ROMPER EL MOLDE: PROFESIONALES QUE ELIGEN AYUDAR POR SOBRE EL ÉXITO PERSONAL

Siguieron distintas carreras. Algunos cuentan con una larga y reconocida trayectoria; otros son más jóvenes y anónimos. Pero todos tienen una característica en común: son profesionales que decidieron poner su experiencia y vocación al servicio de los más vulnerables.

Ingenieros que conectan con puentes comunidades rurales aisladas; un cirujano plástico que opera a niños vulnerables con malformaciones o secuelas de accidentes, y una bailarina que usa el arte como una herramienta contra la exclusión, son algunos ejemplos de quienes eligen anteponer un fuerte compromiso social por sobre el éxito personal.

Y la satisfacción es compartida: afirman que “dar” su conocimiento no sólo cambia la vida de sus beneficiarios, sino también la de ellos.

Según los especialistas, ayudar desde la profesión no es una moda, sino una tendencia que llegó para quedarse.

“Podríamos estar frente a un cambio radical: en este tipo de actividad, emprender no está alineado a una jerarquía social o a ganar más plata, sino a hacer un mundo mejor”, opina Paola Delbosco, doctora en Filosofía y profesora del Instituto de Altos Estudios (IAE) de la Universidad Austral.

Para ella, “la gente está sedienta de encontrarle un sentido a lo que hace”. Y agrega: “Eso es lo que atrae a los más jóvenes y a los no tan jóvenes también, porque sienten la urgencia de saber que su vida vale la pena. Es una nueva cultura”.

Cambiar el mundo

Delbosco sostiene que, en general, una persona que se capacita y estudia en la universidad no tiene como motivación fundamental generar la plata para vivir.

“Si le preguntan a un estudiante sobre el valor de su carrera, contestará que su futura profesión le mejora la vida a la gente, le resuelve problemas, le facilita la existencia”, dice. “Por eso, poner a disposición de los más vulnerables lo que se sabe hacer da la posibilidad concreta de experimentar que realmente uno, aunque sea en un pequeño rincón, está cambiando el mundo”.

¿Cuál es el valor agregado que genera para los profesionales poner su experiencia al servicio de quienes más lo necesitan?

Miguel Espeche, psicólogo especialista en vínculos, cree que el beneficio está en “ofrecerle a su tarea una trascendencia que los plenifica”, encontrando “una intensidad y una vivencia que se traslada a la propia vida del profesional y amplía las fronteras de su experiencia personal enriqueciéndola”.

El psicólogo afirma que es mucho lo que estos profesionales reciben a cambio: “Aquellos que de corazón se dan a las tareas solidarias suelen agradecer el tipo de riqueza que reciben por parte de muchos de sus beneficiarios. Es una riqueza afectiva y de enseñanza respecto de la resiliencia que tienen para afrontar las adversidades”.

Beatriz Balian, doctora en Sociología y presidenta de la Academia Nacional de Educación, coincide: “Si se logra proximidad, un trato personal, se encuentran nuevos modos de aprender y las personas involucradas son capaces de abrirse unas a las otras, los beneficios y el crecimiento son para todos, aunque no se efectivicen en los mismos plazos”.

Espeche advierte que “el desarrollo profesional, en este rubro quizá más que en otros, debe ir de la mano de un espíritu genuino y generoso de verdad. A veces, se corre el riesgo de hacer un asistencialismo «buenista» y políticamente correcto, que usa al sector social con fines ulteriores”.

En esta línea, subraya que el trabajo en el sector social tiene que ser un fin en sí mismo, no un puente “fácil” para saltar a otro espacio. “El desarrollo profesional se da por añadidura, es decir, a través de la maduración en el terreno de la tarea, que luego redunda en otras áreas, aun cuando ése no haya sido el fin deliberado del trabajo realizado”, dice.

Considera que estos líderes sociales deben tener “el temple para no dejarse absorber por la faz administrativa y económica del manejo de la organización, para no perder el corazón de su labor”.

Por otro lado, según Delbosco, salir de la relación de dependencia o de la seguridad de un trabajo ya organizado implica para el profesional que se aventura en la fundación de una organización social un cierto riesgo y, con eso, un crecimiento. “Uno se hace más fuerte en iniciativa, adaptabilidad, planificación, apreciación de los resultados, aunque sean de orden distinto a lo que se acostumbra a medir”, describe.

Agrega que la “hiperorganización” de algunos ambientes laborales aleja a los profesionales de la “percepción de sentido”: “Uno se siente administrador y no protagonista. El sector social, en cambio, pone en juego a la persona en su capacidad de comunicación, cooperación, de generación de confianza en modo más evidente, porque hay problemas concretos a resolver y contacto con lo real”, concluye.

 

FUENTE: lanacion.com.ar

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