Son argentinos y cumplieron el sueño de vivir a bordo de una casa rodante en los Estados Unidos: “Acá se recompensa el esfuerzo”

Los Rossi: vivir en una casa rodante (Infobae)

Andrés Rossi tenía 14 años y vivía en La Plata, provincia de Buenos Aires, cuando tuvo un sueño. Soñó con viajar en casa rodante, tocando con una banda de rock, por la mítica ruta 66. Después, lo olvidó y le ocurrió la vida.

Un día, en otro país, en otras latitudes, bajo otro idioma… se despertó y encontró que había hecho realidad su sueño. Y en su “carroza viajera” ya no estaba solo. Tenía 47 años, estaba casado con Leticia Pluis, de 41, y los acompañaban sus hijos Matías y Sofía, que entonces tenían 14 y 12 respectivamente.

Aquel deseo olvidado, se había materializado y la calabaza era un motorhome de 11 metros de largo y 2,5 metros de ancho.

Pero para llegar al inicio de este nuevo estilo de vida, que comenzó el miércoles 26 de junio de 2019, tuvieron que recorrer muchos caminos y sortear escollos.

Los Rossi: vivir en una casa rodante
Andrés en sus comienzos como músico y sonidista. @totalmenteperdidos

Los comienzos

Ambos son de La Plata y se conocieron en una iglesia cristiana bautista cuando Leticia tenía solamente 13 años. Andrés tenía cinco más y no la miraba demasiado. Fueron amigos durante muchos años. Pero Leti (así le dicen) fue perseverante y hoy confiesa: “Creo que yo lo elegí desde que lo conocí. ¡Él tardó un poquito más en darse cuenta!… (se ríe) Fue cuando empezó a viajar por trabajo a los Estados Unidos. Ahí cayó en la cuenta…”.

Se pusieron de novios cuando ella cumplió 21. Andrés era ingeniero en sonido y trabajaba en Buenos Aires con un socio que había puesto una escuela de música. Y se les ocurrió replicar ese modelo de negocio en Miami. “En 1999, viajamos con mi amigo y fracasamos con éxito”, confiesa con bastante humor Andrés. Esa experiencia fue muy breve, pero en Andrés y Leticia germinaba la idea de regresar juntos a los Estados Unidos para forjarse un futuro distinto.

En octubre del 2000 se casaron en La Plata y se fueron a vivir a un pequeño departamento en la parte de adelante de la vivienda de la madre de Andrés.

Él siguió trabajando con su profesión: “En esa época, editaba la música con la que bailaba Iñaki Urlezaga cuando venía a Argentina, porque él no tenía una orquesta. Lo que hacía era editar partes de la música elegida, con la velocidad justa, y combinarlas adecuadamente para que él pudiera bailar. También hacía sonido para bandas en vivo”.

Luego del casamiento pusieron una fecha para partir hacia Estados Unidos: diciembre 2001.

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Andrés, Leticía, Sofía y Matías viven en EEUU, pero no olvidan las raíces @totalmenteperdidos

Leticia dejó su trabajo de terapista ocupacional en una clínica y los primeros días de septiembre del año 2001 hicieron un garage sale donde vendieron todo lo que tenían para juntar dinero, sacar los pasajes e irse en tres meses. Solo se quedaron con la cama y el televisor para la madre de Andrés.

Pero lo que andaban soñando se estrelló por partida doble. Primero, cuando vieron en vivo la caída de las Torres Gemelas, en Nueva York, el 11 de septiembre. Andrés se dio cuenta, al instante, que el atentado ponía en riesgo todos sus planes: “Pensé, se pudrió todo. No tengo nada en mi casa, todo está vendido y no tengo a donde ir porque esto es una guerra… ¡Habían atacado el Pentágono!”. Segundo, la Argentina estaba sumergida en una profunda crisis que reventó en diciembre con corralito, patacones y demás yerbas: “Los seis mil dólares ahorrados que teníamos en el banco, explica Andrés, fueron pesificados y se transformaron en mil”.

Ante el desastre no se dieron por vencidos, siguieron soñando.

“El 8 de abril de 2002, después de haber tenido cinco presidentes en un mes en la Argentina y con la paranoia enorme que había en los Estados Unidos y el montón de controles que se empezaron a implementar, nos embarcamos en un avión de Aerolíneas Argentinas rumbo a Estados Unidos”, cuentan con orgullo por haberse animado a emprender la aventura.

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Leticia, Sofía, Matías y Andrés, una familia viajera @totalmenteperdidos

Aterrizaje difícil

Una vez en suelo norteamericano insistieron con la idea de una escuela de música. Andrés enseñaba sonido y producción musical. Apenas llegaron, alquilaron entre todos los profesores que habían viajado y otros que se fueron sumando, una casa.

“Era como Gran Hermano. Todos juntos en una casa enorme. Teníamos visa de trabajo, pero limitada a ese proyecto. ¡Y el proyecto era inviable económicamente! Nos tomó un año darnos cuenta de que no éramos personas de negocios, que nos gustaba el arte…”, analiza hoy Andrés.

Leticia recuerda que para sobrevivir hicieron de todo: “Limpiamos casas, cruceros apestados con virus, repartimos diarios, vendimos flores en la calle, descargamos contenedores de pasta…”. Ganaban entre 5 y 6 dólares la hora. Sin hijos y compartiendo vivienda, se las arreglaban.

“Era una especie de campamento eterno. Baño en común, cocina en común, gastábamos poquito y teníamos un solo auto para todos. Éramos tres familias y dos solteros. Todos argentinos. De paso, seguíamos insistiendo con el proyecto musical que era nada rentable”, cuentan.

-¿Alguna vez pensaron en bajar los brazos?

Leticia: -No íbamos a bajar los brazos fácilmente porque queríamos tener un futuro acá. Andrés tenía ya 30 años y un techo laboral en Argentina para lo que quería hacer. Pretendíamos un futuro mejor.

Andrés: -No queríamos volver a sentir que te robaban el futuro todos los días, que todo se caía por culpa de otros. Acá todo lo que no funcionó fue por responsabilidad nuestra. Por culpa mía. Porque vine de hippie, no con un plan de negocios. Entonces, si yo me equivoco me hago cargo. En Argentina sentía que todo el tiempo era empezar de nuevo ya sea por el sistema o por las decisiones de otros.

Lo cierto es que, pasados doce meses, un día les cayó la ficha. Los gastos superaban los ingresos. Era insostenible seguir así. En 2003 llegó el momento de la verdad: todos dijeron “sálvese quien pueda”. Unos se volvieron a la Argentina; otros se mudaron a California y los Rossi se fueron, con un amigo, a la ciudad de Minneápolis.

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Desde 2019, la familia se trepó a un motorhome para recorrer EEUU @totalmenteperdidos

Trabajos estables y progreso

En esa ciudad del estado de Minnesota, les cambió la mano. Sintieron que esta vez habían llegado en serio a los Estados Unidos. Leticia y Andrés hablaban poco inglés, así que se dedicaron a tomar cursos diarios.

Entraron a trabajar para una Iglesia evangélica que tenía una buena estructura laboral. Andrés, como ingeniero de sonido dentro de la liturgia; Leticia, como encargada de coordinación de eventos para la comunidad hispana. Comenzaron con pocas horas, así que, además, Leticia cuidaba chicos para ganar unos pesos extras y Andrés reparaba computadoras.

Con sueldos formales pasaron de alquilar con el amigo a ¡comprar una casa a medias con él!

En octubre del 2005, nació el primer hijo de la pareja: Matías. En 2007, llegó la segunda: Sofía. La familia había crecido.

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Una camioneta y un motorhome de 11 metros de largo son los bienes que posee la familia @totalmenteperdidos

Cuando llegó la caída económica del 2008, se asustaron, la casa comprada valía mucho menos. Pero consiguieron venderla para aprovechar la oportunidad del descenso del precio de los inmuebles. Adquirieron otra casa que estaba destruida, con gran jardín en un buen barrio. Le pusieron muchísimas horas de trabajo para remodelarla ellos mismos. “Compramos la casa más fea, en el barrio más lindo. Y al final quedó muy buena”, asevera Andrés.

La vivienda era enorme y daba demasiado trabajo mantenerla. Necesitaban sacarle dinero. En el 2012 la vendieron, pagaron los préstamos y les quedó un resto con el que se compraron algo a la medida de su familia: un dúplex adosado. Era más chiquito, tenían un patio común y era económico de mantener. Ahora podrían ahorrar.

“Acá cuando les queda dinero se lo gastan; nosotros preferimos ahorrarlo”, explica Andrés. “Eso nos permitió ir dejando los trabajos en relación de dependencia y tener nuestro propio negocio en el año 2014. Empecé a comprar ropa usada de diseño para hombres y la revendía por ebay”. Leti conservó su trabajo en relación de dependencia en la iglesia por un año más. La idea era ver cómo andaba la independencia de los sueldos.

Funcionó y Leticia dejó su empleo. De esa manera, se mantuvieron durante cuatro años. También vendían productos importados de China, como instrumentos musicales para niños, por Amazon.

En el año 2017, se dieron cuenta de que todo lo que hacían era online y que había montones de negocios para hacer vía web. Para eso, no necesitaban una localización fija. Y vieron que los bienes raíces era una ocupación perfecta porque podían administrarse de forma remota. Fueron unos adelantados: con la pandemia el mundo online creció vertiginosamente.

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Andrés y Leticia se conocen desde los 13 años en La Plata, pero comenzaron a salir cuando andaban por los veinte @totalmenteperdidos

La compleja decisión de emigrar

Andrés lo dice claramente: “Emigrar es una decisión muy fuerte y te enseña todo el tiempo. ¡En Argentina yo no estaba dispuesto a vender flores en la calle!”. Leticia, agrega: “…Ni a limpiar casas o barcos.”

¿Cuál es la explicación? Andrés arriesga una respuesta: “Acá lo hacés porque sentís que hay una recompensa al esfuerzo y una justicia económica donde todo depende de vos y no de otro. Si vos le ponés ganas, podés. Si en vez de diez, vendés cien, ganás más. Así de fácil. Además los precios son estables. Un galón (3.73 litros) de leche cuesta casi lo mismo hoy que cuando vinimos a vivir acá en el 2002. Cuando llegamos costaba 2,5 dólares y hoy, 3 y ¡pasaron veinte años! Las reglas claras del juego te la hacen más fácil. ¡Este país es para gente menos creativa! Si te esforzás, vas creciendo: pasás de vender flores en la calle, a poner el puesto y a que se te acerque un gerente de hotel que a lo mejor te pide cientos de arreglos florales… Así es la economía, gira y gira y te vas conectando. Para el que quiere hay oportunidades. El que arranca cortando el pasto de las casas y va en bicicleta, después tiene acceso al crédito para comprarse una camioneta… Eso es progresar.

Veinte años después, ya han comprobado que se pueden cumplir los proyectos. “El mensaje que queremos dar es: si tenés un sueño y realmente querés cumplirlo, tenés que saber que va a haber un montón de obstáculos en el camino que no tenés que tomar como límite. No es fácil emigrar. Dejamos padres, hermanos, sobrinos. Los extrañamos, pero siempre nos felicitaron y nunca nos reprocharon el habernos ido. Más ahora. Mis papás me dicen ‘si vos con lo pavo que sos hiciste esto, lo puede hacer cualquiera’”, relata riendo Andrés.

“La cantidad de gente que ves en Miami nos abrió mucho la cabeza. Conocés personas de otros países que están peor que Argentina. Vienen escapando del narcotráfico de México; de la pobreza de Guatemala, Nicaragua o Cuba; de la guerra o de la violencia de países como Somalia… Aprendés a valorar lo que tenés y lo poco que tenías en Argentina”, analiza Leticia.

En 2007 los Rossi obtuvieron la residencia y, en 2017, la ciudadanía norteamericana.

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Sofía y Matías estudian en la casa rodante @totalmenteperdidos

Achicarse para un sueño

“En 2017 la tendencia a achicarnos continuó. Empecé a mirar el movimiento de tiny houses (minicasas). Me divertía ver cómo funcionaban. Cada vez pensábamos más en arreglarnos con lo básico. El movimiento minimalista me fascinó. Nos decíamos: no necesitamos tener tanto, preferimos vivir más, viajar…”, sintetiza Leticia.

Priorizaron las experiencias sobre los bienes materiales y la idea de tener una caravan o motorhome empezó a tomar forma en sus cabezas. En YouTube descubrieron una enorme comunidad de RVers (es el nombre en inglés con se denomina a la gente que comparte el estilo de vida de vivir en vehículos recreacionales).

“Cuando íbamos a acampar, veíamos las casas rodantes y decíamos ¡guau cómo será! Había gente grande, retirada, que vivía viajando, recorriendo. Fantaseábamos con poder hacerlo cuando los chicos crecieran. Pero descubrimos que había familias que lo hacían en edad de trabajo y con hijos adolescentes”, dicen.

Entonces, los Rossi mostraron otra vez su costado rupturista. Decidieron invertir el paradigma cultural de pasar los mejores años trabajando para disfrutar cuando se acercan los problemas de salud y la edad. Se dijeron: vamos a disfrutar ahora que tenemos salud. Lo charlaron con los chicos y juntos empezaron a mirar todo lo que había de familias y casas rodantes en YouTube.

Estaba decidido: harían la experiencia.

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La familia está totalmente adaptada al nuevo estilo de vida y a viajar livianos @totalmenteperdidos

Mudanza sobre ruedas

La más entusiasmada con la idea fue Leticia. Insistía: quien les iba a quitar lo bailado, lo peor que les podía pasar era tener que volver a empezar. Y de eso ya sabían lo suficiente.

En diciembre de 2018 vendieron el dúplex y, en febrero de 2019, compraron por ebay la casa rodante Keystone Cougar (una caravana del estilo cuesta entre 30 y 50 mil dólares). El motorhome tiene 11 metros de largo; 2,5 metros de ancho; 3.6 metros de alto y pesa 5443 kilos. Es una caravana de las medianas y que se extiende cuando se estaciona en algún lugar.

Donaron la ropa, vendieron los muebles por Facebook Market. Se deshicieron de todo para subirse a su casa rodante.

Todo estaba listo, pero había un inconveniente: no era una buena época para comenzar la experiencia por el frío extremo. Se quedaron esperando que llegara el calor, viviendo en casa de unos amigos.

El 26 de junio de 2019 comenzó la aventura. Y grabaron el primer episodio de su canal de YouTube que se llama Totalmente Perdidos, donde cuentan su travesía en unos 90 episodios y ya tienen unos 73.200 suscriptores. También abrieron una cuenta en Instragram @totalmenteperdidos donde tienen 17600 seguidores, un blog en Facebook.

Los Rossi carecían de experiencia en casas rodantes y campings. Por ello se bajaron varias aplicaciones que los ayudan en esta aventura.

“Hay una revisión de lo que hacemos, todo el tiempo”, explican cuando se les pregunta por la vida de los chicos. Todo está sobre la mesa, nada está cerrado y en cualquier momento la historia puede cambiar. La dirección del viaje la marcan el clima o las ganas. Tienen listas de lugares icónicos que quieren visitar. Mientras hacen esta nota, por ejemplo, están en Las Vegas y ya visitaron uno de esos sitios: el Gran Cañón del Colorado. Ahora piensan en seguir hacia Utah, donde ya estudiaron que hay varios parques nacionales que desean conocer.

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Leticia, Sofía y Matías en el Cañón del Colorado @totalmenteperdidos

Desafíos cotidianos

¿Cómo es la vida cotidiana? El cuarto de los chicos está en la parte trasera, mientras el de ellos se ubica en la delantera. El área de cocina es de Leticia porque Andrés no se defiende muy bien en esas lides: “Es bastante parecido a una casa normal. Tengo un horno pequeño, tres hornallas, heladera con freezer. También tenemos una buena despensa y hacemos una compra semanal”, detalla.

La ropa la lavan en lavaderos o en los campings.

La meteorología es importante para definir las rutas. Huyen de los climas extremos, de los huracanes, de los tornados, de las tormentas de nieve, del calor excesivo o del frío glacial. Y siempre están atentos a cuánta agua tienen o cuánta energía les queda.

La casa rodante cuenta con dos sistemas de electricidad: uno con corriente de 110 voltios (cuando llegan a cualquier lugar enchufan la casa rodante) y uno de baterías que hace funcionar las luces y los extractores de aire. Poseen, además, un inversor y un pequeño grupo electrógeno que usan para cargar las baterías cuando están en lugares alejados de todo.

“Dentro de poco, vamos a colocar paneles solares que nos van a permitir estar eternamente desconectados de la electricidad”, adelanta Andrés.

El gas es con garrafa y se usa para la cocina y también para la heladera. En cuanto al aprovisionamiento de agua el motorhome tiene un tanque para agua limpia con capacidad para 227 litros y también tres tanques a los que va el agua que usan: uno para aguas negras y dos para aguas grises. Todo eso se vacía, al igual que la cloaca, en estaciones sanitarias. La calefacción, al igual que el aire acondicionado, es central.

La casa rodante la mostraron en su episodio 12 de YouTube y fue un éxito con casi dos millones de visualizaciones.

Los Rossi: vivir en una casa rodante
El motorhome de los Rossi en el desierto. Su vida no tiene límites físicos @totalmenteperdidos

Gastos y beneficios

Una familia tipo, viviendo en un lugar propio, medianamente económico, gasta entre 3 mil y 4 mil dólares mensuales. Los Rossi aclaran: “Nosotros nunca fuimos de comer en restaurantes ni de comprar mucha tecnología”.

Reconocen que si bien Youtube está monetizado, lo que da alcanza solamente para mantener el proyecto web.

Los seguros de salud son otro tema. Andrés lo explica así: “Cuando ganas menos te dan un básico de salud estatal. En la medida que vas ganando más, vas pagando más del seguro estatal. También se puede complementar con asistencia privada. Cuando ya ganás lo suficiente para pagarte todo, para una familia puede costar unos 500 dólares mensuales. Hay muchísima ayuda social. La gente miente mucho sobre los Estados Unidos. Acá siempre te van a ayudar y vas a tener un techo. El sistema está hecho para que salgas adelante. El que se queja es porque no quiere trabajar. O los que ves en la calle es porque son enfermos mentales o adictos a las drogas”.

Por otro lado, aseguran que hay muchas formas de ahorrar dinero viviendo en una casa rodante. Hasta hicieron un episodio-guía sobre el tema. “Nosotros no tenemos una casa dónde volver así que el tema del gasto es importante”, explica Andrés.

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Matías, Andrés y Sofía con la camioneta y el motorhome Cougar detrás @totalmenteperdidos

Nómades con rutinas normales

“La vida nómade hace que te cueste mucho pensar en volver atrás y estar en un lugar fijo. Pero tiene también rutinas: colegio, trabajo, hacer los videos… Reconozco que es difícil tener horarios. ¿Por qué hacemos lo que hacemos? Porque no nos gusta que un día sea igual a otro. Lo que a otra persona le podría dar un ataque de pánico, a nosotros nos resulta motivador”, analizan.

-¿Los chicos colaboran?

Leticia -Si les pedís. Si no le pedís, nada

Andrés -En los episodios vas a ver la familia Ingalls…. ¡pero somos iguales a cualquier familia! Somos muy unidos, pero tenemos crisis y discusiones. ¡No las subimos a YouTube! No andamos con la cámara todo el tiempo.

Leticia -No dejamos que las situaciones escalen demasiado, los chicos conversan. Somos una familia que trata de dialogar. ¡Somos bastantes civilizados! Está claro que todos necesitamos nuestros espacios. En una casa rodante es inevitable que haya más interacción. Los temas que en una casa tradicional pasan desapercibidos, acá no. ¡Hablamos de todo!

Andrés -Esto es un experimento (se ríe)… que puede fallar en cualquier momento.

Leticia -Vivimos acá, no es que vamos de aventura en aventura. Es como tener una casa común, pero que se mueve. Tenemos y necesitamos rutinas establecidas. Trabajamos online y los chicos continúan con sus estudios.

-¿Qué pasa con los amigos?

Andrés -Es la pregunta del millón… vamos haciendo nuevos en el camino. Ahora estamos estacionados en la casa de unos amigos que nos hicimos en Las Vegas. Claro que no tenés el mismo contacto que hubiésemos tenido con la gente sin pandemia. Eso se siente. El otro día hicimos un encuentro de suscriptores de YouTube, en una plaza al aire libre. Estuvo bueno porque conocimos a la gente que nos sigue.

Leticia -Los chicos (hoy Mateo tiene 15 y Sofía va a cumplir 14 en abril) se conectan a diario con sus amigos online y juegan o ven películas compartidas.

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@totalmenteperdidos

La ruta de la vida

Lo que sí modificaron cuando comenzó la pandemia es que dejaron atrás la idea de visitar grandes ciudades.

Aseguran que no han tenido ninguna mala experiencia, aunque reconocen que son cuidadosos y estudian previamente cada lugar al que van. Usan las aplicaciones y recurren a los consejos de otros RVers:

“Usamos el sentido común, si vemos botellas rotas en el piso o jeringas tiradas… ¡no te vas a quedar en ese lugar!”, aclara Leticia.

Hablan seguido por videollamada con sus padres y toman mate juntos, a la distancia. Extrañan, pero sin nostalgia. Y reconocen que visitar la Argentina implica ver la colisión de dos culturas: “¡Ir desde al aeropuerto hasta La Plata ya es un choque cultural por como manejan en Argentina!”. También se asustan de la cantidad de malas palabras e insultos que ven en los noticieros argentinos: “Nosotros no usamos malas palabras”, aclaran.

Tienen 49 y 43 años, sus hijos crecen… ¿Cuándo creen que terminará este viaje?

Andrés -Cuando termine. No tiene fecha de vencimiento. Sabemos que los chicos tendrán que ir a la universidad y formar una familia. Hay un momento en que eso va a suceder.

Leticia -Lo hablamos todo el tiempo. Si vamos a estacionar la casa, o a comprar un terreno y construir… Nos damos cuenta de que tenemos un tiempo limitado con ellos. Eso, justamente, es lo que nos lanzó a las rutas.

-¿Cómo se ven a los 80?

Leticia -El otro día estábamos en los desiertos de Arizona, en un encuentro de RVers, y conocimos a un hombre que cumplía 80 y hacía 20 años que estaba en la ruta… ¡Envidiable! Mientras haya salud, este es el estilo de vida que me gustaría tener.

Andrés -Hasta pensamos que, en algún momento, podremos cruzar fronteras… a México y Canadá. Y por qué no, también podemos vender esta casa rodante y conseguir una para hacer esta vida por Europa. El mundo es el límite.

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Fuente: InfoBae

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