemplo para hacer pintura o se le da un uso odontológico o en la industria farmacéutica como relleno de comprimidos”.

El ABC Rural

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