COLUMNA DE OPINIÓN: TIEMPOS TORMENTOSOS PARA LA GESTIÓN DE FERNANDEZ

Concluye otra semana convulsionada en la política argentina, en la cual parafraseando al expresidente de cuyo nombre muchos (aún de su mismo espacio) no quieren acordarse, “pasaron cosas”. La gestión F atraviesa momentos críticos, entre el escándalo de la vacunación VIP, el cual mal qué le pese al gobierno, continua haciendo mella en la opinión pública y en las últimas horas se ha abierto otro capítulo de este bochornoso asunto, el cual tiene cómo protagonistas a dos mujeres; por un lado tenemos a Soledad Quereilhac, esposa del gobernador de la provincia de Buenos Aires Axel Kicillof y por el otro a la reconocida intelectual y ensayista argentina Beatriz Sarlo, quién declaró ante sede judicial qué le ofrecieron vacunarse en forma irregular por intermedio de Quereilhac.

Soledad Quereilhac / Beatriz Sarlo


Dos reflexiones sobre esto, en primer lugar la campaña de vacunar a una persona famosa para inspirar a la gente a vacunarse, atrasa setenta años, parece una campaña ideada por Joseph Goebbels (ministro de propaganda de Adolph Hitler) en la Alemania NAZI, la gente no es tonta, al probarse científicamente la efectividad de la vacuna, toda duda sobre la vacuna Spunik V se disipó. La otra reflexión es sobre las actitudes de los actores, la respuesta de Sarlo humilló al gobierno, no solo al gobierno provincial, sino al nacional y aquí no se trata de enaltecer o sacralizar la figura de nadie, sino de marcar la diferencia de conducta… se destaca la reacción de Sarlo ya qué su actitud es la misma qué no tuvieron los funcionarios qué se vacunaron “salteándose el turno”, quienes lejos de priorizar la ética (ya que si la tuvieran hubieran renunciado todos y todas los vacunados por privilegios llamense Zannini, Guzmán o Biondi), y no lo hicieron, no obstante desde un punto de vista moral, los funcionarios de este gobierno no les llegan a los talones a Beatriz Sarlo.


Pero la vacunación VIP, no es la única cuestión que ocupa la agenda política por estos días, el gobierno enfrenta una grave crisis a nivel institucional qué aunque se quiera disimular es cada vez más evidente.
En los últimos días el presidente de La Nación Alberto Fernández anunció la eventual salida de la todavía ministra de justicia Marcela Losardo. Este hecho genera un enorme tembladeral político, no solo por esta idea ya risueña de la pugna entre Albertistas y Cristinistas, ya que a esta altura la máscara de la moderación promediando el primer año de gobierno quedó hecho trizas. Sino también por tratarse de un área especialmente sensible sobre todo considerando la particular y conflictiva relación entre este gobierno y la justicia, básicamente se teme que el lugar de Losardo sea ocupado por alguien perteneciente al ultra kirchnerismo qué profundice el constante y cada vez más evidente ataque del gobierno contra la justicia.
La salida de Losardo no hace más qué retroalimentar los rumores (qué cada vez más se condicen con la realidad) de que el sector más radicalizado del cuarto gobierno kirchnerista busca cooptar a la justicia.

Marcela Losardo

Ya se va haciendo cada vez menos necesario hacer esa distinción entre las facciones kichneristas y albertistas, el albertismo nunca existió y si alguna vez hubo un sector moderado, el propio Alberto Fernández se encargó de enterrarlo en su discurso de apertura del año legislativo del 1º de marzo, en el cual el presidente pronunció un discurso qué parecía más pensado para contentar a Cristina Kirchner que para rendirle cuentas al pueblo de La Nación.

Otro hito qué tuvo lugar en esta semana fue la explosión de los incidentes en la provincia de Formosa, los cuales pusieron en jaque al gobierno.
La situación en aquella provincia es gravísima, y es una incómoda muestra de lo que es en realidad el Kirchnerismo, una contradicción constante entre lo qué declama y la forma en la cual ejerce el poder. Gildo Insfrán y su dictadura apoyada por el kirchnerismo es un hecho qué desnuda el relato K, no hace falta saber cuál es la postura con respecto a Venezuela solo basta con mirar a Formosa. Insfrán es una vergüenza no solo para el kirchnerismo sino para la política argentina en general, la democracia de la cual a los políticos argentinos tanto les gusta jactarse ha dado lugar a surgimiento de feudos en territorios sumidos en la pobreza cuyo gobernantes parecen pensar más cómo señores feudales y monarcas qué cómo dirigentes de una democracia del siglo XXI.

Gildo Insfrán y Alberto Fernández


Ante este panorama, cuesta mucho creer que las cosas vayan a mejorar, estamos siendo testigos de la catalización de un proceso qué busca llevarnos a un totalitarismo disfrazado de democracia inclusiva. Es cada vez más evidente la vocación del kirchnerismo por el poder absoluto, les encantaría trasplantar el modelo Insfrán a nivel nacional y cada vez lo disimulan menos. Ahora se entiende la crítica de CFK a la división de poderes, ellos no se van a detener el “vamos por todo” parece estar hoy más vigente que nunca.

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