El cuerpo habla: La “psicología del dolor” y la importancia de identificar su origen

Cuando el dolor invade nuestra vida diaria, nos genera inconvenientes que trascienden el aspecto físico, y que irrumpen el plano psicológico y anímico. Tal es así que el padecimiento puede generar angustia, tristeza, depresión, fastidio, insomnio, e incluso falta de apetito. Nos cambia el humor, estamos mal predispuestos y hasta tendemos a aislarnos y a evitar el contacto social por no ser una carga para los que no comprendan nuestro pesar. ­

 

El dolor es un impedimento real para que realicemos actividades cotidianas simples, que antes ejecutábamos casi mecánicamente y con soltura. Lo sentimos cada vez que levantamos un vaso, que nos acostamos, o que tenemos que elevar un brazo para vestirnos. Es tan tangible en la cotidianeidad, y tan extenso en el tiempo, que se vuelve una carga ineludible.­

 

La resignación que genera este dolor, trastoca todos los aspectos de la persona, pudiendo manifestar un aislamiento de su grupo familiar o de sus amigos. El dolor ganará porque hasta que no nos deshacemos de él, no podemos pensar con claridad, descansar bien, y estar alegres y predispuestos para disfrutar de la compañía del entorno.­

 

SIGNO DE ALERTA­

 

Cuando algo nos duele, lo primero que queremos hacer es eliminar la molestia. Y esto ocurre tanto si nos sentimos mal del estómago, del hígado, nos duele la cabeza, y hasta si estamos fatigados, cansados o agobiados.­

 

Equivocadamente, solemos creer que el dolor es el verdadero problema, pero no es así. Las sensaciones que percibimos, en realidad, son alarmas que el cuerpo nos brinda para decirnos “aquí algo no anda bien”.­

 

Al comprender esto, empezamos a ver de diferente manera la relación salud-enfermedad. Esta dicotomía nos muestra y nos sugiere que nos cuestionemos de otro modo, con otro razonamiento, por qué nos pasa lo que nos pasa. Entendemos, entonces, que el dolor o la molestia, es la punta del iceberg y que el problema es mucho más profundo.­

 

Hay especialistas que encuentran en el dolor una razón más honda, que trasciende el aspecto físico y que se orienta hacia el plano psicológico. De esta manera, aseguran que la cura no se dará solo con la intervención de un médico u otro profesional de la salud física, sino que también requerirá de un abordaje psicológico.­

 

De este modo, un dolor de cabeza crónico puede emparentarse con una fuerte autocrítica y miedo, los dolores por cólicos con impaciencia e irritación mental, y el dolor de estómago con la falta de digestión de las ideas. Respecto de esto, un tratamiento psicológico complementario tiene el objetivo de comprender el origen del dolor desde la mente humana, y también actuar como el sostén necesario para transitar el padecimiento hasta que desaparezca definitivamente. ­

 

El dolor puede desaparecer si corregimos el origen del malestar, y no tapamos los indicios que sabiamente nos manifiesta el organismo. Descubrir el origen de nuestras molestias y el posible cuidado para su cura, está en nuestras manos.­

 

La dolencia no siempre es consecuencia del lugar corporal en donde la sentimos. Es decir que, por ejemplo, si nos duele el brazo, puede ser el resultado de una alteración en la columna, que se manifieste con un dolor en esta área.­

 

Esto es lo que se conoce como dolor diferido, y se produce cuando tenemos enfermo un órgano determinado, pero el malestar se percibe en zonas alejadas. Por esta razón, es muy importante determinar el origen de un padecimiento y realizar las consultas profesionales y chequeos pertinentes.­

 

Si le adjudicamos una causa errónea a un dolor, corremos el riesgo de taparlo y agravarlo, sin poder deshacernos de él. Por esta razón, hay que evitar la automedicación con analgésicos, que no nos conducirán a ninguna solución y que, posiblemente, nos traigan efectos colaterales indeseados.­

 

Un dolor crónico, dura seis meses o más, desequilibrando el estado emocional y produciendo aislamiento. Provoca incapacidad para realizar determinadas actividades cotidianas y produce alteraciones del sueño.­

 

Dicho dolor se sitúa generalmente, en la espalda, la cabeza y las articulaciones. Genera menor movilidad de las zonas afectadas que no se calma con medicamentos de venta libre.­

 

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TRATAMIENTO­

 

Una vez que se determina el origen del dolor, podemos evaluar de qué manera es más conveniente abordar la patología para recobrar la salud y, por consiguiente, eliminar la dolencia.­

 

El quiropráctico entiende que el dolor por el que acude el paciente, en realidad no dice nada del verdadero problema. La Quiropraxia busca recobrar el equilibro del organismo. Requiere de un profundo examen de la columna vertebral, y va en busca de aquellas vértebras que están desalineadas y comprimiendo una raíz nerviosa. Al encontrarlas, y de manera precisa, las coloca en su posición original. Al hacerlo, inmediatamente el cuerpo empieza a trabajar de forma más armoniosa y saludable.­

 

El efecto que produce es que los músculos, ligamentos y tendones se relajan, porque funcionan mejor, sin tensión ni rigidez. Así comienza un proceso profundo de recuperación, y lo que es sumamente importante, de modo natural.­

 

Lic. Marcelo Barroso Griffiths­

Quiropráctico, miembro de la Asociación Quiropráctica Argentina y director de Vertebralle (M.N. 9.784)