PEPONA
Pepona se llama mi tortuguita,
me la trajo un día, mi abuelita.
Camina lento
siempre callada
entre las flores
más perfumadas.
Si te acercas
se asustará
y su cabeza esconderá.
Si tiene hambre
le doy lechuga,
come poquito
esta tortuga.
Yo le converso
de muchas cosas
ella me escucha
porque es curiosa.
Luego camina
siempre muy lento
porque no teme
que pase el tiempo.
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MOTIVOS
Todas las cosas tienen un motivo, me dices a menudo.
¿Cuál fue el motivo para que te encontrara
debajo de la lluvia torrencial, aquella noche
en la que me había puesto a caminar
sin tener causas y por veredas anchas…?
¿Cuál fue el motivo ¡cuál! de que, andando en bicicleta,
te pararas para ver la vidriera que yo estaba mirando…?
¿Cuál fue la causa de lo que pasó luego,
que intentamos partir, pero fuimos quedándonos
y después, mientras nos alejábamos,
ya estábamos buscándonos
y en la próxima esquina, logramos encontrarnos…?
Todo tiene motivos y, el saberlos, es, muchas veces,
el único problema que nos anda desvelando.
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UN VIAJE DE IDA
Estación Ituzaingó: Estaba sentado en el mismo vagón en el que viajaba todos los días, digamos que por cábala, esperando que el tren arrancara. Pero ese día sentí algo extraño, algo raro que me decía que tenía que cambiar de vagón o me pasaría algo malo; lo hice. El viaje fue tranquilo al comienzo, pero a medida que pasaban las estacione y la gente subía, el tren se llenó, parecía que iba a rebalsarse y reventar, inclusive vi personas que viajaban colgadas de las barandas en las puertas, las cuales no estaban cerradas. Yo miraba por la ventana las ciudades que cruzábamos, esos lugares que ya tanto conocía pero que nunca había visitado, porque no me animaba a bajarme y recorrerlos, siempre fui un chico introvertido, solitario, que se la pasaba encerrado en su casa y solamente hacía lo que tenía que hacer, lo justo y necesario como decía mi viejo. Las veredas, las calles, las casas, los negocios; todo me era familiar, todo menos el cielo, que comenzó a ponerse oscuro a medida que más y más gente subía al tren, pero pensé que era una tormenta como tantas otras. A esta altura ya habían algunos en el techo, que bailaban y saltaban cantando canciones para que se apurara a llegar a destino, se los escuchaba felices a pesar de donde iban ubicados. La verdad que si yo hubiera podido bajarme, lo habría hecho. Pero me era imposible, era tanto el apretujón de gente, que nadie se podía bajar. Todos teníamos que ir al mismo destino, al final del camino. Los únicos que podían bajarse eran los que estaban cerca de la puerta, pero justamente esos iban hasta donde terminaba el recorrido, así que todos habíamos quedado a su disposición. A mí no me gustaba mi nueva ubicación. Encima estaba en el asiento que da al pasillo, por lo cual todos me golpeaban, me tocaban, me pegaban y hasta me insultaban, ni hablar de las conversaciones que tuve que escuchar. Me enteré que una señora estaba peleándose con el esposo porque le había descubierto un mensaje comprometedor en el celular. Que un anciano estaba sacando turno en un albergue transitorio. Que una mujer había perdido el embarazo de 2 semanas y recién se había enterado por celular. Todo eso delante de mis narices. Traté de mirar por la ventanilla a ver si divisaba algo para saber por dónde íbamos, pero no pude, hasta que finalmente una señora de proporciones más bien grandes, se corrió de la ventana y pude pispiar. Ramos Mejía leí en el momento que me asusté al ver el cielo que estaba cada vez más oscuro, las nubes estaban transformándose en un negro furioso, un negro nunca antes visto por ninguno de los que estaban en el tren, porque todos miraban sorprendidos cuando yo grité, ¡Miren el cielo! Quedaron boquiabiertos, estupefactos, algunos no volvieron más de ese estado de exaltación hacia lo nuevo, lo desconocido y terrible. Se escucharon truenos, rayos y una lluvia torrencial cayo de golpe, acompañada por piedras grandes, muy grandes. Los que estaban en el techo eran golpeados por los objetos contundentes y se precipitaban hacia el suelo, siendo pisados por las ruedas. Los cantos alegres se convirtieron en gritos y llantos de terror y de auxilio, pero nadie podía hacer nada, ni siquiera detener el tren que dejó de parar en las estaciones y tomó una velocidad indescriptible. Los vidrios se destrozaron, incrustándose en el cuerpo de los inocentes pasajeros que nada podían hacer para defenderse. Pasamos por Liniers, Villa Luro, Floresta y el final se acercaba cada vez más. Por primera vez en mi vida, no quería llegar, pero ya todos sabíamos cómo iba a terminar todo. Afuera todo seguía igual y la gente, previendo lo que vendría, se tiraba del tren, tratando de salvar sus vidas. Yo no sabía qué hacer, no gritaba, no me movía, no hablaba; estaba ahí, inerte, sin poder creer el espectáculo del que mis ojos eran testigos privilegiados. Las nubes se separaron al llegar a Flores, y un color rojo infierno apareció en el aire, el diablo en persona apareció allá arriba, en las alturas, riéndose de nosotros, riéndose de mí, que me había cambiado de lugar y era el culpable de todo el caos que estábamos viviendo. Me miró, sé que me miró y me guiño el ojo, todavía me parece verlo con esos dientes filosos, y con las garras apuntando hacia mi persona. Creo que lloré, pero no estoy muy seguro. Caballito ya había quedado atrás y los gritos comenzaban a cesar. A mí alrededor vi sangre, fuego, miedo, terror, aullidos, centauros. La tierra tembló, el tren también, al costado de la vía se abrieron grandes agujeros que se chupaban a las plantas, a los autos y a las personas que allí estaban. El cartel que decía Estación Once se acercaba, cerré los ojos y por primera vez en mucho tiempo recé. Todo fue en vano, el impacto duró menos de lo imaginado y la muerte se hizo presente.
Alvaro Nigro
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UNICA
Hoy te recuerdo mi Alem
Con tus farolas antiguas.
Con tus naranjas amargas
Y aquel viejo Genovés
Lleva en tu corazón
Aquella vieja estación
Con sus trenes y silbatos
Y paseos en su andén.
Hiciste feliz mi infancia
Oh! Hermosa tu placita
Albergaste calesitas
Juegos. Música e ilusión.
Fuiste mi paso obligado
Ida y vuelta con mi amor
Y hoy con mi pausa pausado
Vuelvo a verte como ayer.
Llevas del norte hacia el sur
Mil historias de la Patria.
Con Zarini. Con Sarmiento
Hoy Malvinas es tu misión
Carnavales y kermeses
De colores te vistió
Muchos cantos y disfraces
Acompañan tu esplendor
Eres única avenida
De este. Mi pueblo querido
Con tus tilos florecidos
Macetones por doquier.
Enrique Rafael Federico
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SONETO DE DOS MAESTROS (HOMENAJE)
La vida que alguna vez deja de serlo,
se detuvo para ellos sin remedio
el dolor nos invadió con cruel asedio
y no hallamos los porqué para entenderlo.
Uno hizo del teatro su existencia,
el otro dejó un legado de virtudes
y los dos mostraron en sus actitudes
lo que vale obrar de acuerdo a la conciencia.
Homero, el escritor de simples cosas,
pintó su aldea con pincel sensible
son sus obras la cosecha recogida.
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DE INFANTES
Niños perdidos, quieren de mí
voces del corazón
de estructura inconciente,
en la edad de la ciruela,
y de los copetines deliciosos.
Lejos,
el organito
y la rayuela.
LED YANN
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AÑO NUEVO
Cada diciembre es renuevo
de saludos fraternales
y de deseos formales
de un muy feliz Año Nuevo.
Y ante el año que ha llegado
esperanzada, la gente,
piensa en el año naciente
piensa en el año acabado.
Que exalte ese pensamiento
la concordia y la humildad,
y que se haga realidad
tan profundo sentimiento.
Y aunque muchos no tendrán
el pan dulce en la ocasión,
deseemos de corazón,
que a nadie le falte el pan.
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NAVIDAD
Se siente mucho más buena
y feliz la humanidad.
Esta noche es Nochebuena
y mañana es Navidad.
La gente ofrece su mano
con franca cordialidad.
¿Quién no se siente cristiano
cuando llega Navidad?.
Todo el mundo se desea
eterna felicidad.
¡Lástima que solo sea
cuando llega Navidad!.
Porque resulta una pena
que no sea, en realidad,
cada noche, Nochebuena,
cada día Navidad.
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HOMENAJE A CHOCHI GAINZA
Aquellos que por las décadas del 50, 60, y 70 lo vimos jugar contamos (y no exageramos) que la pelota, sola, por sí misma, como un milagro de la física, rodaba y se entregaba mansa a sus pies, y que las redes gemían con un sonido distinto, musical, cuando la redonda se deslizaba con un golazo de "ÉL" y que los banderines del córner flameaban como si aplaudieran aún sin viento.
Me imagino que los jóvenes de Lobos se supondrán al leer esto, que al igual que sus abuelos, quien escribe esto, o tomó mucho vino, o el alzheimer le está jugando una mala pasada…pero no… Les puedo asegurar que tuvieron que llegar primero Maradona y después Messi para apenas opacar, un poquito, lo que nuestro genio del fútbol nos mostró. Tuve la suerte de jugar en la selección y en Athletic con el, y alcanzar alguna pelota para que Él la descosiera… Y nos retiramos en el fútbol reducido en el inolvidable "Barrios Unidos", cuyos compañeros me motivaron para escribir hoy este homenaje a nuestro "ídolo": CHOCHI GAINZA
Sus compañeros de Barrios Unidos.
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HOMENAJE A CHOCHI GAINZA
Aquellos que por las décadas del 50, 60, y 70 lo vimos jugar contamos (y no exageramos) que la pelota, sola, por sí misma, como un milagro de la física, rodaba y se entregaba mansa a sus pies, y que las redes gemían con un sonido distinto, musical, cuando la redonda se deslizaba con un golazo de "ÉL" y que los banderines del córner flameaban como si aplaudieran aún sin viento.
Me imagino que los jóvenes de Lobos se supondrán al leer esto, que al igual que sus abuelos, quien escribe esto, o tomó mucho vino, o el alzheimer le está jugando una mala pasada…pero no… Les puedo asegurar que tuvieron que llegar primero Maradona y después Messi para apenas opacar, un poquito, lo que nuestro genio del fútbol nos mostró. Tuve la suerte de jugar en la selección y en Athletic con el, y alcanzar alguna pelota para que Él la descosiera… Y nos retiramos en el fútbol reducido en el inolvidable "Barrios Unidos", cuyos compañeros me motivaron para escribir hoy este homenaje a nuestro "ídolo": CHOCHI GAINZA
Sus compañeros de Barrios Unidos.
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LAS VUELTAS DE LA VIDA
Las vueltas de la vida
no tienen vuelta.
Su vuelco, sólo rota
en la existencia
de vivir, aunque ellas
giren sin parar, así,
como sin salida.
Así son… como los
caramelos multicolores
endulzan de rojos,
de ámbar y naranjas los
blancos rincones de los días.
Las vueltas, son apenas
unas pocas líneas rectas
que se curvan
para abrazar el arco
inexorable de la vida.
Son apenas las
tiernas miradas tuyas,
en un tiempo borracho
y azorado de sonrisas.
Es este verso que estás leyendo,
que no tiene vueltas…
como la vida.
MarIano Canegallo


































































Humberto Hugo Maglione, 72 años, Farmacéutico recibido en la década del 60, tiene una reconocida trayectoria profesional-comercial en nuestro medio con la farmacia familiar que iniciara su padre y que, al fallecer, quedó bajo su responsabilidad. Pero además, ha sido un activo militante político enrolado desde muy joven en las filas centenarias del radicalismo, partido [...]























