Entrevista a Flayaz: “Tengo un problema con la autoridad”

La cantante cordobesa Yaz Álvarez ha logrado posicionar su alter ego Flayaz, que funde su nombre propio con la deriva fonética del verbo flashear

No hay altanería cayendo en saco roto: al escuchar su EP Losotro (2019), o su más reciente simple Rica (2020), no hay margen para otra cosa que no sea levitar, trasmutar. Es r&b galáctico o electropop hipnótico amalgamados con observancia callejera y pasajes de strip tease emocional. 

Como si en la música latina existiera un punto equidistante entre Solange Knowles y St. Vincent. Se podría apostar un pleno por Flayaz, mucho más después de un reciente show en Club Paraguay. 

Pero puede conspirar con un desarrollo artístico normal el hecho que ha decidido autoexiliarse en Barcelona. Y que su ideal de éxito sea un estado de bienestar colectivo más que personal. 

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“Mi idea de éxito no sé hasta qué punto es pegarla sino que hagamos cosas alucinantes y que todos los participantes seamos felices”, confirma la vocalista desde un Zoom activado en algún barcito del barrio Gótico. 

Flayaz dice que luego de esta visita estival dudó de volver a Barcelona. Por el amor que recibió en pocos días, por el impacto de su presentación, porque no hay nada mejor que casa. 

“Pero era inexorable. Estoy con un permiso de residencia y necesitaba volver para renovarlo, para mantener mi legalidad en este país. Me costó mucho conseguirlo. Aun así, tuve un rush de querer quedarme”, rearma. 

“Volveré en seis meses porque no quiero que pase tanto tiempo sin hacerlo, tal como sucedió la última vez que me fui. Fueron dos años. Ahora pienso en cómo enfocarme en el plan y seguir dándole. El plan es residir en Barcelona y volver cada seis meses. Seis meses y seis meses. Una movida así. Me pinta hacer base acá. Además, siento que también nutre artísticamente lo que estoy haciendo”, amplía. 

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-¿Y qué estás haciendo allá?

-Estoy picando la piedra como cualquier sudaque. El último tiempo armé un equipo audiovisual, produje música, canté en vivo. Tengo un equipo armado. Eso me parece valioso, me pinta mantenerlo. Soy un autogestiva, por decirlo de una manera glamorosa. Y para eso necesitás trabajar en equipo. La parte humana es súper importante para mi proyecto y sigo alimentándola. 

-¿Qué perfil mostrás allá? ¿El de una gacela r&b o el de una solista electropop con tendencia a lo experimental?

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-Tengo una residencia en un bar que da al Mediterráneo y está al lado del Parc del Fórum, donde se hace el (festival) Primavera Sound. Se llama Bus Terraza, donde programan dee jays… Bueno, por una extraña razón, yo me presento allí. Y mi formato es súper electrónico… A esas presentaciones las uso como laboratorio. En casa programo una base, la cargo a la loop station y voy al bar para probarla. 

Por su relato, Flayaz podría programarse tanto en el citado Primavera Sound, destacado como un encuentro asociado al buen gusto, como en el (festival electrónico) Sónar, también con sede en Barcelona. “Es un mundo interno que manejo  conmigo misma –ratifica–. En ese sentido, cuando me dejás sola con mi máquina, puede ser que tenga tintes de r&b y soul. Por la manera del fraseo y del estilo que me sale de adentro. Pero todo el formato es electrónico”. 

“Porque las bases que hago en casa y en pantuflas son electrónicas. Hay como una fusión extraña hasta que caigo en los temas del EP que hice con Bernardo Ferrón (Telescopios). Y eso sí es súper r&b, más etiquetable redondea.

-¿Sentís que le faltó un desarrollo en Córdoba a “Losotro”?

-Me había quedado esa sensación hasta la presentación de Club Paraguay. Hasta entonces me había quedado así. No viví en carne propia la repercusión de sacar este EP. Sentí el reconocimiento a la distancia. Era como un fantasma que me perseguía hasta en el show de Club Paraguay, en el que logré exteriorizar. El pro de eso, es que tuve tiempo de reinterpretar la música que había creado previamente y eso forma parte de mi búsqueda artística. 

-Una búsqueda que no se agota con la publicación. 

-Para nada se acaba ahí. Me gusta vincularme con galerías de arte, con otros artistas. Y entender que si bien puedo ser el centro del mandala, es mejor que se vea todo el mandala representado por otros artistas. Como un canvas, directamente. Me encargo de cantar y de hacer la música, pero el resto… A esta generación, a mi generación, le encanta estimular los sentidos. Para mí, lo ideal es visualizarme y visualizar a otros artistas en el mismo proceso. Que se mezcle todo, que no se trate de mí, ni del elepé. Que se vuelva a resignificar. Ahora pinto y hago cosas. Es algo que venía gestando y logré ejecutarla en Córdoba a gran escala. Mi obra tuvo una curaduría extra con el paso del tiempo. No hubiera pasado eso si presentaba el EP a los meses de haberlo publicado, por ejemplo. 

Flayaz, un bacanal de delirio y buen gusto. (Gentileza Flayaz/ Chino Fuego)

-¿De dónde venís? ¿El tuyo es el caso de una cantante súper técnica con formación académica, que va encontrando otros estímulos? ¿O sos una disruptiva?

-Cantar surge de una terapia, algo que necesito hacer para trasmutar la energía. Y es algo que me salió de muy chica. Empecé teatro a los seis y al toque me metieron en canto para “dale, hacé cosas”. A nivel técnico fui indagando en estilos, a través de distintos profesores. Mi enfoque nunca fue desde la voz sino de entender distintos lenguajes musicales y aplicarlos para el mío propio. En la adolescencia tuve una rebelión ante lo que me imponía cada maestro como nueva técnica. Viví esa época con un ojo abierto y uno  cerrado.

-¿Por qué?

-Porque siempre tuve como un problema con la autoridad, no la entiendo. Eso se reflejó en el modo de adaptar cada herramienta que me iban dando. Terminé siendo una autodidacta, porque se me presenta algo y busco por todos los lugares hasta darlo vuelta. El tecnicismo y la institucionalización son limitantes y me molestan. 

-Te preguntaba de dónde venías porque, por ejemplo, tu alianza con Bernardo Ferrón no se hubiera producido en tus primeros años como “profesional”. 

-Puede ser. En un momento hice sólo jazz duro y conocía esa jerga; luego pasé por el funk y hasta estuve en un coro góspel lleno de evangelistas, a quienes amé porque eran divinos conmigo por más que yo era alta mística. Janguié (sic) bastante con músicos puros y duros… Pero ya haciendo retrospectiva desde Barcelona, entendí que nosotros tenemos más oportunidades de redescubrirnos. 

-¿Cómo sería eso?

-Tenemos más oportunidades creativas. El argentino tiene un nivel de cultura general muy alto y con pocos recursos te hace alta obra. Estoy acá y está todo mortal, pero deseo invertir en Córdoba. Además, yo me fui por cuestiones familiares, necesitaba venir acá por cosas que necesitaba sanar. Y por supuesto, en el proceso traje mi música. Pero son menos exitistas, está más tranquila la cuestión. No sé hasta qué punto valió la pena venir, no sé si era mejor quedarme. No lo sé. Como estoy ahora, va bien. 

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