EL BATMAN SOLIDARIO DE LA PLATA QUE ALEGRA A CHICOS INTERNADOS

Disfrazado de superhéroe, visita el Hospital de Niños y organiza encuentros para recaudar fondos

Es docente y realiza tareas administrativas. Los viernes por la tarde, finalizada la semana laboral, se enfunda en el traje negro con capa, cubre su rostro con una máscara y enfila hacia el Hospital de Niños de La Plata a cumplir con su rol de superhéroe.

“Me siento muy conectado con mi espíritu de niño y con la solidaridad. Sobre todo en una Ciudad Gótica como ésta que es Argentina”, contó el enmascarado de La Plata a la agencia de noticias AFP.

No revela su nombre, sí que está casado y tiene tres hijos. “Aún chiquitos, cuando me ven de Batman creo que se asustan un poco”, confiesa. “Pero no puedo decir más, quiero preservar mi identidad”, dice con voz grave. Mientras habla, su madre acomoda la capa y cada broche del traje del hombre murciélago.

En el hospital solo lo vieron de civil dos monjas a las que les pidió permiso para visitar a los enfermos.

Desde hace cuatro años, cada viernes sube raudo a su batimóvil, un Renault Fluence negro con líneas amarillas y “alas”. El logo del superhéroe está en neumáticos, volante, luces exteriores y apoya pies. “Todavía es del banco, me queda una cuota”, aclara en el garaje de la casa donde lo esconde de los curiosos.

Enciende el motor y suena la música de Batman Inicia (2005), la primera de la trilogía del director Christopher Nolan. Acelera por las estrellas calles de la ciudad de las diagonales hasta estacionar frente al hospital de niños “Sor María Ludovica”, adonde llega cargado de dibujos y golosinas.

“Son muchos motivos por los qué elegí a Batman, características personales que tienen que ver con lo solidario, con creer que sin justicia nada puede funcionar bien”, afirma el enmascarado.

En el hospital lo reciben con sonrisas. “Cambia el ánimo de los chicos que están mal”, sostiene Celia Quiroz, madre de Pablo Valdéz, que con 7 años y un Batman en su pijama está internado por una infección que le impide caminar.

La hermana Adriana, cómplice del juego, le ajusta la capa antes de pasar a otra sala con chicos en estado más delicado. Se coloca un barbijo sobre la máscara y visita a Florencia, la hija de 16 años de Erica Agüero. Ella “medio se prende, es divertido”, afirma esta madre que, por la fibrosis quística que padece Erica, forma parte de la “familia” del hospital.

Se persigna en la capilla del hospital antes de entrar en acción. “Tengo el poder de cambiar aunque sea por un instante esos momentos tristes”, afirma.

Dos veces al año organiza un “batiencuentro” solidario. En el último, realizado el mes pasado, “juntamos para donar 25 televisiones LCD de 32 pulgadas”. La movida también sirvió para reponer termómetros y otros insumos.

¿Se sacaría la máscara para ser político? “Miento si digo que no lo he pensado”, admite, pero “por ahora éste es mi lugar y espero un día que mi hijo siga mis pasos”.

FUENTE: CLARÍN – (Por David Flier)

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