NOTA DE OPINIÓN: Consciencia electoral “Pensándolo dos veces”

Existe un bombardeo excesivo y por momentos agobiante de discursos ricos en oratoria y carente de propuestas, donde abundan las acusaciones pero… faltan las ideas, donde estamos expectantes por ver si el candidato X dice tal o cual cosa, o si en un discurso se atacan entre ellos, entre tanto “shows” tenemos políticos ricos y un tercio de la población bajo la línea de la pobreza. En los últimos tiempos hemos presenciado un penoso desfile de casos de corrupción y una manipulación manifiesta que nos condujo a una sociedad pretendidamente dividida, en donde el eje no es cual idea es mejor sino porque estos son mejores o peores que aquellos o quienes son más o menos corruptos. Y en torno a esto gira todo ¿Cómo vamos a mejorar la educación?, ¿Cómo vamos a disminuir la pobreza? Parecen no ser los problemas a resolver. ¿Cuándo fue la última vez que se planteó la erradicación de la desnutrición infantil en un discurso de campaña? O ¿medidas concretas de cara a la problemática del narcotráfico?
En vez de pensar en buscar soluciones a las diversas problemáticas que aquejan a nuestra sociedad, nos perdemos todo el tiempo en debates inconducentes en lugar de proponer medidas de fondo qué sirvan para solucionar dichas problemáticas.
Debemos meternos en la cabeza que hay una sola bandera, la bandera argentina y nada ni nadie está sobre ella, la democracia no se reduce al hecho de votar o pertenecer a una fuerza política, la democracia es mucho más que eso.
Muchas veces el Estado constituido en democracia es más funcional a intereses de determinados sectores poderosos (por ejemplo los sectores concentrados de la economía) que a los intereses de la población.
En 1933 los alemanes votaron al nacional socialismo y Hitler tomó el poder. Este caso demuestra que es posible que los mecanismos de un sistema democráticos fallen, la manipulación mediática o discursiva, puede llevar al pueblo a tomar, por los medios legítimos y los mecanismos adecuados, una terrible elección.
En el siglo XXI podría replantearse el concepto “democracia” y preguntarnos ¿qué es la democracia? Si bien los griegos, quienes acuñaron este término, lo definían como “gobierno del pueblo” muchas veces esta premisa no se cumple y la democracia termina siendo el gobierno de quienes ejercen mayor influencia (bancos, multinacionales etc.).
Nos toca votar cada dos y cuatro años (elecciones legislativas y ejecutivas respectivamente) pero respetar, honrar y exigir que se cumplan los valores y principios de la democracia y que estos sean llevado a la praxis nos toca todos los días, por eso si creemos que el político de nuestra preferencia es un inmaculado salvador sólo por adherir ideológicamente, pensémoslo dos veces.

FIN.

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