Las estremecedoras historias de seis mujeres que sobrevivieron a tsunamis y lideraron la reconstrucción de sus pueblos

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Tres mujeres japonesas y tres chilenas unidas por el Océano Pacífico, los tsunamis y la cocina

Tres cocineras chilenas y tres japonesas, que sobrevivieron a tsunamis y lideraron la reconstrucción de sus comunidades, se reunieron para revivir sus historias en común, compartir recetas de mar y cocinar juntas. La conexión inmediata entre las seis mujeres fue captada por los documentalistas Emiliano Rodríguez Nuesch y Victor Orellana Acuña -ex director de Emergencias de Chile-. quienes partieron con las tres cocineras chilenas y, luego de viajar más de 16 mil kilómetros, se encontraron con las tres cocineras japonesas. El resultado fue una historia inspiradora sobre mujeres resilientes y unidas a través del Océano Pacífico.

Los productores revelaron que con Tsunami ladies buscaron mostrar una perspectiva positiva de cómo la cocina y la cultura en general pueden actuar como lenguajes universales, para que diferentes países compartan sus aprendizajes sobre los desastres naturales. El año pasado lo presentaron a nivel global en un evento de Naciones Unidas y ahora se estrena en Japón, como parte del décimo aniversario del gran tsunami del 2011. Fue filmado en Minamisanriku, Japón, y en Tumbes, Talcahuano, en Chile.

En una entrevista con Infobae, Emiliano Rodríguez Nuesch contó que es experto en comunicación de riesgo y que trabaja en varios países junto a distintas organizaciones -como el Banco Mundial, la NASA y el BID, entre otras- en formas creativas de generar prevención sobre catástrofes naturales. “Busco comunicar los riesgos o desastres en una forma que la gente pueda conectar con ellos, prestarles atención y prepararse mejor, como en el caso de un huracán o un tsunami. En esta ocasión, exploramos cómo la cocina de Chile y Japón puede permitir que ambos países intercambien conocimientos sobre tsunamis, un problema en común”, expresó.

El trailer de «Tsunami ladies» (Infobae)

En el documental, las cocineras chilenas Ana María Badilla, Silvia Sepúlveda y Rosa Mora -dueñas de restaurantes costeros y líderes en sus comunidades- se reúnen con sus pares, Tamiko Abe, Akane Onuma y Mieko Matsuno, las cocineras japonesas que también son referentes y emprendedoras en sus pueblos, pero del otro lado de las aguas del Pacífico. Ambos países integran una región altamente sísmica llamada Círculo de Fuego del Océano Pacífico, por ello, un terremoto en la costa de Japón genera otro en la costa de Chile, y viceversa. Lo mismo sucede con los tsunamis, que casi siempre son el paso posterior al terremoto.

Para todas ellas, sobrevivir a un tsunami trajo cambios radicales en sus vidas. Tsunami Ladies, además de explotar la sinergia de las cocineras, desmenuza cada historia en particular y cada relación íntima con el desastre. Le pasó a Ana María Badilla n, quien desde muy joven se había desempeñado como costurera: un oficio que nunca le había gustado, pero al que ya se había resignado. Sin embargo, luego de su dramática vivencia -que ocurrió el 27 de febrero de 2010-, cuando vio que el mar le había llevado todas sus máquinas de coser, entendió que debía volver a empezar, pero esta vez quería concretar el sueño de su vida: abrir su propio restaurante. Y así lo hizo, aunque los inicios fueron duros y el primer día solo consiguió vender media docena de empanadas.

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Ana María tenía un taller de costura que fue completamente destruido por el tsunami de 2010. Tras el desastre, vio la oportunidad de hacer lo que realmente le gustaba: cocinar

En 2011, Mieko Matsuno estaba internada, luego de haber sido operada de cáncer de estómago en un hospital de Japón, en uno de los pocos edificios que quedaron de pie tras el tsunami. Se estaba bañando cuando advirtió lo que estaba pasando y pensó que su hora final había llegado. Su abuela y su hermana fallecieron en 1960, “en el tsunami que vino de Chile”, recuerda. Pero su destino no era el mismo. “Vi como el mar se llevaba a las personas más jóvenes y más sanas que yo”, narra con angustia. Una enfermera le alcanzó una toalla y ambas corrieron a la terraza del hospital. Así, pudieron salvar sus vidas.

En medio de la tragedia, Mieko comió unos bollos de arroz frío que le acercaron unos voluntarios: eso le hizo pensar que podría brindarle comida caliente a los otros sobrevivientes y se puso a cocinar. Esa vivencia alteró tanto su vida que se curó de la enfermedad: los médicos le habían dicho que le quedaba poco tiempo de vida, pero los tumores fueron desapareciendo y se curó. “Olvidé que estaba enferma y me puse a cocinar”, aseguró y bromeando dijo que no solo la cocina la ayudó a recuperarse, sino también, haberse mudado lejos de su suegra. “¡Es una verdadera bruja!”, afirmó con una gran carcajada.

Akane Onuma reveló que su pueblo fue destruido por completo pero que ello no la detuvo porque pensó que era la oportunidad de emprender su propio negocio, comenzando en las mismas condiciones que el resto de los sobrevivientes. Por su parte, Tamiko Abe cultivaba algas en el mar cuando el tsunami la dejó sin nada y tuvo que volver a empezar, esta vez con el local al que le puso su mismo nombre. A bordo de su barco pesquero, las seis cocineras partieron a recolectar pulpos, ostras y algas para preparar la primera cena en conjunto.

Las tres cocineras chilenas viajaron más de 16 mil kilómetros para encontrarse con sus pares japonesas (Infobae)

Rosa Mora rememoró que después de haber perdido todo, incluso la embarcación de su marido, hacía empanadas mientras lloraba. Se salvó de milagro: la ola que la estaba arrastrando finalmente la despidió.Es terrible ver tu casa destrozada, perder tu bote, tu motor, tu vehículo…”, graficó. Finalmente, Silvia Sepúlveda narró que por el tsunami perdió el restaurante de su madre, Bentoteca Mar y Sol, y que tuvieron que unirse mucho como familia para volver a emprender, nuevamente desde cero.

Tsunami Ladies tiene una segunda entrega que será presentado en poco tiempo. Abordará la historia de Sakiko, quien perdió todo tras el tsunami. Sin embargo, de un modo increíble, logró recuperar la boya de su marido pescador que fue encontrada en Alaska. Ese hallazgo, esta aparición le significó un mensaje de esperanza y le imprimió la fuerza necesaria para no caer, para volver a ser.

“Quisimos saber qué hay en común entre las mujeres de ambos países que viven en las costas, que sufrieron el impacto del tsunami y que lideraron la reconstrucción de sus pueblos de la mano de la cocina. Son mujeres que viven en pueblos de pescadores, donde los hombres salen al mar y las mujeres tienen los restaurantes con ese tipo de comida. Cuando los tsunamis impactan, los pescadores pierden las embarcaciones, pero ellas les dan de comer a su gente y reactivan la economía local, ya que los restaurantes son los primeros negocios que se vuelven a poner de pie después de ese tipo de desastres”, sostuvo el guionista y coproductor, Emiliano Rodríguez Nuesch.

Acompañados por las cocineras chilenas Silvia, Rosa y Ana María, los productores fueron a Japón para conocer a las otras tres mujeres que habían vivido algo similar. Allí, recibieron la ayuda de Megumi Ishimoto -integrante de la organización Women’s Eye– quien colabora con mujeres que desde el tsunami de 2011 iniciaron sus propios emprendimientos.

“Pasamos una semana todos juntos, contándonos las historias, viajando en barco y, principalmente, viéndolas cocinar. Ellas se conectaban a través de lo que las une: la comida de mar y, obviamente, el océano”, indicó Rodríguez Nuesch. A bordo de la embarcación que aparece en el documental, estas mujeres volvieron al mar después de los tsunamis a los que se enfrentaron, luego de haber prometido que nunca más lo harían por el temor a volver a revivir sus viejas heridas. “En el mar se contaron sus sueños, intercambiaron recetas, hablaron de los ingredientes que utilizan… Luego, cada día cocinaban juntas y se hicieron amigas, más allá de la brecha lingüística: la comida las pudo conectar. Con nosotros, volvieron al mar porque después de lo que vivieron le tenían pánico: sueñan todas las noches y les da mucho miedo. Fue cómo hacer terapia arriba del barco”.

La cocina fue el gran punto de conexión de estas seis mujeres emprendedoras y resilientes (Infobae)

Nuesch afirma que un tsunami, como cualquier otro desastre natural, como cualquier otra crisis, puede convertirse en oportunidad. “Ana María trabajaba en Chile como costurera, aunque su trabajo nunca le gustó. Pero vino el tsunami y se llevó sus máquinas de coser. Entonces, se dio cuenta que era su oportunidad para hacer lo que le gustaba: abrir su propio restaurante y terminó siendo el más lindo de su pueblo”, explicó.

En algunos casos, estos desastres son oportunidades para hacer cambios en la vida y, también, para que las mujeres puedan ocupar lugares en la sociedad, a los que no accedían antes de estos desastres. Por ejemplo, en el norte de Japón y en estas comunidades de pescadores, es muy difícil que una mujer pueda comenzar su emprendimiento, porque ese es un rol propio del hombre. Pero, cuando llega el desastre, se dan cuenta de que es su oportunidad para comenzar en las mismas condiciones que el resto, porque todos empiezan desde cero. Por eso, las mujeres crecen como emprendedoras”, indicó.

“Me impresionó porque a un tsunami uno lo ve solamente como una destrucción, pero ahora creo que también es una oportunidad de crecimiento y de renovación. También, me llamó la atención ver que dos personas que hablan idiomas tan diferentes y que no tienen ninguna conexión lingüística, se unan con el lenguaje de la cocina y se entiendan. La cocina las conecta. De hecho, llevamos traductoras y en varias oportunidades no hicieron falta, porque ellas interactuaban independientemente de no comprender el lenguaje. La cocina las unió”, sostuvo.

El documental se transmitirá por primera vez en Japón el próximo domingo 7 de marzo: mostrará el papel de las mujeres en la reconstrucción espiritual y social de las ciudades siniestradas y resaltará el liderazgo en sus comunidades a través de sus conocimientos sobre la cocina de mariscos. El estreno conmemorará el décimo aniversario del terremoto y tsunami que azotaron a Japón el 11 de marzo de 2011. Aquella mañana un poderoso terremoto de magnitud 9,1 se produjo a 371 kilómetros al noroeste de Tokio y provocó olas de hasta nueve metros de altura. El mayor desastre natural de la historia del país asiático dejó un saldo de 20.000 muertes y 2.500 desaparecidos, según el cálculo de la Agencia de Manejo de Desastres e Incendios de Japón. El evento se transmitirá a través de Zoom en idioma japonés y contará con la participación de la Oficina Regional de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) para Asia y el Pacífico, la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA), la ONG Women’s Eye, así como las protagonistas y productoras del documental.

“A través de la música, la tecnología, el diseño o la cocina -todos elementos que integran nuestra cultura- surgen maneras eficaces de comunicación y se logra que la gente preste atención, quiera participar de la conversación y hasta que aprendan algo. Incluso, que se inspiren con las historias de los sobrevivientes, y ojalá eso se convierta en conductas más responsables sobre el riesgo”, explicó Nuesch. “En el caso de un tsunami o un terremoto, pueden participar de un simulacro, responder a una alerta, tener un kit de supervivencia… Eso, en ambos países donde hay una cultura de riesgo, tal vez en la Argentina no es tan común”.

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El cartel del documental «Tsunami ladies»

El argentino cuenta que este proyecto surgió de su trabajo con los Gobiernos de Japón y de Chile, ayudándolos a intercambiar conocimientos y aprendizajes sobre desastres, ya que son dos países que tienen un tipo de vulnerabilidad parecida con relación a los tsunamis, los terremotos y otros desastres naturales. “Tienen muchas cosas en común, pero una brecha lingüística y una distancia muy grande. Por eso, la agencia de comunicación de riesgo que dirijo ayudó a crear un programa de intercambio de conocimiento entre ambos países. Así, surgió la idea de explorar la conexión que hay entre las mujeres de la costa de Chile y de Japón, y observar cómo están conectadas a partir del océano”, dijo.

“Hay una conexión muy inesperada, que es el punto de partida de esta historia. Hace miles de años, Chile y Japón se mandan mutuamente tsunamis cada vez que tienen un gran terremoto. Ello ocurre por la linealidad de las placas y porque están enfrentados en el océano. Entonces, Chile le manda un tsunami grande a Japón, que llega al otro día después de recorrer unos 16 mil kilómetros. Es una ola enorme que atraviesa todo el océano y ese fenómeno pasa desde hace miles de años”, expresó Nuesch.

Chile y Japón están de frente, tienen el mismo tipo de vulnerabilidad y padecen los mismos sismos y tsunamis. “Busqué explorar la conexión entre las mujeres que viven en ambas costas y que reconstruyeron a sus pueblos de la mano de la comida. Trabajaban en sus restaurantes, así que fueron quienes les dieron de comer al resto de los habitantes en el momento de la emergencia y fueron las primeras en reactivar las economías locales. Con estos documentales, se da un intercambio de aprendizaje que ojalá sirva para estar mejor preparados para el próximo tsunami -por poner un ejemplo de desastre- y saber que nos puede pasar a todos”, alertó.

La resiliencia, palabra que frente a la pandemia de COVID-19 se convirtió en moneda corriente, surgió en la entrevista y Rodríguez Nuesch dejó en claro su punto de vista. “No deja de sorprenderme que, cuando hay un tsunami o una pandemia y muere mucha gente, hay una barrera psicológica ya que hablamos de un número grande de personas y parece que eso nos insensibiliza. Nos cuesta conectar… Conectamos más con una sola persona o con un grupo pequeño, pero cuando se escucha que hubo 25 mil víctimas -como en el caso del tsunami de 2011- es difícil que nuestras emociones conecten con la realidad de toda esa gente que lo sufrió”, analizó.

“Cuando los números son muy grandes nos insensibilizamos por una barrera psicológica, por eso, documentales como éste o historias individuales que muestran el impacto y la transformación de una persona nos inspiran y terminan siendo una forma muy valiosa de conectar con lo que le pasa al otro, porque así podemos imaginar que eso mismo le pasó a un montón de personas. Me duele que uno pierda la noción de cada una de las historias, pero me parece que el documental intenta rescatar eso. La historia de cada una de estas mujeres que se repusieron gracias a la resiliencia y la fortaleza. Y esto es algo que veo en común con la pandemia actual, porque contar la historia de cada uno, hace que su vida no se pierda en medio de las grandes cifras de víctimas”, finalizó. Y adelantó que el segundo y tercer capítulo de este documental convertido en saga ya están en marcha.

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Fuente: InfoBae

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