El caso de Pablo Hasél enciende el debate: ¿cuál es el límite para el arte y la libertad de expresión?

“Quedan cinco días para mi encarcelamiento por hacer canciones y escribir tuits denunciando injusticias y a sus culpables”, escribió el rapero catalán Pablo Hasél en la descripción de unos de sus últimos temas en YouTube, el pasado 7 de febrero, y titulado Nuestras libertades.

Finalmente, siete días después de esa publicación, el cantante fue detenido y llevado a prisión después de “atrincherarse” junto con otros activistas en la Universidad de Lleida, su ciudad natal. ¿El delito? “Enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona”, según lo especifica el Código Penal español, por lo que fue condenado a nueve meses de cárcel.

Cabe destacar que el artista ya contaba con otras dos condenas por agresiones y lesiones, aunque sin sentencia firme: una contra un cronista televisivo y otra contra un testigo en un juicio contra un policía.

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En este caso, en el que el delito parece ser de menor rango, sí fue a prisión. Por una serie de canciones y de tuits, Hasél es acusado de apoyar con sus mensajes a grupos armados como ETA y Al Qaeda y de injuriar a la monarquía y a las fuerzas de seguridad, a quienes llamó “asesinos y mercenarios de mierda”, tras varias denuncias de torturas y de muertes de manifestantes y de inmigrantes.

Este rapero, nacido hace 32 años en la misma ciudad donde fue arrestado, ha escrito más de un centenar de canciones y de poemas con letras directas y sin eufemismos contra las diferentes caras del poder español. Juan Carlos el Bobón fue uno de los primeros temas que ganó popularidad en la web y en cuyo título claramente hace un juego de palabras entre el último rey y el nombre de la casa real, Borbón. “Borracho, capo mafioso y asesino” de su hermano Alfonso, son algunos de los términos que utiliza para describir al emérito.

La detención de Hasél generó una ola de masivas protestas en diferentes puntos del país y numerosas manifestaciones de repudio alrededor del mundo. Y, por supuesto, puso el foco una vez más en los alcances de la libertad de expresión dentro del arte y en las redes sociales. “Rapear no es un delito”, era una de las consignas más leídas en esas manifestaciones en las que la palabra “censura” no paraba de replicarse.

Las marchas por Hasél continuaron (DPA)

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Estos son tiempos en los que este género musical gana popularidad en el mundo y se constituye como uno de los canales más genuinos para que las juventudes expresen sus ideas y sus disconformidades contra el sistema que muchas veces los excluye (en España, la desocupación juvenil llegó a un histórico 40 por ciento y no es la excepción a un problema mundial que agravó la pandemia).

Por ello, el caso ha tomado una relevancia inusitada poniendo al debate en el centro de la escena y acompañado de otro dato preocupante para el país europeo: Hasél se suma a una lista de 75 personas que fueron condenadas por el mismo delito en los últimos cinco años, muchos de ellos artistas y en especial raperos.

Otros casos

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“Nadie debería ser procesado penalmente sólo por expresarse en redes sociales o por cantar algo que pueda ser desagradable o escandaloso. No se pueden penalizar expresiones que no incitan de manera clara y directa a la violencia. Si no se modifican estos artículos, se seguirá silenciando la libertad de expresión y coartando las manifestaciones artísticas”, señaló por estos días Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional en el país ibérico.

Valtònyc, Nyto Rukeli y César Strawberry, del grupo Def con Dos, son tres de los cantantes que fueron procesados por este delito en estos últimos años. El primero, incluso, fue condenado a prisión en 2018, y tras huir a Bélgica, fue extraditado y todavía se encuentra prófugo.

Un caso con similares características es el de Pussy Riot, el grupo ruso que en 2012 irrumpió en una catedral emblemática de Moscú para realizar una intervención o “misa punk” en contra del presidente Vladimir Putin y sus políticas de intolerancia, persecución ideológica y física. Tres de las integrantes fueron encarceladas, generando una ola de repudio en todo el mundo y el apoyo de figuras, como la mismísima Madonna.

Lejos de callarse, el colectivo fue protagonista con otra manifestación de repercusión planetaria al irrumpir en la final del Mundial de fútbol. Al año siguiente, llegaron a la Argentina, abrazaron la causa feminista y hasta dieron un show en Córdoba.

En el caso Hasél, la comunidad cultural también se ha movilizado: más de 200 destacados artistas españoles, incluidos Pedro Almodóvar, Joan Manuel Serrat y Javier Bardem, firmaron una petición contra su sentencia. En nuestro país, mientras tanto, se organizó un festival con Las Manos de Filippi como banda insignia.

Justamente, la banda que hace más de 20 años escupía duras frases contra Carlos Menem y Domingo Cavallo en Señor Cobranza, un tema que sonaría en todas las radios argentinas de la mano de Bersuit Vergabarat. ¿Se imaginan al “Pelado” Cordera preso por cantar eso? Eso sí, la repudiada frase del cantante sobre las mujeres y las violaciones terminaron por condenarlo socialmente años más tarde. Aunque no hubo prisión en ninguno de los dos casos.

“Me haces pagar un precio muy caro, pero también lo pagarás dando volumen al mensaje que temes y quieres silenciado”, rapea Hasél en una de las rimas finales del tema que se menciona al comienzo de esta nota. Tomando en cuenta las repercusiones del suceso, no hay más que darle la razón.

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Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 5/03/2021 en nuestra edición impresa.

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