Descalzos o en silla de ruedas: nada impide a los peregrinos llegar a Luján

La mayoría va a agradecer y a cumplir promesas. Otros conmueven y motivan al resto con sus ejemplos de superación.
Entre los miles de peregrinos que caminan todos los años a Luján están quienes le agradecen a la Virgen, los que piden una ayuda divina para esos problemas que no parecen tener solución y otros que emocionan a quienes se cruzan en su camino. Vaya si son necesarios: en la interminable ruta desde la parroquia San Cayetano de Liniers hasta la Basílica pasan entre 15 y 20 horas (según el ritmo de cada uno) sufriendo calor, calambres, ampollas húmedas y dolores en todo el cuerpo.

Una historia de superación

Corría el año 2003 cuando la vida de Carlos Vysocki dio un giro de 180 grados. Carlos, entonces nadador y guardavidas, de 33 años, fue atropellado por un auto mientras entrenaba con una bicicleta para un triatlón. Su vida corrió serio peligro pero se salvó, aunque perdió sus dos piernas.

Carlos, que había competido toda su vida al máximo nivel, se negó a bajar los brazos. Decidió especializarse en remo adaptado, se entrenó durante meses y superó todas las expectativas: fue campeón argentino entre 2013 y 2015, llegó al 11 del ranking y hasta disputó el Mundial de la categoría. Hace diez años lo invitaron a participar de la peregrinación por primera vez y la experiencia fue tan grata que nunca dejó de hacerlo.

“Me parece algo buenísimo. Soy creyente. Lo más lindo es la reacción de la gente cuando me ve. Me felicitan, se emocionan, algunos se ponen a llorar. Me dicen cosas que jamás se me ocurrirían”, explica Carlos, que hace los 58 kilómetros hasta la Basílica sin ayuda ni nadie que lo empuje.

“Estoy solo con mi silla, a la que este año le agregué una nueva rueda delantera para no perder estabilidad si hay pozos en la ruta. No me canso, porque entreno todos los días. El remo es mucho más exigente que esto”, agrega el deportista, mientras recibe decenas de saludos de desconocidos antes de comenzar con su travesía en Liniers.

Carlos Vysocki es remero profesional. (Jorge Sánchez)

Cuando la medicina no encuentra explicación

La gran mayoría de los fieles que participan de la procesión a Luján lo hacen para agradecer. Casi siempre por el trabajo, el amor, la salud o la concreción de algún deseo particular. Pero hay algunos, como Jorge del Río, que se sienten en deuda con la Virgen por una causa mayor. O, como él mismo, un hombre de ciencia, asegura, “un milagro”.

“Hace tres años tuve como paciente a Juliana, una nena de seis meses que presentaba un tumor muy grande en el maxilar inferior. Los pronósticos eran los peores”, cuenta Jorge, cirujano del hospital materno infantil de Mar del Plata, quien llegó a Liniers junto a un nutrido grupo de peregrinos que se vinieron desde varias parroquias de La Feliz. En ese momento, el médico se encontró con una disyuntiva: “Teníamos que operarla, pero era muy riesgoso. Era casi imposible que la nena se salvara de la intervención. No sabíamos qué hacer para curarla”.

Increíblemente, 18 meses después del diagnóstico, el tumor “se autoresolvió”. “No lo podíamos creer. El problema desapareció, así que no hubo necesidad de operarla”, recuerda el cirujano, quien al hablar con la mamá de la nena en ese momento se quedó atónito: “Me dijo que unos días antes había peregrinado a Luján, que había pedido por Juliana y que la Virgencita la había escuchado. Ahí decidí hacer la promesa de venir a agradecer el milagro diez años seguidos. Este es el tercero”.

Peregrinacion a Lujan. (Jorge Sánchez)

“Necesito sentir el sacrificio”

La historia de Jorge no es la única que se destaca en el ruidoso y popular grupo de marplatenses, que arenga con música y cantos antes de la salida de la Virgen de la parroquia San Cayetano. De hecho, una de sus compañeras de viaje llama mucho más la atención de quienes se quedan atónitos al pasar a su lado. Ella no vivió ningún milagro en carne propia, tampoco tiene una historia trágica ni viene a pedir por algo en particular. Pero María Soledad (así se llama) decidió hacer un esfuerzo extra para demostrar su fe y se largó a caminar descalza por tercer año consecutivo.

“Las dos veces anteriores llegué bien. Es mi forma de agradecer. A mí nunca me costó mucho caminar, pero necesito sentir el sacrificio, saber que estoy haciendo un esfuerzo de más”, explica Soledad, quien recibe pedidos de fotos de completos desconocidos. No pueden creer que, mientras ellos se ponen vaselina, vendas y usan calzado de última generación para no prevenir dolores, una señora se lance a caminar sin nada en los pies. Ella, sonriente, no se preocupa: “Llego con las patas mugrientas, pero perfecta. Todo pasa por la fe”.

La salida oficial, al mediodía, en Liniers. (Jorge Sánchez)

Autor: Sebastián Lozano
Fotos: Jorge Sánchez
Fuente: Clarín (https://www.clarin.com/sociedad/descalzos-silla-ruedas-impide-peregrinos-llegar-lujan_0_HJS3lUaiZ.html)