“Si una mujer se dedica a la ciencia, muchos todavía piensan que es porque está loca”: reflexiones de una cientifica que pelea por la igualdad

Nadia Chiaramoni
Nadia Chiaramoni durante su charla TEDx: «Un cerebro más liviano», publicada en 2017.

Hace algunos años, como parte del ciclo de charlas TEDx Río de la Plata, subió al escenario una científica. Su nombre era -es- Nadia Chiaramoni. Lo primero que contó fue una anécdota personal. Dijo así: “Hace poco tuve una cita. Fue horrible. La cosa arrancó más o menos así: él me preguntó a qué me dedicaba. Yo soy investigadora del CONICET, soy científica, y actualmente me encuentro trabajando en el estudio y desarrollo de formulaciones liposomales que encapsulen mucolíticos para el tratamiento de enfermedades pulmonares tanto crónicas como agudas… No me llamó nunca más”.

La historia por supuesto tenía un fin didáctico: explicar cuán extraño le resulta a muchas personas encontrarse con una mujer científica. No se queda ahí, sino que a lo largo de los 12 minutos de charla recorre la historia de muchas mujeres fundamentales -y acaso no reconocidas- para la ciencia mundial. Menciona a Marie Curie (dos veces Premio Nobel), a su hija Irene Curie (una vez Premio Nobel), a Mileva Maric (matemática -y esposa de Albert Einstein-), Elvira Rawson (una de las primeras médicas argentinas), Rosalind Franklin (fundamental en el descubrimiento de la estructura del ADN), entre otras.

Marie Curie (Crédito: Shutterstock)
Retrato de Marie Curie (Crédito: Shutterstock) (Granger/Shutterstock/)

La charla acumula más de treinta mil vistas y es ideal repasarla en un día como hoy, ya que cada 11 de febrero se celebra -desde el 2015- el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. La fecha fue institucionalizada por la UNESCO para promover la inclusión de las mujeres en la ciencia y ayudar a visibilizar sus aportes, muchas veces desconocidos.

Justamente a propósito de esto, Infobae conversó con Nadia Chiaramoni para conocer desde adentro la situación de las científicas argentinas. Nadia se recibió el 19 de diciembre del 2001 (“cuando De la Rúa se estaba subiendo al helicóptero, así que se me hizo difícil conseguir trabajo”, dice). Al tiempo consiguió una beca para trabajar en el exterior, en la Universidad San Pablo, y viajó a Brasil. Cuando volvió al país aplicó a una beca en el CONICET y empezó su doctorado en la Universidad de Quilmes, siempre especializándose en los liposomas, tal como le contó al hombre de aquell cita fallida.

-¿Qué signifaca que haya un Día de la mujer en la ciencia: qué son reconocidas o que aún no?

-No debería haber necesidad de que haya un día la verdad, pero a esta altura yo lo veo como algo bueno. El otro día hablábamos con una amiga científica sobre el cupo femenino en las instituciones del Estado. Y decíamos: que haya cupo es bueno, pero revela que hay una desigualdad real. Lo ideal sería que no haya la necesidad de un cupo. Entonces a esta altura, como te decía, lo celebro. Pero más adelante me gustaría poder celebrarlo sin el reclamo de que haya más mujeres científicas. Y que las nenas no sientan que son más bobas que los nenes, o que no son tan buenas para ciertas areas de la ciencia.

Nadia Chiaramoni

-¿La educación o la sociedad les hace creer a las chicas que son menos capaces que los chicos en algunas areas?

-Hay varios estudios que muestran que hasta hace unos años, después de cierta edad las nenas empiezan a sentir que no están preparadas para las matemáticas, las físicas, o esas disciplinas. Y ahí empiezan a ser mejores los nenes que las nenas. Esto lo leí hace muy poco, porque hablé de Sally Ride, una astronauta que era física y fue la primera mujer de Estados Unidos en ir al espacio. Y era una mina que también peleaba mucho por la igualdad de género. Y ella había publicado una nota en la Revista Science en la que contaba que en una mesa un científico había dicho que las nenas tenían peores notas en matemática y física que los nenes, y decía -ese hombre- que tenía que ser algo genético, que no podía ser de otra manera. Básicamente decía que las mujeres genéticamente no están tan preparadas para esas disciplinas como los hombres. Y Sally Ride decía que no podía creer que aceptemos ese tipo de opiniones de manera natural.

-¿Existen aún discursos como ese?

-Claro. Hace unos años una amiga mía, Valeria Edelstein, hablaba de una muñeca Barbie que estaba a la venta y que decía dos o tres frases. Una de esas frases era: “las matemáticas son difíciles”. Y si vos le regalás eso a una chica de tres o cuatro años, crece creyendo eso. Por eso hoy es el Día de la Mujer pero también de la Niña en la Ciencia. Es para hacerles saber que pueden. Por eso se institucionalizó. Si vos le pedis a dos o tres niñes pequeñes que dibujen una persona que trabaje en ciencia, seguramente te van a hacer a Einstein, o a alguien como el del Laboratorio de Dexter, pero no te van a hacer a una mujer. Y eso también tiene que cambiar.

 Mileva Maric junto a Albert Einstein, con quien estuvo casada. Ambos eran científicos.
Mileva Maric junto a Albert Einstein, con quien estuvo casada. Ambos eran científicos.

-En tu charla hablás también del peso del cerebro de las mujeres y los hombres, y la idea equivocada de que esto tiene que ver con la inteligencia.

-Exactamente. El peso del cerebro de la mujer es más liviano en tanto la contextura de la mujer en general es más liviana. Pero está comprobado que el peso del cerebro no tiene nada que ver con la inteligencia.

-¿Qué creés que fue lo que te salvó de pensar que la ciencia no era para vos?

-Creo que mi vieja, porque siempre me crió muy independiente. A su manera, pero muy independiente, entonces nunca pensé que no podía hacer algo. De cualquier manera hay ciertos micromachismos que están naturalizados, más allá de que te críe la persona más independiente del mundo.

-¿Por ejemplo?

-Un ejemplo: en una materia de la facultad había un profesor que a todas las mujeres nos tocaba el cuello, y todas levantábamos los hombros nomás. Fue hace muchos años, pero en ese momento a nadie se le ocurría decirle al tipo que eso estaba mal. Todas lo soportábamos. Lo único que hacíamos era reírnos nerviosamente, pero nadie le decía frená ahí. Y eso estaba francamente mal.

-¿Cómo está hoy en la Argentina el estado de la mujer en la ciencia?

-Está mucho mejor que antes. En participación femenina, Latinoamérica es de lo más avanzado. Es el lugar donde más mujeres hay en los proyectos científicos. Ahora bien, liderando proyectos todavía falta para cerrar la brecha. O en puestos jerárquicos. Aún así, en los últimos años ha habido un avance que me parece importante mencionar, y es que la presidenta del CONICET es una mujer, Ana Franchi, y es una persona que creó la Red Argentina de Ciencia y Tecnología. Es decir, es una mujer que pelea por la igualdad, y eso me parece muy improtante.

Nadia Chiaramoni

-En tu charla TEDx empezás contando una cita con un hombre que se espanta cuando le contás lo que hacés. ¿Cómo es la reacción del hombre en general cuando se encuentra con una mujer científica?

-Si hoy tuviera que dar nuevamente la charla -que es del 2017- capaz la intro la haría de otra manera. Hay ciertos hombres que te dicen: “dejá, ni me cuentes”; y hay otros que te prestan atención y quieren que les hables más del tema. Hay de todo. Ahora… lo que ocurre con nosotras cuando tenemos estas profesiones es que piensan que seguramente sos una loca o una jodida. Es así, si una mujer se dedica a la ciencia, muchos todavia piensan que es porque está loca.

-¿Respecto de los hombres es distinto?

-Claro. Si vos liderás un grupo, seguramente tenés mal carácter. Mientras que un tipo si lidera un grupo, es un genio. Una mina llega es porque está loca o es una jodida, como ya dije, y si llega un hombre es porque se lo merece. Esa diferencia, ese prejucio, sigue estando. Y eso es, creo yo, lo primero que tiene que cambiar.

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Fuente: InfoBae

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