Mario “Pájaro” Gómez: Por más que despotrique, lo que pasa con Vilma Palma es una bendición

Para Mario “Pájaro” Gómez, 2020 ha sido un año “muy de mierda”. Así, sin vueltas y sin pelos en la lengua, el histórico frontman de Vilma Palma e Vampiros resume un período de sinsabores y mucha reflexión, tanto a nivel personal como en términos laborales. Justo en el año en el que el grupo rosarino cumplió tres décadas de trayectoria y de hits indelebles en la memoria popular.

“Estamos un poquito nerviosos, emocionados, todo junto. Estuvimos parados un año y este viernes va a ser el reencuentro con un show con gente. Hicimos dos streamings y no me dejaron una buena experiencia. Además no es lo mismo, somos una banda acostumbrada a laburar, a girar”, dice antes de su llegada a Córdoba y su actuación en Quality Espacio, donde celebrarán el cumpleaños que quedó trunco en medio de un 2020 que fue sinónimo de parate.

“El último show fue en Lima, Perú, con 20 mil personas. Imaginate cómo estamos después de no haber tocado durante un año. Te pega un poco a la cabeza, te baja los cambios. Hay que ponerse el chip en modo on y salir a la cancha, no queda otra”, acota el cantante, que personifica ese cambio de ritmo global que trajo la pandemia y no duda en compartir sus dificultades para salir de ese trance no buscado.

“Fue bastante difícil el tema de la cabeza, uno se encierra, se vuelve más hosco. Hubo días que ni salía de casa. A mí me pegó, me metió más para adentro, me hizo más bicho canasto. Me cuesta ver gente, me cuesta meterme en lugares públicos”, asegura uno de los músicos argentinos que más ha viajado por el continente americano cabalgando sobre clásicos como La pachanga, Bye bye o Auto rojo, la cual tiene versiones a lo largo y ancho de Latinoamérica en clave de cumbia, punk o música regional mexicana.

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“Hay que ir rompiendo el cascarón. Es medio complicado, pero la cabeza se tiene que ir acostumbrando de a poquito”, plantea Gómez sobre el paulatino regreso a la actividad que tendrá su puntapié inicial en Córdoba y seguirá levantando vuelo en las próximas semanas.

“Lo que importa es hacer un buen show para que la gente se prenda fuego, que es lo que nos gusta a nosotros”, dice en una especie de mantra contra todos los males del mundo actual. En paralelo, no duda en comparar la potencia de la banda en vivo con los Guns N’ Roses.

“A la hora de laburar uno se pone la camiseta y sale a la cancha y se olvida todo. Una vez que pisas el escenario, así tengas una hernia de disco o la voz hecha mierda, vos salís a disfrutar, a cantar y a divertirte”, sentencia.

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Dice Gómez: “Los shows son como un recreo para mí. Los pibes se sorprenden de las boludeces que hago, yo digo lo que se me canta, lo que siento, y se arma ese ida y vuelta con la gente. Hay shows que son más horribles, otros que son mejores. Siempre es una caja de sorpresas el escenario para mí”.

Sin embargo, también hay espacio para poner en duda un modo de vida que durante tres décadas fue parte de su rutina. “El tema es todo lo que conlleva, todo lo de alrededor”, explica el cantante sobre los viajes y la dinámica de banda en gira casi permanente.

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“Estoy medio reticente a volver a eso, me acostumbré mucho a estar en casa tranquilo. Si me decís que hagamos ahora una gira como la última que hicimos, no sé si la haría”, confiesa, aunque entiende que los músicos de su banda necesitan volver al ruedo, y que los 30 años de Vilma Palma son una excusa perfecta para recuperar el contacto perdido con el público.

“A mí cumplir años mucho no me gusta, pero la mejor manera de festejarlo es tocando”, define Gómez. “Me pesa decir que Vilma Palma tiene 30 años. ¡La p… madre, no los quiero tener! Pero pasaron. Y no somos Maluma o un grupo de teenagers: yo voy a cumplir 60 años”, admite.

–¿Qué es lo que no te gusta de cumplir años?

–No me gusta venirme viejo, pero es la realidad de mi vida (risas). No estoy diciendo que no quiero envejecer, eso es irreversible, míralo a Paul (McCartney), a Keith Richards, a Rod Stewart. Yo sé que hay muchas cosas más buenas por venir, pero también las tenés que buscar. Por ahí de lo que me quejo un poco es que me dicen “Uy, La pachanga, Auto rojo“, y es una bendición, pero el mensaje mío es buscar algo más, sacar otro tema como fue Bumerang. Quiero ir por más, no me quiero quedar estancado como “los chicos que grabaron Voy a vos“. Eso me induce a más. Por un lado te castiga pero por el otro te da un reto para lo que va a venir.

–Vilma Palma ya tiene 31 años y vos estás por cumplir 60. ¿Cómo te llevás con el legado que supieron construir?

–Vilma Palma es un sentimiento. Te lo resumo así. La banda en vivo suena como la putísima madre. Es un motor que se puede llegar a apagar pero no creo que se apague todavía, tiene mucha nafta para andar. Si bien se hace burocrático y es siempre lo mismo, donde nosotros vamos siempre queda una anécdota, una huella, ya sea en México, Estados Unidos, Honduras, Colombia o Perú. Cuando vos perdés eso, realmente lo echás de menos. Para mí es toda una mezcla de cosas y así lo llevo. Por más que despotrique, lo que pasa con Vilma es una bendición.

–En noviembre, y por coronavirus, murió Claudio Garbolino, extecladista de la banda. ¿Cómo impactó la noticia en vos?

–Yo no tuve la mejor relación en vida con él, pero cuando el loco falleció me pegó muchísimo. A cada uno le pegó a su manera. Sé que Kari (Di Lorenzo, corista) la pasó muy mal, eran muy amigos, Fabi (Díaz, la otra corista) también. Ese fin de semana estaba con mi hermana y no lo podía creer, además fue muy triste porque primero se fueron su papá y su hermano y después él. No teníamos la mejor relación, pero fue un buen tecladista, un tipo peleador con el que no comulgábamos en algunas cosas. Una vida se va y eso no lo podés cambiar por nada, realmente me pegó. Cuando pasó me dolió mucho porque más allá de la relación vivimos 10 años de compañerismo, de girar, de discutir, grabamos dos discos. A uno le queda todo eso. Por eso todo este año fue una mierda, mucha gente amiga falleció.

Para ir

Vilma Palma e Vampiros se presenta este viernes desde las 21.30 en Quality Estadio (Av. Cruz Roja Argentina 200). Entradas desde $ 800 (más cargo por servicio) a través de qualityespacio.com.

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